Piratería, ¿qué pasa con Megaupload?

Las noticias relacionadas con Internet llenan últimamente las portadas de los periódicos y ocupan minutos de máxima audiencia en los telediarios. Si ayer mismo analizábamos la protesta masiva en la red contra la Ley SOPA, hoy nos centraremos en el cierre, por parte del FBI, de Megaupload.

Megaupload, «crimen organizado»


El de 20 de enero el mundo se levantaba con una sorprendente noticia: en lo que el Departamento de Justicia de EEUU consideraba una de las mayores operaciones contra la piratería en la Red, el FBI, por orden de la Fiscalía -que presentaba cargos contra los siete administradores de la web- cerraba Megaupload y todas sus webs asociadas para albergar contenidos.

Su fundador, Kim Schmitz (alias Kim Dotcom, en inglés Kim Puntocom) era detenido en Nueva Zelanda acusado de distribución ilegal de contenidos protegidos por las leyes de la propiedad intelectual y un juez decretaba contra él y otros tres colaboradores prisión preventiva.

Desde el citado Departamento alegan para la detención del alemán que sus actividades han supuesto un daño de casi 500 millones de dólares a la industria del entretenimiento. Para subrayar que Schmitz lo hizo con un interés comercial -es aquí donde se traspasa la «línea» de compartir archivos para obtener un rédito económico- argumentan que los cuatro arrestados amasaron una fortuna de más de 150 millones de dólares gracias a la adhesión de publicidad en las páginas de descargas.

Sólo dos días después los cuatro imputados se presentaban ante el juez donde los fiscales les imputaban delitos de extorsión, lavado de dinero, atentados a los derechos de autor y crimen organizado. Ante esta exposición el magistrado encargado del caso les denegó a Schmitz y sus colaboradores la libertad bajo fianza y comenzó el proceso de extradición a Estados Unidos.

Kim Dotcom, en el ojo del huracán


Curiosamente, a pesar de la repercusión que ha tenido el cierre de la web -y otros 18 dominios en todo el planeta- todas las miradas se centran en el excéntrico fundador de Megaupload. El alemán, que el día 21 cumplió 38 años, era conocido por sus fiestas, su afición a coleccionar coches de lujo -en la redada en su mansión de Nueva Zelanda decomisaron más de 4 millones de dólares en vehículos y casi 10 en efectivo y cuentas-, está siendo expuesto como el máximo representante de la piratería.

Nacido en la localidad alemana de Kiel, mostró desde su adolescencia un gran dominio de las nuevas tecnologías. Sin embargo, no siempre utilizaba de modo legal sus habilidades. Kimble, su nombre de hacker, tenía, con sólo 15 años, 12 líneas de telefonía pirateadas en su casa; a los 19 años pirateó El Pentágono; a los 20, tras hacer lo propio con los servidores de la NASA, fue detenido dos veces por espionaje electrónico y en 1998 fue condenado a dos años de cárcel -que no cumplió- por tráfico de cuentas bancarias. Sólo dos años después vendió sus acciones en la puntocom DataProtect para hacerse millonario.

Pero no fue la última vez que jugó con el mundo de la Bolsa y se acercó a la cárcel. En 2001 hizo una operación fraudulenta con acciones del portal Letsbuyit.com. Compró 375.000 dólares en títulos, anunció una inversión de más de 50 millones que no llegó a realizar nunca y provocó una enorme subida en la cotización para más tarde vender sus acciones. Fue detenido en Tailandia, deportado a Alemania donde sólo sufrió una multa de 100.000 euros y una condena de 20 meses de cárcel que tampoco cumplió.

El imperio Megaupload


Después de ganarse enemigos en casi todo el continente decide, bajo el pseudónimo Kim Tim Jim Vestor, instalarse en 2005 en Hong Kong. Allí crea un servicio de almacenamiento de ficheros que permite bajar o subir a la Red contenidos de todo tipo. Llama la atención que, gracias a su estructura, si Schmitz hubiera utilizado de forma legal su herramienta, hubiera creado la Nube con 6 años de adelanto a Google, Amazon, Apple o Microsoft.

Por unos 20 euros cada tres meses cualquier usuario podía almacenar documentos de cualquier tipo sin alteraciones en la velocidad de transferencia -tenía preferencia sobre los usuarios «gratuitos»- sin límite de almacenamiento. Realmente, y esta es una de las claves del cierre, Megaupload no se trataba de un servicio peer to peer sino que la web albergaba los contenidos en sus propios servidores para agilizar las descargas. Cuando alguien subía un contenido se generaba un enlace para los demás usuarios de forma inmediata creando una tela de araña cada vez mayor.

Parece que esta característica será una de las estrategias de la defensa de Schmitz: ellos no sabían qué documentos y qué enlaces procuraba cada usuario. Sin embargo, el fundador ya mostró en varios emails su preocupación cuando hace poco más de un año la legislación estadounidense amplió la responsabilidad de los contenidos a los servidores que facilitaban los accesos.

El día anterior a su cierre Megaupload y su servicios satélites -desde Megavídeo a Megalive pasando por Megamovie o Megaporn- acumulaban más de 1.000 millones de visitas desde su nacimiento y más de 180 millones de usuarios registrados. Las cifras de este conglomerado fueron, durante su apogeo, espectaculares. Entre 2006 y 2011 las cuentas de PayPal asociada a sus servicios movieron más de 100 millones de dólares.

Sospechosos habituales


Ahora que el principal portal ha caído, los ojos del FBI y la justicia americana se centran en otras webs que podría sufrir las mismas acusaciones: taringa.com, seriesyonkis.com y cinetube.es. Estas tres páginas españolas son, según emails internos intervenidos a Megaupload, tres de las que más enlaces tienen a Megaupload. RapidShare y MediaFire también se encuentran ahora en primera línea de fuego pues, según informes internos del FBI, son también algunas de las páginas que más descargas ilegales permiten al año a los internautas.

No deja de ser llamativo que desde el cierre de la web de descargas el vídeo protagonizado en YouTube por Kanye West, Snoop Dogg, Alicia Keys, Will.i.am y Sean Diddy Combs llamado Megaupload Mega Song -y que provocó una cruenta batalla legal entre Universal Music Group propietaria de contratos en exclusividad de estos artistas y el portal, que alegó que era una canción única y hecha de forma voluntaria por los cantantes- se haya convertido en uno de los más vistos en internet.

De momento, Facua ha anunciado que los usuarios del servicio creado por Schmitz tienen derecho a recuperar sus archivos privados almacenados en los servidores de Megaupload por lo que insta al Gobierno de Estados Unidos a ponerlos a su disposición. La asociación de consumidores recuerda que aunque las actividades finales de la web sí eran ilegales, el hecho de colocar los archivos privados dentro de una web es totalmente lícito ya que emplear un sitio como un disco duro virtual está registrado y protegido por ley: en el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se explica que «nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio y su correspondencia».

Del mismo modo que ayer criticábamos duramente las dos leyes que el Partido Republicano está intentando promulgar en las dos cámaras legislativas americanas, mostramos nuestra total repulsa a cualquier actividad de intercambio de archivos con fines comerciales que resulte en un daño a la cultura y a su desarrollo.

En este blog creemos firmemente en la cultura libre pero también en los derechos de autor. Es por ello que pedimos a todos los internautas un uso responsable de la red y a las grandes multinacionales que gestionan los derechos de los productos audiovisuales, responsabilidad en su política de precios y distribución. Seguro que, entre todo, es posible llegar a un punto en el que todas las partes ganen: los artistas que invierten su talento y su tiempo en crear contenidos que a todos nos gustan; las empresas que nos procuran excelentes productos y servicios gracias a su inversión en tecnología; todos los trabajadores que nos permiten disfrutar de geniales conciertos, maravillosos videoclips y miles de horas de buenos contenidos y, sobre todo, unos consumidores que quieren disfrutar de la cultura, el único alimento del alma. Ese arte que nos permite ser mejores personas.

Bubok, Vimeo y BlockBuster, otra forma de entender la cultura

En una época en la que las descargas P2P, los derechos de autor, el copyleft y la piratería están en el ojo del huracán -por motivos diferentes, pero con muchos puntos en común- cada vez ven la luz más proyectos que tienen en la distribución de contenidos a bajo coste su meta. Blockbuster, Vimeo y Bubok son buen ejemplo de ello. Se distinguen de otros, además, por su dinamismo gracias al cual han sido noticia esta semana.

Bubok, a por Inglaterra, Suecia y Noruega


La plataforma estatal de autoedición de libros ha decidido dar el salto a otros países europeos. Tras un acuerdo con Service Point Solutions (SPS) -una de las empresas líderes en la impresión y edición digital de contenidos- y después del buen resultado obtenido en su primera incursión por Portugal, México y Argentina la compañía se ha decantado por mercados con un gran peso en el mundo de las letras -Inglaterra es uno de los principales editores de libros todos los años y Suecia cuenta con una larga tradición- lo que permitirá a sus usuarios publicar gratis en su idioma y vender sus obras en formato electrónico o impreso sin necesidad de invertir en una tirada inicial: cada ejemplar se imprime «bajo demanda» y el margen de beneficio para el autor es del 80%.

Ángel María Herrera, fundador de Bubok, explica que la elección de estos países nórdicos no ha sido aleatoria: «tienen un potencial enorme, son mercados muy maduros en cuanto a la compra online y, además, están entre los países que poseen el mayor número de lectores habituales de toda Europa y de libros publicados por habitante».

La presentación del nuevo servicio para estos tres países ha tenido lugar del 22 al 25 de septiembre en la Feria de Göteborg, la más importante del norte de Europa y la segunda más importante del continente tras Frankfurt.  El acuerdo con SPS no sólo le abre las puertas a los 9 países donde tiene plantas de impresión, sino también a los otros 44 donde forma parte de la alianza GlobalGrafixNet.

Vimeo apuesta por la música


El portal de vídeos creados por internautas y uno de los grandes rivales de YouTube -por no decir el único- ha lanzado una tienda de música para que sus usuarios puedan encontrar la pieza de música que deseen para editar sus creaciones. Los archivos se ordenan por género, ritmo o estado de ánimo -además de por los datos de la propia canción- superan ya los 450.000 bajo licencia Creative Commons.

Los precios de cada tema oscilan entre los gratuitos al ser de uso libre, los de uso particular -costarán 1,99 dólares- y los de uso comercial -98 dólares-. El servicio se plantea como una alternativa para los creadores que no desean ver sus obra «enterrada» entre miles de vídeos más mundanos colgados por los millones de usuarios de YouTube en todo el mundo. Una nueva alternativa para crear un nuevo negocio en la red.

Netflix, en el punto de mira de BlockBuster


El que fuera el videoclub dominante en Estados Unidos durante la época dorada del VHS y la era previa a internet ha puesto en el punto de mira uno de los rivales que provocaron su desaparición de las calles de medio mundo: Netflix.

BlockBuster ha anunciado que está ultimando el lanzamiento de un servicio de suscripción para el visionado de películas vía streaming que rivalice con Netflix. La noticia, que saltó el pasado día 23 en la conferencia «A Stream Come True», confirma el movimiento del gigante americano tras la compra de Dish Network este mismo año y se aprovecha de los apuros que está pasando Netflix tras su cambio de estrategia comercial -en parte por una nueva legislación más dura con las descargas gratuitas-.

Esta nueva legislación llevó a Netflix a separar sus negocios de alquiler de DVDs físicos y de contenidos en la red lo que ha supuesto duplicar la estructura de la compañía y ha redundado directamente en un incremento bastante notable en los precios de la empresa. Antes de la «separación» la cuota por descargarse un contenido o alquilar un filme era de 7,99 dólares. Ahora esta cuantía sólo llega para una de las dos opciones. Los analistas ya auguran el abandono de la plataforma de al menos uno de sus 24 millones de clientes.

De momento Netflix ha pedido disculpas a sus usuarios por no explicar bien los nuevos planes de la empresa. Ha catalogado la actitud de la propia Netflix como «arrogante» y ha hablado de nuevas medidas. La importante bajada del valor de los títulos de la empresa en Bolsa también han parecido definitivos para este comunicado. Muchos años después, BlockBuster tiene la oportunidad de vengarse.

Amazon, democratizando la cultura

Después de su exitoso desembarco en el Estado Amazon sigue haciendo públicos sus ambiciosos proyectos para expandir su negocio, ahora le toca el turno a una biblioteca que permita a sus clientes alquilar contenidos a un precio sin competencia.


Hasta no hace mucho no era difícil ver a alguien acercarse a un videoclub para alquilar una película con un libro recién cogido de la biblioteca en la otra mano. Ahora que iTunes o  Netflix se postulan junto con las «taquillas» de los proveedores de televisión de pago como los nuevos videoclubs en plena revolución digital, Amazon quiere hacer lo propio, aunque no sólo con películas, sino también con su punto fuerte: su vasto catálogo de libros.

La noticia -que todavía no se sabe si pasa de rumor- fue publicada por The Wall Street Journal hace una semana. La empresa de Jeff Bezos preparan un servicio en el que sus abonados pagarían una tarifa anual para poder acceder a su fondo de librería. Sin embargo, varias fuentes consultadas por el diario neoyorquino han mostrado también el malestar de las editoriales ante esta posibilidad. La venta y el precio de los libros podría bajar drásticamente y, con ello, sus beneficios muy mermados por las grandes librerías digitales y por el descenso de las ventas de libros en formato papel.

De momento el plan de Amazon sólo afectaría a libros antiguos que, normalmente, tienen poco valor comercial para las editoriales. A estas «estanterías» accederían sólo los socios «Amazon Prime» que ya abonan al gigante de internet unos 60€ anuales, aunque, para satisfacer a los editores pretende limitar el número de libros que podrían «alquilar» al mes.

Sin duda este servicio se presenta como un importante puntal para las ventas de Kindle y de la futura tableta que se presenta como una alternativa barata y diferente al omnipresente iPad. En un momento en el que el comercio electrónico crece mucho más rápido que el convencional y frente a países donde el precio de los libros está prefijado -tal es el caso del Estado- esta biblioteca parece una buena forma de saltarse las barreras para que los libros lleguen, de una vez, a casi todos.

Por el momento Amazon ya prepara la llegada de su exitoso eReader en el Estado por un precio que no debería superar los 150€ y que podría dar acceso al comprador a un número limitado de títulos durante las primeras semanas posteriores a la compra sin coste alguno -como ya hizo en la entrada en otros países-. Es hora de volver a sacarse el carnet de la biblioteca.

Amazon, por fin ha llegado

Como ya os anunciamos el pasado 9 de marzo, Amazon, la principal librería de Internet llega al Estado. Han pasado casi 17 años desde su nacimiento en 1994 de la mano de Jeff Bezos en Seattle cuando desde un garaje comenzó a comercializar libros en los 50 estados americanos y en sólo un mes en otros 45 países. Luego le llegó el turno a la música, a los vídeos, y el material electrónico. Ahora, como anunció Greg Greeley, vicepresidente de la firma en Europa, el lanzamiento de Amazon.es será hoy día 14 y su primer día de actividad, mañana.

Al principio notaremos ciertas diferencias entre Amazon.es y su matriz estadounidense puesto que sólo podremos comprar productos «físicos»: libros, discos, películas y equipos electrónicos que se han ido incorporando al stock de la firma durante el último año.

En cuanto a la venta de contenidos virtuales, aunque se antoja un objetivo mucho más complicado, las editoriales empiezan a sumarse lentamente al proyecto: la primera en firmar, según la propia Amazon, ha sido Roca Editorial, una de las que mayores éxitos guarda en sus estanterías. Blanca Rosa Roca responsable de la librera ha explicado que «ya estábamos en Barnes&Noble» por lo que ahora tocaba Amazon. «Necesitamos vender globalmente -prosiguió- y estas tiendas nos lo facilitan». El acuerdo, que nació en julio, está ya en su fase definitiva, con la carga de los contenidos y los metadatos en la web de Amazon.

Tal es el optimismo que ha levantado este sector que se prevé que a finales de año -coincidiendo con la Navidad- el «efecto Kindle» esté en todo su apogeo. Pero no debemos esperar que, como ocurre en Estados Unidos o Inglaterra, la compra del libro digital sea más barata que la del tradicional. Allí hay variación en el precio de los escritos mientras que aquí es fijo y Amazon ha asegurado que mantendrá la política. Sin duda, en una sociedad que no apuesta demasiado por las nuevas tecnologías, será un freno para su expansión. Una pena.

Otras editoriales que están a punto de sumarse a Amazon, sin embargo, sí defienden precios más bajos en sus ediciones virtuales. Luis Solano, creador de Libros del Asteriode, confirma que sus ediciones físicas costarán un 30% más que las de Kindle. «Es lógico -espeta- porque el libro virtual te da menos que el físico».

Amazon dejará estas políticas en manos de las editoriales. Les recomienda que el precio se sitúe entre los 9 y 11 euros, aunque no les obliga a una política fija de precios. Además, el lanzamiento y los títulos que llegan a Kindle depende de la decisión de su creador, no tiene porqué ser a la vez que el de la versión de papel… y ni siquiera tiene porqué llegar.

Los nombres de otras editoriales que se han sumado a la llegada de Amazon al Estado son Santillana o Random House, que ya están presentes en Amazon.com. Ambas comercializarán también libros en otros idiomas diferentes al castellano y han garantizado que sus ediciones digitales llegarán a la web antes de que acabe el año.

La mayor librería del mundo y el libro electrónico más famoso del planeta han llegado a nosotros. Ahora sólo falta que los intereses comerciales de las firmas -que gozan de inmensos márgenes en cada producto- no se interpongan a un sistema que puede hacer mucho por expandir la cultura -y la tecnología- entre nuestros ciudadanos. Esperemos que no sea una nueva oportunidad perdida.

La UE controla a Google

Hace una semana se publicaba en el [Enlace roto.] una noticia determinante en el devenir del desarrollo de los libros digitales en los próximos años. Al parecer, la Unión Europea limitará a siete años la primacía de Google en la digitalización -y, por ende, distribución- de volúmenes de las principales bibliotecas europeas.

La empresa californiana ha llevado al código binario más de diez millones de libros desde que empezó su programa de digitalización de la cultura escrita y gran parte de ellos han llegado desde la Unión. Sin embargo,  el comité de sabios que se ha encargado de realizar un estudio sobre la difusión de estas propiedades quiere proteger que otros entes privados puedan acceder también a esta fuente del conocimiento.

Fundamentalmente se pretende que «se fomente la cooperación entre el sector público y el privado. Esta cooperación ha de ser transparente, no exclusiva y equitativa para todas las partes y tener como resultado el acceso transfronterizo al material digitalizado para todos».

Para este comité de sabios de la UE el desarrollo de la digitalización de los textos -se ha animado a los Gobiernos a hacer lo propio con sus fondos- es una oportunidad única para que se dé un Renacimiento del patrimonio cultural europeo.

Además, la buena aceptación de estos gadgets (sólo hay que darse un paseo por el Metro de Bilbao en hora punta para ver que los eBooks y tablets van sustituyendo poco a poco al papel) hace ser optimista sobre las posibilidades de difusión y éxito de este formato.

Google Libros lleva en el ojo del huracán desde su nacimiento allá por 2005. El Departamento de Justicia estadounidense, algunos Gobiernos europeos, expertos, consumidores y, por supuesto, empresas competidoras como Microsoft la han acusado de monopolio. Sin embargo, desde 2009 un juez neoyorquino sigue discerniendo la legalidad o no de la situación.