Brexit, un duro golpe para la investigación europea

Y llegó el día y los británicos votaron que prefieren abandonar la Unión Europea después de 40 años de integración. Los resultados por segmentos de población (y sobre un mapa) han sido claros. Lo menores de 50 años han votado mayoritariamente quedarse dentro de la UE sabedores del enorme potencial que les da la libre circulación por otros 27 Estados. Sin embargo, según baja la formación del votante -y su edad- el voto pasa a ser mayoritariamente partidario del Brexit.

Durante la campaña fueron varios los científicos (Reino Unido es una potencia en este ámbito) que argumentaron a favor del Bremain explicando a los ciudadanos todas las ventajas que tiene colaborar sin restricciones con laboratorios, parques tecnológicos y universidades del otro lado del Canal de la Mancha.

Previo referendo una encuesta hecha por la revista Nature a 907 científicos se saldó con un 83% de votos a favor de seguir en la UE. Ahora han sido los primeros en alzar la voz para mostrar su desasosiego por el resultado. El motivo es porque hay multitud de proyectos continentales con una amplia participación anglosajona como el CERN y el Human Brain Project que ahora podrían continuar sin ellos (es cierto que el conocimiento no sabe de fronteras, pero los visados de trabajo sí).

Además, si nos aferramos a los fríos números, en cuanto a investigación, Reino Unido es un receptor neto de fondos comunitarios. De 2007 a 2013 recibió 8.800 millones de euros mientras que aportó 5.400 millones. La salida provoca incertidumbre tanto en Bruselas como en Londres. El Reino Unido se queda aislado frente a otras potencias investigadoras como Estados Unidos, China, Japón o la propia Unión Europa -aunque ahora quede fuertemente mermada-.

Curiosamente, aunque el discurso que ha cimentado el Brexit es que los extranjeros comunitarios en el países quitan recursos y puesto de trabajo a los británicos, las cifras en el campo de la investigación dicen todo lo contrario. Reino Unido es uno de los países que más se aprovecha de las becas del Consejo Europeo de Investigación y de las Marie Curie.

Cada año percibe 2.700 millones de euros para atraer talento muy por delante de Alemania, Francia, Holanda. Es cierto que otros países extracomunitarios como Suiza o Israel están también dentro de estos programas, pero con cuantías mucho menores. Además, Reino Unido tendrá que negociar un nuevo status con los otros 27 miembros y suponemos que después de las trabas que ha puesto a la Unión no será fácil conseguir un acuerdo ventajoso en ciertos campos.

Además, ni el país helvético ni Israel pueden decidir a qué áreas asignar el fondo para las investigaciones ya que las becas fuera de la Unión se dan para investigar en un proyecto determinado. La salida de la UE no solo mermará los fondos que lleguen sino que atacará a uno de los pilares que la han sustentado como puntera durante los últimos tres siglos: la cantidad de talento extranjero que ha sido capaz de atraer.

Es cierto que un investigador de alto nivel no tendrá problemas para conseguir un visado. Pero también lo es que el grueso de estos investigadores se decantarán por proyectos a los que les es más fácil acceder y que cuentan con muchos más fondos.

Stephen Hawking y varios premios Nobel como Peter Higgs enviaron una carta a «The Times» en la que explicaban el desastre que supondría abandonar la Unión. Pero los daños no se quedarán solo en la isla. El sistema europeo de investigación funciona muy bien. Cada vez mejor de hecho. Y uno de los principales motivos es la colaboración y el potencial del Reino Unido.

Los grandes de la Unión van a perder un socio muy relevante que sirve de puente a otros centros neurálgicos como Estados Unidos, Canadá o Australia. En definitiva una pésima noticia que nos hace perder a todos mucho más de lo que creemos.