China, ¿un universo paralelo en internet?

El mundo está más «unificado» que nunca (vayamos más allá del término económico, globalizado). Las tecnologías de la información se antojan -internet mediante- como un puente indestructible entre cualquier emisor y receptor del planeta. La primavera árabe es, probablemente, el ejemplo más social que hemos visto en este siglo. Sin embargo, más allá de este paradigma que nos venden las grandes firmas de Silicon Valley, la realidad indica que hay regiones del planeta en el que su forma de entender las redes y la tecnología es diametralmente opuesto al occidental.

El mejor ejemplo de lo que hablamos es, sin duda, China. El mercado más deseado por las empresas capitalistas. Un mercado con más de mil millones de clientes potenciales donde la publicidad -eje de los ingresos de Google y Facebook, por ejemplo- adquiere cifras mareantes. Donde hacerse con un 1% más del mercado -caso de Apple- dispara los beneficios y donde fidelizar clientes que compren en nuestra tienda (el sueño de Jeff Bezos) sacaría a Amazon de las pérdidas constantes.

El sistema de censura promovido por las autoridades de Pekín durante décadas se tradujo en una suerte de intento de poner puertas al campo (internet) y ante la imposibilidad de esta tarea se creó un mercado paralelo multimillonario de compañías «equivalentes» a las californianas.

Carlos Otto, de El Confidencial, hizo hace unos días un resumen perfecto de las principales empresas chinas en todos los ámbitos donde hay un gigante intocable en occidente. Equivalentes perfectos en el gigante asiático de Facebook, Twitter, Amazon, Youtube y Google.

El ejemplo más claro de equivalencia es, sin duda alguna, Baidu. El gran portal a la red de redes en China tiene un motor de búsqueda a la altura de los de Mountain View, Yahoo! o Bing. ¿Cuál es entonces la diferencia? No hay ningún contenido en él que atente contra los intereses del gobierno del país. Sin embargo, lo que hizo famoso al buscador fue la demanda que multitud de discográficas interpusieron contra la empresa porque ofrece búsquedas directas a archivos (y descargas) musicales. El Alto Tribunal de Pekín la protegió porque las descargas se hacen desde webs de terceros. El gran rival de Google cotiza incluso en Nasdaq donde es un valor recomendado y donde exhibe su fuerza en su mercado doméstico.

Como bien explica Otto, la vida digital china va mucho más allá del buscador. Weibo personaliza la evolución digital de la sociedad del país. Después de los disturbios de Urumch, Pekín se decidió a bloquear el acceso a ciertas redes sociales. Twitter, cómo no, fue una de las primeras. El resultado fue el nacimiento de esta plataforma de microblogging de la mano de SINA Corporation. Prácticamente calca a la red del pájaro azul: 140 caracteres por mensaje y más de 300 millones de usuarios que están continuamente bajo la lupa del censor. Todo este músculo de usuarios también la hace cotizar con éxito en Bolsa.

Y donde se puede copiar Twitter se puede copiar Facebook. Su nombre es Renren y su parecido con Facebook y todas sus herramientas es insultante. Solo hay algo en lo que no le hace sombra a los de Mark Zuckerberg: sus 160 millones de usuarios no están lejos de los más de 100 de sus dos rivales. El primero es Kaixin001 y el segundo Pengyou, una evolución desde un servicio de mensajería instantánea. Ninguno de ellos ha conseguido el éxito de Weibo y se han acabado compartimentalizando y buscando usuarios diferentes. Sin embargo, cualquier red social «minoritaria» occidental haría lo que fuera por conseguir sus clientes.

Un caso aparte parece Youku. Sobre el papel es el Youtube chino pero en la práctica lleva tiempo permitiendo a sus usuarios colgar vídeos de la duración y calidad que deseen y más allá de los vídeos domésticos han creado una plataforma que crece incesantemente dentro y fuera de china gracias a contenidos como películas o programas de televisión que hacen asociados con una cadena nacional.

El último caso que resalta el periodista de Teknautas es el de Alibaba. Es el mejor ejemplo de empresa que se ha «externalizado» desde China. Su salida a Bolsa es la mayor OPV de la historia (obtuvieron 25.000 millones de dólares). Sus acciones desde entonces crecen de forma sostenida y fiable gracias a su continua expansión por todos los mercados. Es cierto que Amazon sigue siendo la referencia en todo el mundo, pero también lo es que Alibaba crece mucho más rápido y que es el único rival al que Bezos teme (y con razón).

Nosotros añadiríamos más ejemplos como WeChat, el servicio de mensajería instantánea desarrollado por Tencent QQ que se ha convertido en el estándar absoluto en las comunicaciones del país. Incluso como identificador en las relaciones empresa-cliente de casi todos los ámbitos del mercado. Su evolución tecnológica es similar a la de Youku ofreciendo posibilidades que a día de hoy la referencia occidental (WhatsApp) no tiene. ¿Su talón de Aquiles? Ha sido puesta en cuarentena en multitud de ocasiones por ser la plataforma de lanzamiento de decenas de contenidos con spyware y malware.

Smartphones, ¿por fin se enfría su mercado?

Ayer hablábamos de los números millonarios que esperan Microsoft con su Windows 10 (también pensado para relanzar su división móvil? y Apple para su nuevo iPhone. Sin embargo, el mercado de smartphones da signos de agotamiento. Durante el segundo trimestre del año fiscal las ventas sumaron su peor crecimiento en un periodo desde 2013. El incremento fue de «solo» el 13,5% hasta casi los 330 millones de terminales. En definitiva, números que cualquier otro mercado querría. ¿Dónde está el problema?

Muchos expertos atribuyen el bajón a la especial coyuntura de China donde las ventas cayeron por primera vez y se dejaron un 4%. El gigante asiático representa un 30% del mercado global y si se resfría todo el mercado estornuda. Sin embargo, algunas consultoras como Gartner van más allá y advierten de que no se trata de una situación puntual: el mercado que más ha crecido en el planeta amenaza con la saturación: cada vez hay menos clientes que adquieren un smartphone por primera vez y ahora entra en juego la renovación de terminales algo que si China cae en una crisis, sin duda, se ralentizará.

Y como era de esperar, la especial situación del mercado ha hecho que quienes más sufran sean los fabricantes asiáticos. Sus márgenes de beneficio en cada terminal son menores y su estandarización a causa del sistema operativo los hace fácilmente sustituibles por el «producto nacional». El mejor ejemplo es Samsung que sigue líder como fabricante mundial de teléfonos móviles (inteligentes o no) pero que se deja gran parte del negocio «smart» y cae hasta los 72 millones de unidades trimestrales. La cuota de mercado está ahora en el 21,9% del negocio.

Es aquí donde llega, como siempre, la excepción que confirma la regla. Aunque los parqués han castigado no obtener un resultado aún mejor, Apple vendió un 36% más de terminales hasta los 48 millones y aumentó su cuota un 2,4% hasta el 14,6% del mercado mundial. El segmento premium parece tener solo un nombre y el mercado «medio y bajo» se satura de nuevos fabricantes. Huawei creció un 46,3% hasta los 25,8 millones de unidades y su cuota supera ya el 7,8%.

Todo ello redunda en un mercado global en el que Android cede terreno a iOS y Microsoft sigue bajando -aún no hay Windows 10 salvador- mientras BlackBerry OS está al borde de la desaparición con un 0,3% del negocio. Un negocio que se ha estancado en los 450 millones de terminales trimestrales y que puede hacer mucho daño a todos los fabricantes que ya pierden dinero de una forma controlada.

Apple, ¿demasiado dependiente de la telefonía?

Hace unas dos semanas Apple anunció los resultados del segundo trimestre de este año y los datos se suponían incontestables. Su beneficio se había disparado un 38% en el dato interanual gracias a la fortaleza del iPhone que, de nuevo, volvía a batir todos los registros de sus antecesores. La compañía dirigida por Tim Cook había conseguido ganar 10.700 millones de dólares frente a los 7.740 millones del año anterior y los ingresos seguían creciendo sostenidamente hasta rozar los 50.000 millones.

Unos resultados que firmaría no solo cualquier tecnológica sino cualquier compañía del mercado. La empresa supera holgadamente los 200.000 millones de dólares en caja, es la más valiosa del mundo -en el mercado bursátil así como en todos los indicadores del valor de marcas- y su techo parece aún lejos si se analiza la fortaleza con la que domina su mercado. Sin embargo el parqué la penalizó duramente. El mismo día que se presentaron los resultados las acciones bajaron un 8% y al día siguiente un 4,4% más en la mayor caída desde enero de 2014. ¿Por qué?

Como hemos dicho unas líneas más arriba Apple domina como ninguna su mercado pero, ¿cuál es su mercado? La tecnológica recibe el 60% de sus ingresos y beneficios de un único producto, el iPhone. Esto hace que se lleve más del 90% de los beneficios del negocio de móviles en todo el mundo. Un negocio que sigue creciendo a un ritmo endiablado y en el que ha conseguido que los rivales se maten entre ellos sin que le afecte ni a su imagen ni a sus ventas.

La salud del iPhone parece de hierro. Crece a un ritmo tres veces mayor que el del conjunto del mercado. Si unimos esto a que su precio medio de venta es el más alto de la historia de la compañía, 660 dólares por unidad en todo el mundo, las cuentas siguen saliendo muy bien. En tres meses han colocado 47,4 millones de iPhones, un 35% más pero como los inversores esperaban romper la barrera de los 50 millones, el castigo ha sido implacable. Mera teoría capitalista: gano más que nunca pero no es suficiente porque quiero ganar más. Muchos medios concluían que el dato no era bueno porque suponía una caída del 22% respecto al trimestre anterior pero la cifra es normal -de hecho mejor que otros años- puesto que se sabe que en solo tres meses se presentarán los iPhone 6s y 6s Plus y son muchos los que los están esperando.

Como contrapartida, otros analistas subrayan el buen comportamiento en China o en mercados hasta ahora vetados como Corea del Sur donde sus ventas se duplican trimestre a trimestre a pesar de ser mercados al borde de la saturación -crece mermando negocio a sus competidores directos-.

¿Y qué hay del resto de datos? Los iPad siguen -y han previsto que seguirán- contrayéndose. Por sexto trimestre consecutivo mermados por una menor tasa de renovación de las tabletas y por el incremento de la pantalla de los iPhone. Los Mac siguen creciendo (algo que no hace el mercado PC) y los servicios (aplicaciones, soporte, música, etc.) sigue batiendo récords lo que subraya que todos los negocios relacionados con el iPhone gozan de una salud envidiable. ¿Qué ocurrirá cuando caiga el motor de la compañía? ¿Debe Apple especializarse en el terminal o por el contrario debe seguir diversificándose hasta que dé con un nuevo pilar que sujete sus beneficios?

Apple, cuando el color es más que un tono

La calidad, la fiabilidad y el diseño son los tres pilares básicos sobre los que se sustenta la estrategia y el éxito de Apple. Tanto en su primera época como en el renacer con el regreso de Steve Jobs los colores de sus dispositivos eran parte de su seña de identidad. Cada modelo, cada versión de cada dispositivo, estaba disponible en diferentes tonalidades en función del público al que iba dirigido. Todo se estudiaba milimétricamente para que los iDevices fueran fácilmente reconocibles y muy deseables.

Históricamente, los iPhone, el equipo que catapultó al Olimpo empresarial y tecnológico a los de la manzana, comenzó vendiéndose en negro. Los dos tonos favoritos por los consumidores estadounidenses siempre han sido el blanco y el negro. Y eso hizo que el salto de color con las generaciones posteriores incluyera esta versión más moderna, menos seria y mucho más llamativa.

Los experimentos tonales se dejaban para los iPod Touch (que añadieron a su paleta el rosa, amarillo, azul y rojo), el iPhone 5C -modelo de acceso al que nunca le vimos demasiado sentido- o los célebres iPod Nano y Shuffle, que hicieron de su variedad cromática su seña de identidad. Todos aderezados con los característicos EarPods blancos que sirvieron para que se pudiera distinguir fácilmente a quien usaba un gadget Apple respecto a los de la competencia (que añadían auriculares negros, menos llamativos pero mucho más resistentes a la suciedad).

El mensaje era claro: cuanto más barato es el dispositivo, es más probable que lo adquiera un sector más joven de la población. Y este segmento es el que se decanta habitualmente por los tonos más vivos. El lujo solo estaba reservado al tono «gris espacial» y al blanco con inserciones plateadas.

Sin embargo, si en Occidente el negro y el blanco son sinónimo de lujo, desembarcar en China para adquirir tamaño, multiplicar las ventas y acrecentar la imagen de marca requería adaptarse a unos gustos cromáticos diametralmente opuestos.

El blanco, que para nosotros es pureza, para ellos representa la muerte. Eso hace que los tonos más populares sean el negro, el plata… y el dorado. Y todos ellos están relacionados con el lujo -segmento que Apple explota como pocos-. El tono oro se relaciona con la prosperidad y en un país en el que los hoteles no tienen planta cuarta (se pronuncia muy parecido a «muerte») y hay cola por hacerse con matrículas personalizadas o números de teléfono que incluyan su número de la suerte, el ocho, ¿por qué no van a gastar en tener su color fetiche?

El estallido económico chino, la devaluación del dolar durante varios trimestres consecutivos -aunque parece que esa situación ahora se está revirtiendo-, el nacimiento de una clase acomodada adicta al lujo occidental y marquista, y el buen hacer de la maquinaria de marketing de Apple -para nosotros con Ikea y el Grupo VAG la mejor actualmente- ha convertido al gigante asiático en el segundo mercado mundial para la empresa por delante de Europa. Además, es el mercado en el que más crece.

China por sí sola es un mercado de más de 450 millones de smartphones al año (cifra de 2014), crece al 30% y duplica por volumen Estados Unidos. Ya representa un tercio del mercado mundial de lujo: un escenario perfecto para los dispositivos premium de la casa de la manzana: iPhone, iPad, Apple Watch y MacBook. Y todos ellos tienen un tono en común: el otrora criticado dorado.

Y es por eso que aunque cuesta ver esos dispositivos «oro» en Estados Unidos o Europa, son los equipos que han hecho a Apple batir varios récords consecutivos de ventas y beneficios. De facto: su enorme tirón hizo que los de Tim Cook tuvieran que pedir un incremento de producción de ese color a sus fábricas previa campaña navideña.

En un país obsesionado por el oro (en 2013 superó a la India como el país que más lo consumía y se prevé que la demanda crezca un 20% este año) la estrategia de Tim Cook de crear versiones que incluyen o imitan el material ha permitido que el dinero en caja de la empresa se dispare hasta casi los 200.000 millones de dólares (más que el PIB de 120 países del mundo).

El color «del mal gusto», el tono que mostraba la ostentosidad de una empresa que había perdido el norte o la capacidad de diseñar los ha cubierto, precisamente, de oro. Mucho más que un tono.

Tecnológicas e I+D, Huawei quiere ser la referencia

La investigación en I+D+i, las patentes y el desarrollo de las TICs y de la industria 4.0 son los grandes caballos de batalla que blindarán el futuro de las potencias económicas que vienen y son la vara de medir cómo se está recuperando cada economía (y por ende cada sociedad) de la crisis financiera, económica y social más importante en casi un siglo.

Así, la supervivencia económica de China, en buena parte va más allá de su condición de fábrica y multicopista de Occidente y tanto las instituciones como las empresas son conscientes de que deben hacer un esfuerzo para marcar un diferencial tecnológico sobre Japón, Corea, Estados Unidos y la Unión Europea como «cerebros» del planeta.

Huawei, aunque es conocida por el gran público por sus smartphones de gran calidad y precio razonable destaca sobre manera por su negocio de infraestructuras de redes. Así, siguiendo el ejemplo de Cisco, Samsung, Nokia, etc. destaca por su independencia a la hora de desarrollar y crear sus propios componentes de hardware y de dar una visión particular y diferenciada a su enorme catálogo de productos y servicios.

A diferencia de Xiaomi u otras empresas con el prurito «Made in China» la empresa con sede en Shenzhen lleva años mostrándose como una de las más activas del sector tecnológico en la inversión en I+D+i. Así, durante 2014 incremento un 29%, hasta los 6.600 millones de dólares su partida en investigación y desarrollo. Respecto a sus ingresos, el porcentaje es un espectacular 14,2% del total.

Si echamos la vista atrás, durante la última década la empresa ha invertido 30.700 millones de dólares para quedarse a la altura de las tecnológicas más relevantes de Silicon Valley y superar a alguno de sus rivales con más renombre.

Así, como bien explica Kote Puerto en Xataka, durante el año pasado solo Microsoft, Google y Amazon invirtieron más que los chinos. Por debajo se encuentran multinacionales como Apple, Oracle, IBM o Facebook. En cuanto al porcentaje de los ingresos que se dedican a investigación, desarrollo e innovación, Microsoft se gastó un 12%, Google casi un 15% y Amazon poco más del 10%. Aquí la cifra respecto a Facebook o Twitter es inmensamente superior.

Y parece que todo este trabajo durante la última década está dando sus frutos. Primero porque la empresa ya no lleva el prurito de productos de baja calidad. Segundo porque su presencia en mercados tan complicados como el Norte de Europa y Estados Unidos empieza a ser más que relevante. Y por último porque sus ingresos (46.500 millones de dólares) crecieron un 20,6% y sus beneficios (4.500 millones) se dispararon un 32,7%.

Todo ello teniendo en cuenta que su división que más creció, la móvil, solo supone 12.000 millones de los ingresos frente a los más de 31.000 millones de sus servicio de redes. Como explicó Ren Zhengfei, fundador y presidente de la empresa durante la presentación de los resultados del año pasado, el próximo objetivo de la empresa es implementar la tecnología 5G tanto en su negocio de redes como en sus dispositivos físicos y para ello invertirán 60 millones de dólares los próximos meses. En 2020 esperan tener desplegada su red con esta tecnología tanto en China como en el Reino Unido para, cinco años después tenerla a pleno rendimiento en Estados Unidos su mercado con más potencial de crecimiento.