Moto X Force, pensado para durar

Cuando Lenovo se hizo con Motorola fueron muchos los que pensaron en el fin comercial de la empresa. Después de una época brillante en la que resucitó de la mano de Google (los suyos eran con los Nexus los únicos Androids «limpios» del mercado) se daba por hecho que el gigante chino tan solo haría un cambio de logotipos con el fin de ganar cuota en mercados tan complicados como Estados Unidos o Europa.

Sin embargo, después de retocar su gama -tiene un catálogo bastante corto- hemos de reconocer que los productos de la M siguen siendo francamente interesantes. De esta forma, el X Force que analizamos hoy es uno de los dispositivos más interesantes para aquellos que busquen rendimiento -sin necesidad de estar a la última- y, sobre todo, un smartphone que sea capaz de sobrevivir a, literalmente, todo.

Para los amantes del diseño el Motorola les parecerá un terminal anticuado. Es, sin duda, mucho más tosco que los Galaxy S, iPhone y compañía, sin embargo, es mucho más resistente que todos ellos. Eso, en cierto modo, justifica sus formas.

En su interior trabaja el chip Snapdragon 810, el procesador móvil más potente de 2015 (y que parece haber superado sus problemas de gestión del calor) acompañados de 3 GB de RAM. Mucho más que suficiente para mover un panel con 5,4 pulgadas de diagonal.

Además, su vocación de equipo para durarnos se ve reflejada en detalles como su ranura de expansión para microSDXC que, cuando existan, soportarán hasta tarjetas de 2 TB. De momento, es compatible con 200 GB, mucho más que suficiente teniendo en cuenta que su capacidad interna es de 32 GB.

Su cámara también es una delicia. Sus 21 Mp con flash de doble tono permiten sacar fotos con una calidad sobresaliente. Quizá el color esté demasiado saturado pero el rendimiento en cualquier condición lumínica está fuera de toda duda. Las formas se delimitan con cuidado y el conjunto está a la altura de los mejores del mercado. En cuanto a la frontal, los 5 Mp y el flash de baja intensidad para selfies garantizan un buen resultado. Además, las videollamadas también se solucionan con solvencia.

Respecto a la autonomía, es, sencillamente, espectacular. La batería de 3.800 mAh nos permiten un día lejos del enchufe sea cual sea su uso. Es cierto que penaliza el grosor que se dispara hasta los 9,1 mm -nada grave pero mucho más que otros rivales premium-. Lo mismo ocurre con el peso que se queda en casi 170 gramos.

En cualquier caso, si atendemos a la resolución QHD de la pantalla (540 ppp y 2.560×1.440 de resolución) entendemos toda esta potencia en la pila. (Y en la tarjeta gráfica, una Adreno 430). Por cierto, el panel cuenta con tecnología AMOLED y protección ShatterShield contra golpes y arañazos.

El resultado son imágenes claras con contrastes muy marcados. Da gusto verla. Incluso cuando se nos cae. En cualquier otro terminal se habría destrozado pero en este caso no se ve la menor muesca. Envejece como los demás con un uso estándar pero, realmente, está a prueba de torpes y sustos.

Si a todo ello le unimos que Motorola sigue sin poner pesadas capas de personalización sobre Android nos encontramos un modelo que solo está por detrás en rendimiento de los potentísimos S7 y de los Nexus más ligeros. Es decir, un terminal que con un hardware de 2015 es capaz de plantar cara a equipos más modernos. Y todo ello por un precio inferior a 700€. Más de lo que nos tiene acostumbrado el fabricante -si bien solo se ha quedado con los equipos más interesantes de cada segmento de mercado- pero una opción muy interesante para quien busque algo diferente, que asegure rendimiento y sea, sobre todo, duradero.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

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