Proterra Catalyst E2, la evolución necesaria

La evolución de los transportes hacia fuentes de energía sostenibles es uno de los imperativos a los que debe someterse nuestra civilización si queremos asegurarnos la supervivencia del planeta tal y como lo conocemos (o de la forma más parecida posible). Para ello tanto el transporte de personas como el de mercancías ha de cambiar.

Sin embargo, el primero tiene un doble reto al que enfrentarse. Por un lado, los ciudadanos hemos de ser enseñados a utilizar más los transportes colectivos -y es aquí donde las Administraciones han de multiplicar sus esfuerzos para incrementar la presencia y efectividad de estos. Por otro, tanto el transporte individual como el público ha de abandonar los combustibles fósiles y centrarse en sistemas de movilidad limpios -tanto en origen como en el vehículo final-.

Curiosamente, si la mayoría de los aplausos y las portadas se las están llevando modelos llamados a sustituir nuestros vehículos particulares (Tesla es el ariete de este obligado cambio), cada poco la industria nos muestra soluciones que, objetivamente, son mucho más realistas a corto plazo. El último ejemplo es este autobús del fabricante estadounidense Proterra que promete una autonomía real de uso de 500 kms y un impacto en las arcas públicas sin precedentes gracias a sus bajos costes de mantenimiento.

Sobre el papel, el Catalyst E2 es un autobús bastante convencional: 12 metros de largo, 13 toneladas de peso y espacio para 40 personas. Sin embargo, sus unidad de potencia eléctrica le permite recorrer y cubrir rutas sin ningún problema durante toda una jornada laboral. En apenas 5 horas durante la noche el autobús está recargado al 100% y gracias a que los autobuses cubren siempre las mismas rutas -tanto en tiempo como en distancia- es perfectamente apto para recorrer cualquier ciudad de forma eficaz y eficiente sin emitir gases contaminantes en el núcleo urbano.

Por si esto fuera poco, la pruebas reales llevadas a cabo son espectaculares: el Catalyst E2 tiene un consumo equivalente de unos 10 litros cada 100 kilómetros, una cifra más propia de un automóvil grande de motor térmico que de un autobús urbano -suelen rondar los 30 o 40 litros de diésel en función de su antigüedad y las condiciones del tráfico-.

Esto hace que, aunque el desembolso inicial sea mayor al adquirirlo, el ahorro anual en combustible o mantenimiento permita amortizarlo en pocos meses. El motivo es sencillo: no hay cajas de cambios, transmisión, filtros o correas de distribución que arreglar o suplantar y cuando el autobús eléctrico está parado en un semáforo o en un atasco su consumo es siempre 0.

Los pasajeros también tienen ventajas gracias al mayor espacio al eliminar el motor (las baterías van bajo el suelo lo que baja el centro de gravedad y de paso hace más seguro al vehículo en giros y altas velocidades) y, sobre todo, el ruido: es menor que el de una conversación.

El modelo cuenta con una batería de 660 kWh de un tamaño equivalente al de un coche pequeño que le permite recorrer en un circuito cerrado y con condiciones óptimas 1.000 kilómetros. Si comparamos la «pila» con la de un Tesla -100 kWh-, un eléctrico pequeño -50 kWh- o un Formula 1 -150 kWh- entendemos el rendimiento del conjunto sin problemas.

El E2 (Efficient Energy) incorpora, además, sistemas de recuperación de energía en las frenadas y, si se desea, se puede alimentar por inducción en las paradas. Algo que un autobús hace continuamente en el ambiente urbano: frenar y detenerse en pasos de cebra, semáforos, atascos y paradas. Los primeros autobuses comenzarán a circular a principios de 2017 y aunque el precio por ahora es el doble del de un autobús diésel, el ahorro anual estimado supera los 200.000 dólares. Además, su progresiva implantación, a buen seguro, permitirá disminuir los precios de construcción y de comercialización.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

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