CLIP, quiere cambiarlo todo

La impresión 3D ha sido, sin duda, una de las mayores promesas para la industria (casi cualquiera) y el do it yourself de los últimos tiempos. Diferentes sistemas que, capa a capa, pueden reproducir casi cualquier prototipo o producto. Sin embargo, los altos costes de los equipos y los «consumibles» así como el tiempo requerido para cualquier impresión han ralentizado considerablemente su democratización y su implantación como un estándar de fabricación. Al menos hasta ahora.

Hace pocas semanas se ha patentado un sistema que gracias a luz ultravioleta, oxígeno y resinas líquidas permite multiplicar por 100 la velocidad de impresión. Hasta ahora existían dos tecnologías de impresión 3D. La primera, conocida como FDM en inglés, era la deposición fundida. La impresora calienta el rollo de material sólido para ir depositando finas capas que acaben dando forma a un producto. Finalmente, un chorro de aire fría se encarga de que todo se solidifique rápidamente.

 

 

La segunda, conocida como estereolitografía, emplea resinas líquidas que al ser expuestas a la luz ultravioleta se solidifican inmediatamente. Con más resolución y más rápida, el único «pero» de este sistema es el alto coste del proceso.

 

 

Joseph DeSimone, químico de la Universidad de Carolina del Norte y creador de CLIP, ha desarrollado el sistema de impresión por adición para conseguir que la estereolitografía acorte la distancia entre la velocidad a la que se lleva a cabo el diseño industrial y la velocidad a la que se lleva la construcción mediante impresión 3D.

El equipo de DeSimone ha conseguido controlar el proceso por el que las moléculas de la resina líquida se solidifican y crean estructuras complejas, es decir, la polimerización. La clave consiste en que CLIP no emplea un sistema mecánico sino un láser ultravioleta que se encarga de solidificar el material mientras que el oxígeno se encarga de enfriarlo. De este modo se consigue una mayor resolución y, sobre todo, construcciones sin fisuras en su interior. El resultado, según explican en Science, es sobresaliente.

Al acelerarse el proceso de solidificación y enfriamiento la velocidad de impresión vertical (como se llama en la impresión 3D) se multiplica por 100 pasando de 5 a 500 milímetros cada hora. CLIP (Interfaz de Producción Líquida Continua) es, sin duda, el desarrollo disruptivo que conseguirá que la impresión 3D dé el salto de un prototipo futurista a la fabricación en masa de multitud de materiales (y, por lo tanto, debería disminuir su coste y aumentar su velocidad de desarrollo).

Por cierto, el sistema CLIP ha demostrado funcionar de forma fiable y eficiente con cualquier polímero y hasta ahora ha cosechado éxitos con plásticos, cerámicas y varios materiales orgánicos con lo que su aplicación tanto en el campo doméstico como en el empresarial y el científico parece inminente.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

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