Derecho al olvido, el efecto boomerang

Lo que empezó como una cruzada de un sólo individuo contra el gigante de internet Google -y que sorprendentemente volvió a ganar David en vez de Goliath- se ha traducido ya en más de 70.000 peticiones por parte de ciudadanos europeos para que les apliquen su derecho al olvido desde que el 30 de mayo se publicara el formulario como consecuencia a la sentencia del Tribunal Europeo.

Uno de los primeros casos donde la información (o el derecho a la información) se ha topado con el derecho al olvido ha sido el del periodista de la BBC Robert Peston quien muestra su malestar porque la nueva normativa continental obliga a borrar piezas sobre Stan O’Neil, un antiguo jefe de inversiones de Merrill Lynch «que sigue en el espectro público y que ha tenido un papel relevante en una de las crisis financieras más duras». Su desaparición coarta la libertad de expresión y la posibilidad de dar una imagen completa de la realidad.

Sin embargo, no es el ente público británico el único apercibido en las islas. The Guardian ha recibido hasta seis avisos. Tres por el árbitro Dougie McDonald -quien dimitió en 2010 tras mentir sobre un penalty-  y otras tres piezas del comentarista Roy Greenslade por un intento de fraude de un político o unos funcionarios galos que dieron rienda a su imaginación en los post-it de su oficina.

No obstante, como bien explican en El País, el derecho al olvido está teniendo una aplicación de lo más curiosa. Al tratarse de una sentencia europea, ésta sólo es aplicable a ciudadanos o acontecimientos ocurridos en los países sujetos a su legalidad. Es decir: si buscamos la información en google.co.uk no la encontraremos mientras que si la buscamos en google.com -la web que responde a Estados Unidos- aparecerán todos los artículos. Además, el sistema de indexación hace que preguntar al Googlebot por «el árbitro que mintió» o «funcionarios franceses post-it» salgan de nuevo los textos. Son los nombres los sujetos al derecho al olvido, no los hechos que ocurrieron.

Como bien explicó Larry Page en Financial Times, el problema no reside en la aplicación de este derecho, sino a la forma en la que se ha regulado internet. Sin opción a negociar con las empresas de los buscadores ni tampoco con los generadores de contenidos. Además, se ha priorizado un derecho individual (el olvido) frente a uno colectivo (libertad de expresión y de información). De este modo, la no desaparición de los textos -siguen disponibles tanto en Bing como en Yahoo! que cuentan con un 28% del mercado- no sólo no ha redundado en el olvido de los protagonistas de las noticias, sino que han hecho que estos temas vuelvan a salir a la palestra.

Además, Google se ha quejado que el discernimiento sobre que es irrelevante o lesivo ha quedado en sus manos -lo que le ha obligado a crear un comité de expertos- cuando al ser una sentencia continental debería ser el mismo organismo europeo el que estudiara cada caso. Parece ser que algunos no se dan cuenta que el mejor sistema de olvido es el paso del tiempo.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

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