Windows 10, ¿último o primero de su especie?

Sin duda Windows 10 ha conseguido -incluso antes de llegar- que Microsoft vuelva a copar todas las portadas y gran parte del interés que suscitan las grandes tecnológicas estadounidenses. Sus novedades, su condición multiplataforma, sus continuas noticias sobre mejoras y su gratuidad -si se dispone ya de una versión original- son algunos de los ingredientes con los que los de Redmond esperan remontar en el universo móvil y apuntalar su condición de intocables dentro de los PCs.

La última campanada, sin embargo, viene en el propio concepto que Microsoft tiene de su última versión del sistema operativo. Y decimos última porque, en boca de Jerry Nixon en la conferencia Ignite, «el futuro de Windows es ser un servicio». Todo se construirá «a partir de Windows 10 y desde Windows 10». Será un software -como lo entendemos de forma «tradicional»- pero que no recibirá sustitutos sino continuas mejoras para adaptarse a las necesidades de los usuarios.

Su CEO, Satya Nadella, estuvo tiempo desarrollando los servicios en la nube de Microsoft y cuando fue elegido decidió que era hora de sacar lustre al nombre de esta legendaria empresa. Más allá de la polémica reestructuración de la empresa -que se saldó con miles de despidos- Nadella tenía claro que Microsoft solo podría frente al avance de Google y compañía si mostraban al mundo lo que podían hacer: una plataforma global sin versiones para cada dispositivos -todos tienen cabida en Windows 10- y que es compatible con cualquier equipo sin importar lo futurista que este sea (Hololens).

Windows 10 se concibió como lo que los expertos denominan un sistema operativo modular es decir, un software que permite cambiar solo partes de su código para aumentar las prestaciones e implementar mejoras sin que el núcleo del mismo cambie. Se pueden cambiar algunos de sus componentes para adaptarlo a cualquier dispositivo ya que su núcleo funciona en cualquier gadget. Y, lo mejor de este concepto, es que su núcleo se puede ir desarrollando si necesidad de tener que crear una versión de cero cada cierto tiempo para estar actualizado.

¿Es esta idea nueva? No. Es algo que se lleva tiempo aplicando en los sistemas operativos móviles y sus aplicaciones: se desarrollan mejoras continuamente y se actualizan sin necesidad de reinstalar todo de cero. ¿Lo tenía ya Microsoft? Más allá de disfrutarlo en su servicio de correo -que se actualiza cada mes- la Xbox lleva tiempo disfrutando de continuas mejoras para optimizar su rendimiento. Y lo mismo podemos decir de la versión beta de Office para Windows 10.

Para acceder a esta actualización solo será necesario tener ya una versión original de Windows 7 o Windows 8. Al dar el salto a 10 Microsoft podrá identificar a todos sus usuarios -y saber cuáles tienen versiones pirata- y conocer el grado de éxito del lanzamiento de su plataforma además de permitir una homogeniezación que hasta ahora la implantación de XP, por ejemplo, no ha permitido a las versiones anteriores.

Lo más probable, siguiendo el ejemplo de Apple o Google, es que las actualizaciones sigan siendo gratuitas y que donde realmente gane dinero Microsoft sea con los servicios premium: servicios en la nube similares al actual Office 365 que sin suponer un gran desembolso para los clientes dejan una buena cantidad de ingresos en las arcas de Redmond y multiplican la calidad de la experiencia de uso. Todas las respuestas en pocas semanas.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

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