{"id":2994,"date":"2020-02-01T15:16:22","date_gmt":"2020-02-01T14:16:22","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/?p=2994"},"modified":"2020-02-02T09:08:04","modified_gmt":"2020-02-02T08:08:04","slug":"enterrar-la-placenta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/2020\/02\/01\/enterrar-la-placenta\/","title":{"rendered":"Enterrar la placenta"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-drop-cap\">Yo fui de los que nacieron en casa, en uno de aquellos partos en los que todo empezaba por salir corriendo a buscar una comadrona que auxiliase en el parto. Y as\u00ed me dieron a la luz: con nocturnidad y muchos nervios por localizar a aquella mujer experta en esas lides.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue ella quien, tras un alumbramiento sin\nproblemas, indic\u00f3 que se trocease la placenta \u2014junto a su cord\u00f3n umbilical\u2014 y que echase al fuego para eliminarla, porque la percib\u00eda como un\n\u00f3rgano funesto, desagradable.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"360\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2020\/02\/12488_2052_640x360_nucleus.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-2995\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2020\/02\/12488_2052_640x360_nucleus.png 640w, https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2020\/02\/12488_2052_640x360_nucleus-580x326.png 580w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><figcaption><em>Beb\u00e9 con cord\u00f3n umbilical y placenta (foto: Internet)<\/em><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">As\u00ed fue como lleg\u00f3 la modernidad a\nnuestra estirpe y se rompi\u00f3 con una interesante costumbre anterior. Digo esto\nporque, un a\u00f1o antes, hab\u00eda venido al mundo mi hermana y, entonces s\u00ed, como\nimpulsado por un instinto ancestral, no dud\u00f3 mi joven padre en coger una azada y\ndirigirse al jaro de Kukullu, al otro lado del pintoresco regato que vemos\ndesde casa. Cav\u00f3 un hoyo lo suficientemente profundo y enterr\u00f3 all\u00ed la\nplacenta, bien protegida para que no la comiese alg\u00fan animal. Repet\u00eda lo que\nsiempre se hab\u00eda hecho, sin dar excesiva importancia a lo que ese acto supon\u00eda\ncomo c\u00f3digo cultural, como norma social impl\u00edcita mantenida a trav\u00e9s de los\ntiempos. Y es que, a pesar de lo que puede parecer a simple vista, se trata de\nun antiqu\u00edsimo ritual extendido por todo el mundo.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"940\" height=\"627\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2020\/02\/placenta-2433431_960_720-940x627.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2996\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2020\/02\/placenta-2433431_960_720-940x627.jpg 940w, https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2020\/02\/placenta-2433431_960_720-580x387.jpg 580w, https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2020\/02\/placenta-2433431_960_720-768x512.jpg 768w, https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2020\/02\/placenta-2433431_960_720.jpg 960w\" sizes=\"auto, (max-width: 940px) 100vw, 940px\" \/><figcaption><em>En algunas culturas, las madres ingieren la placenta.  Al hilo de esa idea, se comercializan pastillas con extractos, al margen de la comunidad cient\u00edfica. <\/em><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">En euskara denominamos <em>selaun <\/em>a la placenta, con un origen en <em>seni + lagun<\/em> &#8216;amigo del ni\u00f1o&#8217; que ya nos da algunas pistas de que aquella concepci\u00f3n que ten\u00edan nuestros antepasados no era la de un despojo, como lo interpret\u00f3 la comadrona de mi llegada al mundo, sino como algo casi sagrado, \u00edntimo e inexorablemente unido de por vida al destino del ser que hab\u00eda cobijado en el \u00fatero.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, desde tiempos remotos la placenta ha sido considerada para numerosas sociedades como una prolongaci\u00f3n y continuidad de la vida del reci\u00e9n nacido. Por ello hab\u00eda que cuidarla, generalmente \u00ab<em>enterr\u00e1ndola y protegi\u00e9ndola de seres adversos como eran los animales que pod\u00edan com\u00e9rsela y ello ir\u00eda en detrimento de la madre y especialmente de la criatura reci\u00e9n nacida<\/em>\u00bb (Consolaci\u00f3n Gonz\u00e1lez y P\u00eda Tim\u00f3n, 2018).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Esa misma idea recogi\u00f3 el sacerdote etn\u00f3grafo y euskaltzain Jos\u00e9 M\u00aa Satrustegi quien aseguraba que, en la cultura vasca, \u00ab<em>la placenta y dem\u00e1s restos del parto se ten\u00edan que ocultar cuidadosamente al darles tierra, ya que exist\u00eda la creencia de que si afloraban a la superficie <strong>acarreaban maleficios<\/strong> a la interesada y se pon\u00eda rabioso el perro que los comiera<\/em>\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Otros autores como Gutierre Tib\u00f3n que estudiaron profundamente este mismo rito a escala mundial pero con especial hincapi\u00e9 en las culturas ind\u00edgenas mejicanas no dudaba en afirmar que \u00ab<em>establecer una hermandad con las energ\u00edas vitales del reino vegetal a trav\u00e9s de la placenta u ombligo, parece haber sido un concepto m\u00e1gico com\u00fan a toda la humanidad primitiva<\/em>\u00bb (1986).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Partiendo de aquel concepto primigenio, aquel ritual ha llegado hasta nosotros expresado en diversas manifestaciones, m\u00e1s o menos locales, consecuencia sin duda del paso de los siglos. As\u00ed, por ejemplo, en Artziniega (\u00c1lava) se envolv\u00eda previamente con una tela blanca, d\u00e1ndole a la placenta el mismo trato que si fuese un beb\u00e9. Luego se enterraba, dependiendo de las costumbres locales o incluso familiares, en alg\u00fan huerto algo alejado de la poblaci\u00f3n (Berantevilla), en alguno cercano a la casa, al pie de un roble (Argentona, Barcelona) o hasta en la playa (Cabo de Gata, Almer\u00eda).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">En otros pueblos alaveses como Pipa\u00f3n o\nRibera Alta, era sepultada dentro del mont\u00f3n de basura para que all\u00ed, adem\u00e1s de\nestar protegida de los animales, se descompusiese y se usase luego como abono,\nes decir, para aportar al campo esa vitalidad que le era inherente. Ya fuera\ndel \u00e1mbito vasco, se documenta asimismo una variante de dicha costumbre, seg\u00fan\nla cual, la cuna con el beb\u00e9 deb\u00eda estar exactamente en la vertical sobre el\nmont\u00f3n de esti\u00e9rcol de la cuadra, porque si no la desgracia para la criatura\nestaba asegurada.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, entre tantas y tantas formas del ritual, quiz\u00e1 sea especialmente curiosa la recogida en Elgoibar (Gipuzkoa) y que, sospecho, antiguamente estar\u00eda mucho m\u00e1s extendida en lo geogr\u00e1fico. Consist\u00eda en <strong>enterrar la placenta en la l\u00ednea de los goterales del alero<\/strong>. Ello nos transporta a la antiqu\u00edsima costumbre vasca de sepultar ah\u00ed los bebes fallecidos, bajo el auspicio y protecci\u00f3n de la teja que defin\u00eda el hogar, el templo dom\u00e9stico de las generaciones pasadas y futuras que conformaban la <em>etxea<\/em> vasca, en una concepci\u00f3n simb\u00f3lica mucho m\u00e1s amplia que la de un simple edificio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Se inhumaba en ese m\u00e1gico espacio, para cubrir a continuaci\u00f3n el hoyo con una losa primero y una cruz de madera encima despu\u00e9s, recibiendo as\u00ed la placenta similares honores a los que corresponder\u00edan al entierro de un ser querido. Y sobre ella ca\u00edan las gotas en los d\u00edas de lluvia, lluvia que se consideraba bendita, pues proced\u00eda \u00ab<em>del mismo Cielo<\/em>\u00ab.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo parece indicar que este aspecto del\nagua es relevante, pues se cuidaba en toda la geograf\u00eda peninsular y grandes\nextensiones de Am\u00e9rica que la placenta se enterrase en un lugar h\u00famedo, no\nseco, porque si no tanto la madre como el beb\u00e9 sufrir\u00edan de sed de por vida y\nsu salud se ver\u00eda resentida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Mira t\u00fa por d\u00f3nde que ahora quiz\u00e1 entiendo por qu\u00e9 me gusta beber vino de la bota, sin miramiento ni pudor. Probablemente se lo pueda achacar a aquella comadrona que mand\u00f3 quemar mi placenta en lugar de enterrarla, como Dios manda, en un lugar h\u00famedo. Como se hizo con la de mi hermana, junto a la curva del riachuelo que delimita el bello jaro de Kukullu, ese delicioso rinc\u00f3n que tanta felicidad me insufl\u00f3 en la candidez de la infancia.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"591\" height=\"396\" src=\"http:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2019\/07\/felix-facebook2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2584\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2019\/07\/felix-facebook2.jpg 591w, https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2019\/07\/felix-facebook2-580x389.jpg 580w\" sizes=\"auto, (max-width: 591px) 100vw, 591px\" \/><\/figure><\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yo fui de los que nacieron en casa, en uno de aquellos partos en los que todo empezaba por salir corriendo a buscar una comadrona que auxiliase en el parto. 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