TAG Heuer Connected, una joya entre los smartwatches

A pesar de que Jonathan Ive, uno de los gurús de Apple, defiende que hay relación entre la caída de ventas de relojes suizos y la llegada del reloj inteligente de los californianos nosotros siempre hemos creído que el público objetivo de una joya que da la hora no es el mismo que el un dispositivo que pretende llevar la conectividad del siglo XXI al extremo por un precio -normalmente- ostensiblemente más bajo.

Sin embargo, es cierto que pensamos que la llegada de estos equipos inteligentes cambiará en cierta medida la forma en la que entendemos los relojes. Y no debemos ser los únicos porque si hace solo ocho meses hablábamos del acuerdo entre Intel, Google y TAG Heuer ahora podemos hablar del producto terminado y listo para ser comercializado.

El TAG Heuer Connected busca ser lo mejor de dos mundos. El lujo y saber hacer de la relojería helvética (una mezcla perfecta entre joyas e ingeniería) y el mejor software de Google para wearables. Intel es la bisagra más adecuada para unir las demandas de ambas empresas y ambos puntos de vista.

La duda que tenemos es cómo encaja un modelo como el Connected dentro de la oferta de un fabricante de lujo. Intentemos buscar la respuesta en sus especificaciones: su esfera cuenta con un diámetro de 46 mm -bastante generosas- y un peso de 52 gramos. La caja se ha construido en titanio de grado 2 con revestimiento de carburo de titanio negro arenado y está rematada con una corona también de titanio negro con el escudo de la casa grabado. Todo en su construcción es exquisito.

Cuenta con certificado IP67 que lo hace resistente al agua y al polvo pero a diferencia de cualquier otro modelo de los suizos no es sumergible. Sin embargo, parece no tener «alma». El cristal de zafiro recubre un panel LCD LPTS de 1,5 pulgadas transreflectante y una resolución de 360×360 píxeles.  En su interior trabaja una batería de 410 mAh que permite no cargarlo en 25 horas y un chip de doble núcleo Intel SoC Quark.

La parte que se refiere a la construcción es, cómo no, impecable. Pero la parte smartwatch es más de lo mismo. A pesar de que lo venden como un equipo «eterno» -el principal handicap de estos dispositivos es su obsolescencia- porque se puede extraer la parte electrónica y reemplazar por una mecánica para convertirlo en un Carrera. ¿Poca confianza en perpetuar a un cliente que se va a gastar 1.350€ en el reloj inteligente?

Sorprende si tenemos en cuenta que según el fabricante suizo, una vez extraída la parte «smart» sería posible conectarle un teclado y una pantalla y trabajar con él -suponemos que no le falta potencia para recibir sucesivas actualizaciones durante una buena temporada. Por supuesto es totalmente compatible con equipos Android y el iPhone.

Parece que los del grupo LVMH han movido ficha. Ahora nos queda saber si otras firmas como Omega, Rolex y compañía se atreverán a hacer frente a los relojes inteligentes, si preferirán añadir cualidades a los mecánicos o seguirán defendiéndose como creadores de joyas frente a creadores de ordenadores de muñeca que dan la hora.