Terminales modulares, ¿el futuro de la industria móvil?

Las cifras de ventas de smartphones siguen siendo espectaculares. En los últimos tres meses, y solo mentando a los dos líderes del mercado, Apple ha comercializado unos 75 millones de iphone y Samsung unos 90 millones de terminales. Solo dos empresas que venden 21 teléfonos por segundo. Sin embargo, a pesar de la oferta existente en el mercado (los coreanos tienen un catálogo con más de 20 modelos, lo mismo que Sony, LG, HTC, Xiaomi y compañía) es prácticamente imposible que nadie encuentre un terminal realmente adaptado a sus necesidades.

La solución de la mayoría de los fabricantes es «tirar hacia arriba» y entrar en una batalla de cifras: núcleos, velocidad de procesado, resolución de la cámara o pulgadas de pantalla. No obstante, el uso que cada uno de nosotros (y somos 7.000 millones) es completamente diferente. Incluso en el tiempo -los adolescentes juegan más, los veinteañeros queman las redes sociales, los padres de familia usan más la cámara, los profesionales tiran de suites ofimáticas, etc.-.

Esto genera varios problemas. Por un lado, la obsolescencia (programada o no) que hace que los consumidores estemos en un bucle de renovación de terminales que no podemos permitirnos (el problema no es sólo económico, sino de recursos naturales). Por otro, el enorme esfuerzo económico al que se ven sometidos los fabricantes (sólo Apple y Samsung tienen beneficios en un mercado multimillonario).

Proyecto Ara

¿Os imagináis poder escoger los componentes de un smartphone como se hacía hace no mucho con los ordenadores clónicos? Decidir cuál es la potencia de procesado que queremos, la capacidad de la batería, la potencia gráfica o la resolución de pantalla que realmente necesitamos ajustándonos a lo que queremos y podemos gastar y, sobre todo, a lo que realmente utilizamos. Pues no hace falta que lo imaginéis como un imposible… El proyecto Ara de Google, diseñado por la empresa Phonebloks está cobrando cada vez más fuerza y subraya que, también en este sector, conceptos de economía circular y sostenible son posibles.

 

 

Durante el pasado mes de enero, en Singapur y San Francisco tuvo lugar la conferencia para desarrolladores de este proyecto y en él se pudo ver un nuevo concepto de tecnología personal. Por un lado porque podremos gestionar y modificar nuestros dispositivos en función de nuestras necesidades (si usamos mucho la cámara y queremos una mejor, sólo tendremos que cambiar esa parte del smartphone, por ejemplo). Por otro, porque este tipo de diseño permitirá convertir el dispositivo en el centro de gestión de multitud de periféricos añadiéndole o quitándole funciones (un pulsómetro o una cámara con funciones específicas).

Es cierto que en el pasado ya ha habido propuestas similares (en El País nos recuerdan a la empresa israelí Modu Mobile) que a pesar de sus excepcionales diseños y características del hardware cayeron por la pésima experiencia del usuario. Y es precisamente donde la entrada de Google se convierte en algo crucial. Ninguna otra empresa (quizá ahora Microsoft) tiene tanta experiencia en crear un entorno operativo que funcione con una gran variedad de componentes y dispositivos. Y su implicación y la de sus desarrolladores pueden ser el espaldarazo definitivo para que la responsabilidad entre tanto en las empresas como en los hogares.

El proyecto ya ha comenzado a funcionar como piloto en Puerto Rico (es una población pequeña bastante homogénea y con una enorme implantación de las nuevas tecnologías) y la acogida está siendo sorprendente. No sólo por la funcionalidad y por la variedad de componentes que se han puesto a disposición de los consumidores (Toshiba ha llevado tres cámaras que van desde una básica de 5Mp hasta una de 13 con un sistema de cámara lenta cuasi profesional) sino por la forma en la que se han propuesto los puntos de venta y pruebas. Camiones que emulan a los food truck con los que demuestran que escoger un módulo y cambiarlo por uno que ya tenemos (y por el que nos pagan al dejarlo en la tienda) es sencillo y tremendamente rápido.

¿Y cómo podemos personalizar el teléfono si empezamos de cero? Pues la carcasa que escojamos -o diseñemos- la tendremos disponible en muy poco tiempo gracias a impresoras 3D que emplean diferentes elastómeros para hacerlas completamente personalizables, resistentes y compatibles entre sí. La placa inicial cuesta 50 dólares y el precio se queda en lo que queramos gastar. La clave, como siempre, es el sentido común. Esperemos que el proyecto de pronto el salto a todos los mercados.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

Un comentario sobre “Terminales modulares, ¿el futuro de la industria móvil?”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *