Nikos Adam, ¿sueño americano o pesadilla europea?

 

 

Muchos medios de comunicación abrieron ayer sus espacios (o portadas) con el fichaje de Google, el gigante de internet y uno de los máximos exponentes de la bonanza de Silicon Valley y, por ende, del motivo por el que Estados Unidos no sólo está superando la crisis mucho mejor que otros países «ricos», sino también de porqué los analistas dicen que seguirá reteniendo el título de economía más importante del planeta bastante más tiempo del esperado frente a China.

 

Nikos Adam fue descubierto durante la última Feria Internacional de Salónica. Una de esas tan importantes para la economía y que tan poco parece importar por estos lares -donde los salones del automóvil siguen privando sobre las grandes ferias tecnológicas, a excepción de los Mobile World Congress o el IFA de Berlín-. Adam acudió como estudiante de secundaria y realizó una exposición sobre ataques cibernéticos tan completa y acertada como brillante y sorprendente.

 

Los de Mountain View pusieron rápidamente sus ojos en él. Comprobaron sus conocimientos de programación -el joven ya ha desarrollado dos aplicaciones informáticas- e, inmediatamente, hablaron con sus padres para incorporarlo a su plantilla. La labor de Nikos no será sencilla en Google: participará en el desarrollo de la nueva red Tech is social, además de un servidor para juegos  que se caracterizará por su funcionamiento sin necesidad de tener un servidor propio y un programa de seguridad para el universo Android-Chrome especializado en la lucha contra los ataques contra la denegación de servicio (DDoS attack).

 

La nueva red social se lanzará a principios de 2014 en griego -más adelante se incorporarán nuevas lenguas- y tendrá un funcionamiento similar a Facebook. Un ejemplo más de que los de Mountain View están dispuestos a no darse por vencidos en su sempiterna lucha con la empresa de Mark Zuckerberg.

 

Sin embargo, hay dos cosas que nos llaman profundamente la atención de esta pésima noticia (sí, pésima, ahora explicaremos por qué): la primera es que todos los medios generalistas -los que usa casi toda la población para enterarse de las cosas mucho más allá de cualquier medio económico o especializado- se han limitado a reproducir exactamente el mismo contenido que la Agencia EFE; la segunda que ninguno de estos medios ha dedicado un poco de reflexión a un hecho que refleja perfectamente el nivel de putrefacción que muestra el entramado innovador e investigador europeo.

 

La fuga de cerebros, que algunas eminencias catalogan de movilidad exterior, llega ya a las bases de nuestro sistema educativo. Ninguna entidad continental, estatal -griega- o local ha podido ofrecerle algo a este pequeño genio para que en vez de quedar seducido por el sueño americano -trabajar en su pasión a la vera de las playas californianas- decidiera acabar de formarse y crear un proyecto profesional a este lado del Atlántico.

 

Del mismo modo que dejamos pasar la oportunidad de Nokia, regalándole la joya de la corona del gigante finés a los estadounidenses, ahora ponemos precios de saldo en el recurso más valioso: el humano. Completamente obsesionados en diseñar un continente competitivo como fábrica de artilugios -¿alguien le va a decir por fin a Merkel, Rajoy, Cameron y compañía que no podemos competir con Asia?- nos hemos olvidado que durante décadas nuestro factor diferencial era que fabricábamos ideas.

 

De las mentes de Nokia, Siemens, Alcatel, Philips, JVC, etc. salieron productos que revolucionaron el mundo. No sólo porque eran diferentes (e innovadores) sino porque nos hicieron la vida más sencilla y, sobre todo, porque su construcción (Made in CEE) era sinónimo de calidad. El precio quedaba justificado. Primero Japón (que por tamaño no era una amenaza real para una Europa unida), luego Corea del Sur y ahora China -de la que recela incluso Estados Unidos- han recortado diferencias y nos han superado.

 

La obsesión manufacturera de Europa (textil, siderúrgica, naviera, automovilística, etc) no ha crecido solidariamente con una obsesión por seguir siendo punteros y por regar las nuevas semillas. Nuevos informáticos, ingenieros, arquitectos, etc. que permitieran que el continente siguiera siendo sinónimo de savoir faire.

 

Ahora, después de darle la espalda a la revolución digital y tecnológica. Después de convertirnos en un museo nada atractivo para las grandes mentes mundiales. Después de que nos hayamos transformado en artesanos, nos damos cuenta de nuestro error. Lo peor es que nadie ha caído en que Nikos Adam quizá no se va a vivir el sueño americano, sino que se va para huir de la pesadilla europea.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

2 comentarios sobre “Nikos Adam, ¿sueño americano o pesadilla europea?”

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