Pantallas LED, ¿dispositivos de riesgo?

Ahora mismo podríamos definir un día normal como el tiempo que dedicamos a mirar todo tipo de pantallas mientras las horas pasan. Al despertarnos ojeamos el smartphone. Vemos la tele mientras desayunamos, seguimos con el teléfono camino del trabajo donde lo sustituimos (o complementamos) con el ordenador. En el sofá usamos el tablet e incluso en la cama antes de dormir nos dividimos entre quienes leen un eBook, ojean internet en una tableta o sigue enviando whatsapps. ¿Nos afecta esto en algo?

Aunque el estudio se refiere a las tabletas la conclusión atañe a todas aquellas pantallas retroiluminadas que pueblan nuestra vida. El estudio se ha publicado en PNAS y es tajante: las ondas cortas que emiten estos dispositivos electrónicos afectan negativa e irremediablemente a nuestro sueño. ¿Por qué?

Una vez más tiene que ver con la evolución humana a lo largo de miles de años y el enorme impacto que las TIC están teniendo en nuestro comportamiento durante la última década. En la retina, junto a los fotorreceptores se ubican las células ganglionares, una suerte de centinelas que explican al resto del cuerpo si es de día o es de noche y permiten que nuestro organismo se prepare y adecue para cada fase del día.

La información que aglutinan estas células le sirve de aviso al sistema circadiano -una suerte de departamento de logística del cuerpo- que hace que el organismo (desde la piel hasta el corazón o el estómago) sepan a que fase del día se enfrentan. Por ejemplo, si está anocheciendo el órgano más grande de nuestro cuerpo baja sus defensas frente a los rayos solares y «ahorramos energía» que dedicamos a otros procesos.

Cualquier alteración en este ritmo vital provoca alteraciones en el sueño, obesidad y en los casos más duros, cáncer. El problema reside en que las pantallas retroiluminadas que equipan nuestros dispositivos es que emiten luz de onda corta que afecta muy negativamente a nuestro organismo. Investigadores de varios centros sanitarios han realizado un estudio en el que monitorizaban los ciclos cardianos de doce pacientes durante varios días y los resultados fueron concluyentes: aquellos que leían de un iPad cuatro horas antes de dormirse no sólo tenían más problemas para conciliar descanso, sino que permanecieron menos tiempo en la fase REM.

Los sujetos segregaban menos melatonina y lo hacían más tarde lo que, si ocurre habitualmente, incrementa exponencialmente los problemas de trastornos del sueño. El haz de luz azulado no sólo es perjudicial a la hora de confundir nuestros sistemas sino que, además, las emitimos a muy poca distancia de nuestros ojos lo que supone un problema aún mayor.

Otros estudios anteriores subrayan que los adolescentes pierden de media unos 30 minutos por cada dispositivo electrónico que tienen encendido lo que afecta gravemente a su desarrollo y al de sus capacidades. Más allá del impacto de la luz en sus ojos también influye las interrupciones en las primeras fases del descanso de los sonidos que emiten por los mensajes, emails, etc.

Los resultados tan drásticos -en referencia al enorme impacto biológico que tienen sobre nosotros- hace que los expertos subrayen la importancia de un uso responsable y de hacer estudios mucho más amplios sobre su uso y sus consecuencias. Mientras, seguiremos recomendando un «consumo responsable» de cualquier tecnología. Hay cosas con las que no se juega.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

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