Facebook, sobreviviendo al shock

La salida a Bolsa de Facebook ha provocado todo un terremoto en las redes sociales. Aunqe la de LinkedIn (una red de uso casi estrictamente profesional) fue titubeante, el servicio de Dan Nye acabó consolidándose en el Nasdaq. Todos esperaban que, a pesar del enorme fracaso de los dos primeros días, la empresa de Mark Zuckerberg levantara el vuelo rápido para demostrar que forma parte de los grandes de Silicon Valley (junto a Apple y Google). De momento, sólo ha sembrado dudas sobre si vivimos otra enorme burbuja tecnológica.

 

Cualquiera que haya seguido la evolución de las acciones de Facebook durante sus pocas semanas en el parqué habrá visto que su caída ha sido casi continua. Desde los 38$ en los que empezó su cotización, hasta los 26,60$ del pasado día 5 de junio -el viernes cerraron en poco más de 30$-. Para que nos hagamos una idea, el patrimonio de Mark Zuckerberg, máximo accionista, ha caído en más de 5.000 millones en tan sólo un mes.

 

Sin embargo, hay algo más grave que todo esto (Bankia, por ejemplo, es un modelo de cómo perder mucho más dinero en mucho menos tiempo). La fortuna de Zuckerberg seguro que sobrevivirá una buena temporada. Todo el mundo es consciente de que, de nuevo, internet ha vuelto a vivir en una burbuja. Igual que ocurrió con las puntocom a finales del siglo XX, las redes sociales se han deshinchado.

 

Zynga, la creadora de juegos para redes sociales incrustada en Facebook ha corrido la misma suerte que su «hermana» mayor.  Se lanzó a 26 dólares y ahora, después de dejarse el 70% de su valor, se arrastra en los 6. Groupon, otra de las favoritas de los analistas también se ha dado de bruces contra el parqué neoyorquino.

 

El caso de esta última es tan llamativo como el de Facebook: casi no tiene competencia en un sector -el de los descuentos- al auge en Estados Unidos y Europa. Sin embargo, su modelo no convence a los inversores (sus cuentas deberían).

 

Pandora, la radio musical en internet que disfrutan casi 80 millones de oyentes saltó a la arena con un valor de 17 dólares, hoy no llega ni a 10. Algunos se escudan en las pérdidas. Ya las sufría mucho antes de cotizar.

 

El problema reside en todos estos casos -el de Facebook también- en el diferente modo de percibir las empresas. Lo que al principio es una novedad se convierte en poco tiempo en un bombazo y domina claramente un mercado que no sabemos muy bien cuánto vale.

 

Entonces los «analistas-especuladores» consideran que su valor es mucho más alto del real y todo se adorna con cifras que convierten a la empresa de internet en algo absolutamente imprescindible para nuestra vida cotidiana. Poco después descubrimos que, como en todos los negocios, junto a las cifras positivas hay otras rojas.

 

Junto a los casi 1.000 millones de usuarios que tendrá la red social este verano, también hay que hacer público que el 34% de los usuarios «veteranos» de la red social le dedica ahora menos tiempo que hace seis meses.

 

Junto a las cifras del enorme dominio sobre la publicidad en las redes sociales que tiene Facebook (se puede decir que es la única «molestia» para que Google domine el sector con mano de hierro), hay que admitir que el 80% de los usuarios de la red de Zuckerberg confiesa no haber comprado nunca ningún producto por culpa de la publicidad en esta web.

 

Son muchos los que ahora dudan del valor añadido de Facebook (lo tiene), los que opinan que tiene problemas para monetizar su enorme número de visitas (lo tiene) y los que dudan de que sea capaz de seguir creciendo a este ritmo (lo dudamos todos por el efecto fatiga).

 

El problema es que todo esto ya estaba antes de que saliera a Bolsa. Sin embargo, muchos, de nuevo y sin haber aprendido mucho de la crisis social-económica-financiera y de valores que vivimos, preferimos (todos los medios hemos tenido la culpa sólo que unos tienen más eco que otros) dejarnos llevar por una maravillosa campaña de marketing según la cual, Facebook podría tener el mismo valor en Bolsa que Google (que domina las búsquedas, los mapas, internet, la publicidad en la red, los sistemas operativos móviles, construye hardware y se tutea con Microsoft y Apple en la arena de los productos físicos, los tangibles y fáciles de medir, los de la riqueza de toda la vida).

 

Facebook se enfrenta ahora a un reto: superar el shock. Demostrar que no es la panacea, pero que tampoco es una mentira. Es una herramienta útil perfectamente complementable con otros servicios más mundanos como la telefonía móvil. Si lo consigue, como lo hizo Google en su momento (Yahoo! no supo), entonces, se perpetuará. Mientras, seguirá la especulación y la caída. Suerte.

Facebook, ¿por qué no funciona?

Parece que los planetas se habían alineado. En plena crisis financiera, un empresa creada por un joven en una universidad -cómo lo hizo y con qué taras éticas dan para otros posts que ahora no nos interesan- conocida en todo el mundo y con una demanda inmensa, salía a Bolsa.  De nuevo el sueño americano (eso sí, esta vez nacido en Harvard) tomaba el relevo de Apple o Google. Otro gigante tecnológico de Silicon Valley que apuntalaba la supremacía estadounidense en el sector se sometía a examen. Todos esperaban el sobresaliente. Tanto que hasta Zuckerberg se tomó «la molestia» de ponerse su sudadera y retransmitir desde California la salida al parqué de Facebook.

 

Sin embargo, la estrella de rock, que entraba en Nasdaq apadrinada por JP Morgan, Morgan Stanley y Goldman Sachs acabó en desastre. De la debacle sólo salieron tres ganadores… y casi todos fueron externos. Por un lado, el pequeño inversor. Pudo comprar los títulos el día después de su estreno casi 4 dólares por debajo que las grandes firmas que lo hicieron el día del estreno. Por otro, NYSE, el rival de Nasdaq: ahora se presenta como la mejor opción para estas operaciones -por si alguien lo dudaba-. Finalmente, los propietarios de la red social hasta un día antes del salto al parqué. Consiguieron que las acciones comenzaran a cotizar desde la parte alta de la horquilla prevista… vendieron, se «hundieron» y se enriquecieron. La duda, empero, reside en qué ocurre con la red social. ¿Por qué no funciona?

 

Al tercer día los títulos caían otros cuatro dólares hasta los 30,5 (ahora ningún accionista es tan afortunado) y casi todo Wall Street se preguntaba los porqués de este derrumbe. Muchos analistas -a aro pasado- coinciden en que el problema reside en que en el momento de la colocación la red social de Zuckerberg fue valorada 100 veces por encima de sus ingresos trimestrales (suponemos que por pura especulación).

 

Para agravar más el problema, cuando todos los inversores institucionales esperaban que la acción superase rápidamente los 50 dólares -como confirmación de que había mucha gente dispuesta a pagar mucho para participar en la aventura bursátil de Facebook- ésta no llegó a pasar de un 10% de plusvalía. 42 dólares. La clave para que pasara lo mismo que Groupon (que duplicó su valor el día de su estreno) era que los inversores privados (y pequeños) entraran en el juego… y se quedaron a la expectativa. Las agencias de colocación estimaron que Facebook valía los casi 116.000 millones de dólares con los que empezó a cotizar y el valor de las acciones se colapsó.

 

Todo empeoró, además, cuando los grandes accionistas que se desprendían de los títulos que permitían que Facebook saliera al parqué, como Goldman Sachs, decidieron colocar varios paquetes más de acciones de los que anunciaron al principio. La duda que surgía era si buscaban enriquecerse más… o sí Facebook no valía lo que habían prometido. Asimismo, como habían en el mercado más acciones de las esperadas, los pequeños inversores pudieron escoger a qué precio hacerse con los títulos y no cayeron en la tentación de hacerlo a un precio alto y «quedarse atrapados» durante un tiempo para no perder dinero con la venta.

 

Por la parte técnica, Nasdaq volvió a fallar cuando se vio incapaz de gestionar la enorme demanda de operaciones: desde paquetes de compra y venta hasta cancelaciones lo que hizo que todo llevara cierta demora en la ejecución y que los inversores se pusieran aún más nerviosos sobre lo que realmente pasaba con la empresa.

 

Por otro lado, los últimos estudios demuestran que el negocio de Facebook está en su punto de madurez en algunos países clave como Estados Unidos: ni el número de usuarios crece tanto como antes ni tampoco el tiempo que pasan «enganchados» en la red social. Además, la migración -más rápido de lo que la propia multinacional esperaba- de los ordenadores a los dispositivos móviles está cogiendo a Facebook en fuera de juego.

 

Es cierto que para paliar esto la firma de Mark Zuckerberg planea fabricar su propio terminal. Parece que ya han conseguido que la experiencia móvil -en toda la gama de terminales y con casi todos los entornos operativos posibles- sea plena, pero si tenemos en cuenta que 488 de los 901 millones de usuarios sólo se conectan desde teléfonos y tabletas, parece que las aplicaciones se quedan cortas.

 

De momento se ha sabido que la red social ha contratado a varios ingenieros de hardware, programadores y expertos en interfaces provenientes de Apple y que trabajaron directamente en el desarrollo tanto del iPad como de varias ediciones del iPhone. El proyecto -al que han llamado Buffy– funcionará con Android, empleará aplicaciones basadas en HTML 5 y parece que es la piedra angular sobre la que el creador de Facebook pretende sostener su «imperio». Veremos si con los resultados de julio se aclara todo.

Facebook, ¿fin de la burbuja?

2012 es, sin duda, el año de Facebook. El año en el que deberá mostrar su mayoría de edad o que se trata de una moda pasajera más. Una de las muchas del mercado tecnológico. Llevamos meses hablando de sus cifras, de su salida a Bolsa y del papel que podría jugar en su negocio durante los próximos años -para muchos su negocio es la publicidad, no las relaciones personales-.

 

Ayer llegó el gran día. La graduación del hijo de Mark Zuckerberg -un ejemplo de emprendedor y también del modo capitalista de hacer las cosas-. Facebook salía a Bolsa con un valor por título de 38 dólares. Muchos esperaban que escalara fácilmente por encima de los 50. Por primera vez se pondría un precio real al segundo gigante de internet. Y éste quedó fijado en 104.000 millones de dólares (unos 78.000 millones de euros) muy lejos de los 120.000 en el que tasaban a la red social los analistas más optimistas.

 

El comienzo -a pesar de los problemas técnicos de Nasdaq- fue espectacular y los títulos no tardaron en escalar hasta los 43 dólares. Parecía que el negocio de Zuckerberg rompería los techos más altos con los que se especulaba… pero pronto perdió fuelle… hasta acabar su primera jornada tan sólo 20 centavos por encima de la cifra inicial.

 

El problema, sin embargo, no radica sólo en el frío recibimiento de Facebook. Zynga, su división de juegos se dejó un 12% en el parqué. El mensaje está claro: ya no juegan con aficionados a las redes sociales o mecenas dispuestos a hacer negocio con sus fortunas. Los inversores van a exigir a Zuckerberg que demostrara que la capitalización bursátil de Facebook es real.

 

Nunca una empresa ha saltado al parqué con una valoración de sus acciones tan alta. Como bien explica [Enlace roto.], corresponsal de El País en Estados Unidos, las acciones siempre cotizaron por debajo de los 44,1 dólares que marcó la última transacción en el mercado secundario. Quien compre Facebook ahora es porque cree que la empresa seguirá creciendo.

 

Esto crea, sin duda, un problema. Los inversores esperan -como con cualquier otra empresa- que Zuckerberg siga creando dinero. Él mismo explica que quiere el dinero para seguir generando servicios. De momento su valoración fue 100 veces superior a sus ingresos el último trimestre (el mejor, por cierto, en su corta historia). ¿Es ajustada esta relación?

 

 

Publicidad, la clave de todo


En cualquier caso, la clave de todo esto siguen siendo los ingresos por publicidad de la red social. Del mismo modo que ocurre con Google, Yahoo! o AOL, toda su estructura y su éxito giran en torno a los ingresos por publicidad. Precisamente en este último trimestre brillante los anunciantes reportaron el 82% de esos ingresos.

 

Los más escépticos explican que Google -dominador absoluto de internet, de las redes sociales y de casi todo lo que tenga un programa informático dentro- entró en Nasdaq con una capitalización diez veces inferior. Sus defensores argumentan que Facebook representa a una nueva generación, del mismo modo que lo hizo Microsoft en 1986. Por eso puede cuadriplicar el valor de Disney o duplicar el de Caterpillar, dos gigantes del ocio y de la industria pesada.

 

También destaca que LinkedIn saltó a Bolsa hace un año y en un sólo día duplicó su capitalización. Para conseguir esto Facebook tendrá que crecer a un ritmo del 30% interanual y no demorarse en llegar al «amigo mil millones». Se espera que sea en verano. Quizá eso sirva para acallar las críticas de aquellos que han visto en la huída de General Motors una brecha en su estructura. El gigante de Detroit considera que la publicidad en las redes sociales no le genera ningún beneficio directo. Ford, de momento, sigue apostando por lo de Menlo Park.

 

El primer constructor mundial de automóviles dice que, como bien explica el estudio AP-CNBC, el 83% de los estadounidenses nunca abre un anuncio sito en Facebook. Una cifra muy alta para que el tercer anunciante del país se quiera gastar un centavo más en la red de Zuckerberg. En cualquier caso, seguro que este anuncio horas antes del debut no ha ayudado mucho. El tiempo nos dirá que pasa con la gran red social.

Facebook, en cifras

Facebook, la gran red social nacida hace 8 años -los cumple mañana, 4 de febrero- prepara su salida a Bolsa. Con más de 800 millones de usuarios activos, más de 70 idiomas disponibles y un beneficio de más de 4.200 millones de dólares durante 2011, el gigante creado por Mark Zuckerberg sigue batiendo récords. En pocas líneas intentaremos analizar algunos de los números que rodean a uno de los fenómenos más importantes en la corta historia de Internet.

Facebook, generador de empleo


Siempre que una empresa prepara su salto al parqué ha de hacer públicos algunos de sus números. Normalmente éstos tienen una doble utilidad: por un lado le enseñan al situación real de la compañía a los posibles inversores y, cuando son tan buenos como los de la empresa de Zuckerberg, sirven para atraer aún más a los inversores.

En plena crisis económica y con una tasa de paro altísima azotando a todo el hemisferio occidental, ha salido a la luz un estudio de la auditora Deloitte sobre el impacto de la red social en el empleo y la economía de los 27 países que conforman la Unión Europea. Los resultados son sorprendentes: Facebook ha ayudado a crear 230.000 empleos y ha aportado 15.300 millones al PIB comunitario.

En lo que se refiere al Estado, la red social se llevó un 9% de estos empleos -unos 21.000-, así como 1.400 millones de euros a su PIB.

Estos datos fueron presentados por Sheryl Sandberg, mano derecha de Zuckerberg, en un evento en Múnich. La directiva explicó que son «datos muy valiosos, sobre todo para las pequeñas y medianas empresas que componen el tejido empresarial de la economía europea».

La duda que nos surge es cómo llega Deloitte a esos datos. La auditora ha empleado diferentes herramientas como el impacto de la red social en la publicidad online en cada país así como variables referidas a la creación de start-ups dedicadas a la creación de aplicaciones para la red social; la actividad en páginas de fans de marcas o el incremento del gasto en las facturas de banda ancha o internet móvil.

¿Son fiables estas variables y datos para analizar la huella económica de algo tan abstracto y fraccionado como una red social? Sandberg confirmó que su huella es incremental, es decir, sirve para generar más empleo y riqueza a la zona. Desde la empresa afirman que Facebook se ha convertido en una herramienta para las empresas que les permite ganar clientes, generar más ingresos y, por ende, aumentar sus plantillas de trabajadores. Además, explican que se ha creado una demanda tecnológica de dispositivos que permitan acceder a la red social desde cualquier punto como, por ejemplo, smartphones, tabletas o portátiles.

Para explicar su relevancia ponen de ejemplo a Zynga el principal desarrollador de aplicaciones para la plataforma de Facebook -desde su creación en 2007-. Hoy en día Zynga tiene casi tantos empleados como Facebook (3.000), unos ingresos de 600 millones anuales y ha salido con éxito a Bolsa.

Facebook en el Estado


No obstante, estos enormes números contrastan con el tamaño real de la empresa en el Estado. A pesar de estimar su aportación al empleo y al PIB en miles de millones de euros, Facebook sólo tiene dos empleados en plantilla. El número de usuarios, por el contrario, supera los 15 millones.

¿Cómo se explica esta dicotomía? La respuesta la hayamos si analizamos el funcionamiento de las grandes tecnológicas y de las empresas en internet. La filial estatal de la red social sólo funciona como comisionista de las operaciones de la matriz en el Estado. No factura de modo independiente y suma sus resultados al del resto de filiales para crear un todo de mayor calado.

Es por ello que los gastos directos del gigante son más bien exiguos: según hace público El País, el año pasado el principal gasto fueron los poco más de 60.000 euros por el alquiler de sus oficinas a la inmobiliaria Lexington.

Son, sin duda, datos sorprendentes si tenemos en cuenta que se espera que Facebook capte unos 10.000 millones de dólares en acciones en su salida a Wall Street y que supere la OPV de Google en 2004. Los grandes fondos de capital que aportaron grandes sumas por un proyecto completamente diferente a todo lo que había en la red en 2004.

Morgan Stanley y Goldman Sachs serán, seguro los más beneficiados en una operación que tendrá como colocadores a Bank of America, Merrill Lynch y Barclays. Si todas las perspectivas se cumplen -habrá que esperar a mayo para saberlo- la valoración bursátil de Facebook superaría los 100.000 millones de dólares, muy por encima de algunas telecos como la española Telefónica -la mayor estatal- pero muy por debajo de la tecnológica Apple, valorada en más de 350.000 millones.

Parece que la llegada a Wall Street de la gran red social será fundamental para saber el tamaño real de la segunda burbuja puntocom. Silicon Valley y otras empresas como la propia Zynga se juegan mucho.

Apple, la empresa más valiosa del planeta

Hasta ahora habíamos visto a Apple batir todo tipo de récords: medio millón de aplicaciones aprobadas para su AppStore, 15.000 millones de aplicaciones descargadas por los usuarios, 200 millones de usuarios de Mac, récords de beneficios, posee más dinero en efectivo que el Gobierno de Estados Unidos, más del 95% de cuota del mercado de tabletas, etc. Incluso, se convirtió recientemente en la empresa tecnológica más valiosa del planeta superando, por primera vez, a Google y casi duplicando el valor de Microsoft, su principal antagonista.

Sin embargo, el pasado día 9 se publicó una noticia que dejó perplejo a los economistas de medio mundo y a prácticamente cualquier ajeno a este «mundillo». Por primera vez en la historia una empresa tecnológica se colocaba como la primera mundial por capitalización bursátil -el valor del total de sus acciones-. La empresa fundada por Steve Jobs fue, durante unas horas, la primera capaz de arrebatarle el puesto a Exxon en años.

Los analistas de los principales magazines económicos explicaban al día siguiente en sus columnas que se veía venir desde hacía tiempo puesto que durante las últimas semanas las bolsas han sido especialmente duras con las empresas de materias primas -entre ellas las petroleras como Exxon- y aunque las acciones de la firma de la manzana también han bajado (la crisis no perdona) lo han hecho en mucha menor medida que las de la empresa tejana.

Aunque a última hora del día Exxon superó a Apple (consiguió una subida de casi el 6% por «sólo» el 2% de la petrolera) el ascenso de la tecnológica -que valía 50.000 millones de dólares menos que Exxon hace sólo 20 días) la distancia se ha acortado lo suficiente (a penas 2.000 millones de dólares) como para que en breve las apuestas apoyen a los de Cupertino.

Por si os interesa, después de los dos gigantes americanos hay otros dos chinos: Petrochina, que ha alterado varias veces su liderazgo con Exxon, y el banco ICBC. La sexta es Microsoft. Os recomiendo el [Enlace roto.] de Sandro Pozzi desde Nueva York para El País donde refleja la situación de las tecnológicas en el parqué de la Gran Manzana, el más importante del planeta. No tiene desperdicio.