Crowdfunding, la financiación de las start ups y la innovación en el siglo XXI

A pesar de que vivimos en una época en la que la sociedad exige el emprendimiento y la innovación a los jóvenes y a las start ups, hemos visto muchos casos en los que la falta de financiación acaban matando proyectos que por su calidad podrían tener mucho recorrido. Las redes sociales y las nuevas tecnologías de la información, sin embargo, han permitido el nacimiento de nuevos sistemas de financiación que consiguen que algunas de esas buenas ideas lleguen a buen puerto.

Se trata del fenómeno del crowdfunding o micromecenazgo que es la cooperación colectiva de un grupo de personas que realizan una red para conseguir dinero u otros recursos para potenciar que un tercero lleve a cabo un proyecto u objetivo.

Es la aplicación 2.0 de un movimiento que ya vio su versión analógica antes: artes como la música ya vivieron a finales del siglo XX episodios en los que este tipo de donaciones permitieron giras como la de Extremoduro en 1989 o la de Marillion en 1997. El cine, también, es una de las industrias que más lo ha empleado para sacar adelante proyectos poco interesantes económicamente para las productoras.

Aunque en el Estado el mercado del micromecenazgo es bastante pequeño (unos 10 millones de euros, 20 céntimos por ciudadano al año), en conjunto hay plataformas que demuestran que este modelo de financiación está más en forma que nunca. Kickstarter, por ejemplo, ha recaudado desde su nacimiento casi 2.600 millones de dólares para casi 112.000 proyectos. Las cifras, aunque excepcionales palidecen si nos centramos en el lado humano: casi 11,6 millones de personas han donado alguna vez y de ellos casi 3,7 millones han financiado varios proyectos. En total ha habido más de 32 millones de donaciones.

Algunos sectores como el de los videojuegos, además, es el que más crece y durante el último año el dinero donado ha alcanzado los 144 millones de dólares, el doble que en 2014 y una inversión definitiva para que tanto la vertiente de ocio como la educativa de esta industria goce de una buena salud y una buena cantera.

Una categoría totalmente ligada al desarrollo de videojuegos, serious games, realidad virtual y otras herramientas es el de tecnología o hardware. Cada año es la que más dinero recibe: uno de cada cuatro euros donados que han permitido llevar adelante proyectos como Oculus Rift -antes de que fuera adquirido por Facebook por casi 2.000 millones de dólares-. Gracias a ello, la plataforma es una de las 500 webs más relevantes de internet parece una de las pocas ajenas a esa catástrofe de recaudación que algunos prevén para estos micromecenazgos a lo largo del próximo lustro.

Son muchos los que opinan que el crowdfunding ha explotado gracias a la crisis económica que nos ha llevado a un concepto mucho más grande de solidaridad pero también se ha convertido en una moda que acabará pasando y los expertos auguran que en un periodo de tiempo corto la recaudación bajará y que sólo los proyectos considerados «estratégicos» conseguirán salir adelante.

No obstante, el devenir del crowdfunding, explica que sólo se producirá una evolución lógica en un sistema que ha roto el status quo de la financiación de proyectos. Al final, serán los títulos donde los donantes vean más calidad los que reciban la financiación. Si hay un proyecto sólido, se lanza en Kickstarter y se anuncia bien en redes sociales y se busca parejamente financiación sólida el éxito tiene muchas opciones de llegar.

La duda que se plantean algunos inversores es el «retorno» del dinero. Por ejemplo con la compra de la antes mentada Oculus: se puso en marcha con dinero de todos pero sólo unos pocos recibieron la lluvia de dólares. ¿Deberían retornar parte de la inversión a otros proyectos? ¿Debería promocionar ellos la innovación de nuevas promesas? ¿Es sólo la plataforma de algunos que se arriesgan para llegar al estrellato?

Pero este no es el único reto al que se enfrenta el sistema. Las cantidades que se mueven hace que tanto el Estado como los inversores requieran un marco legal sólido que ayude a regularlo. La duda del retorno de inversión parece solventada con figuras como el equity crowdfunding en el que se da un intercambio de acciones por el dinero donado.

Además, son muchas las instituciones financieras que están apoyándose en grupos de presión (lobbys) que pretenden una regulación más estricta para no perder su trozo de mercado en cuanto a su posición como «financiadores únicos» de las start ups.

Aún así, las posibilidades de crecimiento y desarrollo a partir del crowdfunding así como la seguridad del nacimiento de una nueva economía que no hubiera visto la luz mediante sistemas de financiación tradicionales hacen que todos estos riesgos merezcan la pena.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

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