Android Wear 2.0, el nuevo sistema operativo no llegará hasta 2017

Fue allá por mayo de este año cuando Google presentó la que iba a ser la segunda versión de su sistema operativo para dispositivos wearables. Según la propia firma de Mountain View iba a marcar un antes y un después en la forma con la que nos relacionamos con estos «periféricos» gracias a su nueva forma de gestionar las notificaciones y de trabajar con el seguimiento de actividad.

Todo ello, además, con una experiencia mucho más especial gracias a la total independencia de las apps respecto al smartphone e, incluso, a un teclado diminuto con el que responder a mensajes o introducir recordatorios. De hecho, gracias al sistema de conexión bluetooth y WiFi podremos controlar programas por completo desde el reloj. El ejemplo escogido fue el de Spotify: control absoluto de la música en la muñeca.

Google Fit también fue presentado como un entrenador personal mucho más potente. No solo por su mejora en las mediciones sino también por su capacidad para trabajar con otras aplicaciones como las de nutrición. Una forma de controlar nuestra salud mucho más completa y concienzuda.

El teclado Swype, las respuestas inteligentes y el reconocimiento de escritura a mano eran solo la guinda de una plataforma pensada para aprovechar los puntos flacos de sus rivales (watchOS sobre todo pero también los Garmin y compañía). En definitiva un salto adelante que se aprovechaba de del sistema de inteligencia artificial de Google para intentar acelerar el asalto de los de Mountain View a un mercado, por ahora, dominado por FitBit y el Apple Watch.

De hecho, si la empresa de San Francisco domina el negocio de los monitores de actividad y Apple ya es el segundo fabricante mundial de relojes (por detrás por muy poco de Swatch) y de relojes de lujo (el líder indiscutible es Rolex), los dispositivos con Android Wear no consiguen su hueco en el mercado debido a su enorme fragmentación y a que algunos aliados estratégicos de Google están apostando por sus propias plataformas como es el caso de Samsung y Tizen.

Además, aunque el éxito de ventas de la primera generación del reloj de la manzana es discutible -lo firmaría cualquier rival pero la cifra palidece con otros equipos del catálogo de Apple- el mercado de relojes inteligentes tiene un único protagonista: el Watch se lleva más de la mitad de las ventas en unidades y más del 70% de la facturación.

Si a eso le unimos la sobresaliente aceptación que ha tenido la actualización de watchOS 3 -que realmente redefine la primera generación- y la implementación de estanqueidad y GPS en la nueva serie del modelo, el panorama se vuelve complicado en este nicho para los de Larry Page.

Lo más sorprendente es que la empresa haya decidido retrasar la llegada de Android Wear 2 hasta el primer trimestre de 2017 cuando Apple estará presentando, seguramente, watchOS 4 y las ventas del reloj se hayan consolidado por la campaña de Navidad de este año. El motivo oficial para el retraso es dejar a los desarrolladores más tiempo para «pulir» el sistema operativo y poder lanzar una tienda de aplicaciones más potente y adecuada a las necesidades de los usuarios. ¿Tiempo perdido?

LG Watch Urbane Lux, ¿joya o smartwatch?

Sí, nos encantan los smartwatches y creemos firmemente que cuando mejoren problemas como la autonomía (no solo energética sino también del smartphone) se consolidarán como alternativa real a los relojes deportivos y a los de gama media. Pero también creemos sinceramente que un reloj inteligente, con el planteamiento actual de obsolescencia programada que tiene la industria tecnológica nunca podrá ser un rival serio de las joyas suizas construidas con metales nobles y cuya finalidad es, precisamente, durar a pesar del paso del tiempo.

Sin embargo, como es habitual, algunas empresa como Apple creen que el valor añadido de sus productos es tal que pueden molestar y quitar ventas a las tradicionales casas relojeras. Al fin y al cabo la obsolescencia se puede suplantar con un alto valor de reventa y con funcionalidades que ningún modelo analógico puede dar al usuario.

Pero los de Cupertino no son los únicos que consideran que con un buen diseño, materiales de primera y buenas funcionalidades sus dispositivos pueden hacer frente a lo más granado de la relojería. LG ha presentado en el IFA de Berlín la versión Lux de su Watch Urbane con una caja bañada en oro de 23 quilates y una correa en piel de cocodrilo. Sí, has leído bien la cifra, se han elegido 23 en vez de 24 quilates para conseguir un material más fuerte, incluso, que los actuales 18 que se emplean en relojería.

¿Cuál es el precio de estos cambios? La nada despreciable cifra de 1.200 dólares, cuatro veces más que el precio del modelo en el que se basa. Si bien es cierto que se queda más de 14 veces por debajo de la versión de lujo del Apple Watch. La correa se confecciona a mano con piel de cocodrilo y requiere de cincuenta pasos para conseguir unos acabados de primera. Además, el cierre emplea el sistema «deployant clasp» de los legendarios Cartier. Frente al clásico sistema de «cinturón» permite un mejor envejecimiento de la piel al no someterla a dobleces.

Respecto al SoC que trabaja en el interior de la caja, el corazón y el cerebro del smartwatch, hay pocas diferencias respecto al original. Un chip Snapdragon 400, una batería de 410 mAh, sistema operativo Android Wear y sobre ellos una pantalla OLED de 1,3 pulgadas con un tacto extraordinario y una gran nitidez.

Seguramente estos datos sean irrelevantes para el público objetivo de este tipo de modelos, sin embargo, podemos decir que ya en su versión «mundana» se trataba de un dispositivo fluido, con buenas sensaciones en la muñeca y con un diseño muy ergonómico y versátil.

Esta versión limitada que ha sido diseñada mano a mano con los joyeros de REEDS solo tendrá 500 unidades numeradas y cuenta con una lista de reservas para comprarlo. Llegará a sus dueños en octubre y será la primera incursión de los coreanos a un segmento con un futuro incierto y para muchos muy excéntrico.

Apple Watch, ¿por qué Android no puede con él?

Ayer, por fin, comenzó la comercialización del Apple Watch en nuestro mercado. Un dispositivo que ha sido el primero de los de Cupertino en muchas cosas: nada de colas para su recepción; su venta requiere que el cliente se lo pruebe previamente; no ha gozado de la publicidad masiva de la que sí disfrutan otros lanzamientos de hardware y, sobre todo, no ha conseguido cifras multimillonarias como sus compañeros de catálogo. Sin embargo, el criticado dispositivo, sigue siendo el líder indiscutible de su nicho y sus rivales Android solo aspiran -por el momento- a sumar entre todos, las mismas ventas que el reloj inteligente de la manzana.

¿Por qué si el dispositivo de Apple ha llegado mucho más tarde que el de la competencia al mercado y sobre el papel es menos potente vuelve a dejar a Android detrás? ¿Se puede decir que es cuestión de marketing aunque en este caso sean los equipos de Samsung los que más presente han estado en los medios de comunicación?

Después de otear unas cuantas revistas especializadas, seguir varios foros (y verlo en persona) podemos decir que Apple y Android han partido de dos conceptos diferentes para llegar a un supuesto mismo destino. Los de Cupertino tenían claro que el objetivo era conseguir que un reloj fuera inteligente. Por su parte, los ingenieros de software de Google siguieron la misma máxima que en otros lanzamientos: la potencia lo es todo y esta vez había que conseguir que un ordenador cupiera en la muñeca y, de paso, diera la hora.

Cualquiera que decida gastarse el dineral (si tenemos en cuenta lo que hacen el dineral, probablemente, sea lo que paguemos por cualquier reloj analógico) que piden por uno de estos dispositivos será un pionero -más allá de un early adopter– puesto que sabe que sus smartwatches pronto estarán obsoletos y por el reto social que supone imitar a Michael Knight y hablar con la muñeca.

Precisamente por eso el refinamiento del diseño de Apple -sí, haters, lo han vuelto a hacer- permite que quede igual de bien con un traje como con una camiseta y unas bermudas. Hace que no importe tanto el rendimiento -no, fans, está muy lejos de ser nuestro JARVIS particular de muñeca- puesto que, al fin y al cabo, es un reloj que hace más cosas. Eso atraerá tanto a los amantes de los relojes, como a los que busquen un pulsómetro, un reloj deportivo medio o una excentricidad en la muñeca. Léase, la mayoría.

Modelos como el LG Watch, o el ASUS ZenWatch permiten mucha más personalización y son más independientes del smartphone en cuanto a conectividad que el de Apple pero todos ellos quedan como un aditamento demasiado excéntrico y muy de nicho. Además, su rendimiento extra les garantiza una mayor dependencia del enchufe que en el caso del reloj de los de Cupertino.

Sin embargo, la otra cara de la moneda del reloj inteligente de Apple es que su mayor vinculación del iPhone hace que, por fin, no necesitemos mirar de continuo la pantalla del teléfono. Las notificaciones son más eficaces y menos intrusivas (al menos eso nos pareció cuando disfrutamos del reloj inteligente de Samsung) y todo en él es más natural -aunque su uso sigue siendo igual de raro para los que llevamos toda la vida mirando agujas-. Es cierto que las notificaciones se pueden personalizar por completo en Android. Más incluso que en watchOS 2 pero requiere de un proceso de investigación demasiado exigente.

Y es precisamente en las debilidades de Apple y las fortalezas de Android donde reside el éxito del primero. El Watch es menos inteligente y más reloj. Más sencillo e intuitivo. Más humano. Google parece haber partido de la certeza de que si con el músculo ha conseguido dominar el universo de los smartphones y tablets también conseguirá hacer lo propio con los wearables pero no es lo mismo llevar tecnología en el bolsillo que llevarla puesta encima. Habrá que ver que opinan de esto los fabricantes -LG sigue cuidando WebOS- y los consumidores pero esta batalla solo acaba de empezar.

ASUS ZenWatch 2, alternativa seria

Parece que para algunas empresas la palabra novedad es un mantra. Si hace poco hablábamos del ASUS ZenWatch como una de las mejores alternativas al esperado Apple Watch en el pasado Computex los chicos de Taiwán presentaron la segunda generación de un modelo llamado a mostrar la rápida evolución de Android Wear.

Si la primera versión sirvió para que ASUS entrara en el universo wearable esta versión se ha centrado en mejorar las carencias de la anterior. Por eso -y por la presión de los de Cupertino- el reloj se presenta en dos tamaños de esfera: 22 y 18 milímetros. Y también por eso el diseño (que todo hay que decir, ya estaba bastante cuidado) y los materiales se han vuelto una parte central de la identidad del ZenWatch 2.

Las posibilidades de personalización, combinando materiales y colores hasta los 18 modelos diferentes, siguen siendo uno de sus puntos fuertes y, aunque todavía no se saben ventas oficiales del Apple Watch -solo que se han vendido en pocas semanas más que todos los relojes androides el año pasado- en las oficinas de ASUS han concluido que su diseño marcará tendencia. Por eso aparece una corona que antes no estaba y que incorpora nuevas formas de navegación por el dispositivo.

Los dos tamaños, tres colores de carcasa (plateada, negra o dorada rosa) y las tres pulseras (metal, goma y piel) son solo la antesala de nuevas versiones más especiales como una que incorporará cristales de Swarovski. Por cierto, todas las versiones cuenta con certificado IP67 que garantiza cierta resistencia al polvo y al agua.

Como este dispositivo parece la versión humilde -y muchas veces lógica- del reloj de la manzana, se ha prescindido del cristal de zafiro para recubrir la pantalla AMOLED de 3 pulgadas y se ha optado por el Gorilla Glass de tercera generación. La caja también se ha hecho más redondeada y pierde sus esquinas en 90 grados para tomar un diseño más «2,5D».

Dentro de su estilizada caja trabaja un procesador Qualcomm que promete un día completo lejos del enchufe si su uso es normal (no está claro a qué se refieren) y, en caso de quedarnos tirados, su carga mediante cable garantiza dejar el equipo al 80% en muy poco tiempo.

https://www.youtube.com/watch?v=ztiNeCKskWM

TAG Heuer-Google-Intel, objetivo Apple Watch

La necesidad hace curiosos compañeros de viaje. Así, es habitual ver alianzas empresariales de lo más llamativo cuando se trata de hacer frente a un rival supuestamente más fuerte. Como dijimos la semana pasada, la llegada del Apple Watch al mercado ha revolucionado por completo el negocio de los relojes inteligentes… y tradicionales.

Google ve en el dispositivo de Apple una amenaza para su Android Wear y una oportunidad para que el gran público se anime a llevar un ordenador en la muñeca. Las grandes empresas relojeras suizas temen la segunda edad de hielo que vaticinó el presidente de Swatch. Los fabricantes de smartwatches esperan poder seguir el rebufo de la enorme publicidad que ha generado el equipo de la manzana. Y las empresas como Polar, Garmin, Suunto y compañía renuevan a toda prisa sus catálogos para demostrar que los suyos sí que son mucho más que relojes.

Por todo ello, la edición de este año del Baselworld, la feria de relojería más importante del mundo, ha vivido un ambiente de gran expectación y tensión. Por un lado, los puristas han defendido que quien se compra un reloj suizo automático quiere un producto que se perpetúe en el tiempo y que tenga un sentido de alta joyería que un smartwatch nunca podrá tener (por muy caro que sea la versión Edition del Apple Watch, éste caerá en la obsolescencia como todos los demás productos tecnológicos).

Por otro lado, son muchos los analistas que han concluido que los grandes fabricantes tendrán que implementar nuevas prestaciones si quieren sobrevivir. Del mismo modo que quien se compra un automóvil premium espera que aporte más cosas que llevarnos del punto A al punto B, quien se gaste varios miles de euros en un reloj tendrá que disfrutar de más ventajas que materiales de calidad y un diseño atemporal.

Y en medio de todo este debate, el fabricante suizo propiedad del LVMH, TAG Heuer ha anunciado su alianza con Google e Intel para lanzar un nuevo reloj inteligente. Un producto que, según la firma de lujo, «será tan lujoso» como el resto del catálogo de la casa y que «se conectará sin interrupciones a la vida de su portador». La primera vez que un constructor tradicional se decide plantar cara a las grandes tecnológicas y toda una declaración de intenciones de Google de seguir los pasos y plantar batalla a Apple en el segmento de los wearables de lujo.

Intel, por su parte, espera dar un golpe de efecto a la competencia que le sirva para compensar la desventaja en la que está en el negocio de dispositivos móviles. Según Jean-Claude Biver, director de la división de relojes de LVMH, la unión entre TAG Heuer (155 años de antigüedad) y Google (17) es  un «matrimonio de la innovación tecnológica y la credibilidad de la alta relojería suiza».

Si tiramos de hemeroteca resulta curioso este discurso en Biver. Fue uno de los principales artífices de la supervivencia de la industria relojera suiza en los 70 y 80 del siglo pasado cuando los relojes de cuarzo asiáticos desembarcaron en el mercado. Sus argumentos en aquella ocasión fueron que la artesanía y la calidad de un movimiento automático hecho a mano nunca se verían superados por un movimiento digital.

Ahora, empero, subraya que «la calidad de los relojes suizos unida a la creatividad tecnológica y la presencia global de Intel y Google nos permite vislumbrar el comienzo de una revolución en nuestro sector». Estamos ansiosos por ver el resultado de sumar el sistema operativo Android, un SoC de Intel y todo el saber hacer de TAG Heuer. Seguro que el resultado es tan espectacular como prohibitivo. Solo nos queda esperar que el resultado tenga más éxito que el defenestrado smartphone Meridiist que la empresa lanzó hace poco más de un año.