Xbox One, lejos de la PS4

 

Microsoft ha anunciado la venta de su Xbox One número cinco millones, una cifra sobresaliente si no fuera porque Sony, recientemente, hizo público que su PS4 ya había comercializado siete millones de unidades. Es cierto que el centro de ocio de los americanos -llamar a cualquiera de las dos consola se nos queda corto- sólo ha llegado a trece países y que a lo largo de 2014 completará su mercado (China será crucial en el devenir de esta batalla), pero, para los analistas, la diferencia de 100 dólares con su competidora japonesa es una lacra demasiado pesada como para recortar la distancia.

 

Desde su presentación en el E3 quedó claro que ni la Wii 2 ni nuevos modelos como Ouya estaban a la altura de estas dos referencias. Se centraban en los gamers clásicos y lo hacían con las únicas armas con las que se les puede conquistar: un hardware sobresaliente, títulos en exclusiva de primera y mandos mucho más ergonómicos y con más posibilidades.

 

Los primeros requisitos de Microsoft sobre la necesidad de conectarse al menos una vez al día a su plataforma Live cayeron en el olvido. Sin embargo, la sensación de que los de Redmond querían controlar por todos los medios al usuarios -para combatir a la piratería o no- y la idea de pagar por todo (incluso por prestar un título por el que ya se había pagado- hicieron mella. Sony sólo tenía que dejar todo como estaba -aunque PS Network sea netamente inferior a Microsoft Live-.

 

Respecto al hardware, hay poca diferencia. Ambos son, literalmente, lo mejor que se podía hacer hasta la fecha. Brutales. Incluso sus mandos han sido mejorados -si es que se podía en el caso de la Xbox- para incrementar las sensaciones del usuario.

 

La batalla del software (Orbis el de la PS4 y Xbox OS para la americana) está algo más desequilibrada. Éste es el punto fuerte de Microsoft y aquí se notan las posibilidades de Skype, Kinect o las órdenes por voz -al más puro estilo Siri-. Además, como el de la Xbox recuerda mucho a Windows 8 -¿por qué será?- todo le resulta mucho más familiar al usuario.

 

¿Dónde reside el problema? En la obcecación de Microsoft de que todos los usuarios van a querer Kinect 2.0. No sólo es probable que muchos no lo quieran, sino que es probable que muchos no lo vayan a usar. Eso hace que la «oferta» de añadirlo en el paquete por 100 dólares haga que la tarifa final se dispare innecesariamente.

 

Con una experiencia de uso prácticamente idéntica. Con catálogos de juegos sobresalientes en ambos casos y con unas plataformas online muy similares en cuanto a rendimiento, acercarse a los 500 dólares tanto es un suicidio y un factor determinante: en países como el Reino Unido donde se han hecho ofertas por parte de distribuidores para bajar su precio esos 100 dólares las ventas se han disparado. Suponemos que, si quieren acercarse (y superar) a la PS4, el lanzamiento de una Xbox sin Kinect o más barata es cuestión de tiempo… pero tiempo es lo único que no tienen.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

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