iPad Pro, ¿tiene sentido?

A pesar de que todos los productos que lanza Apple parecen condenados a vivir a la sobra del reinado del iPhone, el fabricante de Cupertino guarda todo tipo de grandes productos en sus estanterías. Todos con una excelente calidad de construcción y todos sometidos al eterno debate de si su éxito se debe al excepcional marketing de los californianos o si realmente tienen algo más.

El último en llegar a las tiendas es el iPad Pro un equipo que en foto es similar al iPad Air 2 -que hemos de reconocer que nos parece la referencia de su segmento- pero que cuando se tiene en la mano es gigante en todos los aspectos. Sus 12,9 pulgadas de pantalla lo colocan a la altura de muchos ordenadores portátiles y su superficie útil marca la diferencia con su hermano pequeño: hasta un 78% más.

Además la recién estrenada habilidad de poder trabajar con dos aplicaciones a la vez (ha llegado demasiado tarde a iOS) cobra verdadero sentido con semejante panel. Cuenta con 5,6 millones de píxeles, récord de la casa para un equipo móvil, y tiene una tasa de refresco variable: habitualmente es de 60 Hz y cuando la demanda es menor los baja a 30 Hz lo que se nota en un mejor rendimiento energético.

Pero el iPad Pro es mucho más que eso. Todo en él se ha trabajado con mimo para convertirlo en una declaración de intenciones. La pantalla Retina tiene un mayor contraste y un brillo más uniforme. Las fotografías, realmente, se ven más naturales y tanto los vídeos como los textos gozan de una nitidez mayor que la de otros equipos de la casa y eso es decir mucho.

El multitouch también se ha mejorado. La clave para la sensación de fluidez que tienen todas las tabletas y smartphones de Apple es el excelente funcionamiento de la pantalla táctil. El nacimiento del Apple Pencil ha hecho que los ingenieros tengan que dar un giro de tuerca más y lo han resuelto excelentemente. El nuevo sistema cuando trabaja con el stylus toma hasta 240 muestras por segundo y detecta dónde se hace presión y hacia dónde se dirige esta con una facilidad inusitada. La sensación de suavidad y fluidez es incomparable. Y eso que hemos probado grandes tabletas este año.

Las utilidades que nos permite el Pro cuando se empareja con el lápiz son enormes. Tanto para tomar notas como para dibujar o crear modelos 3D (y aquí es donde cobra sentido su apellido Pro). El equipo es caro (109 euros) pero la facilidad para emparejarlo y lo bien ideado que está su sistema de recarga -se puede alimentar de la mastodóntica batería de la tableta- le permite funcionar sin interrupción durante 12 horas. Sería maravilloso que hubieran ideado también un sistema a la altura para guardarlo. Será fácil perderlo y difícil de encontrar cuando le perdamos la vista.

Si tenemos que poner un pero. Después de llevar casi un mes disfrutando del 3D Touch en un iPhone 6S, se echa mucho de menos en este dispositivo. Puede que sea un regalo para aquellos que sepan esperar al iPad Pro 2 o, sencillamente, que no han sabido unirlo a un equipo que acabará usándose mucho con el stylus.

El objetivo de esta tableta de grandes dimensiones es incrementar la productividad de los Mini y los Air. Y eso -conquistar el mundo empresarial que demanda más de las tabletas- requiere tener potencia. Por ello han diseñado ex profeso el chip A9X que, según la propia Apple, es más rápido y capaz que el del 80% de los ordenadores comercializados en el mundo este año. Además, las mediciones rezan que es el doble de potente que el chip anterior, el ya muy rápido A8X. Lo mismo ocurre con la GPU y con el nuevo coprocesador M9 que ya disfruta el iPhone 6S.

No sabemos si las cifras son exactas pero sí que es capaz de trabajar con varias aplicaciones que requieren gran rendimiento a la vez. En definitiva, un equipo que hará que muchos duden si es más eficaz que un MacBook o un MacBook Air. Sobre todo cuando se le ensambla la funda teclado. Su gran baza es una pantalla espectacular y un arsenal de aplicaciones (850.000) que en muchos casos suplantan a los programas de ordenador clásicos -desde suite ofimáticas hasta herramientas de diseño-.

Incluso han tenido la deferencia de mejorar el sonido implementando dos líneas de altavoces: la de la parte superior que se encarga de las frecuencias altas y la inferior de las bajas. Sin duda, una evolución necesaria frente al flojo sonido de anteriores iPad. Y hablando de deferencias, incluye el nuevo Smart Connector, un módulo MFi que permite conectar dispositivos externos sin necesidad de usar el Bluetooth ni de que tengan batería interna.

En definitiva, un producto pensado para hacer de puente entre aquellos que necesitan una herramienta más potente que un iPad Air 2 y que no necesitan de un sistema operativo tan potente como OS X (faltan aplicaciones como Final Cut Pro, por ejemplo). Le faltan posibilidades como poder abrir dos veces la misma aplicación -para trabajar con dos ventanas de Safari a la vez, por ejemplo- y parte de la fluidez de un sistema operativo de sobremesa.

Su precio, aunque no será problema para su público, es «respetable»: desde los 889€ de la versión de 32GB hasta los 1229€ de la más capaz de 128 GB con LTE (hay una intermedia de 1079 solo con WiFi) a los que hay que sumar los 179€ del teclado y los 109€ del lápiz. En definitiva, no será difícil superar muy holgadamente los 1.000€ que ya marca el MacBook como punto de acceso al universo «portátil» Apple.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

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