2022, fecha límite para Daimler EQ

Aunque habitualmente en los medios solo se tengan palabras para los logros técnicos de los vehículos limpios y autónomos de Tesla, la realidad dice que no es el primer fabricante mundial (lo es la Alianza Renault-Nissan) y que, aunque tiene una gran ventaja comercial y de marketing sobre muchos fabricantes tradicionales, sus continuas pérdidas y su exposición excesiva a proveedores como Panasonic hacen que muchos duden de si la empresa de Elon Musk será capaz de sobrevivir al desembarco eléctrico de los grandes del sector.

Una de las industrias que más se juega en este cambio de la industria «térmica» a la eléctrica es la alemana. Como contrapartida, los continuos retrasos en los lanzamientos de algunos modelos, los problemas de autonomía y la credibilidad de algunos proyectos hace que casi todos los fabricantes estén en el punto de mira.

El ejemplo más llamativo es el de Daimler. La matriz de Mercedes-Benz anunció el lanzamiento de seis modelos eléctricos entre 2018 y 2024 bajo la etiqueta EQ. Poco después anunciaban que los vehículos de producción no estarían operativos hasta 2025 pero la presión del mercado, de la competencia (Silicon Valley, Tesla, Asia) y legal -la necesidad de cumplir los objetivos reales de emisiones- han hecho que garanticen que el SUV con el que abrimos la noticia esté en las carreteras en 2022.

El fabricante de Stuttgart por culpa de su gama AMG, de sus deportivos, modelos de alto rendimiento y gama de todoterrenos y todocaminos está en la cola de fabricantes en cuanto a emisiones. Además, es casi imposible reducir los niveles de emisiones si se da la espalda a la movilidad eléctrica o, cuanto menos, a la hibridación.

Todo ello sin tener en cuenta que hay un enorme porcentaje de población que no ve la adquisición de un coche como una de sus prioridades por su alto coste de mantenimiento, su escasa demanda de movilidad (que puede ser suplantada por un vehículo de alquiler, uno compartido o un taxi) y por su impacto ambiental.

Volviendo a las emisiones y sus implicaciones legales, son cada vez más las Administraciones que ha dejado claro a los fabricantes que el incumplimiento de las normativas de emisiones en los próximos años se traducirá en importantes multas económicas y, en casos extremos, se podría perder la carta de homologación de algunos modelos para sus mercados.

Si a todo ello le sumamos que la fiscalía alemana está muy encima del fabricante y de algunos de sus empleados por los escándalos de emisiones vividos en el país en 2015, parece que el primer Mercedes limpio está más cerca que nunca.

PSA-Opel, ¿qué hay detrás de la compra a General Motors?

Los rumores saltaron la semana pasada y han cristalizado hace pocas horas: el grupo francés PSA (matriz de Peugeot, Citroën y DS) ha adquirido la histórica Opel (y su filial británica Vauxhall) a General Motors por 2.200 millones de euros. Un movimiento que convierte a la empresa francesa dirigida por Carlos Tavares en el segundo grupo europeo -por detrás del Grupo VAG y por delante de la Alianza Renault-Nissan- con una cuota de mercado del 16%.

La noticia puede sorprender por parte de los franceses (más adelante veremos que no es movimiento tan inesperado) pero no desde el gigante de Detroit. General Motors pasó hace una década por un duro proceso de saneamiento (el grupo quebró, fue rescatado por la Administración Obama y muchas de sus marcas históricas fueron cerradas o vendidas).

Todas sus filiales deficitarias salieron del grupo a excepción de Opel. El motivo fue que no consiguieron una oferta de compra atractiva para una empresa centenaria que aunque tenía pérdidas atesoraba una enorme red comercial, una cuota de mercado del 6% en el continente, el prurito Made in Germany -una garantía de venta-, una importante cartera de patentes y el respaldo del Gobierno Alemán en las negociaciones. Todo ello hizo que a última hora GM rompiera sus negociaciones con el gigante austriaco de los componentes Magna y su socio ruso Sberbank.

Sin embargo, los números han podido más que las patentes, la tecnología o la red comercial: durante 2016 la empresa de Rüsselsheim tuvo unas pérdidas de 257 millones de dólares. El acumulado desde el año 2000 asciende a más de 15.000 millones. Demasiado para una empresa -GM- que ha cambiado de estrategia: lo más importante ya no es tener un enorme volumen de coches construidos (como las ventas de coches no son fiables, se considera el mayor fabricante al que más automóviles ensambla) sino que cada unidad sea rentable.

El complicado «quién es quién» entre los fabricantes de coches antes de la venta de Opel a PSA

La venta, sobre el papel, le alejará de la lucha por el trono (que está en manos de VW a solo 100.000 unidades de Toyota) y, sobre todo, la sacará del mercado europeo, pero le hará tener más beneficios. Sobre todo porque podrá abandonar el mercado y competitivo mercado europeo -la mayoría de los coches que se comercializan son compactos o subcompactos y dejan poco margen de beneficio- y eliminar el efecto Brexit de sus cuentas.

Con esos datos, ¿por qué la compra Peugeot-Citroën? La empresa más antigua del sector pasó a principios de década por un momento muy complicado. La sobreexposición al mercado europeo y la crisis hicieron que la empresa entrara en barrena y, después de pérdidas multimillonarias (5.000 millones en 2012 y 2.227 millones en 2013) la familia Peugeot tuviera que pedir ayuda y que tanto el Estado francés como la china Dong Feng -su socia en la entrada en el mercado chino- se hicieran con un 14% del capital cada una y abordaran la deuda.

El primer paso fue colocar a Carlos Tavares como CEO. No hace mucho tiempo The Wall Street Journal explicaba que hay dos tipos de estrategas empresariales: por un lado están los «consolidadores» como Carlos Goshn, encargado de convertir Renault (mediante su alianza con Nissan) en un gigante mundial con presencia en todos los mercados y una importante carga tecnológica en todos sus modelos y al que apodan «Le Cost Killer» (el exterminador de costes) o Sergio Marcchione, del grupo FIAT Chrysler. Su objetivo es crecer a toda costa consolidando su posición en el mercado. Y para ellos el tamaño importa.

Por otro lado están directivos que entienden que lo importante es maximizar los beneficios del grupo. Sin importar el tamaño. Ese ha sido el secreto por el que Ford pudo salir de la crisis sin ayuda pública, el motivo por el que Honda es uno de los pocos fabricantes independientes que no ha caído en las garras de un grupo mayor o la propia General Motors, gestionada por Mary Barry y consciente de que una retirada a tiempo de un mercado maduro es una buena decisión para evitar problemas a futuro. (Ya retiraron Chevrolet hace meses).

Tavares es de los primeros. Su objetivo es ganar suficiente músculo para poder estar en varias guerras comerciales a la vez. Aunque PSA es muy relevante en Europa y ha conseguido tener cierto prestigio en China, no es un actor global importante. La propia Renault-Nissan a la que superará en Europa tras la suma de Opel es mucho más relevante gracias a la enorme presencia de Nissan en Estados Unidos, Latinoamérica y Asia.

Países en los que el grupo PSA tiene fábricas

Además, el grupo francés es el retrato robot perfecto de la industria continental: está sobreexpuesto al diésel y, por tanto, al dieselgate. Su apuesta por los motores HDi hizo que incluso los de gasolina corrieran peligro en su catálogo hace poco más de un lustro. Y, a pesar de los esfuerzos de Citroën por presentar modelos con sistemas híbridos, la distancia que les separa de Toyota, Honda, Tesla y compañía se antoja enorme. Salvo que pudiera entrar parte del know how de los rivales. Léase los Ampera-e, modelos de coste asequible que se han desarrollado junto con Chevrolet y que están anunciados en la web de los alemanes.

Los analistas dudan de si General Motors, que actualmente tiene como socia a la propia PSA en varios proyectos cederán esa tecnología. Aún así, es evidente que Opel tiene experiencia y estructura en desarrollar modelos eléctricos «vendibles», algo con lo que los franceses, a día de hoy, sueñan. En cualquier caso, Tavares defiende que las enseñas son compatibles entre sí: Opel es fuerte en Alemania y Reino Unido, donde PSA no lo es. Por eso, aunque compitan en los mismos sectores del mercado, las sinergias técnicas harán rentable la unión.

La última duda que nos surge es cómo afectará esto al equilibrio de poder en el continente en el importante sector automotriz (el gran motor industrial europeo). Después de la espantada de FIAT el negocio queda en manos de alemanes y franceses. Y aunque parece que los primeros cuentan con ventaja gracias a la enorme fuerza de Volkswagen, la reputación de Daimler y BMW y su desarrollada industria auxiliar, la entrada de Opel en PSA y el continuo crecimiento de Renault hacen que Berlín ya haya salido a la palestra para mostrar sus impresiones por el proceso de integración.

Oficiosamente Merkel prefiere una Opel viento en popa en manos francesas antes que una que acumula pérdidas en manos americanas -son más difíciles de influenciar-. Tavares ha anunciado que los 18.000 puestos de trabajo de las factorías germanas están a salvo y parece que las plantas en el Estado: Figueruelas y Vigo (PSA) tampoco corren mucho riesgo. No así las de Vauxhall en Reino Unido. Al fin y al cabo, España y Alemania son aliados estratégicos dentro de la UE y los ingleses han preferido seguir su camino.

Ahora es momento de negociaciones entre empresas, gobiernos, trabajadores y sindicatos. Hora de reordenar las empresas -que seguirán siendo «independientes» y posicionarlas en el mercado. No hace mucho hablaba Karl-Thomas, CEO de Opel, de la posibilidad de que la empresa se quedara como un fabricante solo de eléctricos y vehículos limpios incluso dentro de GM, una suerte de Tesla europeo. Las condiciones de la compra y otras que pudiera llevar a cabo PSA (que está interesada en Proton, la malaya propietaria de Lotus) así como su nuevo rol como cazador y no como presa, determinarán el futuro a medio plazo de la industria europea.

Tesla Model 3, la clave para democratizar el coche eléctrico

Las cifras hablan por sí solas. Al menos las que hizo públicas ayer Elon Musk: solo el primer día de comercialización se han vendido 135.000 unidades del Model 3. El coche llamado a democratizar una nueva forma de entender el automóvil. Mucho más limpio, mucho más inteligente que los demás. Una nueva forma, también, de entender Tesla. Quiere dejar de ser una marca de lujo para ser más accesible al gran público.

El Model 3 llegará a los concesionarios estadounidenses a lo largo de 2017 con un precio a partir de 35.000 dólares. Puede parecer caro para su tamaño pero si tenemos en cuenta sus prestaciones y su carga tecnológica -hereda entre otros el sistema de autoconducción del Model S-  no está lejos de sus equivalentes térmicos alemanes y japoneses. Sí es cierto que aún no se sabe qué tendrá el modelo básico. Podríamos apostar a que full equipped no se quedará lejos en la tarifa de sus hermanos mayores.

Esta berlina mediana llega justo a tiempo para sacar ventaja a los demás fabricantes convencionales. En 2020 se empezarán a aplicar normativas medioambientales mucho más estrictas si las que no tendrán sentido los modelos híbridos y los eléctricos puros. Los californianos, además, han conseguido una importante inyección de millones ya que cada una de las 135.000 reservas supone una señal de 1.000 dólares. Una cifra crítica para meter en beneficios a la empresa y, sobre todo, prepararse para nuevos lanzamientos y la entrada en otros países. (No hay noticias sobre el Estado).

La cifra, por cierto, sigue en aumento: previa presentación del modelo, Elon Musk habló de 115.000 y durante la misma las reservas se dispararon (en pocos minutos) hasta las 133.500. La estimación es de unos 500.000 al año. Un reto enorme para su proveedor de baterías, Gigafactory y también para la red de supercargadores de Tesla que se comprometió a incrementarla hasta los 7.200 puntos para cuando el primero toque el asfalto.

Las cifras de autonomía son sobresalientes. La versión «básica» tendrá unos 350 kilómetros como mínimo -nada mal para un modelo que acelera de 0 a 100 en 6 segundos-. Como siempre, las versiones superiores o como opción, habrá extras que amplíen rendimiento y capacidad de las pilas. Según los ingenieros de la empresa la cifra podría ser mejor pero era crucial crear un coche «manejable para todos en el día a día» y que tuviera una buena relación entre prestaciones, kilómetros de autonomía y precio.

 

Chevrolet Bolt, por fin un eléctrico realista

De todos los modelos limpios que han pasado por nuestra bitácora a lo largo de los últimos cinco años solo el Nissan Leaf o el Renault ZOE nos han parecido opciones serias. Es cierto que somos fans entregados a Elon Musk y sus Tesla y que defendemos los modelos híbridos y de autonomía extendida como puntos intermedios responsables y necesarios, sin embargo, los altos precios, escasa autonomía o ambas opciones unidas han sido siempre motivo más que suficiente para ver los coches eléctricos como una opción de futuro.

Si hacemos un repaso a la historia de la automoción veremos que en Detroit se han creado grandes hitos mecánicos (son los verdaderos padres de los V8) y también se han cometido grandes errores. En los años 90 del siglo pasado, por ejemplo, cuando tenían desarrollados modelos híbridos decidieron no apostar por ellos porque el precio del combustible seguía siendo accesible y la sed de gasolina de Estados Unidos parecía insaciable.

Aún con todo, a pesar de los errores que les llevaron a tocar fondo en 2008, su pasión por el automóvil y su capacidad para crear modelos con «algo más» parece inagotable. Por eso cuando General Motors anunció un modelo de menos de 30.000 euros, más de 200 caballos completamente eléctrico y con más de 300 kms de autonomía real, muchos pensaron que quizá estábamos ante algo realmente grande.

La criatura en cuestión se llama Chevrolet Bolt (a Europa llegará como Opel) y tiene unas cifras espectaculares: 360 Nm de par y hace el 0 a 100 en 7 segundos (el Leaf lo hace en 11,5 y el Zoe en 13,5). La velocidad máxima se ha limitado a 146 kms/h -más que suficiente- y en conducción normal garantizan 300 kms de autonomía. Por si esto fuera poco, en hora y media el Bolt estará al 100% de su movilidad.

El Bolt, además, subraya que ahora las cosas se hacen mejor al otro lado del Atlántico. El chasis está bien equilibrado, el interior está cuidado y las cotas para las piernas y la cabeza son sobresalientes. La carrocería cuenta con unos voladizos cortos que además de dar una imagen más deportiva permiten un mayor espacio interior y dan más empaque al conjunto. Las baterías ubicadas bajo los asientos permiten un centro de gravedad más bajo, etc.

En cuanto a conectividad, el Bolt lleva de serie el sistema OnStar que en Europa inauguró el Astra. Implementa Apple CarPlay, red 4G, hotspot para wifi y carga por inducción para smartphones. Dos cámaras traseras permiten hacer maniobras «ciegas» de una forma más segura, los asistentes de conducción y seguridad son propias de un segmento superior y la información del cuadro de mandos es de las más completas que hemos visto en un coche hasta la fecha.

Todo ello, como hemos dicho, con un envoltorio de lo más atractivo y con un precio insuperable. Si la avaricia de Opel no gafa el precio estamos ante uno de los grandes éxitos en nuestro continente en 2017. Sin duda.

Daimler, con sus ojos en Apple y Google

No es la primera vez que el Grupo Daimler se fija en los progresos e intenciones que las tecnológicas tienen respecto al sector de la automoción. De facto, hace meses se alió con Audi para solicitar al Gobierno Alemán que vigilara de cerca su entrada en el negocio. Ahora que parece que su entrada es inevitable -como proveedores de smart cars o incluso como constructores- la matriz de Mercedes Benz ha mostrado en los últimos eventos (curiosamente el CES de Las Vegas, territorio tecnológico y en el NAIAS de Detroit) su sorpresa por la evolución de Apple y Google.

Dieter Zetsche explicaba recientemente a los medios que están sorprendidos por los avances que están lanzando ambas empresas tanto para el modelo industrial que ya existe como en otros sectores como el de los vehículos auto tripulados. Aunque no dio detalles en las entrevistas de lo que ha podido ver, sí dejo claro que hay algo importante que se está cociendo en California y parece que Tesla no es su única preocupación.

Según Welt am Sonntag, el directivo teutón ha estado visitando hasta setenta tecnológicas californianas para averiguar cuáles son los avances más relevantes y con cuáles podría colaborar para la evolución de sus próximos modelos (¿se habrá cruzado con algún Google Car?). De esta forma, los alemanes se colocan en una situación de privilegio respecto a sus rivales «clásicos» a la hora de querer desarrollar su propia plataforma.

Para Zetsche, hay un gran respeto por el trabajo del Daimler en las tecnológicas y ambas partes de la negociación son consciente de que se necesitan mutuamente para sacar adelante un coche conectado, autónomo y limpio.

Y precisamente por eso se encontró con muchas empresas dispuesta a colaborar a la hora de desarrollar una plataforma propia para el grupo que le permita vivir al margen de iOS o Android y, sobre todo, convertirse en una alternativa al dominio de los dos titanes de Silicon Valley.

Ambas, por cierto, con una estrategia muy diferente a la hora de llevar a cabo sus evoluciones. Mientras Google hace públicos todos sus avances, Apple sigue llevando todo en estricto secreto e incluso el abandono de Steve Zadesky del Proyecto Titán (del que era principal directivo) es solo un rumor.

En cualquier caso parece que tanto analistas como rivales dan por hecho que ambas empresas tienen planes sobre la carretera y que están dejando el resto (y buena parte de su capacidad de inversión) para marcar un antes y un después en una industria centenaria que está en los albores de una nueva era (la implantación del Internet de las Cosas y la contaminación así lo exigen).