San Ignacio de Loyola y Sabino Arana

Santuario de Loiola

S

Por: Jose Ramón Scheifler

San Ignacio de Loyola ha gozado de una peculiar popularidad en gran parte de Euskal Herria. Distinta probablemente de la de otros santos y santas, como por ejemplo San Antonio, y no exenta quizá de una admira­ción mezcla de respeto reverencial. La calidad de patrono de Gipuzkoa y Bizkaia hace más de tres siglos ha debido de afectar a esta singular afección hacia el santo de Loyola. Por otra parte, los nacio­nalistas vascos anteriores a la guerra civil recor­darán que, como tales, sus dos fiestas principales eran el Aberri Eguna y «el día de San Ignacio», ac­titud que se prolongó durante el régimen fran­quista. Para los primeros nacionalistas, cuando todavía no se había creado el Aberri Eguna, la fes­tividad de San Ignacio representaba la gama más completa de sentimientos religiosos, patrióticos y políticos que durante muchos años ha caracteri­zado a los nacionalistas vascos. No fue una casua­lidad que el primer partido nacionalista que hoy cumple cien años naciera precisamente en esta festividad ignaciana.

Sin embargo, no es tarea fácil dar con una relación del acto. Yo no lo he conseguido. Quizá ni siquiera exista, pues consta que el partido Nacionalista Vasco nació en la clandestinidad. Tal vez fuera esto un presagio de su azarosa futura vida, y del odio que despierta en ciertos niveles de la política, sólo comparable al afecto y amor que le profesan sus incansables e incondicionales seguidores.

Los editores de las Obras Completas de Sabino Arana dan cuenta en una nota de la reunión en el Euskeldun Batzokija de la calle del Co­rreo, de Bilbao, del histórico Batzar Nagusija del que saldría el primer Bizkai-Buru-Batzar. Sabino se abstuvo de escribir en la prensa con este moti­vo, o por la festividad de S. Ignacio como era su costumbre, por tratarle de algo puramente inter­no. Fue precisamente la celebración de la fiesta de S. Ignacio en el Batzoki, conforme al Reglamento del mismo, el año anterior el comienzo de las ca­lamidades que darían con Sabino en la cárcel por primera vez, con la clausura del Batzoki y la su­presión de Bizkaitarra, el primer periódico nacio­nalista. La excusa y origen de todo ello fue la mo­lestia que la música y canto del festejo en el Bat­zoki causó a una supuesta enferma dos pisos más arriba del Inmueble.

Creo que habrá pocos políticos católicos de su tiempo, o quizá ninguno, que haya visto tan clara la doctrina de la separación entre la Iglesia y el Es­tado, «una clara y marcada distinción entre el or­den religioso y el político, entre lo eclesiástico y lo civil, como escribió en el artículo 6o del Regla­mento de Euskeldun Batzokija, aunque reconoz­ca a su vez la anteposición de Jaungoikoa a Lagizarra. Es evidente que para Sabino Arana San Ig­nacio tenía alguna significación especial dentro de la religiosidad de su política.

El 31 de julio de 1894 escribe un larguísimo ar­tículo en Bizkaitarra que ocupa todo el n° 13, ex­traordinario, del periódico. Trata de la «Funda­ción de la Compañía», de S. Ignacio como «patrón de Bizkaya» y de «expulsión de los jesuitas en Bizkaya». Es un artículo de trece páginas en sus Obras Completas (328-341) en las que de­muestra un serio conocimiento de lo que trata. En forma dramática describe aquel 15 de Agosto de 1534 en el que Iñigo de Loyola y sus compañe­ros hacen sus primeros votos en una Iglesia de Varis. Al tratar del patronazgo de S. Ignacio, a pe­tición de la Junta General de Bizcaya, recuerda como el Gobierno del Señorío tomaba posesión y juraba sus cargos el día de San Ignacio en el Cole­gio de los jesuitas en Bilbao, en la actual iglesia de los Santos Juanes perteneciente al antiguo cole­gio. A propósito de la pragmática sanción de Car­los III, por la que expulsaba de todas sus posesio­nes a los jesuitas el 7 de abril de 1767, denuncia Sabino a la Diputación que «cometió el trascen­dental contrafuero de hacer ejecutar una orden dada a capricho por el señor y contraria a la voluntad y a los intereses de Bizkaya, la grave injus­ticia de privar a los bizkainos de la benéfica acción de la Compañía de Jesús…»

El día de S. Ignacio de 1897 explica Sabino, en un artículo en Baserritarra (sucesor de Bizkaitarra) cómo construyo él mismo del «Ignacio» cas­tellano el euskérico «Iñaki»: «No veremos pronto hijos de euskeldunes que se llamen Iñaki, Jon, Kepa, Ingartzi, Koldobika, Paul, Ander (nombres todos debidos a sus trabajos lingüísticos) y no Ig­nacio, Juan, Pedro…». Ese mismo día el orfeón «Euskeria», en un concierto en el Teatro Arriaga, estrenó letra de Sabino Arana para la popular marcha de San Ignacio. «Pero… como una gran parte de sus ejecutantes se hubiese negado a aprender dicha letra y a cantarla por ser del euskerálogo nacionalista, resultó medianamente eje­cutado aquel primer número del concierto». La letra de Sabino en euskera vizcaíno y guipuzcoano, aparece en sus Obras Completas (2.404). Esa letra: «Iñaki, Jaunguak bidalduba…», era la can­tada por los nacionalistas cada día de la novena del santo, durante la República, mientras los mo­nárquicos introducían la letra española y otros se aferraban a la tradicional: «Iñazio, gure patroi…».

Baserritarra duró pocos meses, de mayo a agosto de 1897. Su publicación fue suspendida violentamente por las autoridades españolas. En su último artículo «Españolismo», Sabino había escrito entre paréntesis «(Se concluirá)». Había interés en que no fuera así. El 31 de julio del 98 llega sin publicación propia de Sabino ni activi­dad periodística pues la prensa de la villa le es ad­versa. Pero Sabino no cede. El 4 de junio de 1899 publica «El Correo Vasco», primer diario nacio­nalista. El próximo día de San Ignacio vuelve a to­mar la pluma para honrar al santo vasco.

El artículo, «Apuntes sobre la Compañía de Je­sús», es un panegírico, en más de cuatro páginas de sus Obras Completas, de «la obra más grande de San Ignacio». La Compañía es modelo de or­ganización y disciplina; los jesuitas son siempre los primeros y más insistentemente atacados por los satélites de Satanás; el arma que se esgrime siempre contra ellos es la calumnia, acusándolos de perturbadores del orden social, de rebeldes al trono; por eso los expulsó de las naciones latinas por calumnias sobre las Misiones del Paraguay…

El apartado IV del artículo lo titula: «Los Jesuitas y el nacionalismo vasco». «Solo aquí, que yo sepa, sólo en Bizkaya, han osado algunos Padres de la Compañía atacar francamente desde el pul­pito y aun en el confesionario… a la política nacionalista. El nacionalismo vasco, no obstante, es eminentemente católico., .y sí que saben los Jesuitas aludidos que lo es». El hecho no tiene, pues, a los ojos de Sabino más que una explica­ción: los tales Jesuitas no son vascos. Y acaba con la formulación de su principio: «Nosotros, sin embargo, nunca pretendemos del Clero y de las Órdenes Religiosas que apoyen nuestra política. Sólo les pediremos que se limiten a predicar la Fe y la Moral de Cristo».

El 12 de septiembre de ese mismo año, 1899, la Reina Regente María Cristina, y el Presidente del Consejo de ministros. Francisco Silvela, suspen­den las garantías constitucionales en Vizcaya. El gobernador civil de Vizcaya tomó las medidas necesarias para el que El Correo Vasco no pudiera publicarse. Todos los demás diarios de Vizcaya, cinco en total, se publicaron normalmente. El Real Decreto se dictó para matar exclusivamente el diario de Sabino Arana y suspender así toda la actividad nacionalista.

Ya no se recogen en sus Obras Com­pletas otros escritos de Sabino Arana so­bre San Ignacio o la Compañía de Jesús, como tal. Es hora de preguntarnos de dónde viene al fundador del nacionalismo vasco ese afecto y admiración hacía el fundador de la Compañía de Jesús.

Sin detalles al respecto por lo que se refiere a la educación cristiana y católica en su familia, sabemos que tras los tres años de destierro en Iparralde por el car­lismo de su padre, y consumada la derro­ta en 1876, los dos hermanos Arana, Luis y Sabino, ingresan en octubre de aquel año en el Colegio de los jesuitas en la ciudad vizcaína de Orduña. Los cinco años de bachillerato en él marcaron fuertemente a Sabino. Poco antes de mo­rir, en 1903, escribe al P. Serapio Mendía, Director de la Congregación de la Inma­culada y de San Luis Gonzaga, a la que perteneció Sabino en aquel colegio: «¡Cuántas veces, en los veintidós años que hace que salí de ese inolvidable Cole­gio…».

El último año, en 1887, fue especial­mente importante para Sabino. A una gran tribulación y sufrimiento moral, por una causa no clara en el colegio, se añadió el peligro inminente de muerte. Recibió los últimos sacramentos, pero salió de aquella tisis galopante. Sabino tuvo la intuición o presentimiento de que todavía no podía morir aunque con­fesaba que «no sabía para qué tenía que vivir». El P. Mendía era ya para entonces, 1903, consciente de lo que Sabino insi­nuaba con esas palabras.

Fue durante la convalecencia de esa enfermedad en su casa de Abando, cuan­do a través de su hermano Luis recibe la revelación nacionalista. «¡Bendito el día que conocí a mi Patria, y eterna gratitud a quien me sacó de las tinieblas extranjeristas!». Este no era otro que su herma­no Luis. Aquel año 1981-2 había pasado Luis al Colegio de los PP. Jesuitas en La Guardia (Galicia) para estudiar el curso preparatorio de Arquitectura. Carlista convencido hasta entonces, fue un jesuita vasco -cuya identidad no ha podido ser descubierta hasta ahora- quien con­venció a Luis de que si era vasco no era español, y quien le propuso la tarea del nacionalismo. Este fue el legado de Luis a Sabino.

Todos los años, al comienzo del curso en el Colegio de Orduña, los estudiantes seguían durante tres o cuatro días los Ejercicios de San Ignacio. Entre otras cosas, éstos infunden la práctica de la re­flexión y el hábito de discernir. Sabino pidió a su hermano un año para discer­nir. Al cabo de él, se entregó en cuerpo y alma al nacionalismo. Detrás de todo es­taba algún jesuita y San Ignacio.

Sabino acostumbró a retirarse anual­mente a practicar los Ejercicios Espiri­tuales, frecuentemente en Loyola. Así lo hizo como preparación para su matri­monio. Pero también durante el verano de 1888, al finalizar su académicamente poco fructuosa estancia en Barcelona (no acabó ninguna de las carreras que inició, porque no quería ejercer ningu­na) y poco después de la muerte de su querida madre. Durante aquellos Ejerci­cio Espirituales pidió entrar en la Com­pañía de Jesús. Al fin debió de ver que no era ese su camino. No se hizo jesuita. Te­nía otra tarea. Pero jamás perdió el afec­to hacía la Compañía de Jesús y al santo vasco, Ignacio de Loyola.

Bien por el P.N.V.

 

Me refiero a su votación decisiva a favor de los Presupuestos del 2018. Urkullu justificó con acierto que no fue un voto a Rajoy sino al Bien Común, objetivo de la política.

No quisiera que, de nuevo, los cinco diputados del P.N.V. cargaran con la decisión de hacer prosperar o fracasar una moción de censura, cuyo adjetivo más benigno es el de «inoportuna», creando solo por ello inestabilidad en Europa, añadida a la que ya causa Italia.

No me gusta Rajoy ni su partido, pero me fío menos de una moción de censura nacida del carácter obsesivo y acuciante del gobernar de un Pedro Sánchez sin mérito alguno para ello, ni una muestra de capacidad para tal alto puesto. Pienso que la estabilidad está más segura como está, hasta las próximas elecciones, que con una aventura y amenaza de otras varias.

CAJÓN DE SASTRE

• Comienzo con el penoso espectáculo, porque ha sido un triste espectáculo, al que casi durante un mes han sometido al país y a la sensibilidad de cada uno de los medios y en particular la TV. Me refiero a lo que quedará en la historia como “la crisis del máster de Cristina Cifuentes”.
La actual presidenta de la Comunidad de Madrid, no lo es por tener un máster, completamente ajeno a la política, sino porque en las primarias celebradas tras la dimisión de Esperanza Aguirre, en febrero de 2016, se alzó como líder con un 97,4% de los votos, Cifuentes ha ido subiendo en la política del PP, desde que, afiliada a los 16 años en Alianza Popular (1980), que derivó en el PP desde 1989.
Se han dado casos de políticos que para adornar su carrera o figura política aducen su ingeniería, al menos “estudios de ingeniería”, como haber estado matriculado en alguna asignatura.
Cristina Cifuentes es licenciada en Derecho por la U. Complutense de Madrid, y un curso superior en Administración Pública en el Instituto de investigación Ortega y Gasset. En alguno de sus documentos aduce su máster en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), sobre La financiación de las Comunidades Autónomas. Este fue su error y blanco de sus enemigos.
A los 26 años es diputada en la cámara regional, y será reelegida varias veces; es Directora del Colegio Mayor Universitario Miguel Antonio Caro; portavoz del Grupo Parlamentario Popular; pertenece al Consejo de Administración de la Universidad RJC y al Consejo social de la Universidad Carlos III de Madrid. En enero del 2012, con Rajoy en la presidencia, es la nueva Delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid. En junio del 2015, es investida Presidenta de la Comunidad de Madrid. El 18 de marzo de 2017 es elegida, con el 93% de los votos, presidenta del PP en la Comunidad de Madrid.
Esta Comunidad de Madrid es ya con vistas a mayo del 2019 la ambición de Podemos, del PSOE y de Ciudadanos.
Hace ya casi un año, el 8 de junio de 2017, Cifuentes fue sometida a una “moción de censura” por Podemos. Fracasó. Sólo votaron a favor los 27 diputados morados. El PSOE se abstuvo, y votaron en contra los 64 del PP más Ciudadanos.
En marzo del 2018, Eldiario.es saca a relucir el máster; dos asignaturas quedaron codificadas como “no presentadas”, sin embargo, dos años más tarde, sin mediar matrícula, aparecen “calificadas” con un notable (7,5). Cifuentes es acusada de haber obtenido su máster con notas falsificadas.
La cuestión se enreda, cuando el rector de la URJC, en rueda de prensa, anuncia que Cifuentes aprobó todas las asignaturas del máster en el 2012, atribuyendo la discrepancia a un “olvido administrativo”. Sin embargo, al día siguiente, 22 de marzo, el rector Javier Ramos, en nota de prensa, anuncia la apertura de un “procedimiento administrativo denominado Información Reservada para aclarar lo sucedido y determinar en su caso las responsabilidades que pudieran existir. Fruto de su investigación interna, el 5 de abril, la URJC, trasladó el caso a la Fiscalía, al apreciar indicios de delito de falsedad documental”. Y, mientras hasta los faroles de la calle parecen pedir la dimisión de la presidenta, Cristina Cifuentes se reafirma en su inculpabilidad, en el apoyo de su partido y de su presidente.
Agítese todo esto revuelto en la TV durante 20 o 30 días y ¿qué puede quedar en la mente y los sentidos de los televidentes? ¿Qué idea sacarán de la política, de los políticos, de la ética política, incluso de la seriedad académica de las universidades? Sin duda algo muy negativo. Por eso digo que ha sido un “penoso espectáculo”. Y, lo peor sería que esa impresión negativa coincidiera con la realidad. Por mucho que Cristina Cifuentes se niegue a dimitir es ya un cadáver político.

• Sigo con la ya más de una vez aludida “torpeza política en Catalunya”.
Me refiero a la increíble incapacidad de los ganadores del 27 D para formar un Gobern y Generalitat legales. Han pasado cuatro meses, y por personalismos, divisiones impertinentes y no sé qué más, y ya podían haber eliminado la actividad del 155, para retomar su conocido empuje empresarial y cultural, y no verse abocados a otras nuevas elecciones.
Sacaron mayoría absoluta, no hagan inútil el esfuerzo de sus votantes; respétenles y cumplan el compromiso contraído con ellos. No echen la culpa a nadie. Pongan en marcha el seny, y dejen que el PNV haga lo que le parece debe hacer respecto a los presupuestos de Rajoy. Yo negociaría teniendo en cuenta lo mejor para Euskadi y el Estado.

• En un tono claramente positivo contemplo “el toque de Macron”. Y me refiero a dos de sus grandes discursos, a los Bernardinos y Conferencia episcopal francesa, y al Parlamento sobre Europa y europeísmo.
Presidente de la República Francesa y, como tal, garante del derecho a creer y no creer, en busca de la comprensión de nuestro mundo tecnológico moderno que junta la bioética y su problemática con el derecho y respeto del inmigrante.
Alumno de los jesuitas en Amiens –ignoro su carácter religioso–, como presidente hace una llamada precisamente a los católicos, en una clara y valiente distinción entre laicidad y laicismo. Este exige que lo religioso se mantenga rigurosamente en lo privado, mientras el presidente exhorta a los católicos a intervenir en la política del Estado con la sabiduría de su sentido ético, la fuerza de su compromiso y el más y más sin límite de su esperanza y acción, algo que algunos atribuyen a su filósofo Paul Ricoeur, yo pienso que puede tener algo que ver con el magis ignaciano.
El Presidente de la República afirma que “no se puede arrebatar al cristianismo su iniciativa y creatividad”. “La semilla católica debe contribuir otra vez y siempre a hacer vivir a nuestra nación.
El vencedor de Marie Le Pen en las urnas, en su discurso ante el Parlamento, reaparece como un fuerte y convencido europeísta frente a los nacionalismos de Estado, capaz de infundir nueva vida a un europeísmo soberanista identitario por naturaleza, historia, voluntad y esfuerzo.
Ante las incertidumbres y temores suscitados por el presidente de la primera potencia mundial, Emmanuel Macron no tiene empacho en presentarse en el despacho oval si cree que puede ser útil en un tema tan delicado como el pacto con Irán.
Hay algo nuevo, vibrante y positivo en este político que inspira frescor, confianza y esperanza. ¡Ojalá sea para el bien de Francia, de Europa y de la Humanidad!

• Hace mucho tiempo que no escribo sobre ETA. Nunca me tembló el pulso. Hoy tengo delante su comunicado o declaración de 8 de abril de 2018. Es una traducción del original euskérico, y no veo por ninguna parte que la traducción tenga la garantía de ser por lo menos “oficial”. Pido disculpas por opinar con esta desventaja.
ETA “reconoce el daño causado en el transcurso de su trayectoria armada”, casi 60 años, “un sufrimiento desmedido” –mucho mayor que el que se suele cuantificar (815 asesinados) y en otros, en casi todos los aspectos de la vida de una comunidad humana, comenzando por el País Vasco, sin poder apelar a un solo bien–. Reconoce también “la responsabilidad adquirida en ese dolor”, “que no tiene vuelta atrás”, ni puede resarcir de ninguna manera, ni con todos los años de cárcel de sus miembros presos. Una organización funesta por sus cuatro costados.
ETA entiende que “muchos consideren y expresen que nuestra actuación ha sido inaceptable e injusta y lo respetamos”. En realidad, es lo que ha sido. No tiene justificación alguna. La violencia, el asesinato, el terrorismo, son crímenes de lesa humanidad.
Cuando ETA, refiriéndose al daño causado, manifiesta que “nada de todo ello debió producirse jamás” … “Ojalá nada de eso hubiese ocurrido”, parece renegar de su actuación; sin embargo, lo impersonal de las formas verbales: “no debió producirse” y los verbos usados: producirse y ocurrir, quitan hierro a ETA como causa única y directa de todo ese daño y sufrimiento. Todo habría sido “cosas que se producen o que ocurren”.
El traductor utiliza tres veces el verbo provocar: “ETA ha provocado”. Provocar es “incitar”, “promover”, “suscitar”. Pero lo que ha hecho ETA es causar: “ETA reconoce el daño que ha causado”. Ese es el verdadero verbo. No “promover”, ni “ocurrir” ni “producirse”.
Pero donde ETA mete la pata hasta el fondo, donde aparece lo que es, es cuando da un paso al frente decisivo, cuando pide perdón. Cuando divide a sus víctimas: las que tenían “participación directa en el conflicto”, estas han recibido lo merecido; en cambio, las víctimas que no tenían esa participación directa, a esas y sus familias pide perdón. Todo el daño causado por ETA es injustificado. ETA tendría que pedir perdón a todas sus víctimas físicas y morales, a todos, millones, que la hemos padecido en Euskadi y fuera de Euskadi durante 60 años.
Conceder el perdón, perdonar, es un acto de notable generosidad que engrandece más el alma de una persona noble y puede salvar la del ofensor por vil que sea. Perdonar es un atajo del creyente hacia Dios.

Negociación, arma política

El Aberri Eguna del PNV me pareció casi excesivamente monocoloreado por el problema catalán, lo que dejó muy alta la lealtad peneuvista a la autonomía hermana. Marcó, sin embargo, su propia actitud y camino, afianzando lo conseguido y atisbando el momento claro de la avanzada: La “Competencia de la Seguridad Social”. Y como remachando lo primero: NO del PNV a los presupuestos de Rajoy mientras esté activo el artículo 155 de la Constitución.

Estoy en contra de la judialización penal de la política, cuyo instrumento es el diálogo y la negociación hasta el acuerdo. No el pitido del juez, ni la cerradura de la puerta de la cárcel. Estoy de acuerdo con la profesora universitaria de Derecho Penal, Carmen Tomás y Valiente, hija de Francisco Tomás y Valiente, asesinado en su despacho de la Universidad Autónoma de Madrid, el 14 de febrero de 1996: “Lo ocurrido no es comparable a la rebelión o golpe de Estado, de que se habla; sólo está clara la desobediencia. Mi idea es que tiene que haber una negociación política”.

No entiendo, no puedo entender, cómo el seny catalán de los ganadores de las elecciones del 21-D, no ha logrado, en más de dos meses, investir a un candidato propio, sin problema con la justicia, como president, la formación de un Govern y Generalitat legales, lo que forzaría a Rajoy a desactivar el 155 de la Constitución. Los personalismos y las divisiones ideológicas o prácticas están totalmente fuera de esta situación. Sacarlos a relucir en este momento me parece un crimen o suicidio político.

Ahora tocaría o toca el tema de los presupuestos del 2018 ó de Rajoy.

La votación tendrá lugar el 25-M. La situación es clara: la clave, el PNV: Toda la votación depende de 5 votos, los del PNV: Si sigue el artículo 155, votarán NO.

Claramente, se trata de un castigo a Rajoy por su conducta con los independentistas que ganaron las elecciones del 21-D, impuestas por el mismo Rajoy.

No hay señal alguna de que entre en considerarlo lo más favorable al Pueblo Vasco ¿Prescinde de él o lo supedita al bien de los independentistas catalanes?

Sólo arguyendo a contrario: Si ha desaparecido la actividad del artículo 155, “en ese caso, votaría SÍ a los presupuestos, se estaría pensando en que el SÍ es favorable al Pueblo Vasco.

Personalmente, yo votaría SÍ, subsistiera o no el 155. Estaría ya negociando el valor de esos cinco votos tan decisivos para Rajoy, como importantes para la libertad y bienestar social del Pueblo Vasco, razón última de ser del PNV.

¿Estoy anteponiendo el bienestar del Pueblo Vasco a la injusticia que se está cometiendo con los soberanistas catalanes? Pues sí. Con razón.

Por mucho que votemos NO, no está en nuestra mano corregir esa injusticia. Denunciarla, sí; ya lo hemos hecho sin resultado. Si Bélgica o Alemania dijeran algo y, se negaran a extraditar a Puigdemont y compañía, algo cambiaría.

Los soberanistas catalanes funcionaron bien hasta el 1-O. En estos últimos meses, habiendo ganado las elecciones del 21-D, han sido incapaces, por “personalismos” o “divisiones ideológicas”, fuera de lugar, han sido incapaces de formar un Govern y una Generalitat legalmente constituidos que por sí mismos hubiesen eliminado el artículo 155. A cada uno lo suyo y, que cada cual aguante su vela.

Los cinco votos que necesita Rajoy son los mejores negociadores mientras él tenga poder.

Si no saca los presupuestos, no muere del todo. Puede resentirse la estabilidad del Estado, que repercutiría en Euskadi, y muy probablemente, habría adelanto de elecciones generales, cuyo resultado sería, a mi juicio, peor. El partido de Rivera ganaría a costa, precisamente, del PP. Un partido más centralista que el PP y con tema u obsesión contra la autonomía vasca: Concierto, cupo… “privilegios”.

Es verdad, que sin haber perdido todavía los presupuestos, en el PP se ha pensado en no presentar a Rajoy, por lo que el PP no adelantaría las elecciones, retrasando mi temor a 2019, a las generales obligatorias.

En cualquier caso, dicho lo dicho, personalmente intentaría sacar chispas al SÍ de los cinco votos.

6.4.18

Semana Santa

“Vacaciones de Semana Santa”, “Viajes de Semana Santa”, rezan las agencias de turismo. ¿”Sales estos días de fiesta”? ¡Cuántas veces se habrá hecho esta pregunta, para cuando ayer me la hicieron a mi dos de mis alumnas!
Quieras o no es la visión secularizada de una Semana Santa que ha tenido en su larga historia otras versiones. No sé si más religiosas o auténticas, porque las liturgias solemnes han roto siempre la monotonía del trabajo y del aburrimiento. Y ¿acaso no es el turismo una de las fuentes de riqueza frente a la temida crisis?
Y con todo, a pesar de todos “los que salen”, todavía nuestras amplias iglesias a la hora de los “oficios de Semana Santa”, vuelven a llenarse de creyentes, exclusivamente mayores, de “los que se quedan”.
Salgas o te quedes ¿por qué no recoger con mente y corazón abiertos, esa Semana Santa de tus recuerdos, de tus vivencias desde la infancia, la auténtica Semana Santa de hace más de dos mil años, llenas de estremecedores ejemplos y lecciones de dignidad humana y también de su debilidad; de grandeza de alma y desinterés propio y también de ruindad; de amor hasta dar la vida por los demás y también de odio hasta quitársela al enemigo? La Semana Santa es la tragedia del Bien sobre el Mal en la que libremente, casi a la fuerza, decidimos que el ser humano es realmente humano.
Probablemente era la tercera Pascua desde que tenía aquel grupo de seguidores fijos. Con ellos había recorrido aquel pequeño país. Se había dado a conocer. Y muchos de aquellos que en sus respectivos pueblos le habían visto y escuchado habían subido también a Jerusalén. Al enterarse algunos de ellos que también Jesús se acercaba, salieron a recibirle y espontáneamente se formó una pequeña comitiva. Alguien dispuso de un borriquillo, y con la ingenua profundidad de la gente sencilla, aderezaron con sus mantos al borrico y le sentaron encima, y entre cantos de textos de la Escritura Santa improvisaron aquel homenaje agradecido a aquel que “había pasado haciendo el Bien” por sus tierras y sus vidas: “Hossana (¡Sálvanos!) Hijo de David”, mientras los ramos de olivos se agitaban a su entorno.
Y él, Jesús, complacido, aceptaba ese pequeño homenaje como todo lo que salía de los corazones buenos.
No supuso una gran conmoción y menos un alboroto o tumulto; pero tuvo eso que perdura, lo que despierta la ternura, la de entonces, la de nuestra infancia –la de la “procesión del borriquito”, la que llevamos los ramos de laurel o las cimbreantes palmas de los más pudientes: ¿somos los hombres –viejos– de hoy, aquellos niños de ayer?; Sencillamente sin inocencia; ¡ternura a pesar de la firmeza!
Y a los cinco días de aquel “Domingo de Ramos”, de aquella “Entrada triunfal”, aquel “Viernes Santo”, aquella “Vía Dolorosa”, coronado de espinas, con su túnica blanca de burla, arrastrando a duras penas la Cruz: Cireneo ayuda a Jesús ¡Ayúdale a llevar su Cruz! ¿La suya? –¡Jesús, ayúdanos a llevar la nuestra!
La Cruz. En el ambiente de Semana Santa y en el Helenístico-Romano de aquella primera Semana Santa –dejadas otras disertaciones culturales sobre distintas cruces y sus significados—la cruz era el suplicium servile, recio supremo, fue el aplicado a Jesus; “Y le crucificaron y a los dos malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda”. Este sentido es el que recogen fielmente los evangelios.
Sufrimientos tremendos de todas clases, en el cuerpo y en el alma, que sólo los conoce quien los padece. Dolor por todas las partes del cuerpo durante horas interminables, sin morir de una vez; cada segundo, cada minuto, cada cuarto de hora, dolor y dolor, para acabar muriendo: “E inclinando la cabeza, expiró”. ¡Menos mal! ¡Al menos dejó de sufrir! “Pasó haciendo el Bien” y murió sufriendo todos los males. Y el “silencio de Dios ante el Mal”: “Dios mío ¿por qué me has desamparado?”
Ya es bastante el morir, ¿por qué tenemos que morir? La muerte es tan real, tan cotidiana en nuestro entorno –aunque durante muchos años “siempre se mueren los demás”-, muy pronto aprendemos que también nosotros moriremos. Pero ¿por qué? Es “Ley de Vida”, decimos. ¡No!, no es ley de vida, es ley de muerte. La vida produce vida. Pero una “vida mortal”, que acaba en muerte es un contrasentido. El ser es irreconciliable con el no ser, con el dejar de ser. Quizá sea verdad que todo lo que comienza (a ser) tenga fin. ¿Por qué y cómo empezó en este planeta lo que llamamos vida? Mientras conservamos esas condiciones que hicieron surgir y mantener la vida, vivimos y viviremos, pero está claro que llega un momento en que las perdemos, incluso el intelecto nos dice que nuestro organismo material, corruptible, se descompone; incluso lo que llamamos “mente” o “espíritu” depende de las neuronas y acaba cuando éstas mueren…
Y sin embargo, no quiero morir, me rebelo contra la idea y realidad del morir. Inútil e irracionalmente lo sé; pero no “personalmente”, y elijo este término incluyendo en él la exigencia que siento en mi, como de “justicia” de seguir viviendo. Con la conciencia de ser, de vivir, de todo lo que esto supone, choca frontalmente la idea de la muerte. La muerte es un asesino criminal. Pienso que al estadio a que ha llegado el ser humano no le puede corresponder el mismo fin que al simple animal, que al vegetal, aunque la esperanza de vida llegase a los 200 ó 500 años. No es cuestión de más sino de siempre. ¿El ser que en su evolución ha llegado a pensar, querer y amar puede morir como un mero animal o vegetal?
Pero volviendo a Jesús. Jesús no murió; a Jesús lo mataron; no las fieras, sino esa superior categoría de fiera que puede llegar a ser el ser “humano-inhumano”. A Jesús le mataron porque los hombres nos matamos. En Bruselas y en París, en Madrid y en Nueva York… y, en Roma, y en El Cairo y, en Nínive… desde Caín, y antes. ¿También si hubiera habido sólo dos?
Le “crucificaron”, con todas las de la ley, sin atenuantes, como un malhechor; o como un inocente más, uno de tantos, entre tantos ríos de sangre derramada.
Y ahí habría acabado todo como el más rotundo fracaso, o un fracaso rotundo más de una valiente, audaz y bella empresa, de no ser que, por un par de días más tarde, algunos seguidores del crucificado comenzaron a pregonar en el mismo Jerusalén que aquel Jesús de Nazaret que había muerto a la vista de todos en la cruz, sin embargo vivía; que ellos eran testigos, que incluso habían “comido” de nuevo con él; que estaban seguros que “el resucitado” era el mismo que había sido “crucificado”. Llegaron a decir que le habían visto en la “Gloria de Dios”, a la derecha del Padre.
Curioso o paradójicamente, aquel extraño, inverosímil mensaje fue prendiendo poco a poco y no tardaría mucho en que alguno de aquellos discípulos sellara con su sangre también ña verdad de lo que predicaba.
Pero a la vez, y precisamente porque Jesús había resucitado, sus discípulos se preguntaron: ”Entonces ¿qué sentido tuvo su muerte? Si pudo no morir ¿por qué quiso morir?
Los Evangelios dan testimonio de que los primeros cristianos utilizaron la Escritura (A.T.) aplicando algunos de sus textos a Jesús: Así se encontraron un largo y extraño poema de Isaías, un tanto enigmático, al que nunca se le dio significado mesiánico alguno. No se sabía si el profeta hablaba de alguien en particular o se trataba de alguna ficción ejemplarizante. Hablaba de alguien inocente que, cargado de males y dolores, como para taparte los ojos a su paso; castigado terriblemente por Dios expiaba así los pecados de los demás. Alguien, después de la resurrección de Jesús, vio en él una especie de profecía de lo que había sufrido Jesús en lo que llamaríamos “su pasión”. Y aun hoy, en la liturgia del Viernes Santo, antes de la lectura de la Pasión, según el cuarto evangelio, se lee este pasaje, introduciendo en la mente y en el corazón del cristiano todo un esquema teológico ajeno a los cuatro evangelios: el de un Dios ofendido hasta el extremo que los hombres que no cumplen sus mandatos que descarga su ira haciendo sufrir lo indecible hasta la muerte a un inocente que así expía, padece lo que había correspondido a cada uno de los culpables pecadores.
Así tenemos un dios ofendido como un “hombre”, que exige reparación “al contado” como un “hombre”; que esa reparación, que consiste en hacer sufrir hasta la muerte -sintiéndose así Dios satisfecho como un hombre inhumano-, no a un culpable sino precisamente a un inocente. ¡Suprema arbitrariedad e injusticia, dejando, por otra parte, a los culpables en la indignidad de que otro pague por él y cada uno!
Este canto del siervo paciente de Isaías 5213-5312 bien como un mito del paganismo. No, no encaja con el Dios de Israel, el Dios misericordioso y menos con el Padre de N.S. Jesús.
Si hoy la liturgia nos lo pone como clave de la Pasión de Jesús según Juan, él mismo en su primera Carta, exhortando a no pecar, pero reconociendo que así y todo pecamos, dice que tenemos abogado ante el Padre, Jesucristo, el Justo: él es víctima de propiciación por nuestros pecados…y del mundo entero (Jn 21-2). Y exhortando al amor místico, dice: “Dios nos amó y envió a su Hijo como víctima de expiración por nuestros pecados” (Jn 410), alusiones claras a que la muerte sangrienta de Jesús fue el verdadero Yom Kippur, en que de una vez para siempre, borró – expió nuestros pecados, que es lo que el autor de la Carta a los Hebreos en un lenguaje simbólico, difícil, por no decir imposible de entender por el fiel creyente, viene a decir en una serie de párrafos:
“Pues si la sangre de machos cabríos… santifican con su aspersión a los contaminados; cuánto más la sangre de Cristo, que se ofreció a sí mismo a Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto a Dios” (Heb 913-14). Frente a los sacerdotes del A.T. que ofrecían tantos sacrificios y los sumos sacerdotes, una vez cada año (el Yom Kippur), “lo realizó de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo” (727: Siendo a la vez, sumo sacerdote y víctima). “Él, por el contrario, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio… ha llevado a la perfección definitiva a los santificados (1012-14). El sacrificio de la cruz.
Es decir, en una palabra, que el suplicio servil de la cruz se ha convertido en el sacrificio, en que Jesús es sumo sacerdote y víctima, que nos salva. Y el sentido judío de la sangre es “vida”, porque la vida está tanto en el aliento como en la sangre –al dejar de respirar como al desangrarse se muere— hace de la sangre objeto de salvación: “¡que por tu preciosa sangre redimiste al mundo!” ¿Es la sangre la que salvó o es el AMOR durante su vida y al entregarla?
Por el contrario, la realidad es que la sangre es causa de muerte, ¡Cuánta sangre derramada cada día! ¡Asesinatos, atentados, guerras! ¿Quién nos salvará de tanta sangre derramada? La humanidad se ahoga en ríos de sangre y de odio.
Y todavía hay otra aberración tipológica la muerte de Jesús. En el ambiente anterior del “amor de Dios” en Jn 410, Pablo llega a exclamar en su “Himno al Amor de Dios”, tras exponer el “plan de salvación” (Rm 828-30): “Si Dios está con nosotros ¿quién contra nosotros? El que no perdonó a su hijo sino que lo entregó por todos nosotros ¿cómo no nos dará con él graciosamente…” (Rm 832). ¿Qué padre no perdona a su hijo? ¿Cómo encaja esto con la parábola del hijo pródigo?…
Pero, a partir de esto, de la formulación de Pablo (la subrayada), SS.PP, Orígenes (Hom. VIII in Gn), Agustín (De Civ. Dei XVI, 32), ven que en el sacrificio de Isaac, Abraham es tipo o figura de Dios Padre. Pero, ¿qué clase de tipo o figura? Porque, cualquiera que sea el origen de este relato (Gen 22) aunque Abraham está dispuesto, por ¡obediencia! a sacrificar a su hijo –corriente entre los cananeos y los judíos hasta el S. V a.C.–, el ángel de YHWH, su Padre, no sólo consiente, sino que voluntariamente quiere su muerte, el sacrificio humano de su hijo, por amor a los hombres. ¿Qué clase de amor es este? ¿Es este YHWH, el Dios misericordioso… o el Molisch más sanguinario?
Pilato habría sido inconsciente, pero realmente, el brazo secular de Dios, como en los siglos XVI y XVII el tribunal eclesiástico entregaba sus reos a semejante brazo.
Y sin embargo, la realidad fue y sigue siendo que la muerte de Jesús en la cruz, incluso fuera de la Ciudad Santa fue un acto tan profano como el fusilamiento de un preso en el patio de una cárcel o el uso de la guillotina de los extremistas franceses en la persona de Luis XVI.
Jesús, de la tribu de Judá, que no tiene nada que ver con el sacerdocio (Heb 714), no fue sacerdote sino laico, como un judío más, y no realizó sacrificio alguno ni en el Templo de Jerusalén ni en el Calvario, donde murió porque lo mataron. Quizá a partir de cierto momento de su vida, sospechó que de seguir el camino que se había propuesto, podía correr peligro su vida a causa de los poderosos, y decidió no cambiarlo, porque así le dictaba su conciencia. Pero esto es una conjetura, como tantas otras para salvar tantas lagunas y dudas que nos dejan las fuentes históricas.
En realidad, lo que salva del fracaso al hecho de la cruz fue que la Semana Santa no acabó ahí. La victoria de Jesús sobre la muerte no consistió en que la padeció y sucumbió a ella necesariamente, pero con valentía y dignidad, sino en que su muerte no fue la última palabra DIOS sino la VIDA: ¡Resucitó!; ¡Vive!
Y se llenan los caminos, ida y vuelta, al sepulcro; a Emaús al cenáculo; al monte de Galilea; al lago de Genezaret; al monte de los Olivos: “¡Oh, nube envidiosa! ¿”Y dejas pastor santo / tu grey en este valle hondo, oscuro…”
Y en todas partes “veían” sin acabar de ver, “tocaban” sin acabar de tocar, “oían” sin acabar de oír… Los testigos y las fuentes de historicidad eran de calidad inferior a las de la pasión y muerte de Jesús, abriendo vacíos al misterio del creer.
El cristianismo no olvida la Pasión, pero celebra, por encima de todo la Resurrección; Domingo de Resurrección; ¡la Pascua cristiana! ¡Felices Pascuas de Resurrección! El cristianismo es luz y vida; no suprime la muerte pero aspira a la vida, ¡la vida eterna! ¡Con Cristo resucitado! Porque si él resucitó, también nosotros resucitaremos ¡Esa es nuestra fe!
No lo tuvieron fácil los primeros predicadores que a raíz de la resurrección de Jesús, tuvieron la audacia de proclamarle Mesías –el Ungido–, Hijo de Dios; a él, “el crucificado”. La figura de la cruz cortaba todo discurso, y su sombra negaba toda luz: ¡Maldito el que cuelga del madero! (Dt 2122); ¡Eso era la que era!
No podían suprimirla, pero tampoco fue objeto de exhibición. El grafito del Palatino (a. 136) era más que suficiente, un crucificado con cabeza de burro: “¡El dios de Anaxágoras!”
Pasan los siglos. El lenguaje eclesiástico y los documentos arqueológicos sobre la cruz cristiana hacen referencia a una fiesta concreta: la de Inventio crucis, el “Hallazgo de la cruz”, a raíz de la dedicación el a. 325 de las basílicas constatinianas del Santo Sepulcro y del Calvario. A partir de esta fecha comienzan las homilías de Veneranda Cruce y de Adoratione pretiosae crucis.
A partir de entonces, la adquisición de un lignum crucis podría dar origen a levantar una iglesia o una catedral, y también al negocio de compra-venta. Posteriormente la Iglesia ha dado una serie de decretos sobre estas reliquias:
En Cirilo de Jerusalén (+/- 315-387), aparece ya el signum crucis, la “señal de la cruz”, en la frente, pecho, hombro izquierdo y derecho; antes de cualquier acción; uso que reafirma Agustín (354-430), dándole carácter de “sacramental” y signum victoriae.
El primer crucifijo con Cristo desnudo es del S. V (a. 430?), actualmente en el British Museum, y del S. VI, el de la puerta de madera (panel primero a la izquierda) de la basílica de Santa Sabina de Roma.
La cruz y el crucifijo pasarán los objetos litúrgicos más sagrados en todas sus formas. Y, dado que el dolor y el sufrimiento se prestan mucho a la plástica, el arte pictórico y escultórico del crucificado sobrepasará lo estrictamente religioso. En toda iglesia hay una serie de cruces crucifijos, y en bastantes, generalmente a la entrada-salida, hay un gran Jesús crucificado, como lugar especial de oración y reflexión. Como en las procesiones de Semana Santa, la mayoría de los pasos sonde la pasión del Señor. Cristo resucitado tiene uno solo, a lo más otro: “encuentro con su madre”. La “exaltación”, la “gloria”, el “triunfo”, quizás no sea tan contagioso como la compasión ante el dolor, ni se preste tanto a la reproducción artística.
La Cruz tiene dos fiestas en el calendario cristiano: el 3 de mayo, el Hallazgo de la Cruz, y el 14 de septiembre, la Exaltación de la Santa Cruz. El Domingo, dominicus dies, todos y cada uno de los domingos del año es el día del Señor, el de su Resurrección y el de la nuestra, porque “si hemos muerto con Cristo, resucitaremos con él” (Rm 68). El Cristianismo es vivir ya con el resucitado, es vivir la Resurrección de Cristo: luz, vida, alegría. La Semana Santa acaba con un estallido de estrellas, de ¡Aleluyas!
27.3.2018

Semana Santa

– Id pues, a aprender qué significa: “Misericordia quiero, que no sacrificios” (Mt 913)

– (Los dos mandamientos) y amarle (a Dios) con todo el corazón… y al prójimo como a ti mismo… “vale más que todos los holocaustos y sacrificios” (Mc 1263)

1º.- Es probablemente cierto que si Jesús no hubiese resucitado, al menos, en algún corazón de sus seguidores, no sabríamos nada de él;
2º.- Es históricamente cierto que a Jesús le mataron las autoridades romanas. Así lo atestiguan las fuentes. Afirmación que no se inventa dominando Palestina los romanos y siendo los afirmantes seguidores de Jesús;
3º.- A Jesús, los romanos le aplicaron la pena capital de la cruz, propia o suplicio de la ínfima clase social;
4º.- Es históricamente seguro, o casi, que la condena por atentar contra “Majestatem Senatus Propulique Romani”;
5º.- Es casi históricamente cierto que el delito concreto fue “aparecer” directa o indirectamente, por propia afirmación o de sus seguidores del pueblo como “Rey de los Judíos”;
6º.- El suplicio en la cruz con todo su acompañamiento es dolorosísimo para morir desangrado, asfixiado o de paro cardiaco;
7º.- Es casi seguro, o sin casi, que son los judíos, el sanedrín, quienes condenan a Jesús y lo entregan a Pilato;
8º.- ¿Qué tienen las autoridades judías contra Jesús? La entrada triunfal y la expulsión de los mercaderes;
9º.- Dudoso si el sanedrín podía condenar a muerte y apedrear al condenado;
10º.- La Resurrección es objeto de fe.
27.3.2018

DE BODAS Y DIVORCIOS

Me he resistido mucho a tocar este tema dada mi condición de célibe. “Pero ¿cómo se atreve?”, diría con razón más de uno. Por eso, comienzo concediendo que hablo de matrimonios y divorcios de segunda mano, por lo que veo, oigo y leo. Por ejemplo, Susan Pease Gadoua, que dirige una agencia: “Changing Marriage”, ha escrito: El matrimonio tal y como lo conocemos está muriendo.
Ya no se trata de si hay más matrimonios civiles que “por la Iglesia”, etcétera, sino del fracaso del matrimonio como institución, “tal y como lo conocemos”, o hemos conocido. Me parece una buena descripción de ese matrimonio, algo así: “Matrimonio es el contrato solemne, fundado en consentimiento de los contratantes y ajustado a la forma prescrita por la ley, por el que la pareja se une con igualdad de deberes para vivir juntos, guardarse fidelidad, ayudarse mutuamente y actuar en interés de la familia”.
Etimológicamente la palabra “matrimonio”, viene de matrix, mater, madre, como dando preferencia (de cargas) a la mujer, y curiosamente aparece (1335, 1438) cuando el marido actuaba como dueño y señor. En cambio, “maridaje”, rara en español; mariage en francés, maridaggio en italiano, marriage en inglés, darían primacía al marido.
En cierto sentido la historia del matrimonio es la historia del ser humano, de la humanidad (Génesis, 1) y de las diversas culturas.
La independencia de la mujer (el trabajo fuera de casa) ha supuesto un cambio radical en el matrimonio, y el más radical me parece que ha sido la admisión del matrimonio homosexual.
Para validar o no la afirmación inicial de estas líneas recurro a las estadísticas que, mudas en mil aspectos, son a veces lo más expresivo y concluyente en uno y principal, número y duración.
Tengo que hacer notar que tal afirmación es muy general y tiene muy presente la situación de los EE.UU. En cambio, mis estadísticas incompletas, se refieren exclusivamente a España.
Así al comienzo del s. XX (1909-1918) el número medio de matrimonios al año era de 137.000. Un siglo después, el 2017, se había reducido a la mitad: 68.779.
A esto se añade que el fenómeno contrario al matrimonio, su disolución, el divorcio, se multiplica de forma increíble, como una peste medieval.
En España fue admitido oficialmente por la República, negado por el franquismo y readmitido por ley en 1981.
En el año 2001 se dieron 37.586 divorcios y en el 2016 se triplicaron: 114.039 (Instituto de Política Familiar), 4.365 separaciones y 117 declaraciones de nulidad matrimonial. Es decir, ha habido más divorcios que matrimonios y se han divorciado muchísimos matrimonios de años atrás.
De este altibajo de matrimonios y divorcios, se deduce que la media actual de duración de un matrimonio es de 16,3 años. Los divorcios aumentan considerablemente cuando alguno de los esposos alcanza la década de los 40.
No sé si con esto queda justificada la afirmación inicial de Susan Pease. Ciertamente parece que el matrimonio no está pasando su etapa de oro. Y el divorcio es una forma, me atrevo a llamarla civilizada, de ruptura del matrimonio, por no hablar del creciente número de víctimas de violencia de género. Creciente, al menos en parte, a mi modo de ver, cuanto más se trate de ella, aun para repudiarla, o de las concentraciones para condenarla solemne y comunitariamente.
Y probablemente existen todavía muchas parejas más cuyo matrimonio no funciona pero, sin embargo, ni se divorcian, ni separan, por razones económicas, y sobre todo por los hijos y así siguen “viviendo juntos su doble infelicidad”.
He leído y repensado lo que han escrito sobre el matrimonio investigadoras como Susan Pease Gadoua y Vicki Larson; las figuras de matrimonios que promueven: el de compañía, el parental, el de cónyuges que viven separados, el seguro, el abierto, el indisoluble. Todo lo he leído y repensado. Las dos se refieren a la pareja como tal.
No hablo solo de lo que leo y de mi parecer. Célibe, he estudiado a fondo cada uno de los elementos en juego en el matrimonio: desde el instinto sexual, el sentimiento de atracción físico-afectiva hacia el otro y la convivencia de cada uno de los individuos-sociales.
Célibe, pero, sobre todo, tengo la experiencia de un largo matrimonio tradicional y muy feliz.
Nuestros padres –fuimos nueve hermanos–, celebraron sus bodas de oro, fallecieron a los 90 y 95 rodeados de sus hijos que no les dejamos solos ni un momento.
Hasta poco antes, eran conocidos en el entorno de la calle Buenos Aires, Colón de Larreategui e Ibáñez de Bilbao, como “los eternos novios”. A las 7,15 p.m. interrumpían sus trabajos y daban paseo a San Antón, la Universidad de Deusto o el Sagrado Corazón. Para estar a las 8:15 en casa, hora en que llegábamos los siete de los colegios.
Los matrimonios felices, recuerda Carmen Posadas el comienzo de Ana Karenina, “se parecen entre sí”. Añado que también “se conocen entre sí”. Lo que digo de nuestra familia, lo puedo repetir de cinco o seis, las de nuestros amigos. “En nombre de nuestros padres”, fue el título de un artículo periodístico que escribí. Con ese mismo llevo ya más de 200 folios de recuerdos familiares. Es un deleite y descanso revivir y dejar constancia de tanta felicidad creada.
Los siete hermanos –la mayor, Mª Begoña, murió de meses, y José Ignacio a los 6 años–, somos hechura de nuestros padres. Aprendimos en el calor familiar, sin una orden ni una riña, la placidez del trabajo, del esfuerzo, de la generosidad y del amor. Cada uno intuíamos lo que debíamos hacer. La ayuda mutua era lo natural entre los siete hermanos en un ambiente de alegría y buen humor. Una expresión teníamos prohibida: “estoy aburrido”. “Siempre hay un libro o un juego que inventar” se nos decía. Y jugamos tanto como leímos.
En la época más dura y difícil de la Guerra Civil y nuestro exilio voluntario –enero del 37, julio del 38– estando ya toda la familia en Bélgica, bajamos hasta cerca de Burdeos, a recoger en nuestra familia a tres jovencitos, dos chicas y un chico (16, 10 y 13 años), de familia amiga, que habían quedado huérfanos de madre –el padre no pudo salir de Bilbao–, a la semana de desembarcar. Los seis hermanos –uno había quedado en Bélgica–, nos convertimos en nueve, y en la casa que pudimos ocupar, nadie sospechó que hubiera diferencia alguna en familia tan numerosa. El hecho heroico de nuestros padres fue para nosotros natural.
Hoy, escribiendo “de bodas y divorcios”, me detengo a pensar que hay todavía “matrimonios como los de antes”; que estoy orgulloso de mi familia –lo pienso, pero no lo digo–, de lo que han hecho y hacen el resto de mis hermanos, en favor de los demás. “Las familias felices se parecen entre sí”.

5.3.18

Satisfacción – Admiración

No suele ser la satisfacción mi sentimiento dominante cuando cada mañana me asomo a los medios salpicados de acosos y abusos sexuales, crímenes machistas, niños de once años que agraden a su profesora, o de trece que mata a su hermano de diecinueve porque le molesta…
La satisfacción ayer, 5, muy personal y un tanto egoísta me la proporcionó una entrevista en Diario de Mallorca, a la profesora de Derecho Penal en esa universidad. No soy político ni jurista; un simple ciudadano con la debilidad de analizar a la simple luz de la razón determinados hechos actuales y expresar mi opinión sobre ellos, como he hecho recientemente, en este mismo medio, sobre puntos de la crisis catalana.
Esta persona afirma: “Se ha convertido en jurídico penal un problema político que no debería solventarse por la vía judicial. Lo ocurrido no es comparable a la rebelión o golpe de Estado de que se habla, solo está clara la desobediencia”.
“Yo hubiera deseado que la crisis catalana no se enfocara desde un recurso continuo al Tribunal Constitucional que debe solucionar o paralizar. Mi idea es que tiene que haber una negociación política”.
“Igualmente pienso que Junqueras no debería estar en la cárcel. No hay indicios racionalmente suficientes para la rebelión, y tampoco se da ninguno de los presupuestos para la prisión preventiva, ni riesgo de fuga, ni de reiteración”.
Este es un lenguaje más técnico y preciso que el mío, pero pensaba y pienso que, en conjunto, no andaba descaminado. Y esa seguridad es reconfortante. Me sentía satisfecho.
Por otra parte, la vida de la profesora no ha sido nada fácil. Extremo mi delicadeza y respeto para no herir lo más mínimo a nadie, ni al citar a la letra las expresiones de la entrevistada.
“El padre de una niña violada no debe participar en una comisión parlamentaria sobre las penas correspondientes a ese delito, como llegó a ocurrir”.
“Poco después de morir mi padre, me llamaron de una universidad del sur, para que participara en un congreso sobre terrorismo. Me dijeron que “nos encantaría que vinieras, quién mejor que tú” y les repliqué: “nadie peor que yo”. No debo intervenir en asuntos de política antiterrorista”.
“Nunca me ha gustado esa expresión: víctima del terrorismo. La víctima es mi padre al que mataron, y no quiero esa etiqueta. Con todo el respeto a las asociaciones de víctimas, ninguno de los cuatro hermanos hemos participado en ellas”.
“Lo llevas ahí, siempre lo recuerdas y es una herida, pero no me atrevería a decir que no me he repuesto. Haces tu vida y eres feliz. La familia, los hijos”.
La entrevistada es Carmen Tomás y Valiente, hija de Francisco Tomas y Valiente que fue asesinado en su despacho de la Universidad Autónoma de Madrid el 14 de febrero de 1996. Era catedrático de Historia del Derecho. Fue presidente del Tribunal Constitucional, jurista, historiador y escritor.
Mi satisfacción inicial abre paso a mi admiración y agradecimiento ante tan ejemplar valentía, humanismo y grandeza de espíritu.
6.2.18