4G en España, ¿merece la pena?

La banda ancha móvil por fin ha llegado a nuestro mercado. Aunque la primera en lanzarla fue Vodafone, las demás grandes operadoras del país -Orange y Yoigo fueron las siguientes- ya se han apuntado e incluso algunas operadoras virtuales están lanzando sus ofertas para que los afortunados propietarios de terminales LTE disfruten de una tasa de transferencia de datos que en muchas ocasiones supera las redes domésticas.

 

La menor latencia que proporciona esta tecnología -el tiempo de espera por la demora en la propagación y transmisión en las redes- será una de las principales mejoras junto a un aumento de la tasa de descarga que supera entre 5 y 10 veces le media de las actuales redes 3G. Pero las mejoras no acaban ahí. Las llamadas de voz empezarán se convertirán en voLTE con lo que las conexiones en las videollamadas -y en las clásicas- serán instantáneas y se podrán realizar otras tareas para enriquecer el intercambio de información sin tener que cortarlas.

 

Además, la mayor capacidad de las redes 4G deberían permitirnos disfrutar de tarifas que incluyan cada vez más tráfico debido a su mayor eficiencia y, sobre todo, a la mayor demanda de los usuarios. Asimismo, las ventajas no sólo llegarán a los smartphones. Los navegadores de nuestros portátiles serán los grandes beneficiados de estas nuevas autopistas de la información.

 

Ante tanta novedad las operadoras han optado por diferentes estrategias para implementar el nuevo producto estrella de la movilidad. Desde Vodafone que a partir de este octubre cobrará 9 euros más impuestos a todos aquellos que quieran disfrutar de una comunicación más rápida; hasta Orange o Yoigo que no cobrarán nada… pero que tampoco la harán disponible a todas las tarifas.

 

Las ofertas son de lo más variado pero todas llevan implícitas el truco del volumen de tráfico permitido a alta velocidad. La más barata, sin duda, es la de Vodafone que, con los 9 euros ya anunciados permite transferir y recibir hasta 1GB a 100 Mbps. Superada esta cifra se podrá comprar otro bono de 9 euros o bien conformarse con una tasa de transferencia de 64 Kbps. Sin embargo, su tarifa estrella será la que, con una permanencia de 18 meses nos da 2 GB a 100 Mbps y nos permite financiar un terminal LTE sin intereses. Los ingleses han creado otras tarifas con mejor relación entre el tamaño de los datos y el precio. Por ejemplo, podremos disfrutar de 5GB por 25 euros o 10 GB por 45 más impuestos. Todos ellos con permanencia y, posiblemente, mucho más pensadas para autónomos y empresas.

 

En las mismas cifras se mueve Yoigo, sólo que cuando sobrepasemos el tope de datos la tasa de transferencia será justo el doble de rápida: 128 Kbps. Orange, la tercera en discordia calca las cifras de la tarifa de Vodafone: 19 euros más IVA por 2 GB a 100 Mbps y una velocidad restante de 64 Kbps. La diferencia es que los galos no exigirán una permanencia de 18 meses.

 

Los operadores virtuales como Simyo estrenan la nueva tecnología con una oferta de 5GB por 24,95€ más impuestos, aunque el truco aquí reside en una tasa de transferencia mucho más baja que en los anteriores: hasta 7 Mbps, un 3G vitaminado a partir de la cobertura de Orange. Lo mismo ocurre con ONO Masmovil, sólo que estas últimas suben la tarifa hasta casi los 30€.

 

Movistar, el último gran actor de este mercado ofrece nada más y nada menos que 10 GB hasta 42 Mbps -un poco lento- por 40€ más IVA. A cambio, una vez sobrepasados los 10 gigas la velocidad restante es de 328 Kbps.

 

 

¿Por qué esta diferencia de velocidades?

 

Parece que las empresas no se ponen de acuerdo en qué es la verdadera alta velocidad. Heredero del GSM (1G) y del 2G (segunda generación de la primer estándar de comunicación totalmente digital), el 3G solucionó las enormes limitaciones del primer estándar para la transmisión de datos. La tasa de transferencia rondaba los 2 Mbps y permitía comunicaciones más o menos rápidas para la transmisión de contenidos.

 

Sin embargo, el enorme desarrollo de la demanda de tráfico y, sobre todo, la carrera de hardware comenzada a partir de 2007 hizo que el mismo organismo que lanzó las anteriores generaciones definiera cuál debería ser la cuarta generación: aquel que permitiera una velocidad de movilidad alta de al menos 100 Mbps y una de movilidad baja de hasta 1 Gbps.

 

El problema reside que muchos operadores no tienen la tecnología necesaria para ofrecer un estándar tan alto y se escudan en la denominación LTE (muchas veces mal confundida para hablar de 4G) para tratar el nuevo estándar de intercambio de datos. Los expertos hablan de que cualquier tasa de transferencia por debajo de 100 Mbps es sólo «3,99G» y que aunque mejora claramente las prestaciones de cualquier tecnología actual, es una forma engañosa de engañar a los clientes.

 

En cualquier caso, comparando las tarifas del resto del continente y, sobre todo, teniendo en cuenta la poca penetración en el mercado de los dispositivos 4G, es un buen momento para esperar y dejar que sean las empresas y las operadoras las que paguen el precio de la implantación de esta nueva tecnología que, seguro, cambiará nuestra forma de disfrutar de contenidos.