España, paradoja de la movilidad

Netradar es una interesante web que nos permite indagar cuál es la cobertura de nuestra operadora móvil en cualquier zona del planeta. Un sitio más que recomendable antes de contratar nuestro servicio -os llevaréis sorpresas, muchas de ellas sin explicación, de la cobertura en ciertas zonas de algunas ciudades-. Pero el problema no se da solo en la cobertura para hablar sino en el básico 3G y en el novedoso 4G que algunas operadoras nos quieren vender como la panacea y que en muchas regiones de Europa, Asia y Norteamérica está mucho más que superado (¿algún día tomara nota de esto Euskaltel?).

Y navegando sobre telefonía móvil y datos nos hemos cruzado con un interesantísimo reportaje de Miguel Ángel Criado para El País en el que nos desentraña un excelente estudio realizado sobre cinco millones de usuarios de todo el mundo y que concluye que la velocidad de «banda ancha» de la que disfrutamos en el Estado es la mitad que en muchas regiones del resto de Europa (algunas zonas nórdicas y de Asia, incluso, la quintuplican).

En el mercado nacional en 2014 había contratadas 50 millones de líneas y unos 38 millones tenían asociadas a su número una tarifa con banda ancha, según cifras de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. De facto, las campañas de las operadoras para captar clientes para sus servicios de 4G deberían haber subido estas cifras. Sin embargo, el informe que expertos de la Universidad de Aalto (Finlandia) han realizado sobre 200.000 líneas arroja que la velocidad de conexión media en el Estado es de 4,6 Mbps.

Esto nos coloca en el puesto número 30 de los países analizados. Si nos comparamos con Dinamarca (22,3 Mbps); Suiza, Bélgica, Canadá, Corea o Japón, las cifras nos hacen palidecer. En el peor de estos casos superan los 10 Mbps. ¿Qué factores provocan estas diferencias? El más obvio es el de los terminales que compra cada usuario. El Estado es un mercado android en el que, de media, priman las gamas medias, sin embargo, por rendimiento, todos ellos deberían trabajar sin problemas con redes 3G bien optimizadas (a más de esos 4,6 Mbps). Además, la «eclosión» del 4G debería empujar aún más la velocidad. Hasta ahora se cubre al 22% de los usuarios (nada mal teniendo en cuenta que a finales de 2014 la cifra era del 10%) muy lejos del 70% que prometen las operadoras y muy por debajo de la media mundial.

El problema es que nuestro 4G también es más lenta. El usuario tiene de media una tasa de descarga de 17,6 Mbps, cuatro veces mejor que la media pero muy por debajo de los 29,4 Mbps, la mejor tasa del continente (aunque no la mejor en el ranking mundial).

Por eso, si nos centramos en lo que explica Jukka Manner, uno de los profesores que ha realizado el análisis, «la existencia de pocas bases cubriendo áreas muy pobladas y la disponibilidad de la red» son al final mucho más importantes. No da nombres, solo se fija en los resultados que arroja Netradar, la plataforma que antes mentábamos y que envía datos de velocidades de conexión de forma anónima.

Y esos resultados también se fijan en la latencia: el retardo entre el envío y la recepción de un paquete de datos. La cifra es de 254 milisegundos. Puede parecer poco pero es un número trascendental para entender el funcionamiento de los servicios de VoIP o las videoconferencias. En Suiza (de nuevo) la cifra es de 119 ms. En Irán de 1 segundo.

4G en España, ¿merece la pena?

La banda ancha móvil por fin ha llegado a nuestro mercado. Aunque la primera en lanzarla fue Vodafone, las demás grandes operadoras del país -Orange y Yoigo fueron las siguientes- ya se han apuntado e incluso algunas operadoras virtuales están lanzando sus ofertas para que los afortunados propietarios de terminales LTE disfruten de una tasa de transferencia de datos que en muchas ocasiones supera las redes domésticas.

 

La menor latencia que proporciona esta tecnología -el tiempo de espera por la demora en la propagación y transmisión en las redes- será una de las principales mejoras junto a un aumento de la tasa de descarga que supera entre 5 y 10 veces le media de las actuales redes 3G. Pero las mejoras no acaban ahí. Las llamadas de voz empezarán se convertirán en voLTE con lo que las conexiones en las videollamadas -y en las clásicas- serán instantáneas y se podrán realizar otras tareas para enriquecer el intercambio de información sin tener que cortarlas.

 

Además, la mayor capacidad de las redes 4G deberían permitirnos disfrutar de tarifas que incluyan cada vez más tráfico debido a su mayor eficiencia y, sobre todo, a la mayor demanda de los usuarios. Asimismo, las ventajas no sólo llegarán a los smartphones. Los navegadores de nuestros portátiles serán los grandes beneficiados de estas nuevas autopistas de la información.

 

Ante tanta novedad las operadoras han optado por diferentes estrategias para implementar el nuevo producto estrella de la movilidad. Desde Vodafone que a partir de este octubre cobrará 9 euros más impuestos a todos aquellos que quieran disfrutar de una comunicación más rápida; hasta Orange o Yoigo que no cobrarán nada… pero que tampoco la harán disponible a todas las tarifas.

 

Las ofertas son de lo más variado pero todas llevan implícitas el truco del volumen de tráfico permitido a alta velocidad. La más barata, sin duda, es la de Vodafone que, con los 9 euros ya anunciados permite transferir y recibir hasta 1GB a 100 Mbps. Superada esta cifra se podrá comprar otro bono de 9 euros o bien conformarse con una tasa de transferencia de 64 Kbps. Sin embargo, su tarifa estrella será la que, con una permanencia de 18 meses nos da 2 GB a 100 Mbps y nos permite financiar un terminal LTE sin intereses. Los ingleses han creado otras tarifas con mejor relación entre el tamaño de los datos y el precio. Por ejemplo, podremos disfrutar de 5GB por 25 euros o 10 GB por 45 más impuestos. Todos ellos con permanencia y, posiblemente, mucho más pensadas para autónomos y empresas.

 

En las mismas cifras se mueve Yoigo, sólo que cuando sobrepasemos el tope de datos la tasa de transferencia será justo el doble de rápida: 128 Kbps. Orange, la tercera en discordia calca las cifras de la tarifa de Vodafone: 19 euros más IVA por 2 GB a 100 Mbps y una velocidad restante de 64 Kbps. La diferencia es que los galos no exigirán una permanencia de 18 meses.

 

Los operadores virtuales como Simyo estrenan la nueva tecnología con una oferta de 5GB por 24,95€ más impuestos, aunque el truco aquí reside en una tasa de transferencia mucho más baja que en los anteriores: hasta 7 Mbps, un 3G vitaminado a partir de la cobertura de Orange. Lo mismo ocurre con ONO Masmovil, sólo que estas últimas suben la tarifa hasta casi los 30€.

 

Movistar, el último gran actor de este mercado ofrece nada más y nada menos que 10 GB hasta 42 Mbps -un poco lento- por 40€ más IVA. A cambio, una vez sobrepasados los 10 gigas la velocidad restante es de 328 Kbps.

 

 

¿Por qué esta diferencia de velocidades?

 

Parece que las empresas no se ponen de acuerdo en qué es la verdadera alta velocidad. Heredero del GSM (1G) y del 2G (segunda generación de la primer estándar de comunicación totalmente digital), el 3G solucionó las enormes limitaciones del primer estándar para la transmisión de datos. La tasa de transferencia rondaba los 2 Mbps y permitía comunicaciones más o menos rápidas para la transmisión de contenidos.

 

Sin embargo, el enorme desarrollo de la demanda de tráfico y, sobre todo, la carrera de hardware comenzada a partir de 2007 hizo que el mismo organismo que lanzó las anteriores generaciones definiera cuál debería ser la cuarta generación: aquel que permitiera una velocidad de movilidad alta de al menos 100 Mbps y una de movilidad baja de hasta 1 Gbps.

 

El problema reside que muchos operadores no tienen la tecnología necesaria para ofrecer un estándar tan alto y se escudan en la denominación LTE (muchas veces mal confundida para hablar de 4G) para tratar el nuevo estándar de intercambio de datos. Los expertos hablan de que cualquier tasa de transferencia por debajo de 100 Mbps es sólo «3,99G» y que aunque mejora claramente las prestaciones de cualquier tecnología actual, es una forma engañosa de engañar a los clientes.

 

En cualquier caso, comparando las tarifas del resto del continente y, sobre todo, teniendo en cuenta la poca penetración en el mercado de los dispositivos 4G, es un buen momento para esperar y dejar que sean las empresas y las operadoras las que paguen el precio de la implantación de esta nueva tecnología que, seguro, cambiará nuestra forma de disfrutar de contenidos.

Amazon Kindle Touch 3G, el libro digital

Sin duda alguna, el Kindle es a los libros electrónicos lo que el iPad a las tabletas: el referente y el objetivo de todos sus rivales. El último modelo en sumarse a la familia es el Touch 3G, el eBook definitivo.

 

Además de conectar con conectividad vía WiFi, el nuevo Touch 3G cuenta con el servicio Whispernet que es compatible con las principales redes internacionales de telefonía y que permite que el usuario se descargue cualquier libro que quiera leer desde donde esté con la sola preocupación de tener suficiente cobertura y de que el coste de la conexión es de 0,10 euros por cada Mb descargado.

 

Para los que quiera ahorrar, la conexión USB y el WiFi son sus armas para pagar sólo por los contenidos de lectura. Pero la conexión 3G también nos regala conexión a Wikipedia y a un sencillo pero eficiente navegador web. Todo ello por sólo 60 euros más que en el equivalente WiFi. No es mucho pero si tenemos en cuenta que es casi un 50% más que en la versión básica, habrá que pensárselo dos veces antes de decidirnos por la versión más versátil.

 

El formato exterior es prácticamente idéntico y el 3G nos sorprende por su gran ligereza. Ambos comparten el mismo interfaz: sencillo, limpio, ágil y adaptable al uso que le demos en cada momento al dispositivo. La tecnología E-Ink, además, nos hace olvidar rápidamente la falta de colores (sólo se comercializa en blanco y negro) gracias a la comodidad para leer textos. Es como leer sobre un folio encuadernado. Asimismo, como usa la luz reflejada, en caso de poca luz ambiental, tendremos que emplear una luz auxiliar. Lo hace más incómodo que una tableta, pero también cansará mucho menos nuestra vista. Habrá que esperar a las nuevas generaciones para asegurarnos de que Amazon se decanta por esta tecnología que hará de los Kindle equipos mucho más autónomos.

 

En cuanto a los gestos táctiles, como siempre sencillos e intuitivos y sin que afecten a la calidad de la lectura ni de la nitidez del interfaz. El responsable de este buen rendimiento es el procesador ARM Cortex A8 a 800 Mhz similar al de los primeros iPad unida a una memoria interna de unos 4 Gb con capacidad para almacenar unos 3.000 libros. Toda una vida.

 

La pantalla Pearl E Ink de 6 pulgadas y una resolución neta de 167 ppp (800 x 600) dan buena cuenta de una lectura relajada ideal para el tiempo frío y lluvioso que nos acecha. El único defecto que le encontramos es su incompatibilidad para el formato ePub, pero para aquellos fieles a la tienda de Jeff Bezos, no habrá ningún problema.

 

Como conclusión, un excelente libro electrónico con una maravillosa calidad de visualización, gran velocidad de respuesta y un interfaz inmejorable. La única duda antes de decantarse por él es saber si lo necesitamos con 3G o nos vale con el WiFi.