Silicon Valley, no solo hay uno

El post de hoy va dedicado a todos aquellos lectores (casi 20.000) que os habéis acercado hasta el post que trata la historia de Silicon Valley. La capital mundial de las nuevas tecnologías resume casi mejor que cualquier otro emplazamiento la economía y la sociedad de Estados Unidos: una oportunidad, un nicho de mercado, un mecenazgo desde las instituciones más respetables del país -en este caso la prestigiosa Universidad de Stanford- y un buen puñado de emprendedores.

 

Sin embargo, este oasis en mitad de la crisis que azota una buena parte del mundo (por lo menos del occidental) tiene réplicas repartidas por toda la geografía. Centros donde la innovación y la apuesta por las nuevas tecnologías tiene su recompensa. De la mano de El País os presentamos los más relevantes.

 

Canadá, Australia, Reino Unido (¿casualidad lingüística o cultura?) son sólo los cabeza de cartel en proyectos de futuro a los que se suman iniciativas en Latinoamérica, como es el caso de Chile. Canadá ofrece el visado que permite disfrutar de la residencia indefinida -y el sistema universal de sanidad- a todo aquel emprendedor que les preste sus ideas.

 

El Reino Unido tiene claro que, a pesar de la terca Merkel, el futuro de Europa no pasa por la industria clásica. Un entramado donde los costes de producción y personal no pueden competir cara a cara con las grandes fábricas del mundo en el sudeste asiático. Londres es el punto de encuentro para la mayoría de los emprendedores a este lado del Atlántico que, aunque sueñan con Silicon Valley, tienen que quedarse cerca de Buckingham Palace.

 

Chile ha ido más allá y está dispuesta a financiar casi a fondo perdido cualquier iniciativa nacional o extranjera que se traduzca en un proyecto socioeconómico viable para el país andino. Pero la zona sur del campus de Stanford no sólo es famosa por sus garajes y sus imperios levantados, literalmente, de la nada. También lo es por su capacidad de reciclarse. Programas como 500 Startups siguen atrayendo a las mejores cabezas de todo el mundo a la soleada California.

 

La receta es sencilla: quieren crear un visado para que cualquier emprendedor o empresario que haya logrado una inversión de 100.000 dólares tenga plenas facultades para instalarse en cualquier región de Estados Unidos. Especialmente las zonas más idóneas para el desarrollo de su proyecto.

 

Si a esta estrategia (parece que por aquí alguno no se ha dado cuenta de que el recurso más valioso es el humano) le sumamos el gigante imán que supone trabajar a pocos metros de Facebook, Apple, Google, etc. la batalla está complicada para los nuevos centros de innovación. Como explican el periódico, Silicon Valley es la «nueva Florencia del Renacimiento». Un lugar en la que «si haces algo realmente bueno, en dos años te lo compran o se encargan de que funcione».

 

La opción más cercana por formato y dinamismo es la propuesta canadiense. «Sólo» se necesita un año de universidad en el currículo y 75.000 dólares o un inversor dispuesto a poner hasta 200.000 para acceder a la residencia y tener vía libra para construir el proyecto. Existe riesgo de que la empresa no funcione, pero no sólo es algo que están dispuestos a aceptar, sino que lo bajaran como todo proceso lógico de aprendizaje.

 

Australia es más exigente (está rodeada de rivales tan magníficos como Taiwán, Corea o Japón) y pide un millón de dólares australianos para acceder a un mercado que aunque tiene poca población es una puerta de primera al Pacífico -y a Estados Unidos-. Gran Bretaña exige sólo 50.000 libras y Chile, más radical está dispuesta a regalar 30.000 dólares a cualquier proyecto tecnológico extranjero que parezca viable.

 

El Congreso debate ahora una ley de inmigración que no sólo multiplique la fuerza de trabajo de la primera potencia mundial ante la emergente China, sino que se prepara para potenciar una tercera revolución tecnológica que esté, como siempre, guiada desde San Francisco. En Europa… debatimos sobre pensiones.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

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