Shanzai, las copias que llegan de oriente

Después de analizar la batalla legal para proteger los lenguajes de programación -que muchas veces tienen mucho más valor si son libres, como demuestra Linux con sus licencias-, nos centraremos en el negocio de las copias de productos tecnológicos y en su gran fábrica: China.

 

Cualquiera que se haya pasado por un mercadillo de una gran ciudad del gigante asiático -incluidos los de espacios «oficiales» como las estaciones de metro o tren- habrá podido ver un completo catálogo de teléfonos inteligentes, tabletas y reproductores de música. No faltan los Nokla, Nokai, iPbone, Samsang y Samsvng. (No son faltas de ortografía, son ganchos comerciales). Sus clientes potenciales van desde jóvenes cool hasta trabajadores con sueldos más modestos: cientos de millones.

 

Su implantación es tal que hasta existe una palabra para referirse a estas copias casi milimétricas de productos tecnológicos fabricados en China: shanzai. La legislación los protege puesto que el nombre no es el mismo y porque usan sistemas operativos diferentes. Algunos, de hecho, defienden su «superioridad frente al original por precio, diseño y porque se adaptan mejor a las necesidades de los ciudadanos».

 

Algunos incluyen mejoras como poder trabajar con varias SIM a la vez. En un mercado tan atomizado donde llamar a otra provincia (el equivalente geográfico a llamar a otro Estado de la UE) puede multiplicar el precio de la llamada, este tipo de variantes son definitivas para decidirse para el producto autóctono. Lo más curioso es que ahora son muchos los fabricantes «legales» los que empiezan a implementar mejoras que idearon primero los fabricantes alternativos.

 

Otro de los motivos que lleva a muchos a decantarse por la imitación es su mayor adaptación al lenguaje chino. La mayoría de los jóvenes han aprendido el pinyin como forma de introducir los ideogramas: se escriben como suenan. La mayoría de los mayores utilizan otra forma de Han, la lengua literaria china.

 

Sin embargo, otras veces la copia se parece demasiado al original. Por fuera son prácticamente idénticos y sólo varían las dimensiones. El más codiciado es el iPhone 4S del que se pueden conseguir variantes de lo más creíbles. Algunas por unos 180€, la mitad de un sueldo. Lo más curioso es que funcionan con Android 4 y cuentan con especificaciones de primera categoría: procesadores de varios núcleos y buenos rendimientos (hasta 1,5 Ghz).

 

Ahora los fabricantes convencionales comienzan a preocuparse. Lo que hasta ahora sólo atañía a los clientes menos adinerados -nunca han estado entre su público objetivo y les hacían publicidad gratuita- empieza a ser atractivo para los turistas. Empiezan a verse en mercados «tradicionales». No se sabe con certeza cuántos hay en el mundo pero América Latina y África empiezan a ser buenos mercados para estos productos.

 

El acceso a internet es rápido -en algunos de estas regiones no lo son las redes con lo que no hay diferencia de facto-, las cámaras muy decentes (tanto como las de algunas BlackBerrys originales) y permiten descargar aplicaciones básicas y divertidas. Además, por su precio sólo se puede adquirir un Nokia de baja gama original. No hay competencia.

 

Por otra parte, en gran parte de Asia un China Phone es toda una garantía de calidad -allí fabrican los iPhone, por ejemplo-. Funcionan bastante bien y, aunque no duran mucho, sirven para estar al día. La esperanza de vida de un «original» es de sólo dos años así que no se nota diferencia.

 

Ahora su efecto preocupa en zonas como India donde es legal importarlos desde finales de 2010 y acumulan una cuota de mercado cercana al 50%. En las zonas rurales más incluso. Por cierto, los smartphones son sólo la punta del iceberg, pronto hablaremos de tabletas. Palabras mayores.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

2 comentarios en «Shanzai, las copias que llegan de oriente»

  1. Es curioso, pero según aumenta la calidad y el nivel de vida en China, son los propios chinos los que se niegan a comprar marcas chinas y empiezan a comprar marcas europeas y norteamericanas, por ser las originales y tener en principio más calidad. En las clases medias y no digamos altas, los productos chinos comienzan a verse como «malos» y «cutres».

    Y no lo digo yo, lo decía el otro día el Financial Times.

    Todas las marcas de calidad occidentales, que las han pasado canutas por esa competencia desleal llegada desde China que les copiaba vilmente todas las ideas sin que la ley hiciera nada, comienzan a recuperarse, ¿sabes como?,,, Pues gracias al propio mercado chino. Sorprendente.

    1. Al final entiendo que los gustos se van estandarizando a causa de la globalización. Si tenemos en cuenta esto (estoy totalmente de acuerdo contigo y con el Financial Times) el resultado es que el iPhone o el Galaxy S II (ahora el III) son los modelos de alta gama más vendidos en mercados con más de 250 millones de usuarios (Estados Unidos) y más de 400 (Europa). Lo mismo ocurre en Japón, los países árabes o Latinoamérica. Al final su propia fama de «rápido y barato» es contraproducente a largo plazo. Por eso tendrán que buscar la excelencia como hizo en los ’70 y ’80 Japón y en la primera década del siglo Corea del Sur. No hay otra salida.

      Muchísimas ganas por compartir con nosotros tu punto de vista.

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