Jonathan Ive, la clave

Llevamos hablando varias semanas de las bondades de los nuevos equipos Android. El «hormonado» Galaxy S4 con su procesador de 8 núcleos; el Xperia Z con su pantalla de ciencia ficción, su cámara de primera y su estructura indestructible; el HTC One y su enorme resolución gráfica e inmejorable sonido; el misterio del inminente Phone X del binomio Motorola-Google… Todas ellas eran empresas que, hasta no hace mucho, tenían claro que había que imitar el modelo Apple. Sin embargo, las últimas versiones del sistema operativo de Google unidas a formatos novedosos y un hardware más propio de portátiles que de teléfonos ha hecho que ahora vean a los de la manzana por el retrovisor.

 

Más allá de la pérdida de valor de las acciones de los de Cupertino desde la presentación en septiembre del iPhone 5, Apple está irreconocible. Durante los últimos quince años los ahora liderados por Tim Cook se caracterizaban por sus continuos golpes de efecto y, sobre todo, por su capacidad para vendernos cada uno de sus productos como si fuera un acontecimiento. La tasa de error era mínima por no decir nula.

 

Sin embargo, la presión sobre los californianos para presentar un iPhone 5 radicalmente nuevo -que no se cumplió-; un sistema operativo con un interfaz excesivamente anticuado (por mucho que parezca un ataque gratuito de Thorsten Heins, el CEO de Blackberry tiene razón en que iOS lleva siendo el mismo seis años); y la enorme evolución de los rivales ha hecho que Apple haya tenido que reestructurarse por completo.

 

La salida de Scott Forstall, uno de los hombres fuertes de la era Steve Jobs desde su puesto de máximo responsable de iOS, después del enorme fracaso de Apple Maps fue sólo el primer movimiento. Es cierto que muchos analistas defienden que los de Cook lanzan siempre un dispositivo revolucionario cada lustro: en 2001 el binomio iPod-iTunes cambio el mundo de la música y nuestra percepción de los mp3. En 2007 Jobs nos regaló el iPhone, que puso patas arriba el mercado de telefonía. A finales de 2010 se sacaron de la manga las tabletas… ¿Serán el iWatch y la iTV los revulsivos que necesitan los de Silicon Valley?

 

De momento, parece que la buena acogida en el mercado del iPad Mini podría animarles a lanzar un iPhone Mini sin pantalla Retina y de plástico que pudiera abaratar su coste de producción y su precio final de modo que pudieran competir con los Android de segundo nivel. Por su parte, parece que el iPhone 5S vendrá con un nuevo chip (llamémoslo A7 por seguir con la nomenclatura interna) y, lo más importante, con la versión 7 de iOS.

 

Es precisamente aquí donde llegamos a Jonathan Ive. Este ingeniero británico (Caballero del Imperio, por cierto) tiene en su haber unos cuantos diseños sin los que no podríamos entender la tecnología actual: el iMac desde la tercera generación; los MacBook Pro y Air; el Power Book; y el iPod y el iPhone. Casi nada.

 

Desde que Cook decidió reestructurar las vicepresidencias Ive aglutina la responsabilidad de diseñar tanto el software como el hardware de los idevices (iPods, iPhone, iPad y iPad Mini). Cualquiera que haya seguido la «obra» de este diseñador distinguirá fácilmente cuatro características que han ido evolucionando: la translucidez de los primeros iMac; el colorido de la G4, los iBook y los siguientes dispositivos; el minimalismo que se estrenó con los iPod y que luego han heredado todos los demás equipos y, finalmente, el aluminio como material ligero, resistente, de calidad, fácil de trabajar y que sirve para otorgar belleza a los equipos a pesar de su imagen nada barroca.

 

Precisamente parece que esas serán las premisas del nuevo iOS 7. Ive, según fuentes consultadas por Bloomberg, busca una imagen sencilla, plana, nada cargada, que sea mucho más elegante y, sobre todo, moderna e intuitiva. Son muchos los que opinan que la estandarización de Android hará que ahora sea Apple la que tenga que buscar una imagen «Google» para su SO. El reto, además, es que el entorno sea compatible para los iPad, iPad Mini, iPhone, iPod Touch, iPod Nano y Classic, iWatch, Apple TV… y que siga siendo Apple.

 

Los widgets parece que tomarán relevancia en la pantalla principal frente a la típica cuadrícula de iconos. La idea es poder acceder a nuestra información preferida con un sólo golpe de vista sin necesidad de tener que abrir aplicaciones -por muy ligeras que sean y aunque se cierren solas-. Permitir una mayor personalización de esa primera «página» del menú -sí, al estilo Android- nos ayudaría a ocultar aplicaciones que no son útiles para algunos usuarios (la brújula o la linterna).

 

Además, otros factores como un centro de notificaciones más completo; un teclado más inteligente con teclas más grandes (esto va directamente relacionado con una pantalla menos rectangular y con un tamaño que se acerque más a las 5 pulgadas que a las 4 actuales) así como un mayor peso específico de Siri, objetivamente mucho más potente que Google Talk o cualquier otra aplicación similar redondearían un entorno operativo que, sin duda, es el más estable y seguro del mercado.

 

Si alguien es capaz de hacer estas mejoras, éste es probablemente Jonathan Ive. Lleva en la empresa desde la llegada de Steve Jobs. Conoce su filosofía minimalista y práctica y, sobre todo, ya nos ha enamorado varias veces con sus diseños. Además, redimirse del batacazo de Apple Maps (que, por cierto, ha mejorado inmensamente desde su lanzamiento) con un sistema operativo novedoso y un iPhone de varios tamaños -si hay alguien dispuesto a pagar por un dispositivo es un cliente de Apple- no sólo serviría para mejorar la situación de los de Cupertino, sino que también serviría para volver a marcar distancias con los rivales.

 

Un enorme músculo financiero. Unos clientes que perdonamos casi todo a la empresa y los primeros síntomas de estancamiento de Samsung -ser el líder es mucho más difícil que perseguirlo como se ha visto con el diseño del Galaxy S4- son los ingredientes idóneos para que Cook, por primera vez, pueda regalarnos esa frase tan célebre de «y una cosa más…»

 

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

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