Privacidad y seguridad, ¿hacia dónde vamos?

images

Aunque pueda sonar a argumento de película de 007 a día de hoy hay pocas cosas más valiosas que la información. Sobre todo la que cedemos a terceros voluntariamente y que permiten que realicen un retrato robot social y personal. Es por ello que cada vez más se plantean soluciones que permitan que seamos nosotros los que vendamos nuestros datos a una empresa que los gestione como nosotros queramos y nos permitan tener un alter ego digital seguro.

Son muchos los analistas que coinciden que en poco más de una década nuestros datos digitales serán mucho más importantes (como negocio) que cualquiera de los dispositivos tecnológicos que llevemos encima. Un negocio que a nivel planetario alcanzará cifras no vistas hasta ahora y que tiene en las empresas que gestionan los datos privados para diseñar modelos sociales su semilla.

Esto, sin duda, plantea varios problemas. El primero está en el ámbito empresarial. Las compañías «clásicas» defienden ante este planteamiento que tienen derecho a adquirir esta información gratis ya que se emplea para dar un servicio al consumidor. Como contrapeso están aquellos que defienden que gracias a estos datos las compañías pueden atinar mejor en sus productos, en sus campañas publicitarias y, por lo tanto, maximizar los beneficios a nuestra costa.

Desde el punto de vista del cliente, sus datos permiten crear retratos robot a partir de diferentes parámetros que dan una información complementaria pero inexacta. Por ejemplo, Google analiza nuestro comportamiento por las búsquedas que realizamos, Amazon, en cambio, se decanta por las compras. ¿Cuál es mejor? Lo ideal es que se unan todos pero eso, sin duda, supone un gran problema de seguridad.

¿Cómo gestionarlos? ¿Quién lo hará? ¿Y quién puede beneficiarse de ello? Lo idea es la llegada de un nuevo sistema de empresas que creen una nueva relación con el cliente, es decir que, el dador de los datos sea el primer beneficiado. Es cierto que lo más probable es que se cree una relación representante-representado en la que el dador deba pagar una suscripción pero también es cierto que esto redundará en un retorno siempre que entablemos relación económica con una empresa.

Es tan sencillo como crear una aplicación (un sistema) que permita que siempre que gestionemos con terceros nuestros datos lo hagamos a través de un mismo canal, seguro y controlado, que nos permita saber qué cedemos a quién en cada momento.

No es más que la creación de una suerte de bancos de datos personales que nos ayude a gestionarlos. Y en todo este ciclo tiene un papel fundamental la computación en la nube. Una forma de que nosotros gestionemos lo que somos en vez de dejarlo en las manos (repletas ya de dinero a nuestra costa) de Apple, Facebook o Google.

Los asistentes virtuales, la domótica, todos los equipos smart, la nueva generación de la computación se basa en modelos virtuales que permitirán adaptar y personalizar los servicios de las empresas. Todo evoluciona rápidamente pero tiene un cuello de botella, todo son imágenes parciales de una misma realidad esperando a unirse y crear personas digitales. Necesitan comprendernos (¿cómo se relacionará nuestro alter ego digital con nosotros? ¿qué estaremos dispuestos a confesarle?) y eso solo podrán hacerlo cuando nosotros queramos.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *