Microsoft y Amazon, la batalla por la nube se recrudece

 

Aunque para el gran público el éxito de las tecnológicas se mide por el número de smartphones, tabletas, ordenadores o televisores vendidos, la batalla entre empresas va mucho más y se adentra en mercados como la robótica, las redes, los soportes a empresas y los servidores. Negocios que generan miles de millones en facturación y, sobre todo, que permiten que otros puedan funcionar correctamente.

Los servidores, precisamente, han sido siempre un sector estratégico en el que se tenían en cuenta factores como el número de unidades comercializadas o las marcas empleadas en los diferentes centros de datos. Sin embargo, la reconversión digital que estamos viviendo ha hecho que el sector haya migrado hacia la nube y, con ello, que haya cambiado completamente la forma de entender este mercado.

Si nos centramos en el mercado de infraestructuras así como en las plataformas de servicios, el líder indiscutible es Amazon. La empresa de Jeff Bezos, conocida para el gran público por ser la tienda en la que podemos comprar prácticamente de todo, consolida su negocio global gracias a su servicio de computación en la nube que miles de empresas de todos los tamaños subcontratan en todo el planeta. Amazon Web Services (AWS), como se denomina su solución, cuenta con un 33% del mercado. Una cifra excelente que, sin embargo, lleva más de un año sin crecer. ¿Signo de fatiga?

En el cuarto trimestre del año pasado AWS se quedó con el 62% de la facturación del sector, según KeyBanc. La cifra, de nuevo, es sobresaliente, si no fuera porque un año antes era del 68%. ¿Cuál es el motivo de esta bajada? Sin duda, la llegada de nuevos actores de empaque al negocio. Con Google creciendo poco a poco (del 10 al 12%), hay un rival que está quitándole cuota de mercado a gran ritmo. Microsoft ha pasado de un escaso 16% de cuota a más de un 20%. La apuesta de Satya Nadella, su CEO, fue clara desde el principio: quitarse de encima los sectores menos rentables y aquellos que tenían un futuro más comprometido (como el propio Windows) y centrarse en negocios con proyección para evitar otro batacazo como el sufrido con “internet para usuarios medios” y la telefonía móvil. Les quedaba la nube y Azure es una propuesta de lo más interesante.

El ritmo de crecimiento de los ingresos de Microsoft Azure es vertiginoso: se duplicó en 2017 y crecerá -se espera que al menos- un 88% en 2018. El de Amazon rondará el 42%. Es cierto que crece desde más arriba pero Microsoft ha demostrado ser un rival a tener en cuenta. Sobre todo porque su factor diferencial es su decidida apuesta por la inteligencia artificial lo que la convierte en la empresa con más modelos preconstruidos entre los proveedores de nube pública y una de la que mayor oferta de centros de datos tiene a disposición de sus clientes.

La empresa de Nadella tiene ya una cuota de mercado del 13% respecto al 10% de hace un año y ha consolidado su posición frente a IBM, otro de los actores del negocio que está cediendo ante el empuje de los de Seattle y al crecimiento continuo de Google.

La siguiente batalla se dirimirá, según los expertos, en Europa. Un mercado con un enorme potencial de crecimiento en el que aún no hay ningún agente local que pueda hacer frente a los cuatro grandes estadounidenses y Alibaba, empresa ahora china con un enorme potencial gracias a su mercado doméstico.

China, asalto al dinero electrónico

En muchos aspectos -y el tecnológico no iba a ser menos- China es un gigante partido en dos. Hay una parte de las sociedad enormemente tecnificada que ha abrazado sin durar las nuevas tecnologías (su poder adquisitivo se lo ha permitido) que está constantemente conectada a internet, usa wearables, no se despega de su smartphone (chino o no) y es un consumidor masivo de redes sociales. Frente a ellos hay un enorme bloque separado por una infranqueable brecha digital que sigue anclada en costumbres analógicas y que no tienen -y en muchos casos no quieren tener- acceso a algo que no entienden.

Ocurre en todos los países con más o menos porcentaje en cada lado de la balanza solo que las enorme cifras demográficas chinas magnifican la situación en el gigante asiático. El caso más llamativo es el del dinero electrónico. Hay un enorme grupo social que ni se plantea emplear una tarjeta de crédito. Solo se fían del dinero de papel. Y no dudan en realizar cualquier pago -sea cual sea su importe- con billetes. En el lado opuesto otro enorme grupo social comparte con ellos que tampoco quieren usar el dinero de plástico: se han decantado con una velocidad inusitada por los pagos electrónicos.

La rápida adaptación de los negocios y de las plataformas en línea a este nuevo mercado lo ha posibilitado y ha convertido a China en el objeto de deseo de los grandes de Silicon Valley y en un enorme vivero de empresas preparadas para dar el salto al negocio internacional.

La casi nula existencia de comisiones así como una sociedad muy materialista a la hora de representar sus sentimientos (los sobres rojos de WeChat Pay por importe de 520 yuanes colapsan la red en San Valentín porque el número se pronuncia de forma similar a “Te quiero”) han hecho el resto en un grupo que se desvive por las nuevas tecnologías.

Los sistemas de pago son de lo más variopinto. Desde aplicaciones que generan códigos QR que escanean en el establecimiento cuando el cliente pasa por caja y que, por seguridad, solo duran un minuto -el más exitoso entre los menores de 35 años-, hasta sistemas contactless con tecnología NFC que poco a poco se empiezan a ver también en el anclado mercado español.

Una forma de pago que resulta más atractiva para los consumidores impulsivos (no ver salir dinero del bolsillo es muy peligroso) y que ya han puesto en marcha grandes cadenas minoristas como Uniqlo o pequeñas empresas que gestionan máquinas de vending que incorporan sistemas de pago 2.0.

La fuerza con la que se ha impuesto el dinero 2.0 es tal que según las propias empresas cada vez son más los pequeños comercios que apuestan por estos sistemas: un datáfono hay que pagarlo pero tener un sistema NFC cuesta unos pocos dólares y permite todo tipo de transacciones a todo tipo de clientes. Además, la apuesta por ellos de empresas como Alibaba, que cuenta con Alipay como sistema de pagos, ha hecho que los bancos tradicionales muestren su preocupación.

Alibaba incluso ha creado Yu’ebao, un fondo de inversión sin comisiones que, por el momento, ofrece una rentabilidad mucho mayor que la de cualquier banco tradicional. Un problema para ellos ya que el sistema de aplicaciones online que permiten gestionar el dinero desde smartphones -con una cuota de penetración enorme en China- no para de crecer y deja sin remedio a la banca en segundo plano frente a un enorme segmento poblacional.

Y no son solo los bancos chinos los que deberían preocuparse ya que WeChat Pay y otras plataformas ya han mostrado su interés de expandirse a otros mercados y el Europeo -mucho más virgen que el estadounidense- es uno de sus objetivos prioritarios. Facilitar lo pagos a los turistas chinos y a una población cada vez más asentada parece un buen primer paso para revolucionar el mundo de los pagos. ¿Estamos preparados por aquí?

Alibaba, se abrió el tesoro de la cueva

Se preveía que la salida a Bolsa de Alibaba, la principal empresa de comercio electrónico en China, no sería una salida convencional. Primero por su importancia en su mercado doméstico, segundo por la importancia de su mercado doméstico en el panorama internacional, tercero por la cantidad de inversores dispuestos a formar parte de la aventura bursátil -los números dicen que todavía le queda un gran margen de crecimiento a la empresa- y cuarto, porque el parqué escogido no era uno cualquiera, era el neoyorquino.

El estreno fue mejor de lo esperado. Los títulos se revalorizaron un 36% hasta los 92,70 dólares lo que se tradujo en una recaudación de 21.800 millones de dólares de la colocación y la empresa se colocó en pocos minutos entre las 20 con mayor valor bursátil del mundo. Nada menos que 228.000 millones de dólares para escalar hasta el puesto 17 por encima de JP Morgan, AT&T, IBM, Samsung o Amazon y muy cerca de históricas como Chevron o Nestlé.

La llegada al parqué ocurrió dos horas y media después de la apertura de la sesión. El laborioso proceso del intercambio de acciones fue muy delicado y todavía estaba en mente el desastre de Facebook. Los rumores hablaban de una salida a 80 dólares y así fue… aunque en ningún momento paró de escalar hasta superar los 90.

El valor de salida que se planteó la víspera era de unos 68 dólares, lo que suponía un valor bursátil de 168.000 millones. Esto convertía a la empresa de comercio electrónico en la mayor salida a Bolsa de la historia. Las apuestas indicaban que no tardaría en superar a Facebook y muchos daban por hecho que se acercaría peligrosamente a Google.

Los de Mountain View son la empresa más fuerte de internet y sus casi 400.000 millones de dólares de cotización son el referente para saber el peso específico de cualquier otra puntocom. Si vemos el histórico de las grandes empresas que saltan a Wall Street lo habitual es dejarse en días posteriores un 10% de lo ganado el primer día y tener un primer año negativo (muchos quieren ganar dinero rápido). Los chinos se mirarán en Baidu (que se ha apreciado un 8.000%), Leju (que ha crecido un 38%) o RenRen que a pesar de crecer un 30% el primer día se ha dejado un 75% en su primer año en Bolsa.

Yahoo!, uno de los que más gana

 

Uno de los actores más beneficiados en la buena acogida de Alibaba ha sido Yahoo!. Su principal accionista (tenía un 23% del capital) estaba autorizado a colocar hasta 140 millones de títulos lo que le ha reportado 9.500 millones de dólares de beneficio.

La empresa otrora líder con su portal y su servicio de correo invirtió en 2006 unos mil millones en la prometedora start up china. De colocar ahora todo su paquete de acciones -muchos apuestan a que no lo hará por la posición estratégica que le reporta en una de las pocas compañías capaces de hacer daño a Amazon- el retorno superaría los 36.000 millones.

Gran parte de los ingresos -más de la mitad- irán a pagar impuestos y recompensar a los accionistas. El resto servirá para aumentar la caja de la empresa hasta unos 7.100 millones de dólares, una de las más pequeñas de Silicon Valley.

El objetivo será mover ágil y acertadamente ese dinero para potenciar una nueva estructura publicitaria y su presencia en dispositivos móviles. Desde la llegada hace dos años de Marissa Mayer a la empresa sus clientes se han duplicado hasta los 450 millones pero sigue siendo una cifra muy modesta para hacer frente a Google o Facebook.

The Rubicon Project, YuMe, Tubemogul o Yelp son algunos de los objetivos de Mayer. Empresas con un precio asequible (algo menos la última) pero que podrían suponer un salto definitivo en el mercado publicitario para un Yahoo! en horas bajas.

Alibaba, a la conquista de Wall Street

Es una tienda online tan grande como Amazon, un portal tan concurrido como eBay, un sistema de pagos con casi tanta difusión como PayPal, una plataforma social que aspira a codearse con Twitter y tiene sus ojos en Facebook y un generador de tráfico de la talla de Netflix (en China casi tanto como Baidu). Una puntocom oriental a la que el gigante rojo se le queda pequeño y que ya ha presentado la documentación necesaria para que el regulador bursátil estadounidense le permita cotizar en Wall Street.

Tener el 80% del comercio electrónico chino, un número de transacciones tan alto como Amazon (aunque es más eficiente ya que no necesita estructura física para mover la mercancía), la empresa de apenas 15 años es uno de los objetos de deseo de Silicon Valley que, a su vez, la ve como una amenaza. 800 millones de productos forman su catálogo y sus expectativas de crecimiento recuerdan al Google de hace 10 años.

Curiosamente, a diferencia de otras grandes empresas tecnológicas, Alibaba no busca una gran recaudación en su entrada al parqué. Frente a los 16.000 millones que ansiaba Zuckerberg para Facebook, Jack Ma se conforma con 1.000. Puede parecer mucho, pero es una minucia en el lenguaje de Wall Street. Su objetivo es otro: ganar visibilidad. Ser conocida en la tierra prometida de las tecnológicas y comenzar, poco a poco, a apuntalar su nuevo mercado: Estados Unidos.

Hay varios bancos de inversión que están trabajando en su “colocación” algo que, parecen, no será complicado: en los últimos nueve meses superó los 2.800 millones de dólares de beneficio. Todo esto tiene un gran beneficiario en las antípodas neoyorquinas: Yahoo! sigue controlando el 22% de Alibaba y si se rondan los 20.000 millones que se rumorea, recibirá una buena inyección de capital que, una vez más, reforzará a Marissa Mayer al frente de la resucitada empresa.

Ma, que acumula una fortuna de 12.000 millones, ha aprendido la lección. En 2007 se precipitó en su cotización en Hong Kong y el batacazo fue tremendo. Ahora con un valor estimado de 170.000 millones, 25.000 empleados y más de 700 millones de clientes el resultado será bien diferente.

Amazon, más allá de los números

 

 

Amazon es, probablemente, una de las empresas más escrutadas y criticadas por los inversores. A pesar de ser una tecnológica su modelo de negocio no es exactamente el mismo que el de las empresas de éxito de Silicon Valley. Como alguna vez le han criticado a los padres del Kindle (EL libro electrónico con mayúsculas), Amazon se comporta muchas veces como el Wal Mart del siglo XXI. El gran almacén donde podemos encontrar y comprar todo. El problema es que este gran retailer casi no fabrica nada por su cuenta. Nada que le dé un valor añadido y diferenciado frente a sus rivales.

 

Y, precisamente por todo eso, sus títulos han dejado de estar entre los favoritos del parqué. Desde que la empresa de Jeff Bezos salió a Bolsa su valor bursátil se ha multiplicado por 10. Sin embargo, un sólo día después de presentar unos beneficios de 202 millones de dólares -frente a las pérdidas de 30 de un año antes- las acciones se desplomaban un 12%. ¿Por qué?

 

A simple vista, la gran tienda de internet presenta una salud de hierro. Su facturación a lo largo de 2013 ha crecido un 18% hasta situarse en los 55.000 millones de euros. De hecho, tan sólo Alibaba -el equivalente chino de Amazon, eBay y PayPal, todo junto- disfruta de unos ingresos mayores. La filial de Yahoo! crece a un ritmo que sorprende a propios y extraños pero es muy débil fuera de su mercado doméstico. Todo lo contrario que los de Seattle.

 

El problema es que el faraónico proyecto de Jeff Bezos de levantar almacenes gigantescos por todo el planeta para, literalmente, llegara  todos los rincones, se está comiendo el margen de beneficios. Desde 2008 los ingresos de Amazon se han triplicado pero sus beneficios casi ni se han duplicado. Además, todavía no está claro el éxito de su estrategia con los Kindle. Se venden a un precio sin rival -la competencia dice que por debajo del precio de coste- y los de Bezos nunca han mostrado a los inversores las cifras de facturación de su tienda para estos dispositivos.

 

Para aplacar a los inversores y analistas la empresa está estudiando aumentar el precio de la tarifa plana de envíos de los 25 a los 40 dólares y la del servicio Prime (su sistema multimedia) hasta los 75 dólares. Sin embargo, esto parece que no será suficiente ya que el crecimiento de sus clientes y de sus ingresos es el más “plano” en más de un lustro y aumentar las cuotas puede hacer que los clientes se decanten por otros servicios similares más pequeños que tienen ofertas mejores con el fin de hacerse un hueco. De momento, para el primer trimestre de este 2014 comienzan los rumores de un crecimiento negativo. Malos tiempos para un gigante con pies de barro.