Baterías biológicas, por fin una respuesta sostenible a nuestra demanda energética

La Humanidad se encuentra ante el reto innegociable de reducir su huella de carbono. Por mucho que las energías renovables sigan creciendo, la inmensa demanda energética de los dispositivos conectados y una población que aumenta sin cesar, hace que a día de hoy sea imposible conseguir un abastecimiento 100% verde para nuestra sociedad.

Si bien hace poco Escocia anunciaba que ya producía mediante energías renovables más de la mitad de la energía que consume y se sumaba a otro grupo de países como Uruguay, Islandia, Paraguay, Lesotho o Bután que han conseguido poner la balanza del lado «limpio».

Pero, de momento, el problema de las energías verdes es que no son constantes. Mientras que la hidráulica sí permite conseguir un flujo energético constante, la eólica y la solar aún tienen por delante el reto de poder nutrir nuestra hambre continua sin depender de la hora del día o de la cantidad de viento que haya en diferentes épocas del año. Esto, sin duda, provoca problemas a la hora de diseñar políticas de transición desde los combustibles fósiles a estas otras soluciones y ralentiza un proceso ineludible.

La solución, sin duda, pasa por nuestra capaz de mejorar nuestra eficiencia energética y, sobre todo, de nuestra capacidad de almacenar la energía en momentos de excedencia para poder emplearla en los momentos «valle» de producción.

Por eso los fabricantes de baterías -indispensables a corto plazo- siguen investigando formas de conseguir una mayor eficiencia de sus equipos (mientras los constructores de hardware se encargan de que sus dispositivos cada vez más capaces consuman menos). Hace pocos días un grupo de investigación holandés publicaba en Enviromental Science & Technology Letters el desarrollo de una nueva pila recargable basada en bacterias.

Hasta la fecha las soluciones «clásicas» de baterías domésticas -las Tesla Powerwall– no solo eran caras (es cierto que en el último año han surgido soluciones mucho más económicas) sino que no eran tan seguras como deberían.

Desde hace poco más de una década los esfuerzos se han centrado en el desarrollo de baterías que funcionasen mediante microorganismos. Al proceso se le llama electrosíntesis microbiana y nunca se había llegado tan lejos como ahora cuando se ha presentado un modelo útil de batería recargable basado en dos sistemas microbianos diferentes: uno al ser estimulado con electricidad produce acetato y otro al recibir el acetato produce electricidad.

Esto hace que durante el día las primeras produzcan la cantidad de acetato suficiente para que el segundo sistema sea capaz de producir energía durante la noche. Un paso de gigante para conseguir la independencia de los combustibles fósiles y otras fuentes peligrosas de una forma segura y barata para todos… siempre y cuando lobbies y gobiernos lo permitan.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

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