Linux, la clave de todo

Hemos hablado muchas veces de Mac OS y Windows como la referencia entre los sistemas operativos. Programas que, con sus limitaciones y errores, son referencia por fiabilidad -el primero- o por cuota de mercado -sin duda, el segundo-. Sin embargo, hay un tercero que es la clave de casi todas las operaciones que llevamos a cabo en nuestro día a día cada vez que nos relacionamos con un ordenador.

 

Cuando navegamos por internet. Cuando buscamos en Google o utilizamos Facebook. Cuando nos bajamos una aplicación Android. Cuando sacamos dinero del cajero, vemos una película en un avión o cambiamos de canal en la tele. Cada vez que hacemos una de estas acciones, usamos Linux.

 

Se trata del sistema operativo abierto más implantado en todo el mundo y del eje del movimiento pro software libre en todo el planeta. El pasado viernes 20 de abril la Academia de Tecnología de Finlandia quiso reconocer a Linus Torvalds (Helsinki, 1969) por el programa que había creado en 1991.

 

Lo que nació como un «pequeño proyecto, un divertimento para aprender» de un estudiante de la Universidad de Helsinki en su cuarto acabo dando lugar a un programa que «hacía todo lo que un sistema operativo debía hacer», en palabras del propio Torvalds.

 

El 21 de agosto de ese mismo mes el joven subía a la Red la primera versión protegido bajo Licencia Pública General para que, mediante el boca a boca, fuera mejorada, copiada y modificada por quién quisiera. Gracias a esto, 8.000 desarrolladores y 800 empresas han colaborado para desarrollar sus más de 15 millones de líneas de código sólo desde 2005. Una obra como la Ilíada de Homero no llega a las 15.000. Además, cada tres meses sale una nueva versión del núcleo mejorada y supervisada por Torvalds. Impresionante.

 

La clave de su éxito fue que cualquiera sabía como funcionaban sus líneas de código. No había secretos. Esto permitió que cada usuario pudiera modificarlo y mejorarlo a su gusto. Eso sí, para compartirlo. Ése era el espíritu. El auge del software libre era inevitable.

 

Dos décadas después, según NetMarketShare sólo ha conseguido colarse en un 1% de los ordenadores de sobremesa del planeta (de hecho, un 0,98%). Sin embargo, y sin que muchos lo sepan, reina en entornos tan críticos como dispositivos móviles, transacciones bancarias, centros de datos, empresas, etc. El 80% de las transacciones bursátiles llevadas a cabo durante el último año se realizaron en sus plataformas y 9 de cada 10 superordenadores llevan el logo del pingüino en su interior.

 

Sorprende también que el 25% del coste de los coches sea el software que hace que funcionen correctamente. En cuatro años, según los fabricante, será cerca del 75%. De ahí que grandes consorcios como General Motors, BMW, Hyundai, PSA Peugeot Citroën o la Alianza Renault-Nissan hayan aprovechado Linux para dar a luz la plataforma abierta para los sistemas de infotainment: el consorcio Genivi.

 

Las Administraciones y el mundo de la educación (tan deseados por Apple) también son «puntos Linux». LinCat (en Catalunya), LinEx (en Extremadura) o GuadaLinex son ejemplos de su implantación y su éxito: 4.200 servidores, 640.000 ordenadores, 5.882 colegios y 1.800.000 alumnos lo usan a diario.

 

Las ventajas son obvias: reduce costes porque las licencias son gratuitas y permite cambiar de proveedor y de componentes siempre que se quiera. En Alemania, el Ayuntamiento de Múnich se ha ahorrado 4 millones de euros (el 33% de su presupuesto informático) al adoptar al pingüino… y si las Administraciones unificaran y liberaran sus programas el ahorro sería mucho mayor. Larga vida al software libre.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

2 comentarios sobre “Linux, la clave de todo”

  1. Parte del artículo te has copiado de el pais.com

    http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2012/04/22/actualidad/1335117737_156353.html

    dice:
    El joven subió la primera versión de Linux a la Red y el boca a boca digital hizo el resto con un sistema protegido bajo la Licencia Pública General (GPL), que permite su uso, copia, modificación y libre distribución. A diferencia de otros, Linux mejora de forma colaborativa. Cerca de 8.000 desarrolladores y 800 compañías han contribuido en sus 15 millones de líneas de código desde 2005. La Ilíada, de Homero, tiene 15.000. Y cada tres meses sale una nueva versión del núcleo bajo la supervisión de Torvalds

    tu escribiste:
    El 21 de agosto de ese mismo mes el joven subía a la Red la primera versión protegido bajo Licencia Pública General para que, mediante el boca a boca, fuera mejorada, copiada y modificada por quién quisiera. Gracias a esto, 8.000 desarrolladores y 800 empresas han colaborado para desarrollar sus más de 15 millones de líneas de código sólo desde 2005. Una obra como la Ilíada de Homero no llega a las 15.000. Además, cada tres meses sale una nueva versión del núcleo mejorada y supervisada por Torvalds. Impresionante.

    y hay muchas partes que igual lo copias.

    1. En primer lugar, Carlos, pedirte disculpas por mi demora al responder. Estos días estoy algo desconectado del blog.

      Efectivamente, esta entrada la escribo después de leer un maravilloso mini reportaje publicado en El País. Después, como con todas las entradas, cotejé más datos con otras fuentes. En este caso, Wikipedia. Tengo por costumbre explicar cuáles son los orígenes de todos los posts que escribo y no te será difícil encontrar referencias a TechStyle, Gadget, El Ciberp@ís, El País, Clipset, Deia, etc. En esta ocasión no lo hecho y te pido disculpas.

      Tras leer la noticia en la aplicación para soportes móviles de la cabecera de PRISA leí la biografía de Linus Torvalds y la historia de su sistema operativo en Wikipedia y crucé las informaciones. Si te sirve de algo -no creo- en ningún caso hice un «cortar y pegar». Aún así, de nuevo, pido disculpas a todos aquellos que dedicáis parte de vuestro tiempo libre a La Caverna Cibernética.

      Muchas gracias por el toque de atención. No volverá a repetirse.

      Gaizka Manero

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