IMAX cine con mayúsculas

Muchas veces -ayer mismo- me he encontrado en la tesitura de ir a ver una película -da igual de si tiene mucha carga de efectos especiales o no- y he preguntado, ¿la echan en IMAX? La respuesta que me encuentro muchas veces por parte de mis acompañantes es, esta película no es de efectos, no merece la pena pagar más por ella para verla. Sin embargo, la pregunta que me he hecho muchas veces es ¿cómo funciona el IMAX para que su calidad de imagen sea tan increíble? Espero haber dado con la respuesta.

Un poco de historia


El origen la palabra IMAX viene del acrónimo en inglés IMage mAXimum, cuyo significado es «máxima imagen». Se trata de un sistema de proyección creado por Imax Corporation que se caracteriza por poder proyectar películas con una calidad de imagen y un tamaño muy superior al sistema convencional de cine.

Su origen data de la Expo de Montreal de 1967 donde las proyecciones multipantalla acabaron siendo el gran éxito de la feria. Sin embargo, y más allá de lo que ocurre con muchas revoluciones de las Expos, una empresa canadiense se fijó en el sistema y puso todo su empeño en minimizar el número de proyectores y pantallas que se empleaban en estas espectaculares reproducciones. La tecnología IMAX, como tal, se inaugura tres años más tarde en la Expo de Fuji de 1970.

Durante los siguientes años este espectacular sistema de reproducción, que también necesita de cámaras especiales y teatro a «su medida», vivió asociado al mundo de los documentales. De hecho, el primer gran centro IMAX de Europa fue Futuroscope.

El boom del modelo


Pero como siempre, el gran desarrollo del modelo llegó cuando los grandes estudios americanos se fijaron en las posibilidades que ofrecía grabar escenas en un tamaño mucho mayor. Tras el Oscar de 1997 por su aportación al cine, en septiembre de 2002 llegó a las salas «Apolo 13: La experiencia IMAX». Y con ello se resolvió el problema de Houston con una gran taquilla.

Los acuerdos con Warner Bros. -Polar Express en 2004 y Superman Returns en 2006-, fueron el principio de colaboraciones con Dreamsworks -Kung Fu Panda, Madagascar, Monstruos contra alienígenas y Cómo entrenar a tu dragón-, y Disney en 2007 y 2008 respectivamente.

El salto al cine «real» se dio cuando Christopher Nolan decide grabar algunas escenas de su «Caballero Oscuro» en IMAX. Tras ella vendrían grandes éxitos de taquilla como «Transformers II», mi primer contacto con este maravilloso mundo.

Cómo funciona

Para que todo ello funcione son necesarias cuatro cosas fundamentales:

  • Pantalla: de proporciones gigantescas. Mayor incluso que la visión periférica humana para dar sensación envolvente. 22 metros de ancho y 16 de alto en el caso de una estándar. Pueden ser mayores.
  • Película: el formato del propio «rollo» de celuloide es diez veces mayor que uno normal. De hecho, una grabación de 45 minutos pesa 140 kilos. Por ello su producción es horizontal en un sistema que se llama «Rolling Loop».
  • Proyectores: y como todo es especial, el proyector también. Su lámpara interior para iluminar la pantalla tiene 15.000 vatios frente a los entre 3.000 y 6.000 de un cine «normal». Además su sistema de exposición del fotograma «al vacío» hace que su nitidez sea extrema.
  • Sonido a lo grande: 16.000 vatios repartidos en 44 altavoces en seis cajas acústicas y 16 amplificadores. Su potencia y nitidez es seis veces mayor que el Dolby Surround.

Uno de los últimos avances de Imax Corp. ha sido la de crear un proceso de remasterización -IMAX DMR- que permite pasar cualquier película de Hollywood de 35 mm a los 70 mm Imax. El software, además, realza la imagen y el sonido para que la calidad de proyección este al nivel de las producciones nuevas rodadas en este sistema.

Por último, el sistema IMAX 3D consiste en la utilización de dos proyectores de 65 mm, uno para cada ojo, que reproducen las películas realizadas en 3D -ya sea filmadas con dos cámaras simultáneamente o con los proyectores especiales tipo Avatar-. Una delicia.

Grafeno, el futuro ha llegado

El pasado viernes 10 de diciembre dos físicos de la Universidad de Manchester -Andre Geim y Konstantin Novoselov- acudieron a Estocolmo a recoger el Premio Nobel por haber conseguido extraer láminas de grafeno. Este material, del que cada vez oímos hablar un poco más y que, casi seguro, en unos diez años será la nueva base de toda la tecnología, es considerado por los expertos el mayor descubrimiento de la ciencia aplicada desde que se desarrolló la tecnología del silicio. La pregunta inmediata es, ¿qué es el grafeno? y, sobre todo, ¿por qué es tan importante?

Si buscamos en wikipedia al respecto del material, encontramos que se trata de una estructura laminar plana de un átomo de grosor. Está compuesto por átomos de carbono que forman un entramado con forma de panal de abeja. Por todo ello sabemos que el preciado grafeno se encuentra abundantemente en la naturaleza: el interior de un lapicero es un buen ejemplo.

Pero el interés científico por este material no es nuevo. Ya en 1930 se describieron sus características físicas y no fue hasta 1994 cuando se cambió su nombre de «monoplaca de grafito» a grafeno. Sus características, tan interesantes para los estudiosos son las siguientes:

  • Alta conductividad térmica y eléctrica, esto hace que consuma menos electricidad para una misma tarea que el silicio. La razón es que se calienta menos que cualquier otra sustancia al conducir los electrones. Ello hace que los científicos empiecen a hablar ya de la era del grafeno del mismo modo en el que el silicio supuso superar y mejorar con un éxito sin precedentes la anterior era del plástico.
  • Alta elasticidad y dureza. Tiene una resistencia 200 veces superior al acero e impenetrabilidad superior a la del diamante. Su secreto reside en que está formado por unos paquetes de átomos tan compactos que ni siquiera los átomos de helio -los más ligeros de la naturaleza- pueden colarse en su «panal de abeja».
  • Además, es más ligero y flexible que otro material que maravillo hace años al mundo: la fibra de carbono.

Todo ello le otorga una gran capacidad de desarrollo, a lo que hay que sumar que puede combinarse con una gran cantidad de materiales para formar compuestos diferentes con diferentes cualidades. Como veis, estas pequeñas placas transparentes superan, en teoría, las características del geek más soñador de una película de ciencia ficción.

Aplicación en el mundo real. El desarrollo científico y tecnológico

No obstante, muchas tecnologías descubiertas se han deshinchado posteriormente. Así que decidí buscar si este descubrimiento tenía, realmente, aplicación en nuestro día a día. Todas sus características invitaban a pensar que sería un componente perfecto para el desarrollo de circuitos -del mismo modo que el silicio al que tan fácilmente «supera»-.

En diciembre de 2008 IBM anunció que había creado transistores con una velocidad de transmisión de frecuencia de hasta 100 megaherzios, muy superior a cualquiera desarrollado hoy día sobre silicio. De hecho, ordenadores hiperpotentes luchan ahora por tener procesadores de 8 o 61 gigaherzios. Su potencia en grafeno podría multiplicarse fácilmente. Su precio no. La única complicación de laminación desde el grafito es obtener el grosor adecuado de cada placa de grafeno para cada utilidad.

Algunos científicos como el físico holandés Walt De Heer considera que el grafeno, precisamente por estas dificultades, nunca será sustituto del silicio, sino complemento. Del mismo modo que los «aviones y los barcos se complementas. Los aviones nunca sustituirán a los barcos».

Grandes posibilidades de desarrollo

La repercusión de este Premio Nobel de física ha sido tal que ha llegado, incluso, a los medios de comunicación generalistas. Así, estos han publicado las posibilidades más espectaculares que se barajan para esta panacea de la naturaleza.

A los chips de ordenador ultrarrápidos se le suman chalecos antibalas del grosor de una camisa, aviones más ligeros e, incluso, pantallas transparentes y enrollables para los dispositivos electrónicos. La multinacional surcoreana Samsung -de la que ya hablamos en otro post- ha llegado a poner fecha a este último avance: a lo largo de 2011 comercializará estas maravillas.

Geim, uno de los premiados, afirmaba hace poco en una entrevista que «a menudo la imaginación corre más deprisa que la razón», «pero en el casodel grafeno sí que hay humo detrás del fuego». La razón para tanto optimismo es que «mientras que un nuevo material tarde entre 15 y 16 años en pasar del ámbito académico al industrial y, después, otros diez para ser producido en serie», el grafeno «ha pasado en cinco años al ámbito industrial».

Fácil de obtener

Según los científicos holandés y británico premiados, el descubrimiento se consiguió tras unas pintas de cerveza. Cogieron un poco de celo y un lapicero. Rasparon el lapicero para que se soltaran pequeñas placas de grafito de la mina del lápiz y, posteriormente, pegaron y despegaron el celo sobre la hoja y el descubrimiento había llegado. Microscópicas fibras de grafeno millones de veces más delgadas que una folio de papel estaban pegadas al celo.

Curiosamente, no han patentado el grafeno. Ni su método de obtención. Todo lo contrario, cedieron algunas de las fibras obtenidas a colegas para que investigaran sus posibilidades. Muchas veces la ciencia nos demuestra que el hombre funciona. Yo voy a hacer el «experimento» en mi casa ahora mismo. Os animo a que hagáis lo mismo y participéis de un futuro prometedor… y no tan lejano.