Saturo Iwata, el hombre que redefinió el ocio

El lunes Japón se despertó con una triste noticia. El gigante del entretenimiento digital, Nintendo, anunciaba el fallecimiento de Satoru Iwata, cuarto presidente de la empresa de Kioto, a los 55 años de edad. Iwata, que padecía un cáncer en el conducto biliar que ya le había obligado a operarse el año pasado, no pudo superar la dolencia.

Nacido en 1959 en Sapporo, desde pequeño mostró gran interés por los números y las matemáticas. Sus compañeros recuerdan que solía realizar pequeños juegos con las calculadoras y pronto destacó en su clase hasta que consiguió acceder al prestigioso Instituto Tecnológico de Tokyo, donde se graduó en informática.

En el centro pasó a formar parte de los grupos de aficionados a los videojuegos y los ordenadores lo que desembocó en que en 1980 fundara junto con otro grupo de geeks el legendario HAL Laboratory.

Al terminar sus estudios en 1982 pasó a trabajar a tiempo completo en HAL lo que, debido al tamaño de la compañía (él recordó en una entrevista ser el quinto empleado) le provocó tensiones familiares, sobre todo con su padre. No obstante, Iwata no tardó en demostrar sus capacidades como programador de videojuegos y pronto llamó la atención de Nintendo que le reclamó para ayudar con el código de “Balloon Fight” y “NES Open Golf”.

Su nombre, sin embargo, se haría famoso con el legendario Kirby’s Dreamland diseñado originariamente para GameBoy. Una serie de malas estrategias comerciales hizo que requirieran ayuda externa para no quebrar a principios de los ’90 y Nintendo tendió la mano a uno de sus principales desarrolladores.

Una de las condiciones de los de Kioto fue tener plenos poderes para reestructurar la compañía y colocar a Iwata al frente. Un puesto que no abandonó hasta que pasó a formar parte de la nueva matriz con el cambio de siglo.

El devenir de Iwata en la empresa fue poco habitual. el programador de la compañía filial, accedió al cargo de máximo mandatario en 2002, un momento crítico en el mercado de los videojuegos con el lanzamiento en dos años antes de la PlayStation 2 y ese mismo año de la primera Xbox en Japón. La visión de este hombre de empresa, no obstante, era muy lejana del rendimiento gráfico como prioridad que tenía Sony y Microsoft.

Para él, el hecho diferencial de Nintendo era su carácter familiar y su espíritu de comunicación. Por eso apoyó con todas sus fuerzas el lanzamiento de la Wii, un éxito sin precedentes para la empresa y en el mercado de los videojuegos. Su éxito fue tan inmediato como inesperado. Se vendieron 100 millones de unidades e hizo que las consolas dejaran de ser un dispositivo para gamers y adolescentes y pasaran a ser un elemento de ocio para adultos y en grupo.

Por desgracia, su sucesora -la Wii U- no ha conseguido igualar el éxito de la primera y ha tendido una espada de Damocles sobre la empresa de Mario. Fiel hasta el final de que el dogma de la empresa debía seguir siendo cuidar la relación con los videojugadores y la creación de historias que permitieran a éstos establecer vínculos con los personajes, no podríamos entender esta industria -al menos durante los últimos treinta años- sin su visión.

Iwata tenía claro que todos los equipos del catálogo de la empresa tenían que ser intuitivos. Tenían que poder utilizarse nada más enchufarlos sin necesidades de complicados manuales de instrucciones. Sin complejas combinaciones de botones. Solo encenderla y disfrutar sin importar la edad, el sexo o el origen cultural del jugador.

Ese espíritu hizo que la Nintendo DS fuera la única portátil que aguantó dignamente el embate de los smartphones y las tabletas y que la Wii pudiera sobrevivir a pesar de la batalla de hardware y realismo entablada entre sus dos grandes rivales de sobremesa.

 

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

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