BMW i: «Be electric, my friend»

Cuando pensamos en la mítica BMW ciertos valores se asocian en nuestra mente: deportividad y prestaciones (su departamento Motorspot da fe de ello), eficiencia (su EfficientDynamics acumula premios todos los años), diseño (desde el flamante Z4 pasando por el legendario M1) y calidad. Pero, sobre todo, nos evoca un sentimiento: el placer de conducir.

Todos estas características se han visto potenciadas por un excelente ejercicio de comunicación («Be water, my friend») y multitud de victorias en todo tipo de competiciones. Sin embargo, cuando los especialistas la acusaban de quedarse rezagada en la guerra contra la contaminación (buenos consumos a partir de arreglos aerodinámicos no parecen «suficientes» en búsqueda del consumo cero) la empresa de la hélice ha dado un golpe en la mesa con su nueva familia de coches. Ha llegado BMW i, nacida eléctrica.

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Frente a rivales que han optado por electrificar modelos preexistentes, BMW ha preferido construir su futuro de cero. Esto le ha permitido crear todo su sistema de baterías, propulsores, carrocerías y bastidores en función de lo que necesitaban sus ingenieros y, sobre todo, desean sus clientes.

Para empezar, los bávaros han dotado a sus modelos de una estructura construida sobre materiales ultraligeros y la han aderezado de una aerodinámica inmejorable -a día de hoy-. Precisamente el secreto del éxito reside en su construcción modular.

El módulo «Drive», sobre el que descansna el eficiente i3 y el poderoso i8, está compuesto de aluminio y lo forman el chasis, las baterías y los motores así como los elementos estructurales de alta resistencia contra posibles -e inevitables- impactos.

El módulo «Life» se destina, por el contrario, al habitáculo. Aquí reina la fibra de carbono y el material sintético lo que hace del mismo un espacio resistente y, de nuevo, muy ligero.

Las soluciones buscadas para el pequeño de la nueva familia pasan por «puertas invertidas» (nombre mucho más acertado, comercial y descriptivo que el apelativo de «puertas suicidas» que se ganaron hace años) al modo del Opel Meriva, muchos Rolls Royce… y el BMW Isetta que reflotó la compañía hace ya muchas décadas y que puede considerarse su abuelo.

Todo ello permite que en un vehículo de 3,85 metros encontremos hueco para cuatro pasajeros y 200 litros de maletero. El equipo de propulsión es completamente eléctrico y al situarse sobre el eje posterior se han podido situar las baterías sobre el piso, ahorra en metros de transmisión, dar más «vida» a las ruedas traseras y, sobre todo, hacer un coche mucho más equilibrado. Todo ello, con un centro de gravedad muy bajo, marca de la casa.

Ahora, para los que gustan de prestaciones, lo bueno: 170 caballos, un par máximo de 250 Nm disponible desde parado y un 0 a 100 en 7,9 segundos. Por cierto, la electrónica permite modificar el mapa motor desde el modo normal (con 60 kilómetros de autonomía) hasta el modo ECO PRO+, que la duplica sin problemas.

El tiempo de recarga completo es de unas seis horas, aunque el modo de carga rápida (toma trifásica mediante) nos proporcionará hasta el 80% de la capacidad de las baterías en sólo una hora. Si aún así os parece poco, se puede equipar un paquete llamado «Range Extender» o de autonomía extendida que consiste en un pequeño motor térmico que funciona de generador (y sólo de generador) del sistema eléctrico y que lo dota de una movilidad similar a la de cualquier vehículo convencional.

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Lo más interesante, sin embargo, viene de la mano del i8. Se trata de un modelo tan agresivo, deportivo, bonito y llamativo como inalcanzable -aunque podremos verlo estas navidades en la cuarta entrega de «Mission:Impossible – Ghost Protocol»-.

Su sistema motor es un equipo híbrido con un eje delantero «eléctrico» donde se instala el mismo motor del i3 -aunque con la potencia rebajada hasta los 96 caballos para facilitar el manejo y evitar pérdidas de tracción- y un propulsor de gasolina de 1.500 centímetros cúbicos en el posterior formado por tres cilindros y que gracias a un turbo de geometría variable eroga 164 caballos de potencia y un par máximo de 300 Newton-metro.

La potencia del conjunto llega hasta los 260 CV y, lo mejor, disfruta de tracción total. Si comparamos sus 1.480 kilos de tara con los 1.250 del i3 sólo queda aplaudir a los ingenieros muniqueses. Los 250 km/h; 4,6 segundos en el 0 a 100 y un consumo de 2,7 litros reales en las pruebas en carretera de la marca nos dan la razón.

Este último dato «traducido» en contaminación significa 66 gramos de CO2 por kilómetro, mucho menos que un aburrido Prius. En cuanto a autonomía, en modo eléctrico nos deleitará durante unos 35 kilómetros, aunque, como en su hermano pequeño, la tecnología «Plug In» nos permite recargarlo cuando queramos y «donde» queramos -o haya un poste o enchufe de recarga-.

En cuanto al equipamiento, ambos modelos equipan lo último en seguridad -cámaras periféricas, sistemas de preparación para el choque, o un sistema de frenado automático hasta 60 km/h- como en movilidad -sistema de aparcamiento automático- o conectividad. Este último sistema colabora solidariamente con un teléfono inteligente para ajustar completamente el coche, controlar el sistema de navegación, «reservar» una plaza de aparcamiento, localizarlo una vez estacionado o controlar su carga eléctrica. Lo mejor de todo, sin duda, es que muy pronto estos dos conceptos se harán realidad.