The Edge, ¿el edificio más inteligente del mundo?

Si tuviéramos que mentar una palabra que se repite como una constante en casi todos nuestros post y que se ha convertido en un mantra a la hora de pensar en nuestro desarrollo a medio y largo plazo como sociedad ésta sería «inteligente» (smart). Los teléfonos, las televisiones, los electrodomésticos, los coches, incluso el mobiliario urbano.

Todo adquiere una nueva dimensión tanto en su uso como en sus posibilidades de mejora gracias a nuevos materiales sostenibles, al internet de las cosas y a una conciencia social que entiende que nada puede seguir haciéndose como hasta ahora: sin un mínimo respeto a nuestro ambiente. Y es en este punto en el que las ciudades inteligentes adquieren un papel estratégico. Sobre todo si tenemos en cuenta las cifras de crecimiento urbano que barajan instituciones como la ONU.

Esta ciudad inteligente está concebida para interactuar con sus habitantes. ¿Una suerte de Gran Hermano que nos controlará? Es uno de los riesgos aunque lo más seguro es que todo desemboque en un enorme sistema de información que permita una relación sostenible entre todos los estamentos del ecosistema urbano.

Dentro de estos proyectos por convertir las ciudades en emplazamientos responsables e inteligentes, Bloomberg nos presentaba hace unos días el edifico The Edge en Amsterdam. Las oficinas centrales de Deloitte en los Países Bajos y uno de los últimos hitos de la arquitectura y del internet de las cosas. Gracias a 28.000 sensores repartidos por toda la estructura y una app que todos los que trabajan allí tienen descargada en sus smartphones el edificio recopila millones de datos sobre sus «habitantes» para adaptarse a sus necesidades sin acometer excesos en el consumo de recursos.

Este big data permite que el edificio confeccione un patrón de comportamiento que encaje con los ocupante en cada momento: conoce la agenda de cada trabajador y en función de ésta le procura una mesa -nadie en la plantilla tiene un puesto fijo-, una sala de reuniones o un espacio para conferencias. Además, al entrar en el recinto ajusta también las plazas de aparcamiento, el acceso más sencillo hasta su lugar de trabajo y adecua la iluminación y la temperatura a los gustos y necesidades de cada trabajador y los que le rodean.

En un alarde de personalización, el edificio puede ajustar los parámetros domóticos de cada uno de los dispositivos sitos en su interior. Las cafeteras, por ejemplo, servirán café a cada uno de los empleados en función de sus gustos sin que estos tengan que programarlo más que una vez y los robots de limpieza ayudan al personal en las zonas en las que requieren esmerarse más. Por cierto, a las noches son robots los que se encargan de patrullar por el edificio para velar por su seguridad.

Por si esto fuera poco, The Edge también tiene el título honorífico de «edificio más sostenible del mundo» ya que gracias a sus paneles solares es capaz de generar más energía de la que consume. La tecnología solar se ubica tanto en el tejado como en toda la pared sur. También cuenta con un sistema de recogida de agua de lluvia que nutre los lavabos y la calefacción. Si a todo esto le unimos que requiere de un 70% menos de energía que cualquier otro edificio de una envergadura similar, podemos decir sin miedo a equivocarnos que se trata del edificio más inteligente del mundo.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

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