Ray Tomlinson, nos deja el padre del email

El mundo, sin duda, no sería ni parecido a lo que es ahora si no fuera por internet. Las distancias se han relativizado. La utilidad de los objetos ha cambiado por completo. Y nuestra forma de comunicarnos ha dado un salto de siglos en solo unas décadas. Con todas sus desventajas y sus virtudes, la red de redes ha pasado a convertirse una herramienta de uso diario incluso para los más escépticos.

De entre todos los nombres relacionados con su nacimiento hay uno que destaca por un desgraciado hecho: Ray Tomlinson, padre del correo electrónico, nos ha abandonado. Este programador estadounidense que forma parte del legendario tecnológico sufrió un ataque al corazón que no pudo superar.

Tomlinson, de 74 años, cuenta con dos hitos que lo hacen irremplazable: fue la primera persona en mandar un correo a través de ARPANet en 1971 y es el responsable de que hoy día usemos el omnipresente arroba en todas nuestras direcciones.

Fue Vinton Gray Cerf, otro de los padres de internet, quien lo anunciaba a las redes a través de un enlace al Internet Hall of Fame en su cuenta de Twitter en el que podíamos conocer su biografía. La red social del pájaro, muchas veces polémica, mostraba sus respetos a una de las personas más importantes del pasado siglo.

Si repasamos su currículum vitae en el enlace veremos que Tomlinson se licenció en el Instituto Politécnico Rensselaer y estudió en el MIT antes de pasar a trabajar en la tecnológica Bolt Beranek and Newman, actual Raytheon BBN Technologies. Allí combinó dos programas ya existentes (SNDMSG y CPYNET) para diseñar un sistema que permitiera a los usuarios de diferentes ordenadores recibir y enviar mensajes en una plataforma en red.

Como era algo que no se había visto hasta la fecha, el informático también tuvo que desarrollar un sistema que permitiera «separar» los emails. De esta forma empleó la arroba que se ha convertido, casi cinco décadas después, en una forma indispensable a la hora de identificarnos en multitud de redes sociales y en todos los sistemas de correo electrónico.

Su huella en el mundo actual es tal que en 2009 fue premiado con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica. En 2012 pasó a formar parte del mencionado Salón de la Fama de Internet y se sumó a otros reconocimientos como el premio George R. Stibitz (2000), el Webby Award (2001) o el Premio del Institute of Electrical and Electronic Engineers (2004).

Smart Reply, Google quiere hacerlo todo por nosotros

Seguro que a todos nos ha pasado algún día (o todos) levantarnos de la cama, salir del gimnasio, bajar del avión y tener decenas de emails en la bandeja de entrada. Un sonido que debería ser absolutamente inocuo se convierte en una tortura que significa trabajo o spam. Y seguro que en alguno de esos días (o todos) nos gustaría poder borrar todos de golpe sin pensar o que alguien los respondiera por nosotros. Si es así, felicidades, Google ha escuchado nuestras «plegarias» y ha decidido dar un paso más -en favor de nuestra comodidad o en contra de nuestra privacidad-.

Hace ya tiempo que Google escanea nuestros emails así que era solo cuestión de tiempo que la empresa generara un software que supiera qué hacer con ellos. La idea se llama smart replay y, según la propia empresa, ya se ha puesto en marcha en varios servicios de Alphabet y su objetivo es identificar cuáles son los mensajes que requieren de más urgencia para ser respondidos y generar respuestas automáticas. El usuarios solo pulsará sobre la que mejor le convenga y el email de vuelta se generará al momento.

En el blog de la empresa Bálint Miklós, uno de los ingenieros de software de la empresa encargada de su desarrollo, pone como ejemplo un email con la pregunta «¿tienes alguna documentación sobre cómo usar el nuevo software?». La plataforma pone a disposición de Miklós tres respuestas: «No, lo siento»; «Sí, pero tengo que buscarlo»; «Sí, te la envío».

En palabras del propio ingeniero una forma de ahorrar «un tiempo precioso para aquellos emails que requieren de una respuesta corta y rápida». ¿Y para aquellos que requieren de algo más? «Estas respuestas serán un primer impulso sobre el que desarrollar el resto de la respuesta». En definitiva una evolución más después de que durante años servicios como Gmail y Yahoo! Mail hayan ayudado a los usuarios a ordenar los emails por contenidos y hayan apartado el spam, por ejemplo.

Ahora es la inteligencia artificial la que lanzará las respuestas más adecuadas y, sobre todo, la que aprenderá de las respuestas que nosotros damos habitualmente para convertirse en «nuestro espejo». Los algoritmos conocerán nuestras formas y cada vez se irán pareciendo más a nosotros. Por cierto, aunque solo está disponible en inglés por el momento, quien quiera probarlo ya puede buscarlo en la App Store y en Google Play.

Smart Replay utiliza otras tecnologías que Google ya tiene en marcha como Inbox. Ésta se encarga de conocer cuál es el contenido de los emails de entrada y separarlos entre los importantes, los que necesitan respuesta urgente y los que son solamente spam o publicidad poco relevante (¿la de la competencia?) Inbox, además, está siendo desarrollado cada día más para que pueda generar respuestas con un lenguaje natural, aunque las pruebas internas de ambos sistemas han provocado curiosas reacciones entre los propios trabajadores de Google (pidieron eliminar la respuesta «te quiero»).

El motivo es sencillo: tanto gracias como te quiero son respuestas amistosas y habituales en los emails que recibimos de personas cercanas -la primera también en los de trabajo- lo que hizo que el sistemas entendiera que eran respuestas «seguras» que podían ser utilizadas con cierta asiduidad. El error ya está subsanado.

Según Google, Smart Reply se ciñe a los mismos rigurosos sistemas de privacidad de otros servicios de la compañía -como Google Now- de modo que la información escaneada nunca es compartida con la empresa o terceros de modo que la información está «asegurada». Ningún ser humano lee los emails, solo robots que pretenden hacer más rápido nuestro día a día. ¿Cuál será el siguiente paso?

iOS 8, un día a prueba

Han pasado algo más de dos días desde que iOS 8 está disponible para su descarga. Una vez más, los servidores de Apple se colapsaron a las 19:00 cuando se permitió actualización a todos los usuarios con un equipo superior a un iPad original o a un iPhone 4. Millones de personas a la vez entraron en sus ajustes en busca de una de las actualizaciones más importantes en la corta historia del sistema operativo. Y millones de personas tuvimos problemas para conseguir bajarlo.

A diferencia de muchos fabricantes que utilizan Android y escalonan las descargas para evitar colapsos de los servidores, la política de Apple busca que cuantos más dispositivos tengan la nueva versión más fácil será dar uniformidad a las aplicaciones. Esta vez el equipo no nos avisa de que hay una actualización esperándonos y es necesario entrar en los ajustes para ver que iOS 8 está disponible.

El primer aviso es que esta vez iOS es muy «pesado». Aunque ocupa 1,1 GB -1,3 GB en los iPad- nos pide entre 4,6 y 5,7 de capacidad de almacenamiento. Todo un problema para aquellos usuarios con versiones de 16 GB o menos que se verán obligados a realizar una copia de seguridad y borrar unas cuantas aplicaciones y contenidos. Muy incómodo, nada Apple.

Una vez hecho esto, si estamos en una red WiFi y conectados al cargador (o tenemos más de un 50% de batería) entraremos en una fase de descarga de unos 20 minutos y de instalación de al menos 10. ¿Merecerá la pena?

La primera sensación es de familiaridad -el salto en el diseño se dio de iOS 6 a iOS 7 y ahora los retoques son mínimos- y de sencillez. El lento proceso de androidización de la plataforma de Apple vive un capítulo más (muy positivo, por cierto) en aspectos como la gestión de las notificaciones. Todo está a mano sin desbloquear la pantalla. Incluso contestar a un SMS o un mensaje es rápido e intuitivo.

Otro de los grandes cambios -para bien- es el menú de búsquedas. Ya no se ciñe sólo al dispositivo: Wikipedia, medios de comunicación, aplicaciones, correos e internet son el nuevo lugar donde encontrar lo que necesitamos.

Siri también se ha remozado. Apple se dio cuenta a tiempo de que se había quedado reducido a poco más que a un servicio para hacer bromas con los amigos y que muy pocos lo usaban como un verdadero asistente. ¿La solución? Inspirarse en Google Now. Es cierto que éste es mucho más impersonal, pero también mucho más eficaz. Se ha aderezado con nuevas funcionalidades como la búsqueda a través de Shazam de canciones (y la posibilidad de comprarlas después en iTunes sin tocar nada) y la promesa de nuevas capacidades relacionadas con la domótica.

El teclado es otro de los puntos más remozados. Sobre el papel no ha habido más cambios que un predictor que aprende de nosotros y que nos permite tocar palabras para no tener que acabarlas. El diseño, aunque similar, es más ágil y si ya se nota en las cuatro pulgadas de un 5S, suponemos que la mejora será obvia en el 6 y el 6 Plus.

Correos, fotos y salud

 

Uno de los principales cambios de Apple -o de las decisiones que toma su junta directiva- es que ya no tiene problema en adaptar a sus sistemas operativos ideas que funcionan en aplicaciones o programas de terceros. Sí, es exactamente lo que han denunciado (y demandado) durante años, pero parecen haberse dado cuenta de que en una batalla ellos contra el mundo… el mundo es más numeroso.

El mejor ejemplo es cómo se ha mejorado Mail. El éxito de Mailbox hizo que se preguntaran que estaban haciendo mal para que millones de fieles usuarios prefirieran este gestor de correo externo al propio de iOS. La solución era sencilla: El correo hasta ahora era demasiado básico y tenía pocas opciones para trabajar con los emails como entes diferenciados y únicos. Ahora las posibilidades se multiplican y la mejora de rendimiento es abismal.

Respecto a la fotografía, es cierto que los nuevos equipos estrenan nuevas lentes, pero también que el nuevo software hará que los propietarios de iPhone 5, 5C y 5S (que ya cuentan con un conjunto sobresaliente) vayan a salir muy beneficiados. Más posibilidades de retoques y de edición, mejores opciones para gestionar las imágenes… un salto adelante para un equipo que ya era sobresaliente.

La última gran novedad es «salud». Pensada para que el nuevo coprocesador M8 dé lo mejor de sí cuando las aplicaciones sean compatibles, quienes ya disfruten del M7 tendrán que ver cómo los desarrolladores pueden sacar partido a algo que promete mucho pero que de momento no tendrá una gran incidencia en nuestro día a día (al menos en el usuario medio).

¿Cómo afecta esto a la batería? Después de un primer día de uso más intensivo tocando todas las novedades y con multitud de actualizaciones podemos decir que la autonomía de un 5S -ya de por sí escasa- no se ve demasiado afectada… La fluidez de algunas aplicaciones ha subido y la de otras ha bajado pero, en general, el equipo sigue funcionando igual de estable que con iOS 7. Habrá que esperar a la próxima semana (y acercarse a un iPhone 6) para descubrir si realmente el cambio es para tanto. De momento, todo sigue en orden (y ligeramente mejor).

Immersion, Obama al descubierto

La extraña imagen con la que abrimos el post de hoy es uno de los mapas que ha llevado a cabo Immersion, un proyecto de un grupo de investigadores del Massachussets Institute of Technology de Boston y que demuestra el potencial informativo del sistema Prism que utiliza la NSA (la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense) y que Eric Snowden ha descubierto.

 

El software, desarrollado por tres alumnos del Media Lab de la universidad permite, a cualquiera que introduzca su cuenta de correo en GMail y su contraseña, crear un mapa a partir de quién envía y quién recibe mensajes. No es necesario que analice los contenidos de las comunicaciones. Tan sólo el canal es suficiente para trazar un mapa bastante fehaciente de con quién se comunica cada uno de nosotros.

 

El gracioso ejemplo que nos brinda el Media Lab (pobre Howard Wolowitz) deja claro todo lo que la NSA o las tecnológicas pueden saber de nosotros sin necesidad de vulnerar por completo nuestra intimidad. Los algoritmos permiten crear un mapa sorprendentemente exacto de nuestra red social real -no una «de cara a la galería» como Facebook, sino de nuestras interrelaciones digitales reales-.

 

El tamaño de los círculos aumenta la relevancia de la persona con la que nos comunicamos y el espesor de la línea que nos une a ese círculo indica el volumen de contactos que tenemos con esa persona. Así, es habitual encontrar gruesos trazos con familiares y compañeros de trabajo pero, para un ojo más entrenado, también le llamarán la atención las finas líneas directas con contactos más «especiales».

 

A partir de estas relaciones se pueden discernir hábitos y costumbres -desde horarios hasta de comunicación o trabajo- así como ideología política, religiosa o -añaden los expertos- tendencias sexuales. Si una persona está suscrita a una web que tenga una determinada ideología o fin es probable que muestre cierta simpatía hacia esa actividad.

 

El País reproduce parte de la entrevista que César Hidalgo, supervisor del proyecto, ha concedido a The Boston Globe y de ella se dilucidan algunas conclusiones interesantes: «observar el Facebook o Twitter de una persona nos permite realizar un retrato de una persona del mismo modo que si estamos dentro de un coche mirando por la ventanilla. Usar metadatos como los que maneja Immersion equivale a conducir guiado por un potente GPS».

 

Así, este sistema no analiza sólo a una persona. En el momento en el que se pone a trabajar todos los contactos, toda la red de personas, es susceptible de ser analizada por el programa lo que, al final, otorga un enorme poder para el analista. Lo más importante es que cuando Obama afirmaba que sólo estaban recabando datos de las llamadas de Verizon, «no de los contenidos», estaba admitiendo que contaba con mapas de relaciones perfectamente elaborados -y bastante concluyentes- de cada uno de los objetos de seguimiento.

 

Por mucho que desde que Snowden sacara a la luz el espionaje de Washington la NSA haya intentado demostrar que son datos superfluos sin interés, un gran grupo de expertos y profesores ha demostrado que la importancia de estos metadatos va mucho más allá que la de unos pocos gráficos o seguimientos «por seguridad». Es un enorme retrato robot de las personas bajo la implacable lupa del Gran Hermano.

Mensajería, el modo en el que cambió el mundo

Si los smartphones han cambiado de arriba a abajo nuestro comportamiento y han borrado del mapa muchos dispositivos y herramientas (mapas, cámaras de fotos, navegadores GPS…), las aplicaciones de mensajería instantánea están transformando completamente el uso principal que le damos a nuestros teléfonos. Hemos pasado del SMS -quitando letras de lugares casi imposibles- al email (cuando no queríamos pagar las tarifas abusivas de la mensajería- a programas como BlackBerry Messenger para, por fin, dar un uso masivo a aplicaciones como Whatsapp o Line.

 

Desde ellos se puede compartir todo: ubicación, fotografías, vídeos, notas de voz, URLs, canciones… tan sólo es necesario una conexión a internet algo que, por defecto, esta en el 99,9% de los teléfonos inteligentes. Su agilidad, su inmediatez (y su eficiencia para saber si el destinatario ha recibido el mensaje) los convierte en herramientas perfectas… mucho más que los correos electrónicos.

 

Su uso se ha extendido tanto que tan sólo hay 8 puntos de separación entre el uso del Whatsapp (sobre todo) y el de los mails, según el último sondeo realizado en el Estado por AIMC-EGM. Así, el aumento de la penetración de estas aplicaciones -que llega ya al 68% de los smartphones- es directamente proporcional al incremento de internet móvil, que tiene ya 25 millones de líneas activas en el mercado.

 

Precisamente el progresivo abandono del ordenador en favor de las tabletas y sobre todo los teléfonos inteligentes ha hecho que el correo electrónico, algo más difícil de utilizar en estos últimos que las apps de mensajería instantánea, ha hecho que sólo el 72% de los internatutas lo consulten a diario, el mismo nivel que en 2002. En ese año sólo accedía a internet el 20% de la población. Hoy lo hacen el 64% de los españoles.

 

Una de las principales claves de este aumento es, sin duda, haber roto la barrera de los usuarios mayores de 55 años. El 46% de los usuarios de smartphones con esa edad ya dedica más de 30 minutos diarios a consultar mensajería instantánea. Su uso, eso sí, está aún lejos de los porcentajes de los jóvenes, aunque es cierto que hay otras apps que salen beneficiadas de su entrada en el mercado: son la lectura de noticias, la consulta de la metereología o las cuentas bancarias.

 

Por cierto, las siguientes actividades de los internautas son las redes sociales (con un 58% de usuarios diarios) y la consulta de noticias -más de un 40%-. Ambas están al alza (y seguro que los agregadores de contenidos tienen mucho que ver con ello, así como la caída de la venta de las ediciones en papel de los principales medios de comunicación). El P2P, compartir archivos, ya sólo lo hacen 7 de cada 100 usuarios, 20 puntos menos que hace un lustro.