Fibra óptica, por fin se consolida en el mercado estatal

A pesar de los problemas que las Teleoperados achacan siempre al despliegue de la fibra en el mercado estatal, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia publicó hace pocos días que el número de líneas FTTH (fibra hasta el hogar) crecieron en noviembre en 178.491 hasta alcanzar los 2,9 millones en el conjunto del mercado.

Así, el informe concluye que el crecimiento está dándose en detrimento de las líneas de DSL (que en el mismo mes cayeron en 139.043 líneas) y, por tanto, podemos hablar del esperado -y necesario- cambio de modelo de distribución con lo que el ratio de implantación de la fibra comienza a acercarse al de los principales países de la UE.

El neto de banda ancha fue de más 60.274 líneas dejando el global implantado en más de 13 millones y el ratio en 28,3 líneas por cada 100 habitantes. Movistar (+13.200), Vodafone (+31.900) y Orange (+20.300) fueron las compañías que ganaron más contrataciones. Una mala noticia para la empresa española que ve cómo sigue perdiendo cuota de mercado -en este caso un 1,4%- mientras todos sus demás rivales crecen en mayor o menor medida.

Mucho más agitado se mostró el mercado de telefonía móvil. El cómputo total arroja una pérdida de 43.633 líneas para dejar el total en 50,3 millones, un 0,1% respecto al mes de noviembre del año anterior. Las portabilidades superaron las 420.000, un 8,7% menos que en 2014, pero con un trasvase de clientes mucho más acentuado que hace un año: Movistar, Orange, Vodafone y Yoigo registraron una pérdida conjunta de 80.000 líneas mientras que las OMV crecieron en más de 37.000.

En total, las operadoras virtuales tienen ya una cuota de mercado del 17,9% y en pocos trimestres han pasado de tener una presencia mínima a sostener un crecimiento sólido y hacerse con un quinto del negocio estatal. Lo más grave, aún así, para los analistas es que las grandes operadoras del mercado parece que no consiguen dar con la tecla para frenar su expansión.

La preferencia de los consumidores por los packs de internet, telefonía, móvil y contenidos multimedia ha hecho también que haya un crecimiento en el número de líneas fijas en el mercado. En total, se han dado de alta 32.131 nuevas líneas para dejar la cifra global en 18,8 millones y una proporción de 40,5 por cada 100 habitantes.

Fibra óptica, el revulsivo que internet necesitaba

Parece que los últimos movimientos del sector de las telecos empiezan a dar frutos (positivos). Según las últimas cifras publicadas el mercado estatal cerró en mayo con 2,1 millones de clientes de fibra óptica -la infraestructura de telecomunicaciones digital más potente hasta ahora- y la inercia indica que la tendencia se está acelerando.

Así, durante el quinto mes del año hubo 88.000 nuevas altas para redondear un año natural con 1,24 millones de incorporaciones (casi el doble de los afiliados que ya había). Según la Comisión Nacional  del Mercado y la Competencia, la clave para este tardío despegue ha sido la llegada de Telefónica a muchos mercados así como el empujón de la fusión entre Jazztel y Orange.

Si cruzamos datos con el devenir del ADSL, el informe de de la CNMC arroja la pérdida de 850.000 líneas en el último año gracias al esfuerzo de las empresas para que los clientes migren a la fibra óptica. Si miramos las cifras del principal operador del mercado vemos que Telefónica ha cedido 856.000 líneas de ADSL (dejando su cartera en 4,06 millones) y ha sumado 848.000 clientes de fibra -pasando de 792.000 a 1,64 millones de líneas-.

Las cifras hablan de una pérdida mínima de clientes, algo que no se ha dado, por ejemplo, entre los operadores alternativos que, si bien han mantenido estables sus 4,38 millones sus clientes de ADSL han visto como su cartera de líneas de fibra óptica ha pasado de poco más de 60.000 a más de 447.000 en el mismo periodo.

Mucho más despacio está yendo la consolidación del cable. El HFC ha pasado de 2,07 millones de líneas a 2,29 millones impulsada por la unión de ONO y Vodafone y lo atractivo -donde llega- de su oferta convergente «Vodafone One».

En los últimos días hemos podido ver a través de diferentes comunicados que las grandes del sector han decidido apostar por las redes de nueva generación. Así, Telefónica dijo estar comprometida en llegar al 97% de los hogares antes de 2020 «siempre y cuando la regulación sea la adecuada». Orange, por su parte, dijo querer doblar su cobertura de los 5 millones actuales a más de 10 en 2016 -el papel de Jazztel es fundamental en esta estrategia-.

Hoy día, la oferta de nuevos servicios que demandan más rendimiento ha hecho que la banda ancha esté ya en 13 millones de hogares y, lo más importante, que cada vez sea mayor la demanda de estas «nuevas» infraestructuras digitales. Por compañías, Telefónica sigue siendo la líder del mercado con una cuota del 44,55% (aunque lleva meses sufriendo retroceso); Orange, desde la incorporación de Jazztel, cuenta con un 28,25% y la unión de Vodafone y Ono se queda con el 22,12%. El resto de empresas (Euskaltel, Telecable en Asturias y R en Galicia) suman el 5,07% aunque su cuota de mercado crece constantemente.

Internet en Europa, paga cuatro y lleva tres

La gráfica con la que abrimos hoy el post refleja la penetración de la banda ancha en la Unión Europea. Las cifras son bastante dispares dependiendo de la zona geográfica del viejo continente al que nos refiramos. Sin embargo, todas las columnas tienen algo en común. De media, los europeos sólo recibimos el 74% de la velocidad contratada. Lo peor, como casi siempre, es que la cifra empeora en el Estado donde sólo nos dan el 67% de lo acordado.

 

El informe de la Comisión Europea es bastante concluyente y, aunque depende mucho de la tecnología de transmisión de datos y hay una gran variación por países el porcentaje de población que recibe lo que paga es prácticamente nulo.

 

Aún así, la propia Unión ha dicho no tener herramientas para penalizar las empresas que incumplen los contratos y que, aunque el estudio se ha hecho sobre cifras representativas en cada Estado miembro, los datos reflejados en el estudio son totalmente fiables. La idea es, sin duda, que el consumidor se conciencie de su situación y que pida a las proveedoras que cumplan con las demandas.

 

Por tecnologías, la Banda Ancha tradicional se lleva la peor parte: sólo un 60% de lo ofertado llega a nuestros dispositivos. En este caso el Estado se sale de la norma y mejora hasta el 66,7% en el caso del ADSL. El Reino Unido se lleva la palma con sólo un 44,7% de la velocidad ofertada y Eslovaquia y Croacia se acercan, como todos deberían, al 95%.

 

Neelie Kroes máxima representante continental en materia de tecnología ha dejado claro que se va a repetir el estudio para atinar más las cifras de velocidad y que a partir de la segunda oleada solicitará a la Comisión Europea que se desarrollen normas que eviten estos abusos por parte de las operadoras. El estudio, llevado a cabo con 9.000 voluntarios seguirá en marcha hasta 2014 y Bruselas ha solicitado a los consumidores que se apunten a la iniciativa para que la muestra sea mucho más veraz.

 

En el lado opuesto al ADSL se encuentra el cable. La potencia disfrutada es casi el 92% de la potencia contratada (en el Estado del 94%) y en el punto medio se encuentra la fibra óptica con un 81,2% (en España casi el 88%).

 

La clave reside en que la velocidad media ofertada sigue siendo mucho más baja que en otras regiones del mundo: 6,92 megas en Banda Ancha; 30,4 megas en cable y 36,06 megas en fibra óptica. De media  la velocidad es menor al promedio de los 27 (7,23 megas; 35,1 y 36,96 respectivamente) pero también es menor la talla de la «mentira». El problema reside en que los precios siguen siendo mucho más altos que en los países de nuestro entorno lo que provoca que nos decantemos por ofertas con menor velocidad y que, por tanto, todo el entramado informático se resienta.

 

Desde organizaciones de consumidores han aplaudido la iniciativa de la Unión Europea ya que ésta permitirá a los clientes contrastar los datos con la competencia e, incluso, con otros países y hacer más fuerza para exigir a los proveedores. El gobierno continental, de momento, ha anunciado un paquete y una campaña que, después del verano, recuerde a los consumidores sus derechos frente a las «telecos». Ya era hora.

Operadores virtuales, la clave del éxito

El Estado fue, durante casi una década, un ejemplo de expansión para las operadoras en toda Europa. El ratio de líneas por habitante era enorme (llegaron a haber más de 55 millones de líneas para 40 millones de habitantes): las grandes «telecos» subvencionaban terminales y dejaban renovar permanencias casi de forma ilimitada. Tener siempre los mejores modelos no parecía un problema -el secreto se escondía en las tarifas de voz y mensajería más altas del continente- y Movistar, Vodafone, Orange coleccionaban clientes a un ritmo increíble.

 

Sin embargo, llegó la crisis. El número de líneas bajó drásticamente -lo sigue haciendo- y el precio de los smartphones aumentó. Apple, con su iPhone, no daba casi un céntimo de beneficio en el propio terminal, a las grandes operadoras. Se acabó la época en la que se podían comprar a Nokia, Alcatel o Siemens cientos de miles de teléfonos a buen precio para regalarlos y cobrarlos con creces en la factura mensual.

 

Los titulares de las líneas, además, empezaron a demandar más competitividad en las llamadas y la Unión Europea decidió tomar cartas en el asunto poniendo precios máximos fijos para cada actividad. Desde las llamadas entre Estados miembros hasta el coste de los mensajes. Whatsapp, Line y Blackberry Messenger hicieron el resto.

 

Las operadoras dejaron de subvencionar los terminales de moda y sólo facilitaban su pago fraccionado mediante permanencias casi imposibles (dejar la empresa tiene una multa enorme y no siempre legal). En todo este escenario aparecieron además, nuevos actores: los operadores virtuales móviles. Aquellos que no tienen red propia y que tan sólo revenden los servicios de los cuatro grandes (Movistar, Vodafone, Orange y Yoigo) a un precio normalmente mejor que el de los operadores primarios.

 

Ni siquiera ofrecer un paquete de telecomunicaciones conjunto de telefonía móvil, fija, internet y televisión ha permitido mantener los niveles de fidelización entre la clientela. Durante el último mes los cuatro operadores «clásicos» han perdido clientes -por primera vez todos juntos-. Exactamente 350.000. Y sólo los operadores virtuales, esos que no regalan teléfonos de renombre -de hecho, ninguno- pero que dan tarifas muy interesantes han ganado adeptos. Hasta 220.000.

 

La palma en este batacazo se la ha llevado el principal operador del mercado: Movistar ha perdido 214.000 líneas. Vodafone, justo la mitad: 107.000; Orange algo menos de 15.000 y Yoigo -que en su momento se hizo fuerte con unas tarifas que los tres primeros no querían aceptar-, otros 12.000. La clave de esta caída también viene en forma de legislación. La nueva normativa permite agilizar mucho más la portabilidad entre operadoras. Por quinto mes consecutivo más de medio millón de personas han cambiado de compañía. El récord ha sido este mes con 560.000 para un total de casi tres millones desde la campaña de Navidad.

 

Malos tiempos para las empresas que ven que el mercado sigue cayendo hasta un ratio de 112 líneas por cada 100 habitantes: 44 millones de ciudadanos y 49 millones de líneas. Una crisis que azota sólo a las empresas que dominan el mercado: el ratio de movimientos entre empresas es favorable a los virtuales con un saldo positivo de 168.000 altas.

 

Algo parecido ocurre con los operadores domésticos. La banda ancha y la fibra óptica siguen ganando adeptos. Ya hay 11,7 millones de hogares conectados a alta velocidad y la fibra llega a más de 400.000 de ellos. Pero de las nuevas 35.000 líneas del último mes en este formato, sólo 11.000 son de Telefónica. Y eso que las líneas fijas siguen cayendo y ya hay un 2% menos que el año pasado.

 

Los operadores han estado años pidiendo un mercado liberalizado como el europeo en el que los clientes tuvieran agilidad para cambiarse de compañía y en el que las tarifas fueran más competitivas. Ya lo tienen… pero no les gusta. Será interesante ver que ocurre con el 4G. De momento no tendrá mucho impacto, pero de momento también, sólo lo ofertan los operadores clásicos. Parece que llega una guerra interesante, seguiremos informando.

Internet, cambio de planes

Solemos hablar mucho de cómo Internet ha cambiado el mundo. El modo de acceder a la información, la manera de comunicarnos entre las personas y, sobre todo, nuestras costumbres de ocio -se sitúa ya muy por delante de la televisión como principal fuente de entretenimiento. Sin embargo, parece que no todas las personas han aceptado el cambio de la misma forma: por un lado las jurídicas, hasta que las empresas de telecomunicaciones no han visto cómo baja su facturación -a manos de los servicios de mensajería- no se han adaptado correctamente al modelo; por otro, las físicas: son muchos los que claman el tiempo que los políticos han tardado en declarar Internet como un «bien universal». Con la llegada del nuevo año ambas cosas se han cumplido.

El sistema de mensajería de las operadoras, a principios de año


En noviembre de 2010 la Asociación GSM, que agrupa a los 800 principales operadores de telefonía en el mundo decidió en la ciudad catalana de Lleida ofrecer a sus abonados un nuevo sistema de mensajería instantánea al que llamaron Rich Communications Systems Enhanced (RCS-e). En la presentación del sistema se anunció que estaría plenamente operativo a finales de este año y casi todos los participantes aplaudieron la idea.

Sin embargo, pocas semanas después, los principales operadores europeos decidieron que era necesario adelantar su lanzamiento. En especial Movistar, Vodafone y Orange -tres gigantes que tienen un importante mercado en el Estado- que veían como la alta implantación de teléfonos inteligentes entre los usuarios (más del 35% del mercado total) suponía un continuo descenso en su facturación.

La incorporación de las redes sociales y los servicios de mensajería instantánea (sobre todo los multiplataforma como Whatsapp) han provocado un enorme descenso en el empleo de los tradicionales SMS con lo que las grandes empresas del mercado ven disminuir rápidamente la factura media de sus clientes.

Los datos del último informe de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones son definitivos: durante el tercer trimestre de 2011 las operadoras ingresaron 181,78 millones de euros en concepto de SMS y MMS. Sólo un año antes el importe ascendía a 251,38 millones. Las cifras totales de envíos son aún más llamativas: 1.882,3 millones de mensajes en los tres meses de 2011 frente a 2.185,56 en 2010.

Es por ello que tanto la multinacional estatal como sus homólogas británica y francesa apuran el lanzamiento de un servicio que, según sus propios portavoces, está prácticamente preparado. Los analistas, dan por hecho que la presentación se llevará a cabo a finales de febrero en el Mobile World Congress de Barcelona.

El nuevo sistema irá por defecto en todos los terminales de las operadoras y facilitará de forma muy intuitiva el intercambio de archivos, textos, así como datos sobre la ubicación y el estado de las redes sociales de cada usuario. La gran baza respecto a los servicios de los fabricantes -o de las aplicaciones- es que normalmente suelen ser de pago en el momento de la descarga o tener algún coste -mínimo- anual.

La banda ancha universal de un mega ya es un hecho


La otra noticia tecnológica con la que empezamos el año tiene que ver también con el acceso a internet solo que, en esta ocasión, en vez de referirse al acceso móvil tiene como sujeto los hogares. Desde ayer mismo todos los ciudadanos, independientemente cuál sea su lugar de residencia, tienen derecho a contratar un servicio de acceso a la red con una velocidad mínima de conexión de 1 megabit por segundo puesto que la prestación ha sido incluida dentro del [Enlace roto.].

La cobertura de este servicio universal (que no gratuito) lo dará Movistar durante los próximos cinco años al ser la única teleoperadora que se presentó al concurso de adjudicación. El precio máximo acordado por este servicio con el regulador es de 29,99€ al mes con una cuota de alta de 66€. Así, si el cliente quiere contratar otros servicios como telefonía fija, la cifra disminuirá levemente (19,9€ por internet y 13,81 por cuota de mantenimiento de línea).

Las tarifas, empero, han estado envueltas en polémica por su carestía. Las asociaciones de consumidores se quejan del enorme importe que suponen -y que se aprovecharán, sobre todo, de los usuarios de zonas rurales o con poca comunicación- puesto que la propia Movistar oferta tarifas mucho más bajas en las zonas urbanas del Estado, donde la competencia de las operadoras es mucho mayor. Según datos de la CMT, unas 200.000 personas se aprovecharán de esta nueva normativa ya que, al menos 350.000 no tienen posibilidad de acceder a internet desde sus hogares.

A pesar de todos estos impedimentos (incluido tener sólo 5 gigas de descarga a alta velocidad bajando luego la tasa de transferencia hasta los 128 kbps), el Estado se convierte en el tercero del mundo en considerar internet un derecho universal. Los otros dos son Finlandia y Malta.