Contenidos digitales, contigo a cualquier parte

A pesar de que últimamente podremos ver en diferentes medios anuncios de operadoras que nos dicen que «por fin nos ofrecen poder navegar en cualquier punto de Europa como si estuviéramos en casa», esta victoria es exclusivamente mérito de los consumidores y de la Unión Europea que les han obligado a minimizar el impacto del roaming en nuestras tarifas -si para algunas cosas se aprovechan del mercado único, deberán aplicarlo a todo-.

La siguiente gran batalla consistía en permitir a los usuarios disfrutar de sus contenidos digitales (sí, esos alojados en internet, donde no hay fronteras) en cualquier rincón de la Unión y convertir, por fin, el territorio en un mercado único para todo tipo de productos y servicios analógicos y 2.0.

Precisamente en esa línea hace pocos días que Andrus Ansip y Günther Oettinger, responsables del área digital de la Unión Europea, anunciaron que están trabajando en crear una nueva regulación en 2016 que actualice todas las normas sobre la propiedad intelectual y que permita que los consumidores puedan acceder a sus contenidos digitales sin importar su ubicación geográfica. Un golpe a todas las operadoras que a día de hoy restringen el acceso a los mismos cuando salimos de las fronteras de su mercado (a pesar de que el contenido pueda tener una nacionalidad de origen completamente diferente).

De facto, se puede dar el caso de que si alguien quiere disfrutar de un contenido que ha comprado en Italia, por ejemplo, cuando está de vacaciones en Alemania, deba pagar por él de nuevo. Algo insólito con cualquier otro producto (puedes meter un libro de papel de tu propiedad en tu maleta y no necesitas pagar por leerlo cuando estás en otro país).

Esto, que parece algo tan natural, supondrá una mejora en el día a día de al menos 29 millones de europeos que ven capados sus contenidos a diario ya que podrán aprovechar cualquier archivo en su smartphone, tablet o portátil sin necesidad de hacer copias físicas u offline.

Teniendo en cuenta que según la Comisión Europea el número de usuarios transfronterizos se disparará a un 70 millones en 2020 los beneficios serán mucho más relevantes. Además, a día de hoy, el 49% de los europeos ya disfrutamos de las ventajas de los contenidos digitales, una cifra que a buen seguro irá en aumento durante el próximo lustro.

Estos datos, así como el apoyo masivo de los 28 parlamentos estatales que quieren acelerar el proceso de eliminación de barreras para los contenidos digitales con fecha tope 2017. Por otra parte, en el mismo comunicado, la CE explicó que a lo largo de 2016 la actualización de los derechos de autor también integrará una nueva regulación referida a los agregadores de contenidos como Flipboard o Google News.

TV en streaming, ¿el fin de la televisión de pago clásica?

Sí, la gráfica se refiere a Estados Unidos, un mercado especial y muy diferente al nuestro por la facilidad con la que crea nuevas tendencias y, sobre todo, por la facilidad con la que las adopta, pero también es cierto que, tarde o temprano -habitualmente más bien tarde por estos lares- lo que ocurre allí acaba trasladándose aquí.

Y las cifras con claras: si en el segundo trimestre de 2015 había más personas suscritas al cable que a cualquier servicio de pago en Estados Unidos, ahora la subida de los servicios en streaming es tan marcada como la caída de los servicios clásicos. ¿Por qué? Porque han modificado nuestro comportamiento y han alterado por completo, el uso que le dábamos a la programación de la televisión «tradicional».

Del mismo modo que las plataformas bajo demanda de música ha hecho que la forma en la que  la consumimos -radio incluida- haya cambiado irremediablemente y que desde los artistas hasta las distribuidoras hayan tenido que modificar la forma en la que llegan hasta nosotros, los contenidos multimedia como las series y las películas están ante el reto de averiguar cómo queremos visionarlas.

Si el primer paso fue la opción de grabar contenidos en los decodificadores para visionarlos más adelante cuando quisiéramos, ahora la demanda de personalización va más allá. Buscar un capítulo de cualquier serie en nuestra aplicación de nuestro dispositivo móvil en una app (el ejemplo que todos tenemos en la cabeza es la omnipresente Netflix) para pasarla a nuestra smart TV o al adaptador que convierte el televisor en un panel inteligente.

De esta forma, igual que los soportes físicos se resienten por sus limitaciones (desde el espacio que ocupan hasta la obligación de ver un contenido mediante un reproductor) la posibilidad de ver lo que queramos, cuando queramos y donde queramos es una tentación demasiado grande para tener que depender de cuándo un canal decide ponernos una nueva «dosis» de nuestra serie favorita.

Y la migración ya ha empezado: a los clásicos Netflix, Hulu o Amazon Video se suman iniciativas como HBO Premium y Showtime. Y a estos hay que añadir la entrada de nuevos proyectos aún en ciernes como Apple TV que ha cambiado completamente su hardware para repetir el éxito de Apple Music gracias a su total integración en el ecosistema de la manzana -incluido Siri-.

El cambio se ve también por edades: el filón de clientes de la televisión de pago clásica al otro lado del Atlántico son los usuarios «mayores». Aquellos que aún ven con recelo las nuevas tecnologías o que, simplemente, no tienen ganas de entrar en una curva de aprendizaje mucho más sencilla de lo que ellos piensan. Por si acaso, las plataformas clásicas ya están manos a la obra lanzando sus propias soluciones en streaming para retener a los clientes del futuro: los jóvenes que hoy en día no entienden el consumo de prácticamente nada si no ha pasado antes por su smartphone.

En cuanto a los contenidos, cada vez es más diverso. Desde lo que les producen terceros hasta series propias o fichajes de relumbrón (el equipo de Top Gear que salió espantado de la BBC ahora trabaja para Jeff Bezos). Una forma de atraer a los televidentes más tradicionales y apuntalar la sed de contenidos personalizados de una nueva forma de consumidores.

Contenidos, objetivo Netflix

Faltan pocos días para la llegada de Netflix a nuestro mercado y aunque no sabemos nada de los contenidos sabemos que por lo que ha ocurrido en otros países es el gran rival a batir. La causa es sencilla, la banda ancha ya está asentada en nuestro mercado y los precios entre plataformas son bastante similares. Eso hace que el ganador de la contienda sea el que mejores contenidos tenga. Por eso os vamos a mostrar lo mejor del catálogo de las principales opciones.

  • Movistar. La baza de Canal Plus en la era de la integración de servicios era simple: exclusividad de contenidos para enfrentarse a las ofertas de internet más telefonía y televisión de sus rivales. La clave era el acceso en exclusiva al catálogo de la HBO además de acceso a estrenos antes que sus rivales. Movistar intentó copiar su estrategia comprando los derechos de series y creando un verdadero servicio on demand  tanto de series como de deportes. Su unión ha sido una buena noticia para sus clientes y una pésima para los de Canal Plus y las demás plataformas ya que se han vaciado sus contenidos. Lo mismo ha ocurrido con Yomvi, la que era el mejor soporte hasta la fecha. Eso le ha llovido críticas a la antigua Telefónica que se ha defendido hablando de garantizar la calidad de imagen y por eso ha recortado su compatibilidad. La OCU está al acecho.
  • Orange TV. La empresa está trabajando bien en crear reproducciones multiplataforma bajo demanda para sus clientes. Además ha conseguido contenidos en exclusiva de grandes productoras de series como Sony y se ha volcado con las distribuidoras de cine. ¿Su punto fuerte? Está intentando apurar al máximo sus precios y está tramando algo con el fútbol, aunque la oferta de Movistar es mucho mayor.
  • Vodafone One. Quizá la empresa que más haya notado la fusión porque era la que más de cerca trabajaba con Canal Plus Yomvi. Sus planes antiguos siguen pudiendo acceder a esta opción pero el problema es que el vaciado de contenidos deja su oferta coja. Suponemos que su tamaño la permitirá llegar a acuerdos pero no hay todavía ningún anuncio y sigue con la misma oferta que tenía Ono.
  • Wuaki. Era el Netflix doméstico y su compra por parte de Rakuten debería haber permitido acceder a algún bombazo. Nada de eso. Su catálogo sigue estable, no ofrece ninguna novedad reseñable y sigue sustentándose en su acuerdo con HBO. Lo mismo ocurre con su contenido de origen BBC y de la ABC/Disney. Al menos, su catálogo infantil ha mejorado gracias a su distribución de contenidos de Viacom.
  • Euskaltel. Es una empresa mucho más pequeña que las tres grandes pero está haciendo guiños a los formatos de distribución. Aplicaciones para sus clientes como Edonon permiten consumir contenidos bajo demanda y en directo de todos los canales contratados. Además, su videoclub suele tener interesantes ofertas quincenales. Si al final consigue ganar tamaño con adquisiciones (o es absorbida por una grande) podría acceder a contratos más interesantes.
Además de estas opciones, Atresplayer, MiTele (Telecinco), Filmin (de contenidos independientes) o la fallida TotalChannel (deportes) son opciones mucho más cortas en contenidos y opciones. Sin embargo permiten adaptarse bastante bien a una oferta que es necesario que crezca en nuestro negocio.

YouTube, un paso más

Lo que empezó como una plataforma para colgar vídeos y prosiguió con un éxito sin precedentes tras la compra de Google se ha convertido en algo más que una red social donde todos vemos y compartimos contenidos. Así que los de Mountain View tienen claro que el portal YouTube es, sin duda, una de sus bazas más importantes. Por eso, aunque lo anuncien como una fase de pruebas, sabemos que YouTube ha dado un paso importante para revolucionar el mundo de la televisión -o contenidos audiovisuales- de un modo tan trascendente como iTunes lo hizo con la música.

 

La web ha comenzado la comercialización de canales de pago. Es cierto que ofrecen dos semanas gratis y que los precios son mínimos: desde 0,76 céntimos al mes (0,99$ dólares) hasta 3,83€ (4,99$) por «Pie in the Sky» y que cada usuario/cliente puede modificar su suscripción y contenidos siempre que quiera, pero parece que en un momento en el que las tabletas, smartphones y ultrabooks le restan protagonismo a la televisión «clásica», el lanzamiento de canales «personalizados» con contenidos exclusivos a un precio tan bajo puede suponer todo un golpe a los grandes operadores de pago.

 

Google, sabedora de que va un paso por delante de sus rivales ya ha anunciado cuál será el acuerdo: 45% para ellos y 55% para los propietarios del canal. Curioso si tenemos en cuenta que los de Larry Page han criticado amargamente la relación de Apple con sus desarrolladores de aplicaciones así como discográficas y distribuidoras de cine (30% para los de la manzana y 70% para el creador).

 

De momento, YouTube ha explicado –oficialmente– que hay 53 canales disponibles entre los que destacan algunos clásicos como los Teleñecos y otros relacionados con el mundo del deporte o del motor. En su lanzamiento estará disponible en 10 países. En España todavía no hay ninguno, pero se sugiere que pronto, La Liga o Moto GP podrían estar disponibles en esta plataforma digital. Las emisiones en directo a un precio competitivo, la imagen en alta definición y su enorme popularidad han sido claves para que Google escoja estos eventos para «romper el hielo» en este mercado.

 

Malick Ducard, responsable de alianzas de YouTube, explicaba recientemente en el Financial Times que están dispuestos a dar «gran flexibilidad a los dueños del contenido para rentabilizarlo y distribuirlo como prefieran». La clave reside, para Ducard, en que no son una televisión, sino una plataforma que facilita las emisiones (y, objetivamente, da mucho más público potencial que cualquier televisión del planeta, incluida la BBC). Precisamente por eso, subraya, todos (medios clásicos, creadores y ellos) «podemos coexistir muy bien».

 

Además, aunque de momento son canales «sólo profesionales», desde YouTube dejan abierta la puerta a que cualquier aficionado se sume a los proyectos o pueda crear su propio canal -siempre y cuando responda a unos mínimos de calidad-. Los nuevos rivales de YouTube serán Hulu y Netflix que cuentan con más de 30 millones de suscriptores y que han conseguido frenar en seco el auge de la piratería (que por primera vez ha bajado) en Estados Unidos. Las productoras, distribuidoras y los artistas tienen un nuevo y poderoso aliado. Probablemente todos podamos salir ganando.

Hollywood y Silicon Valley, por el buen camino

La relación entre las dos grandes industrias californianas (por lo menos las dos más conocidas) no es precisamente buena. Mientras que los grandes estudios de Hollywood se quejan del daño que las descargas en la red están haciendo a sus beneficios -normalmente enormes-, las grandes tecnológicas de Silicon Valley presionan constantemente a los políticos para bloquear leyes que puedan afectar los derechos de los usuarios y el modo en el que entendemos internet.

La asistencia al cine en Estados Unidos durante 2011 fue al más baja desde 1996. Las ventas de películas (en formato DVD y BluRay) siguen bajando año tras año. Sin embargo, algunas de las voces más reputadas de la Meca del cine siguen siendo optimistas. ¿Por qué? A diferencia de lo que le ocurrió a las discográficas con Napster e iTunes (la primera potenció enormemente las descargas ilegales y el P2P, mientras que la segunda acapara casi por completo las descargas legales, con los beneficios que eso deja en Cupertino), Hollywood se ha movido rápido y bien para conseguir acuerdos atractivos.

Lo primero que han hecho es buscar varias vías de distribución. Es cierto que está iTunes y los de Tim Cook con su Apple TV. Pero también que Google ultima un servicio de entretenimiento doméstico con descarga de películas para su visionado vía streaming a precios -parece- bastante competitivos. Cuantos más sean los canales para llegar al cliente final, más aumenta la capacidad de influencia de los estudios y más disminuye la del propio canal. Lección aprendida.

Los estudios han trabajado bien para llegar a esta atomización del mercado. La primera opción fue retener contenidos para evitar que sólo un distribuidor los adquiriera -en este caso, la enorme cantidad que tiene Apple en su caja la coloca de nuevo como favorita-.

Las grandes empresas angelinas han apostado por una conversión digital -y sin soporte- del negocio. Cada vez son más los proyectos serios que quieren adquirir títulos para una distribución ordenada y competitiva. Sólo hay que ver el éxito de Netflix, que ha comenzado a pagar buenas cantidades por disponer de títulos en exclusiva.

Ante el éxito de la empresa de Reed Hastings y Marc Randolph, Verizon y Redbox ya han anunciado su intención de unir sus intereses -y parece que también sus acciones- para crear un servicio para el alquiler de películas vía online a precios tan buenos como los de los californianos.

Es por ello que tampoco extraña el interés de Amazon en este mercado. Tras el éxito de su Kindle -que todo sea dicho, domina con mano de hierro el sector de eBooks- y las buenas ventas de Kindle Fire, una tableta vinculada a las compras en las web de los de Jeff Bezos, ha llegado a un acuerdo con Viacom -entre otras firmas es propietaria de Paramount o Nickelodeon- para comprar contenidos que luego pueda distribuir a sus dispositivos. Además, los rumores indican que pronto creará «su propio Netflix».

Gran parte de las esperanzas pasan, sobre todo, por Google y su portal YouTube. Es de suponer que pronto ampliarán su servicio de alquiler de películas para lanzarse a la venta de las mismas. Si ya han anunciado su interés en crear contenidos propios, ¿por qué no comercializar los de los grandes estudios?

Vudu de Walmart, CinemaNow de BestBuy o los acuerdos de pequeñas empresas extranjeras, como la brasileña NetMovies Entertainment, con grandes estudios como Disney han llevado la euforia a un negocio que hasta ahora parecía algo deprimido.

De momento todos los estudios dicen que el dinero que se genera, por ahora, no es suficiente para cubrir el bajón de ventas en salas o en DVDs. Pero si tenemos en cuenta el ritmo al que crecen las inversiones -Netflix se gastó 937 millones en 2011 y gastará más de 1.800 este mismo año-, parece que pronto se llegará al punto de equilibrio.

También es cierto que el aumento constante del ancho de banda ha sido providencial para que todos estos planes de los grande estudios salieran a flote. Con ofertas de velocidad que pronto superarán los 100 o 150 megas, el visionado vía streaming no sólo será posible, sino que será habitual. Unido esto a la gran mejora de los equipos domésticos -que, por cierto, son cada vez más asequibles- han creado una base para que el mercado se desarrolle rápidamente.

El único pero que les puede quedar a los grandes estudios es el tiempo que resta para que los contratos de exclusividad firmados hace unos pocos años con canales como HBO o Showtime -y que les prohíben ceder contenidos a rivales sin su consentimiento- expiren. Mientras, tendremos que esperar a que esto no se convierta en una gran burbuja como la que en los años 80 y 90 llevó a las televisiones a devorar los derechos de los estrenos por cifras nunca vistas hasta entonces. Lo malo es que en aquel momento el mercado se detuvo. ¿Enmendará eso la globalización y la red de redes?