Internet móvil, en busca de la alta velocidad (real)

2020 es una fecha marcada en rojo para la industria de las comunicaciones móviles tanto por las operadoras como por los usuarios. En un lustro la consolidación del estándar 5G debería permitirnos tasas de transferencia tales que podamos descargarnos una película completa en un segundo en un smartphone. Permitirá mover los coches de modo autónomo y remoto con la seguridad de un coche de radiofrecuencia. Será el empujón definitivo para la domótica y el pilar sobre el que construir más avances del tan cacareado Internet de las cosas.

No es ciencia ficción. Con el 4G desplegado casi por completo en toda la Península -y no es que sea una región con alta densidad tecnológica-, operadoras como Vodafone ya están desplegando en Madrid y Barcelona las primeras redes de transición que permiten una tasa de hasta 300 Mbps y que ha sido bautizadas como 4,5G.

 Mapa de cobertura 4G en el Estado a finales de 2014

 

La mezcla del cloud computing, parte ya indispensable para entender la digitalización de la sociedad; de las comunicaciones M2M (machine to machine) y la implementación de tecnología SIM en casi cualquier dispositivo o equipo doméstico e industrial nos denotan que estamos al principio de una nueva revolución tecnológica que muchos ya han denominado 3.0. (Mucho más realista que el rimbombante 4.0 de la industria germana).

Si las cifras son ciertas -y hasta ahora siempre se han quedado cortas- en cinco años habrá 26.000 millones de equipos conectados a internet con el único fin de racionalizar los servicios y «quitarnos de encima» las tareas más arduas y complejas. Crear ciudades inteligentes, minimizar nuestro impacto ambiental y generar entornos más humanos son el fin de una tecnología que, sobre el papel, ha de ser el salto definitivo a la revolución iniciada hace 20 años por las TICs.

Pero todo esto no va a ser gratis. De hecho, va a ser muy caro. Hacen falta miles de millones de euros para invertir en infraestructuras que permitan estos sistemas tanto por parte de operadoras y administración… como por parte de los clientes finales que tendrán que adaptar sus equipos. En este caso, la inversión europea en redes 5G (frente al paso atrás que supuso quedarse al margen en el desarrollo del 4G, Europa es ahora líder en esta nueva generación) sólo en investigación supera ya los 3.000 millones de euros. Sin embargo, salvo el momento inicial -al que nadie se le escapa que tendrá un precio premium si los reguladores no lo evitan- las propias operadoras insisten en que esta nueva tecnología no debería suponer una subida de tarifas respecto al actual 4G.

De facto, si miramos las cifras de penetración de las anteriores generaciones, cada nueva versión siempre ha traído más clientes, una mayor expansión y, por lo tanto, una brecha digital cada vez menor. El 5G -que debe permitir a la UE ser alternativa a EEUU en el universo de las telecomunicaciones- se ha diseñado para permitir una experiencia always-on más segura; ahorrar energía (también en los dispositivos) y, dar cobertura ha más de 7.000 millones de usuarios (según fuentes de Orange, Vodafone y Movistar).

A diferencia de las versiones 3G y 4G, el 5G se ha pensado para unir a las personas y también a las cosas. Eliminar el retardo en las conexiones es el factor fundamental que permita una experiencia plena tanto a nivel interpersonal como profesional. Sólo hemos de echar la vista atrás. En 2001, con tecnología GPRS, se tardaban 34 horas en descargar 1 GB. En 2020 se tardará, como hemos dicho, 1 segundo. La prueba de fuego serán los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang (Corea del Sur) en 2018 donde, por primera vez, se tendrá acceso al 5G. El país asiático promete poder dar cobertura incluso en los trenes de alta velocidad (que circulan dentro de sus fronteras a más de 500 km/h). Un año más tarde llegarán los smartphone con esta tecnología a precio razonable… y en 2020 el futuro se convertirá en un presente prometedor.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

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