Interfaces, ¿cuál es el siguiente paso?

La inminente llegada del iPhone 5 y el completo abandono de Apple del diseño esqueoumorfista por un más ligero ha hecho que sean muchos los diseñadores y los geeks que se pregunten cuál es el siguiente paso en el desarrollo de los interfaces, la parte más importante en la relación hombre-máquina en cualquier dispositivo.

 

Si hasta hace una década el diseño del programa tenía una relevancia bastante relativa -las cosas «eran» como indicaba Microsoft desde su Windows-, la explosión de los dispositivos táctiles así como su uso masivo (pasamos muchas más horas con el teléfono de lo que nunca hemos pasado con nuestro ordenador) ha hecho que las empresas de software se centren sobre manera en este punto.

 

Casi todos los expertos coinciden en que el mayor éxito, la evolución más importante que sufrirá la tecnología será aquella que permita a los usuarios trabajar con equipos «sin interfaz», esto es, cuando la tecnología sea algo tan cotidiano que no nos demos cuenta de que estamos trabajando con un dispositivo tecnológico.

 

Si en algún momento un interfaz es lo suficientemente intuitivo y «transparente» para que casi no lo notemos será entonces cuando la relación hombre-máquina haya llegado a su plenitud. Ya no habrá largos procesos intermediarios que nos hagan perder tiempo en la ejecución de las tareas. No habrá la necesidad de teclear o tocar: la voz o un simple gesto será suficiente para que el gadget haga lo que le solicitemos.

 

Muchos analistas y desarrolladores coinciden en que el paso del teclado y el ratón al universo táctil ha sido un primer paso importante en este camino. Pero no sólo no es el último sino que su única ventaja es que ha servido para unificar nuestro lenguaje con la máquina. Un idioma común con todos los dispositivos de nuestras vidas sin importar el idioma del usuario o quién lo ha fabricado permitirá que la industria se desarrolle exponencialmente más rápido.

 

Lo táctil, de momento, hace que todo funcione tocando imágenes (iconos, fotografías, etc.) a través de una pantalla de cristal. Eso nos coloca límites porque nuestra comunicación con otras personas se basa en un lenguaje corporal y textual mucho mayor. Va más allá de nuestras manos. Es mucho más sensorial. Si conseguimos trasladar ese metalenguaje a las máquinas su desarrollo -y el de nuestras capacidades tecnológicas- se multiplicará.

 

Tim Berners-Lee, padre de internet, explicaba recientemente en un artículo de la importancia de este lenguaje unificado para que el internet de las cosas no sólo se consolide sino que convierta en una parte fundamental de nuestro día a día. No sólo tendremos un dispositivo para manejar y para hacernos la vida más fácil sino que todos estarán interconectados y funcionarán de un modo similar.

 

Todo ello probablemente nos traiga un gran cambio cultural. A día de hoy vivimos en el mundo de las pantallas. Es muy fácil ver a muchas personas a nuestro alrededor que está mirando una pantalla cuando está solo, acompañado, trabajando o en su tiempo de ocio. En un mundo de voz y gestos esto será todo un cambio de comportamiento. Los más optimistas lo anuncian para dentro de 2 años. ¿Tendrán razón?

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

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