Android y el buscador, ¿el monopolio de Google?

La mujer de la fotografía con la que abrimos el post es Margrethe Vestager, Comisaria Europea de  Competencia y una de las principales abanderadas en la necesidad de poner coto al dominio de Google en el mercado y de vigilar algunas de sus actividades comerciales que ponen en riesgo la supervivencia de sus rivales.

Lo que empezó como una investigación sobre abuso de posición dominante en el mercado de búsquedas y en el negocio de telefonía móvil y que podría desembocar en multas multimillonarias -pero sufragables- para Google se ha tornado en algo mucho más complicado dada la dificultad de un posible acuerdo entre la empresa de Mountain View y la Comisión teniendo en cuenta la postura «antiGoogle» que reina en Berlín, París y Bruselas.

La prueba más clara de esta postura es el plazo de 10 semanas que Vestager le ha dado a Google para rebatir las acusaciones de abuso de posición dominante y que confirman que los cinco años de negociaciones con los californianos para resolver de forma amistosa las quejas por su forma de actuar en el mercado han sido inútiles.

El anterior Comisario, Joaquín Almunia, intentó conseguir un pacto amistoso consciente de que un expediente sancionador solo enquistaría más la situación y no podría servir para regular un mercado tan cambiante como el digital. Sin embargo, la Comisión ahora -presionada por Alemania y Francia- explica que Google ha aprovechado su enorme dominio del mercado de búsquedas (más del 90% en casi todos los Estados de la Unión) para controlar otros negocios como las compras online a través de Google Shopping.

De confirmarse la sanción -las quejas se remontan a 2008- la multinacional podría tener que afrontar una multa de 6.000 millones de euros (un 10% de su facturación). Y si tenemos en cuenta que el mismo organismo ya sancionó con este porcentaje a Microsoft en 2004 (497 millones) e Intel en 2009 (1.067 millones) parece que la guerra ya no tiene remedio.

Y decimos que no tiene remedio porque la Comisión también está investigando si Google ha utilizado Android -reconoce que lo comenzó a desarrollar en 2005- con una cuota del 80% en la Unión para obligar a los fabricantes a instalarlo y con ello ciertos servicios y programas inseparables de su plataforma. Unos cargos que, por cierto, recuerdan mucho al caso de Microsoft y su navegador Explorer así como su reproductor multimedia Windows Media Player.

Google de momento ha explicado que las acusaciones son sesgadas y que ahora los usuarios tienen más alternativas sólidas que nunca: Bing, Yahoo!, DuckDuckGo o los buscadores especializados. Además, respecto a Android explican que «nació como resultado de la frustración de la empresa con el lento desarrollo de las aplicaciones móviles» y que se trata de «un sistema operativo abierto» en el que cada usuario tiene la opción de escoger el servicio que más le convenga. A principios de julio sabremos en qué queda todo esto.

T-Mobile, adiós al roaming

 

 

Mientras la Unión Europea planifica y negocia, Estados Unidos actúa. Esa parece ser la máxima bajo la que se mueven los dirigentes continentales cuando hablamos de nuevas tecnologías y ese parece ser el motivo por el que los 28 están perdiendo irremisiblemente el tren de la innovación -y, nos guste o no, la integración real-.

 

Lo que comenzó como una ambiciosa propuesta para acabar con la itinerancia dentro del espacio único europeo (¿por qué si puedo moverme por 28 países como si fuera un ciudadano más no puedo llamar a otro como si compartiéramos país?) ha desencadenado una vorágine de quejas por parte de algunos operadores que claman por las enormes pérdidas que este cambio de normativa provocaría.

 

«La Comisión debería prestar más atención a aspectos como la rentabilidad y los ingresos», resumía Serafino Abate, director de la asociación continental de operadoras, ETNO. (Parece ser que las Administración no ha de velar por los intereses de los ciudadanos). Así, bajo la falsa premisa defendida por gigantes como Telefónica, Orange o Deutsche Telekom de que «una bajada de ingresos minimizaría la capacidad de innovación -inversión- del sector».

 

Abate, además, explica que se daría un efecto «waterbed» según el cual los operadores se verían obligados a compensar la bajada de facturación aumentando el precio de las llamadas nacionales y el impacto acabaría siendo peor. El cambio -que podría materializarse en 2014 y que daría a las operadoras dos años de transición- supondría un aumento de la actividad de unos 110.000 millones de euros anuales según la CE, algo que los operadores niegan tajantemente. El principio es sencillo: a menos coste más llamadas.

 

De momento, la normativa hará que el precio de la llamada dentro de la UE no pueda superar los 19 céntimos el minuto y que a partir de entonces cualquier usuario pueda firmar un contrato con cualquier otro operador de servicios cuando no esté en su Estado para poder hacerse con tarifas más competitivas. El ejecutivo continental -al menos la parte que no se deja influenciar por los lobbys- dice que paralizar el acceso a las llamadas y, sobre todo, a internet frena enormemente el potencial de crecimiento económico y de las interrelaciones entre estados.

 

 

La visión americana

 

Curiosamente, al otro lado del Atlántico algunos de los actores de este juego se comportan de un modo completamente diferente. El caso más llamativo es el de T-Mobile, subsidiaria de Deutsche Telekom en Estados Unidos, que ha anunciado que empezará este mes a ofrecer mensajes y datos móviles gratis (hasta un máximo de 2 gigas) en un centenar de países -entre ellos varios europeos-.

 

La operadora ha explicado que cada año los estadounidenses realizan unos 55 millones de viajes internacionales y que el 40% de los ciudadanos deciden dejar su teléfono en casa para no afrontar facturas estratosféricas.

 

La cuarta operadora de este mercado explicó también que las llamadas de voz en ningún caso superarán los 20 centavos el minuto (unos 16 céntimos de euro) y, en caso de que sean llamadas a fijos de hasta 70 países, serán completamente gratuitas.

 

Resulta curioso que la empresa que defiende en Europa la pérdida de capacidad de innovación por un desplome de la facturación diga en Estados Unidos que es mejor que un cliente gaste poco a que se deje el terminal en casa -teoría que es defendida a capa y espada por Neelie Kroes, comisaria europea. Los 43 millones de abonados de la filial deberían estar contentos: sus directivos sí piensan a lo grande. En Europa seguimos haciendo lo contrario.

Nokia, lo que Europa nunca debió hacer

Hace pocos días escuchábamos a Neelie Kroes, vicepresidenta de la Comisión Europea, lamentarse por la adquisición de la división móvil de Nokia por parte de Microsoft y por la compra de Verizon de su filial en Estados Unidos Verizon Wireless, hasta ahora en manos de la operadora británica Vodafone. En el IFA de Berlín Kroes explicó que hasta hace poco Europa se había mostrado como uno de los centros de gravedad de la industria tecnológica y que «deberíamos volver a ocupar el asiento del conductor. Es hora de actuar».

 

Las declaraciones fueron aplaudidas por la mayoría de los representantes de las operadoras continentales que ven cómo un mercado hiperfraccionado (hasta 339 empresas operan en la Unión) las coloca en continua desventaja frente a los titanes tecnológicos estadounidenses (sólo hay 9 operadoras) y chinos (sólo 3). La propuesta de un mercado único que permita fusiones y absorciones -lo que aumenta el tamaño de las empresas del sector y, aunque minimiza la competencia, las protege de la competencia extramuros- está sobre la mesa con más fuerza que nunca a pesar de que esto suponga la caída del roaming y los miles de millones de euros que ingresan por este concepto.

 

Sobre todo si tenemos en cuenta que el tamaño -y el descaro- de muchas operadoras ha hecho que Europa se quede muy rezagada en la implantación del estándar 4G y que muchos analistas piensen que debemos dejar escapar este tren para reorganizarnos, crecer y, sobre todo, centrarnos en el inminente 5G.

 

Sin embargo, Kroes ha pasado de puntillas sobre el caso Nokia-Microsoft. La compañía finesa no sólo era una de las grandes del mercado sino que era el último ejemplo de cómo las empresas continentales pueden competir en un sector donde estadounidenses (software) y asiáticos (hardware) campan a sus anchas. Hasta hace pocos meses Nokia era la líder absoluta del mercado y una de las pocas que defendía el software libre. Sobre todo el realizado en Europa.

 

Por países, su impacto en Finladia será brutal. Es cierto que la empresa se queda con el negocio de mapas y el de infraestructuras, pero, salvo que Microsoft decida preservar parte de la producción y algún centro de decisión en el país nórdico el PIB del pequeño país se verá muy afectado.

 

Es cierto que la compra permite la supervivencia del otrora gigante. En menos de dos años sus pérdidas han sumado más de 5.000 millones. También es cierto que la jugada de Microsoft se nos antoja más cercana a la del caballo de Troya que a la de un Mesías. Sin embargo, lo que más nos llama la atención es la cerrazón que ha tenido la Unión Europea para evitar este descalabro. Jamás hubo subvenciones a una empresa puntera en Europa. Jamás hubo ayudas para que pudiera fusionarse con otro fabricante (léase Alcatel o Siemens que fue mal vendida a BenQ) y, lo peor de todo y más importante, nunca hubo el más mínimo interés por la supervivencia de Symbian un sistema operativo dominante que, con ayuda se hubiera convertido en lo que hoy es Android.

 

Nokia ha cometido muchos errores pero, una vez más, los gestores de la Unión se quejan y lamentan a toro pasado. Desde que ya no hay arreglo y desde que otra de las grandes empresas continentales caen en manos extrañas. Jamás se debió permitir que su producción marchara fuera del continente. Es cierto que existen leyes de libre competencia y comercio que no contemplan estas acciones pero si tenemos en cuenta cómo se están comportando al otro lado del Atlántico con Silicon Valley -Motorola fue un regalo a Google y ninguna administración se atreve a meter mano al monopolio de facto de los de Mountain View- o Asia (Samsung ha conseguido su alto nivel gracias a años de subvenciones) no creo que ocurriera nada por modificar la norma.

 

El siguiente reto, como bien dice Kroes, es evitar que las operadoras caigan en manos foráneas. La burocracia y los tecnicismo están bloqueando fusiones bajo la norma no escrita de que no puede haber menos de tres operadores en cada Estado miembro. Sin embargo, Vodafone ha perdido uno de sus grandes tesoros en Estados Unidos y la debilidad de las bolsas puede hacer que Telefónica caiga en manos de AT&T. Son sólo empresas… pero también puestos de trabajo.

 

Europa ha de apostar de una vez por todas por las nuevas tecnologías. Es cierto que en nuestro suelo hay industrias importantes como la del automóvil (que, recordemos, si no fuera por el oasis alemán, tampoco pasa por su mejor momento), empero, el motor de la economía en los mercados emergentes son las nuevas tecnologías. Desde las pequeñas e innovadoras startups hasta las grandes corporaciones centradas en las TICs. Hemos dejado pasar el tren de la movilidad. Tendremos que correr para reengancharnos en la siguiente estación (5G). Ahora nos queda realizar una planificación que, igual que permitió que Airbus superara a Boeing, ha de permitir que nos acerquemos a los gigantes Samsung, Google, Apple, Microsoft, etc. ¿Cumplirá Kroes su palabra? ¿Cumplirán las empresas con su parte? Esperemos. Lo dudo.

Google, a prueba en Bruselas

A pesar de su condición de dominadora absoluta de internet, Google está pasando por un momento muy delicado. Del mismo modo que Microsoft fue investigada una y otra vez por supuesto abuso de posición dominante -lo que le valió una buena colección de multas a los de Redmond-, la empresa de Larry Page está en un momento clave en su proceso de dos años en Bruselas por el mismo motivo. Ahora los de Mountain View han presentado sus cartas para evitar una multa de 3.800 millones de euros, un 10% de su facturación en 2012.

 

Después de que el Departamento de Competencia de la Unión Europea, dirigido por Joaquín Almunia, espetara a la empresa del buscador a cambiar sus resultados de búsqueda -donde primaba siempre sus servicios aunque no fueran los más demandados- se abre un periodo de un mes donde se escuchará a ambas partes para decidir si las medidas tomadas son suficientes.

 

Los californianos han propuesto, en primer lugar, un cambio en la presentación de los resultados de búsqueda, donde sus servicios no priorizarán sobre los demás de la red. Además, Google también quiere etiquetar los vínculos hacia sus servicios especializados para que los internautas puedan diferenciarlos fácilmente del resto (Google Flights, News, Shopping, Finance o Hotel Finder, por ejemplo).

 

No contenta con estos cambios -bastante más relevantes de lo que podrían parecer a priori- i-Comp, la plataforma que reúne a las empresas demandantes (entre las que destaca Microsoft), ha pedido que se verifique el calado de estas novedades una vez Bruselas dé el visto bueno para comprobar que efectivamente hay una herramienta efectiva para «restaurar la competencia» así como «una propuesta que muestra claramente principios no discriminatorios».

 

El test de mercado propuesto, en el que tomarán parte tanto los demandantes como terceros independientes del caso, concluirá con el veredicto vinculante del máximo organismo continental. De este modo, si es positivo, Google se verá jurídicamente obligada a hacerlos efectivos y podrá librarse de las sanciones. De no ser así, la Comisión seguirá con el expediente y el importe de la sanción podría aumentar.

 

Los frentes abiertos por Google son varios y a cada cual más complejo: se le acusa de redirigir el tráfico hacia sus propios servicios sin informar a sus clientes; de tomar contenidos de diversas plataformas como periódicos o páginas especializadas sin pagar por ello; o de poner restricciones en los contratos de publicidad para bloquear a la competencia y monopolizar internet.

 

Fairsearch.org, otra de las plataformas que aglutina a los demandantes ha pedido que el plazo del test se amplíe a tres meses para que la fiabilidad del mismo sea mayor y, sobre todo, que se cree un organismo independiente que durante una temporada pueda verificar que Google cumple todos los compromisos. Además, Fairsearch se pregunta si los propietarios de los contenidos insertados tendrán la posibilidad de editarlos -como propietarios legítimos de los mismos- y si se dará el mismo tratamiento a los contenidos propios y a los ajenos. El precio del liderato. Microsoft ya lo aprendió.

Bruselas, objetivo Google

La Comisión Europea parece no dar abasto con el sector tecnológico. Cuando aún no se ha pronunciado sobre las supuestas prácticas monopolísticas de Google, Bruselas tiene ya sobre la mesa otras denuncia de Fairsearch.org (que agrupa entre otras a Microsoft, Nokia, Oracle o TripAdvisor) en relación al abuso de poder de los de Mountain View mediante su sistema operativo móvil Android.

 

Para los denunciantes, «Google utiliza su sistema operativo móvil Android como un Caballo de Troya para engañar a sus socios, monopolizar el mercado de telefonía móvil y controlar el consumo de datos». Precisamente por eso, Fairsearch instó el pasado martes a la Comisión «a actuar con rapidez y decisión para proteger la competencia y la innovación en este mercado clave».

 

Los integrantes de la asociación creen que la situación actual del mercado móvil sólo sirve para que el «abuso» de los de Mountain View se traslade al sector tecnológico más boyante mientras miran con impotencia como cada vez más usuarios se decantan por dispositivos móviles Android frente a la bajada de cuota de mercado de sus rivales (y, por mucho que le pese a Microsoft, sólo Apple está en condiciones de hacer algo de daño al dominio absoluto de Google).

 

Fairsearch dibuja una estrategia en la que Google ofrece a los fabricantes de dispositivos móviles su sistema operativo Android de forma gratuita a cambio de que incluyan servicios y aplicaciones nativos del ecosistema de los californianos: el correo de GMail, los vídeos de YouTube, Google Maps o su buscador por defecto. Esto coloca a Android en disposición de controlar datos clave de los consumidores y, por tanto, conseguir una posición de ventaja frente a sus rivales.

 

Lo que parece no nombrar la plataforma es que Google no hace nada que no hiciera durante lustros Microsoft con su navegador Explorer -y que, eso sí, fue sancionado por la Comisión Europea-. Habrá que ver hasta que punto los miembros encargados de analizar esta demanda por parte del máximo organismo continental en la materia tienen en cuenta que muchos de esos fabricantes no tendrían ni la mitad de cuota de mercado de la que acumulan si no fuera por el programa del robot verde.

 

Empresas como HTC, LG o Samsung han conseguido restar un buen trozo del pastel inaugurado hace casi seis años por Apple gracias al sistema operativo de Google. Y, son muchos los expertos que aseguran que esta es la principal baza que jugarán los de Jeff Bezos.

 

 

Fairsearch, obsesionada con Mountain View


No es la primera vez que hablamos de denuncias de la organización Fairsearch contra el gigante de Internet. La primera demanda se llevó a cabo en el mismo escenario en noviembre de 2010. Después de apoyar multitud de denuncias a servicios como StreetView por todo el Viejo Continente, las 17 empresas que forman el grupo se han quejado en múltiples ocasiones de las triquiñuelas que se permiten los de Larry Page a la hora de gestionar las búsquedas y dar beneficios «aleatorios» a ciertos resultados.

 

La estrategia del conglomerado gira siempre a la vulneración de cuatro leyes claves en materia de competencia: abuso en las búsquedas verticales; copia de material de sus competidores sin permiso; alianzas con empresas para frenar a terceros y restricciones para que compañías que se anuncian en AdWords puedan aparecer también en otras plataformas.

 

De momento muchas de sus denuncias han llegado a buen puerto gracias a resoluciones que han obligado a reformular servicios como StreetView o los servicios de noticias de cada uno de los países de la UE donde las asociaciones de prensa han conseguido que Google tenga que pagar por incluir contenidos. Aún así, conseguir que la Comisión se posicione contra el mayor buscador de Internet o el sistema operativo de moda parece más complicado. De momento, al otro lado del Atlántico, la Administración Obama ya empieza a ver con malos ojos el exceso de poder de los de Mountain View.