{"id":384,"date":"2017-02-02T16:15:56","date_gmt":"2017-02-02T15:15:56","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/arca-de-no-se\/?p=384"},"modified":"2023-01-25T07:46:43","modified_gmt":"2023-01-25T06:46:43","slug":"el-despertar-del-oso-vasco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/2017\/02\/02\/el-despertar-del-oso-vasco\/","title":{"rendered":"El despertar del oso vasco"},"content":{"rendered":"\n<p>Cualquiera de nuestros agricultores y ganaderos nos dar\u00e1 fe de que es a partir de estos primeros d\u00edas de febrero cuando por fin empiezan a reverdecer la hierba, los bosques y el campo en general. Es el lapso anual en el que el paulatino aumento de las horas de luz tiene ya la suficiente fuerza como para sacar del letargo a la naturaleza yacente, para insuflarle de nuevo esa vida que har\u00e1 que otro ciclo arranque, que todo se mueva para seguir en el mismo lugar. Es, por otra parte, el punto intermedio entre el solsticio de invierno y el equinoccio, es decir, cuando hab\u00eda que hacer el \u00faltimo y m\u00e1s humano esfuerzo.<\/p>\n\n\n\n<p>Maravillados con la grandiosidad e importancia que aquellos indicadores, nuestros antepasados lo celebraron c\u00edclicamente, al igual que si se tratase de una aut\u00e9ntica resurrecci\u00f3n. Y, no queriendo perderse el acontecimiento y sabi\u00e9ndose beneficiarios del renacer anual, asist\u00edan con su ayuda a la madre naturaleza, como si de un gigante parto se tratase. Al igual que un joven vigoroso debe ayudar siempre a su anciana madre, as\u00ed lo hac\u00edan los humanos con aquel universo que desde el inicio de los tiempos les acog\u00eda, alimentaba y daba vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, una vez m\u00e1s, dejamos de so\u00f1ar en alg\u00fan lugar del camino. Y ya no convivimos como antes con la naturaleza. Ya no es un familiar con el que ansiemos reencontrarnos para conversar un rato. Ya no: somos modernos. Y modernas. Ahora s\u00f3lo hablamos nosotros, en un irreverente soliloquio, sin escuchar a nuestro entorno salvaje. Porque, nos guste o no,&nbsp;ya no somos lo que \u00e9ramos.<\/p>\n\n\n\n<p>Resto de aquellas embriagadoras celebraciones prehist\u00f3ricas tan s\u00f3lo nos quedan unas fiestas religiosas, bastante fatuas hoy en d\u00eda: la Candelaria, San Blas y la v\u00edspera de santa \u00c1gueda, <strong>2, 3 y 4 de febrero<\/strong> respectivamente. Y, una vez m\u00e1s, se encuentran difuminadas y desfiguradas por la gran barredora de creencias que ha sido el cristianismo. Pero vayamos por partes, a ver qu\u00e9 podemos entresacar de lo que hasta nosotros ha llegado.<\/p>\n\n\n\n<p>En el d\u00eda de hoy, 2 de febrero, empiezan unas jornadas prodigiosas con las que, como hemos adelantado, se activaba el interruptor de la vida. No hab\u00eda m\u00e1s que observar e interpretar las se\u00f1ales de la naturaleza. Por eso, en toda Europa, existe la creencia de que el d\u00eda de hoy era cuando despertaban los osos tras pasar el invierno invernando en su cubil y salir al exterior, a afrontar de nuevo la vida. El oso&#8230; tan recordado, sin que hoy lo sepamos relacionar, en los personajes de nuestros carnavales rurales.<\/p>\n\n\n\n<p>El recuerdo de aquella creencia \u2014y seguro que tambi\u00e9n realidad\u2014 lo recoge Oihenarte entre sus sabios <em>Refranes y Sentencias<\/em> de 1596, cuando los osos a\u00fan eran habituales en nuestros bosques: \u00ab<em>Otsailean urteiten daroa arzak lezerean<\/em>\u00ab, con su equivalente en castellano del mismo autor &#8216;En hebrero (sic) salir suele el oso de la cueva&#8217;.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/01\/Artza-astur.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"498\" height=\"679\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/01\/Artza-astur.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3801\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Tampoco es casualidad que, al otro lado del oc\u00e9ano, en Norteam\u00e9rica, se celebre hoy el conocid\u00edsimo D\u00eda de la Marmota, similar a la creencia europea del oso, ya que sale de su estado de hibernaci\u00f3n. Seg\u00fan la tradici\u00f3n popular de aquellas comunidades rurales, si la marmota abandona la madriguera, el invierno est\u00e1 a punto de acabar. Si por el contrario se mete de nuevo, significa que el invierno durar\u00e1 seis semanas m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque lejana en la distancia, no est\u00e1 aquella traici\u00f3n muy distante de lo que se ha practicado en nuestra Euskal Herria. Ello quiere decir que, aqu\u00ed o all\u00ed, tienen todas esas costumbres un sustrato cultural com\u00fan, lo que nos retrotrae a las m\u00e1s antiguas edades del ser humano.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es que, efectivamente, tambi\u00e9n el d\u00eda de hoy (Candelaria en espa\u00f1ol y Kandelero, Gandelero, Kandelario&#8230; en euskera) lo hemos usado los vascos para adivinar c\u00f3mo nos iban a tratar los designios meteorol\u00f3gicos: \u00ab<em>Kandelero bero, negua heldu da gero, kandelero hotz negua joan da motz<\/em>\u00ab, \u00ab<em>Kandelarioz elurra, joan da neguaren bildurra<\/em>\u00ab, \u00ab<em>Kandelarioz eguzki, negua dago aurretik<\/em>\u00ab, \u00ab<em>Ganderailu hotz, negua iraganik botz; ganderailu bero, negua gero<\/em>\u00bb o \u00ab<em>Ganderailuz bero, negua Bazkoz gero<\/em>\u00ab&#8230; Como cuando duda la marmota, como cuando despierta el oso&#8230;<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/01\/Argizariak.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"567\" height=\"425\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/01\/Argizariak.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3802\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Tan s\u00f3lo un d\u00eda m\u00e1s tarde, el 3 de febrero (San Blas) es la referencia adivinatoria para la vecina cultura castellana: \u00ab<em>Por San Blas la cig\u00fce\u00f1a ver\u00e1s; y si no la vieres, a\u00f1o de nieves<\/em>\u00ab. Insistimos de nuevo en que todo ello forma parte de lo mismo, de lo m\u00e1s esencial del nuestra cultura, de la infinidad de signos naturales que nos env\u00eda el universo natural para indicarnos que algo nuevo ha echado a andar.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero volvamos a la antig\u00fcedad, que la historia es m\u00e1s bonita de lo que creemos&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>2 de febrero&#8230; conocida como \u00abLa Candelaria\u00bb o \u00abFiesta de las Luces\u00bb era una celebraci\u00f3n antiqu\u00edsima, pagana, que no fue aceptada en la liturgia del occidente europeo hasta bien entrado el siglo VII. \u00bfY anteriormente?<\/p>\n\n\n\n<p>En realidad la celebraci\u00f3n de nuestra Candelaria suplant\u00f3 a otras celebraciones paganas anteriores y que se conoc\u00edan con el nombre de Lupercalias. Se celebraban en todo el \u00e1mbito del Imperio Romano y eran ya por aquel entonces costumbres populares arcaicas.<\/p>\n\n\n\n<p>Al margen de otros detalles, hay uno que nos interesa en especial y sobre el que no se ha reparado. Entre los rituales practicados en aquellos festejos, j\u00f3venes cubiertos con pieles de animales danzaban r\u00edtmicamente mientras que, con las manos o palos, golpeaban la tierra y la vegetaci\u00f3n, para que despertasen. Se cre\u00eda que as\u00ed, estimul\u00e1ndola, se garantizaba la fertilidad y fecundidad de la tierra y, en consecuencia, llegar\u00edan tiempos de bondad para los humanos y animales.<\/p>\n\n\n\n<p>El ritual se practicaba sin la presencia del sol, siempre de noche, a la luz de antorchas y velas. De aquella remota costumbre nos viene la de bendecir el d\u00eda de hoy, el de la Candelaria o D\u00eda de Candelas, las velas que de por s\u00ed adquieren poderes m\u00e1gicos. Nada lejano pues, sin m\u00e1s, lo han practicado mis padres&#8230; Se encend\u00edan aquellas velas bendecidas el d\u00eda de hoy cuando era necesario espantar una tormenta, cuando \u00e9sta amenazaba con destrozar la cosecha; tambi\u00e9n serv\u00eda para ayudar a sanar a las personas o animales enfermos o para, volviendo a las ofrendas a tierra, echar algunas gotas de su cera en los huertos y as\u00ed procurar una cosecha abundante y saludable, preservada de desgracias. Magia en estado puro&#8230;<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/01\/Altsasu.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"491\" height=\"345\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/01\/Altsasu.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3803\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Pero volvamos a aquellos rituales precristianos que hemos dejado a medias&#8230; \u00bfNo os es demasiado semejante lo del ritual de las pieles a la espalda, para convertirnos por momentos en animales, con nuestras vestimentas de carnavales? Sin duda hablamos de lo mismo.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/01\/PICT0038.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"423\" height=\"564\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/01\/PICT0038.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3804\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Para finalizar, tambi\u00e9n os quisiera invitar desde estas l\u00edneas a que el s\u00e1bado cant\u00e9is o goc\u00e9is de los coros de Santa \u00c1gueda. Yo s\u00ed lo har\u00e9, como desde que era un ni\u00f1o lo he hecho. Si cant\u00e1is, probablemente sin ser conscientes de ello, estar\u00e9is reviviendo dos mil a\u00f1os despu\u00e9s aquella costumbre de golpear la tierra para que despierte. Para estimular a la madre naturaleza, un a\u00f1o m\u00e1s, de nuevo de noche, otra vez a la luz de una vela. Ya no tan j\u00f3venes como marca la costumbre pero seguiremos saboreando en toda su intensidad lo que estos d\u00edas han significado para nuestros antepasados. Porque el que no vea en ellos m\u00e1s que unas celebraciones cristianas, con todos los respetos, es que no se ha enterado de qu\u00e9 va la fiesta&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/01\/felix-facebook2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"591\" height=\"396\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/01\/felix-facebook2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3805\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/01\/felix-facebook2.jpg 591w, https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/01\/felix-facebook2-580x389.jpg 580w\" sizes=\"auto, (max-width: 591px) 100vw, 591px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cualquiera de nuestros agricultores y ganaderos nos dar\u00e1 fe de que es a partir de estos primeros d\u00edas de febrero cuando por fin empiezan a reverdecer la hierba, los bosques y el campo en general. 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