Motorola, ¿fin de la historia?

 

Es, probablemente, una de las peores historias de Silicon Valley. La que fue una de las compras más sonadas de la historia reciente económica estadounidense ha acabado como otra venta a precio de saldo que acaba en manos orientales (ya pasó, en otro sector, con Land Rover y Jaguar o con el negocio de hardware de IBM). Motorola, la herramienta que Google adquirió en agosto de 2011 por 12.500 millones de dólares es ahora parte del gigante chino Lenovo que se ha hecho con la histórica división de móviles por poco más de 2.100 millones.

 

A simple vista podría parecer que es uno de los errores de la empresa reina de internet (y de la teoría del prueba y error). Sin embargo, lo que podría pasar como una adquisición para tener su propio fabricante de equipos móviles fue realmente la compra de una de las carteras de patentes más importantes del negocio tecnológico algo de lo que Google carecía en su batalla frente a Apple y Microsoft -es mucho más «joven»- y algo sin lo que realmente no podría competir en sus próximos lanzamientos.

 

En sus 80 años de historia, la empresa de Illinois registró más de 20.000 patentes. Un tesoro con un valor incalculable que colocaría al propietario de las mismas en una situación de lo más ventajosa en la alocada batalla de patentes que se libra en Silicon Valley. Así, con la venta de Motorola Mobility, de toda la cartera de productos en el mercado y de los ya preparados para su lanzamiento y de un «acceso preferencial» a toda la propiedad intelectual (así como a 2.000 patentes compartidas con Google) ambas empresas consiguen lo que quieren.

 

Los de Larry Page se quedan con la información (de haberse embarcado en una batalla judicial les hubiera costado mucho más tiempo y dinero que esos 10.000 millones de dólares «perdidos») y los orientales consiguen una marca de prestigio -puede que no aquí pero sí en Estados Unidos- con el que incrementar su presencia en el mercado más dinámico y apetecible del planeta.

 

Los chinos tienen como objetivo prioritario a corto plazo situarse como el segundo fabricante mundial de teléfonos (y smartphones) sólo superada por Samsung y para ello necesitan acceder a mercados donde el prurito Made in China no es capaz de hacer frente a coreanos, Apple o Nokia. Motorola Mobility les da una buena parte de la tarta en Norteamérica, presencia en Latinoamérica y una marca de prestigio para entrar en Europa donde a mediados de la década pasada la firma pugnaba con Nokia por el primer puesto en ventas.

 

El actual primer fabricante mundial de ordenadores (si incluimos las tabletas el resultado cambia drásticamente) y tercero de smartphones pretende con esta estrategia repetir el éxito que ha tenido la compra de los ThinkPad de IBM en 2005 tiene una presencia casi nula al otro lado del Atlántico y, aunque ya no es necesario ser el que más venda allí para ser líder mundial -el mejor ejemplo es Samsung- sí es el mercado con más prestigio y el que más beneficios deja a quien lo controla.

 

Por cierto, esta es la segunda compra que realiza el titán oriental en Estados Unidos esta misma semana. Hace pocos días adquirieron por otros 2.300 millones de dólares la gama media y baja de servidores de IBM con lo que demuestran que su ambición no tiene límites: si mejoran algo las ventas en Europa -donde en tecnología el mercado acepta mejor los productos chinos- serán también los más grandes en este negocio.

 

En cuanto a Google, con este movimiento ha demostrado que su interés pasa por el software: fortalecer el desarrollo de Android, mejorar las ventas de sus equipos Nexus y Chromebooks (construidos por terceros) y aumentar su departamento de domótica y robótica (así como el internet de las cosas). El futuro de la empresa de Mountain View no pasa, por ahora, por el hardware.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

2 comentarios en «Motorola, ¿fin de la historia?»

  1. Artículo interesante y con sonclusiones bien razonadas, pero echo en falta un análisis de la importancia de las patentes en este mercado neoliberal. Sé que es un tema que por sí solo requiere mucho espacio, pero me gustaría conocer tu opinión acerca de las patentes y el uso monetario que se hace de ellas impidiendo el desarrollo del conocimiento.

    1. En un sector tan «etéreo» y que mueve tanto dinero como el tecnológico, las patentes tienen un valor central. Sobre todo si tenemos en cuenta que la legislación sobre las mismas varía mucho entre países y más aún entre bloques económicos. La gestión de la propiedad intelectual en Estados Unidos o Europa es radicalmente opuesto. La operación de compra de Motorola (me temo que la de Nokia también) por parte de empresas más jóvenes (y por tanto, carentes de una buena cartera de patentes) por parte de Google o Microsoft demuestra sólo el giro que ha dado la economía -neoliberal o no-. Hace 80 años las empresas creaban productos que cambiaban radicalmente un sector. Hoy día, las nuevas, más que revolucionar un sector, lo modernizan. ¿Cuándo fue la última vez que una tecnológica creo algo radicalmente nuevo? ¿Algo que no existía y que nos ha cambiado por completo el día a día? El smartphone fue sólo la suma de muchos dispositivos que existían desde hacía décadas. La tableta es, literalmente, un MP5 ultravitaminado. Incluso el portátil es una versión mini de algo que ya teníamos. Sólo hemos de ver qué futuro le espera a Kodak. Esta revolución 3.0 en la que vivimos ha modificado los dispositivos que ya existían pero, a diferencia de otros sectores, como el automotriz, la máquina-herramienta, etc. no ha generado algo realmente revolucionario por sí misma, por ahora. Efectivamente, el tema da para mucho. Me encantaría conocer tu opinión.

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