Windows 8.1, el sistema se moderniza

 

 

2010 marcó un antes y un después en la industria del software informático. Consciente de que la brecha entre Microsoft y Apple era insalvable en el segmento de los ordenadores -tanto de sobremesa como portátiles a pesar de la excelente aceptación de los MacBook- los de Cupertino crearon un nuevo concepto de dispositivo en el que empezar de cero. Del mismo modo que ocurrió con los smartphones, ser los primeros -al menos para el gran público- y, sobre todo, lanzar un dispositivo sin casi precedentes  en el mercado.

 

Había tabletas, sí, pero ninguna con la cantidad de aplicaciones que tenía el iPad desde el primer día. Ninguna con el gancho de llevar una manzana en su «espalda» y, sobre todo, ninguna con un funcionamiento tan fluido como el que permitía iOS. A partir de entonces -a pesar de que muchos predijeron la caída de Apple al tratarse sólo de un iPod Touch grande-  las ventas de tabletas comenzaron a crecer -con una estrella entre los dispositivos, el iPad, y un sistema operativo llamado a convertirse en el nuevo Windows: Android- al mismo ritmo en el que las ventas de PCs caían.

 

Al principio eran caras pero permitían tanta o más autonomía que un portátil. Eran mucho más ligeras y atractivas por su diseño y, lo más importante, permitían realizar las funciones básicas de un ordenador en casi cualquier escenario: navegar por internet, consultar el correo, trabajar con archivos adjuntos y visitar las incipientes redes sociales. En vez de unirse al enemigo Apple dio en la diana: «si no puedes con la competencia, crea un nicho de moda en el que ni siquiera estén».

 

Los de Steve Ballmer estuvieron excesivamente lentos con la transición hacia la era web. También hacia la era móvil. Y conscientes de que tanto Google como Apple seguían engrosando sus ventas con sus equipos móviles (los de la manzana, más allá, hicieron que muchos se atrevieran dar el salto a Mac) tuvieron que recapitular por completo su sistema operativo. Y del mismo modo que Windows 7.5 tendió puentes entre diferentes dispositivos, el nuevo Windows 8 tenía que ser el primer entorno que funcionara por igual en un teléfono inteligente, una tableta y un ordenador.

 

Después del relativo éxito de Windows 8 (sus ventas han sido mucho mejores que las de la versión 7 y, aunque no han frenado la caída en la venta de PCs, sí han conseguido que Microsoft se quede una buena parte de la cuota perdida por BlackBerry en el mercado móvil) los de Redmond han ido un paso más allá y han desarrollado la actualización 8.1. Un cambio integral en el funcionamiento de Windows 8 (aunque se mantiene el interfaz y las líneas maestras de funcionamiento está más cerca de Windows 9 que de la octava edición) que integra aún más equipos móviles y fijos y, sobre todo, recoge una gran cantidad de sugerencias de sus usuarios.

 

El objetivo es que cualquier pueda hacer lo que quiera en cualquier aparato sin cambiar el interfaz del dispositivo. Todo funciona igual sea cual sea el gadget lo que, unido a la nube, nos permite un rango de posibilidades inédito hasta ahora. A Google le falta un sistema operativo de sobremesa «serio». Chrome ni lo es, ni tiene visos de serlo ni ha tenido ventas. Apple cada vez unifica más sus entornos gracias a iCloud -y parece que OS X será todo un salto hacia delante– pero, esta vez sí, Microsoft les ha ganado la partida.

 

Además, sigue vigente el gran punto fuerte de Windows 8: tener un perfil profesional y otro personal, más lúdico, disponibles en todos los equipos. Incluso, pudiendo trabajar simultáneamente en ambos en dispositivos diferentes. Si a esto le unimos que Windows 8 es el primer sistema multiplataforma que es totalmente compatible con cualquier tamaño de pantalla, parece que el objetivo de Microsoft de no depender tanto de su Surface (que sigue amontonándose en sus estanterías a pesar de sus ofertas de 200 y 300 dólares de Microsoft para cambiar el iPad por su modelo) está más cerca que nunca.

 

Con Windows 8 -que no gozaba de muchas aplicaciones aunque lo solventaba con un navegador web completo- Microsoft se hizo con un 8,2% de la cuota europea de equipos móviles. No hubo salto entre los dispositivos clásicos –de ahí el inminente cierre de XP-. Ahora con Windows 8.1 pretenden que la sustitución sea completa y animar a los clientes que se fueron a Linux y Mac a volver. Sólo planteamos dos problemas: las exigencias técnicas que requiere el nuevo entorno (no son nada complicadas para un equipo de sobremesa pero sí algo más para los dispositivos móviles) y, sobre todo, su precio en la versión para ordenadores: 119,99€ la versión «normal» y 279,99€ la «Pro». (¡Pasarse a OS X no superará los 20€!).

 

El martes 22 llegará Surface 2. El mismo día que OS X y los nuevos iPad y iPad Mini (no tenemos muy claro quien es el estratega de comunicación en Redmond). Veremos si esta segunda fase de renovación de Microsoft llega a buen puerto. Herramientas tienen: Nokia, un nuevo Windows y mucho dinero, además de la marcha de Ballmer y el intento por apartar a Gates.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

Un comentario en «Windows 8.1, el sistema se moderniza»

  1. Un texto con bastantes errores:

    – ¿Windows 7.5 y Windows 8? ¿Estás hablando de la versión Windows Phone 7.5 para móviles o de Windows 95 para escritorio y el cambio que supuso?
    – Windows 8 no es un S.O. móvil, sino de escritorio/tablet.
    – La cuota de 8,2 es de equipos con Windows 8 escritorio, no móviles como mencionas.
    – La cita del martes 22 viene de Nokia, que ya la anunción hace un mes. Su coincidencia con la keynote de Apple es solo porquem los de Cupertino decidieron anunciar hace unos días que sería ese mismo día. Los de Redmond no pueden conocer el futuro, y si Apple les va a «montar» el día de presentación.

    Existe bastante confusión ya, como para que medios de tirada como este se dediquen a sacar entradas con datos no contrastados que solo egenean más confusión aun. Por favor, un poco de rigor.

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