Galaxy 15, el satélite zombi


Para seguir con la racha de post sobre ciencia y astronomía, he pensado en comentar una curiosa noticia sobre un satélite de la empresa Intelsat.

Hace unas semanas el satélite Galaxy 15, perteneciente a la empresa radicada en la capital estadounidense, sufrió una extraña avería. Al parecer, una tormenta solar hizo que el pasado mes de abril, este equipo de telecomunicaciones de unas dos toneladas dejara de responder a los comandos del centro de control y abandonó su órbita a 36.000 kilómetros de altura.

El peligro, no obstante, residía en que, como sus sistemas de comunicaciones seguían funcionando, se convirtió en una seria amenaza para los demás artefactos en órbita. Se convirtió en un «satélite zombie».

Curiosamente, que sus sistemas siguieran funcionando provocó que sus baterías se agotaran por completo la última semana de diciembre y que el satélite se reiniciara, de modo que volvió a responder a las órdenes que recibía desde la Tierra.

En cuanto el Galaxy 15 dejó de «ser un riesgo para otros satélites o para los clientes de los servicios de comunicaciones», los ingenieros se han puesto manos a la obra para trasladarlo a una zona orbital estable donde puedan someterlo a examen para poder poner en servicio de nuevo. De momento, lo han configurado en un modo «seguro».

El Galaxy 15, que lleva cinco años en el espacio y tiene una vida útil de quince, apartó sus paneles solares de la estrella cuando se «descontroló», lo que hizo que tuviera que trabajar sólo con sus baterías. La duración de las mismas se ha mostrado sorprendentemente larga incluso para la propia empresa. El zombie ha resucitado.

Soho, otra forma de ver el espacio

Para casi todos nosotros la tecnología se reduce a qué pueden hacer las marcas de moda para facilitar nuestras vidas. Televisiones con gran resolución, teléfonos inteligentes y coches cargados de aparatos con los que ni siquiera soñábamos hace unos pocos años. Sin embargo, hay una parte de la tecnología -y la ciencia- que está al alcance de unos pocos -verdaderos expertos- y que, cuando llega al gran público nos maravilla. El 29 de diciembre [Enlace roto.] publicaba que el telescopio Soho de la NASA había detectado recientemente su cometa número 2.000 en quince años.

El telescopio, lanzado el 2 de diciembre 1995 recibe el nombre de su acrónimo inglés: Solar and Heliosferic Observatory. Como su nombre indica, tiene como labor final observar el desarrollo del astro rey, sin embargo, con ayuda de 70 astrónomos aficionados de 18 países ha conseguido convertirse en el principal cazacometas hasta la fecha. De hecho, Joe Gurman -jefe científico estadounidense del programa- afirma que el Soho «ha más que duplicado el número de descubrimientos de los últimos trescientos años».

Una de las claves para la mejora de su rendimiento -en sus primeros diez años «encontró» 1.000 cometas, los mismos que en el último lustro-, ha sido la mejora del tratamiento de imágenes en bruto. Buen ejemplo de ello es la captación de 37 en el último mes de 2010. Para algunos esto se puede llamar «tormenta de cometas».

El honor del último cometa (y también del penúltimo) ha recaído en Michal Kusiak, un estudiante de astronomía de la Universidad Jagiellonian de Polonia, que desde que cazó el primero allá por 1997, ha detectado una centena, según la propia NASA.

Kusiak, al igual que otros colaboradores aficionados, envían informes con sujetos que tienen la trayectoria y las características apropiadas por brillo y tamaño de un cometa. Sus imágenes, además, «son extremadamente meticulosas y, si no fuera por ellos, la mayor parte de esos objetos no habrían sido descubiertos», explica Karl Battams, experto en el proceso de datos de la cámara Lasco del observatorio solar.

El sistema Lasco tapa justo la esfera de la estrella para bloquear su luz para poder ver su corona o atmósfera exterior. Asimismo, al tapar también la emisión solar, se pueden ver los cuerpos apagados y cometas de su entorno.

El gran diseño de Hawking y Mlodinow

El físico y cosmólogo Stephen Hawking ha unido su mente maestra a la de Leonard Mlodinow -físico y matemático estadounidense profesor del Caltech- para, casi una década después, publicar una obra que ha estado rodeada de polémica incluso antes de ver la luz. En él intenta demostrar -y parece que positivamente- que tanto este universo como los otros muchos posibles surgieron de la nada. A través de fórmulas matemáticas y físicas pueden demostrar que las mismas leyes de la propia física fueron capaces de crearlos sin la ayuda de ningún dios ni ente sobrenatural previo.

Al parecer, el desarrollo de la Teoría M (un conjunto de teorías enlazadas por la física cuántica) unidas a los últimos descubrimientos de la NASA han servido para que nuestra percepción del universo y de nuestro papel en el mismo han cambiado radicalmente. Este libro nos lo explica. Pronto estará en mi cabecera, espero que también en la vuestra.

Gliese 581 g, ¿la nueva Tierra?

Probablemente, este post peque de optimismo y del amor por la ciencia ficción, la ciencia y los misterios del universo que «sufre» este blogger. Pero, tras leer sobre este planeta en el número de este mes de la revista Esquire, tuve la necesidad de investigar sobre este trozo del cosmos: Gliese 581 G.

Descubierto en septiembre de este mismo año, sito en la constelación de Libra a unos 20 millones de años luz, se trata del planeta más parecido a la Tierra descubierto hasta la fecha. La ubicación del planeta dentro de la constelación zodiacal es fundamental para comprender la importancia de este planeta: está en la mitad de la zona habitable de Libra.

Para los científicos este planeta alberga una doble esperanza: en primer lugar, es el primer exoplaneta candidato a albergar vida -sobre todo porque es casi seguro que disponga de agua en estado líquido-; en segundo lugar, algunos astrónomos hablan de una futura, lejana pero posible colonización futura del mismo.

Gliese fue detectado por un equipo liderado por el profesor de astronomía y astrofísica de la Universidad de California Santa Cruz, Steven Vogt. El planeta se calcula que tiene una masa de entre tres y cuatro veces superior a la Tierra y un radio entre 1,3 y dos veces mayor. Los cálculos sobre su masa indican a los expertos que probablemente se trate de un planeta rocoso cubierto de agua líquida. Todo ello, unido a una gravedad que se calcula entre 1,1 y 1,7 veces superior a la nuestra, permite pensar en la existencia de una atmósfera similar -aunque más densa- a la terrestre.

Vida extraterrestre

En una entrevista a Vogt que se para la National Science Foundation, el astrofísico se mostró optimista ante la posibilidad de que Gliese 581 G esté habitado: «no soy biólogo -dijo- […]. Personalmente, dada la omnipresencia de vida y la propensión a florecer allí donde puede, yo diría que, mi sensación personal es que las posibilidades de que haya vida en este planeta son del 100%». Aunque también aclaró en declaraciones para Associated Press que «la vida en otros planetas no significa ET. Incluso simples bacterias unicelulares o el equivalente al moho de la ducha, sacudiría las percepciones acerca de la singularidad de la vida en la Tierra».

Los estudios llevados a cabo por los equipos astrofísicos también hablan de la posibilidad de que el planeta, como la Tierra, este anclado al efecto de las mareas y que su masa -y la probabilidad de que tenga atmósfera- haga que tenga un efecto invernadero que sitúe las temperaturas en las superficie de entre -37ºC y -12ºC.

Para los que soñaron con el Pandora de James Cameron en Avatar y los planetas de la Guerra de las Galaxias, Star Trek y Stargate. Para los científicos y astrónomos que se ilusionaban con los viajes en el tiempo de Carl Sagan y disfrutaban con las teorías de Stephen Hawking sobre la vida más allá de nuestro planeta, ya ha llegado la noticia que esperaban. Ya tienen un punto en el firmamento: Gliese 581 G.

Grafeno, el futuro ha llegado

El pasado viernes 10 de diciembre dos físicos de la Universidad de Manchester -Andre Geim y Konstantin Novoselov- acudieron a Estocolmo a recoger el Premio Nobel por haber conseguido extraer láminas de grafeno. Este material, del que cada vez oímos hablar un poco más y que, casi seguro, en unos diez años será la nueva base de toda la tecnología, es considerado por los expertos el mayor descubrimiento de la ciencia aplicada desde que se desarrolló la tecnología del silicio. La pregunta inmediata es, ¿qué es el grafeno? y, sobre todo, ¿por qué es tan importante?

Si buscamos en wikipedia al respecto del material, encontramos que se trata de una estructura laminar plana de un átomo de grosor. Está compuesto por átomos de carbono que forman un entramado con forma de panal de abeja. Por todo ello sabemos que el preciado grafeno se encuentra abundantemente en la naturaleza: el interior de un lapicero es un buen ejemplo.

Pero el interés científico por este material no es nuevo. Ya en 1930 se describieron sus características físicas y no fue hasta 1994 cuando se cambió su nombre de «monoplaca de grafito» a grafeno. Sus características, tan interesantes para los estudiosos son las siguientes:

  • Alta conductividad térmica y eléctrica, esto hace que consuma menos electricidad para una misma tarea que el silicio. La razón es que se calienta menos que cualquier otra sustancia al conducir los electrones. Ello hace que los científicos empiecen a hablar ya de la era del grafeno del mismo modo en el que el silicio supuso superar y mejorar con un éxito sin precedentes la anterior era del plástico.
  • Alta elasticidad y dureza. Tiene una resistencia 200 veces superior al acero e impenetrabilidad superior a la del diamante. Su secreto reside en que está formado por unos paquetes de átomos tan compactos que ni siquiera los átomos de helio -los más ligeros de la naturaleza- pueden colarse en su «panal de abeja».
  • Además, es más ligero y flexible que otro material que maravillo hace años al mundo: la fibra de carbono.

Todo ello le otorga una gran capacidad de desarrollo, a lo que hay que sumar que puede combinarse con una gran cantidad de materiales para formar compuestos diferentes con diferentes cualidades. Como veis, estas pequeñas placas transparentes superan, en teoría, las características del geek más soñador de una película de ciencia ficción.

Aplicación en el mundo real. El desarrollo científico y tecnológico

No obstante, muchas tecnologías descubiertas se han deshinchado posteriormente. Así que decidí buscar si este descubrimiento tenía, realmente, aplicación en nuestro día a día. Todas sus características invitaban a pensar que sería un componente perfecto para el desarrollo de circuitos -del mismo modo que el silicio al que tan fácilmente «supera»-.

En diciembre de 2008 IBM anunció que había creado transistores con una velocidad de transmisión de frecuencia de hasta 100 megaherzios, muy superior a cualquiera desarrollado hoy día sobre silicio. De hecho, ordenadores hiperpotentes luchan ahora por tener procesadores de 8 o 61 gigaherzios. Su potencia en grafeno podría multiplicarse fácilmente. Su precio no. La única complicación de laminación desde el grafito es obtener el grosor adecuado de cada placa de grafeno para cada utilidad.

Algunos científicos como el físico holandés Walt De Heer considera que el grafeno, precisamente por estas dificultades, nunca será sustituto del silicio, sino complemento. Del mismo modo que los «aviones y los barcos se complementas. Los aviones nunca sustituirán a los barcos».

Grandes posibilidades de desarrollo

La repercusión de este Premio Nobel de física ha sido tal que ha llegado, incluso, a los medios de comunicación generalistas. Así, estos han publicado las posibilidades más espectaculares que se barajan para esta panacea de la naturaleza.

A los chips de ordenador ultrarrápidos se le suman chalecos antibalas del grosor de una camisa, aviones más ligeros e, incluso, pantallas transparentes y enrollables para los dispositivos electrónicos. La multinacional surcoreana Samsung -de la que ya hablamos en otro post- ha llegado a poner fecha a este último avance: a lo largo de 2011 comercializará estas maravillas.

Geim, uno de los premiados, afirmaba hace poco en una entrevista que «a menudo la imaginación corre más deprisa que la razón», «pero en el casodel grafeno sí que hay humo detrás del fuego». La razón para tanto optimismo es que «mientras que un nuevo material tarde entre 15 y 16 años en pasar del ámbito académico al industrial y, después, otros diez para ser producido en serie», el grafeno «ha pasado en cinco años al ámbito industrial».

Fácil de obtener

Según los científicos holandés y británico premiados, el descubrimiento se consiguió tras unas pintas de cerveza. Cogieron un poco de celo y un lapicero. Rasparon el lapicero para que se soltaran pequeñas placas de grafito de la mina del lápiz y, posteriormente, pegaron y despegaron el celo sobre la hoja y el descubrimiento había llegado. Microscópicas fibras de grafeno millones de veces más delgadas que una folio de papel estaban pegadas al celo.

Curiosamente, no han patentado el grafeno. Ni su método de obtención. Todo lo contrario, cedieron algunas de las fibras obtenidas a colegas para que investigaran sus posibilidades. Muchas veces la ciencia nos demuestra que el hombre funciona. Yo voy a hacer el «experimento» en mi casa ahora mismo. Os animo a que hagáis lo mismo y participéis de un futuro prometedor… y no tan lejano.