TICs, nuevos desafíos y oportunidades (I)

Durante cuatro días vamos a separarnos de los dispositivos y las grandes empresas tecnológicas para adentrarnos en las Tecnologías de la Información y la Comunicación y en el mundo de la innovación. Vamos a tratar de averiguar -con la inestimable ayuda de grandes autores- cómo las nuevas tecnologías se han instaurado en todos los estratos de nuestra sociedad -comunicaciones, relaciones interpersonales, economía, cultura, educación, etc.- y cuáles son los retos, oportunidades y desafíos que nos brindan.

Tecnología y economía, ese matrimonio perfecto

Durante mucho tiempo hemos oído hablar de diferentes soluciones a la crisis económica que vivimos. Por desgracia, hasta ahora, ninguno de los oráculos a los que hemos acudido ha sido capaz de darnos la receta con la que terminar con las largas colas en las puertas de los institutos de empleo; la deuda crónica de los países y, mucho menos, los ingredientes para conseguir el tan ansiado crecimiento económico.

Sin embargo, hay una palabra que se repite una y otra vez en todas y cada una de las «sanas» que se nos propone. Da igual que el ideario sea más consevador o más social. Todos hablan de innovación. Todos hablan de la necesidad de invertir en Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i). De lo que no hablan, empero, es de que algunas regiones del planeta -entre ellas el Estado, con honrosas excepciones- son verdaderos desiertos donde plantar la semilla de las nuevas tecnologías será mucho más que complicado.

Para empezar este viaje iremos de la mano de Javier García, Paco Prieto y Pablo Priesca y su excelente libro «i-Economía» donde nos explican cómo los patrones económicos globales están cambiando: lo importante ya no reside en la producción de bienes, sino su diseño y su concepción. Lo importante ya no es tener enormes fábricas donde producir millones de coches, teléfonos o televisores. Lo fundamental es tener una gran base de ingenieros, matemáticos, estadísticos, empresarios, publicistas, etc. que sean capaces de imaginar que desearán y necesitarán las personas en el futuro, darle forma, crearlo y fabricarlo. Aquí tenéis un ejemplo que aparece en este volumen para que veáis la importancia de cambiar nuestro concepto de economía:

  • Es muy habitual de hablar de Silicon Valley o Apple estos días como un ejemplo de innovación. Lo que pocos ven -muchas veces ni siquiera sus clientes- es un eslogan que aparece en la caja de todos los productos de la manzana: «Designed in California, assembled in China». Para que hacernos una idea, el precio medio de un iPod comercializado en cualquier rincón del planeta es de 299$. La pieza más cara de cualquiera de estos dispositivos es su disco duro que, a día de hoy, fabrica Toshiba y cuyo coste es de 73,39$. En total, el coste de las 451 piezas que Apple necesita para construir cada uno de estos productos es de 144$. El siguiente paso, el de los distribuidores -cuando no ocurre que ella misma comercializa el bien en cuestión en exclusiva- marca que Apple vende a cada minorista sus iPod por 224$ lo que significa que en cada uno de ellos la firma de Tim Cook obtiene un beneficio bruto de 80$. En el caso de Estados Unidos, donde tiene la distribución en exclusiva, esta cifra se eleva a 103$. Es decir, entre el 30 y el 43% de los ingresos se quedan en Estados Unidos, en el caso de Japón se queda alrededor del 10% del beneficio… y en China a duras penas el 1%. Como vemos, el valor no reside donde se «ensambla», el valor del iPod se queda donde se diseña.

Innovación y renta… ¿hay relación?


Ahora que hemos visto la importancia que tiene ser un «productor» de ideas y no sólo de bienes, es importante que nos detengamos en observar si realmente existe una relación directa entre la inversión en I+D+i y la renta de los ciudadanos.

Como hemos dicho antes, existen regiones del planeta donde la tecnología está mucho más presente dentro del entramado económico. Todos pensamos en Silicon Valley cuando nos hablan de nuevas tecnologías, aunque no todos pensamos que todas las industrias del planeta tienen «centros de ideas» a nivel mundial. La industria aeronáutica se concentra en Seattle y París; la industria automovilística tiene en Japón y Baviera sus máximos exponentes; Londres es una de las capitales mundiales financieras, etc.

Es por ello que podemos encontrar fácilmente una lista con los países que más han apostado por la inversión en las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Todos los años una agencia de Naciones Unidas conocida como la International Telecomunication Union (ITU) elabora un dossier llamado Measuring the Information Society a través del cual se desarrolla el Índice de Desarrollo TIC con el que podremos comparar el desarrollo tecnológico de casi todos los países miembros de la ONU.

Como bien explican en i-Economía, este índice calcula la disponibilidad de infraestructuras tecnológicas en un país; el uso de esas tecnologías por parte de las personas físicas y jurídicas de dicho Estado y, finalmente, las habilidades formativas en nuevas tecnologías que hay en dicho territorio.

En ese informe vemos que países como Suecia, Luxemburgo, Corea del Sur, Dinamarca, Holanda, Islandia, Suiza, Japón, Noruega y Reino Unido lideran la tabla con Alemania en el puesto 13, Australia en el 15, Francia en el 18, Estados Unidos en el 19, Irlanda en el 20 y España, entre otros, en el 25.

Curiosamente, si analizamos la clasificación que el Instituto por el Desarrollo Humano hace también anualmente para ver cuál es la situación comparativa de todos los países en relación a la esperanza de vida, la renta per cápita, el promedio de escolaridad infantil y la tasa de alfabetización adulta -conocido como Índice de Desarrollo Humano– vemos que los resultados no son muy diferentes:

Noruega, Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Irlanda, Liechtenstein, Holanda, Canadá, Suecia y Alemania copan las 10 primeras plazas y Japón, Corea, Suiza, Francia, Finlandia, Islandia, Bélgica, Dinamarca y España se sitúan entre los 25 primeros. Las diferencias, de hecho, son aún menores si sólo tenemos en cuenta la renta per cápita por país.

Es por ello que sí podemos concluir que existe una relación directa entre innovación y renta. Si tenemos en cuenta el estudio llevado a cabo por World Information Technology Alliance veremos que en 2010 la inversión global en TICs superó el 6,5% del PIB planetario. El ritmo al que creció la cantidad destinada a estas tecnologías durante la última década creció fue del 9,13% anual -a pesar de que la crisis ha reducido el importe un 3% los dos últimos años- y, lo que es más importante, aquellos países que más han gastado en nuevas tecnologías (en su implantación, en su uso, en su innovación y en enseñar a sus ciudadanos a utilizarlas) son aquellos que aumentan o mantienen sus niveles de competitividad económica.

Los cuatro países más competitivos del mundo son Suiza, Suecia, Singapur y Estados Unidos. España ocupa el puesto 42 de 139 y desde 2008 -fecha del inicio de la crisis- ha bajado 9 peldaños. Lo más grave, además, es que son los países que más han invertido en nuevas tecnologías durante las últimas décadas los que han visto crecer más solidamente su PIB.

Así, si tenemos en cuenta los datos de la OCDE para sus miembros, entre 1985 y 2008 la inversión de Suecia en TICs creció a un ritmo del 0,56%. Su PIB al 2,32%; Estados Unidos creció al 2,89% mientras que sus inversiones en Tecnologías de la Información lo hicieron un 0,55% al año. España aumento su inversión tecnológica un 0,25% anual. Su PIB creció al 1,76%.

Conclusiones


Como hemos visto la inversión en nuevas tecnologías, en infraestructuras para su desarrollo, en formación para los trabajadores y en innovación -ideas- son absolutamente fundamentales para que el desarrollo económico de un país -y con él su desarrollo social- se lleve a cabo de modo sostenido. Sólo aquellos países que han sido capaces de prever los cambios que se estaban dando en los cimientos de la economía y que han apoyado y abrazado el futuro que significan las nuevas tecnologías han mantenido un crecimiento sostenible en su riqueza y su desarrollo humano.

Es por ello que hemos de entender esta crisis como una oportunidad para replantearnos nuestros modelos de crecimiento. En una época en la que los países emergentes ofrecen al mundo posibilidades de producción con estándares satisfactorios a precios muy reducidos -en muchos de estos países es necesario que se dé la revolución social que acabo con la explotación de los trabajadores en el primer mundo hace ya más de un siglo- es necesario que los Estados occidentales nos diferenciemos de los demás por nuestra capacidad de innovación. Por nuestra capacidad de crear bienes con un mayor valor añadido y, en definitiva, que aprovechemos nuestro mayor desarrollo tecnológico para que influya positivamente tanto en un mayor bienestar social como económico.

Cleantech e Innobasque, espacio de futuro

Muchas veces, cuando nos encontramos sumidos en una crisis con las dimensiones para la actual parece que no hay demasiada esperanza. Hoy mismo se ha hecho público que otra agencia de calificación [Enlace roto.] alegando la debilidad del crecimiento económico y, lo que es peor para mi, la «falta de una solución creíble para la crisis de la eurozona». Sin embargo, algunas veces pequeños proyectos se ponen en marcha para demostrarnos a todos que si se trabaja bien los frutos -alguno lo llamaría «brotes verdes»-, llegan.

En este caso una de las soluciones se nos propone desde Innobasque, la agencia vasca de la innovación. Esta organización privada sin ánimo de lucro fue creada a instancias del pasado ejecutivo vasco con la finalidad de ser «el instrumento de coordinación e impulso del Sistema Vasco de Ciencia, Tecnología e Innovación». En palabras más llanas, tiene como finalidad articular una arquitectura que agilice las relaciones entre el sector público y el privado en materia tecnológica y de innovación algo más necesario que nunca en estos tiempos de crisis y que, por desgracia, normalmente no se cuida. A tenor de lo que veremos a continuación podemos concluir que, por el momento, funciona.

Cleantech Group visita Euskadi


Recientemente Cleantech Group llegó a Euskadi dentro del marco del European Advisory Board Meeting -cuya celebración es bienal y que contó con la colaboración de Innobasque-. La delegación, la mayoría de los «visitantes» formaban parte de la división europea de Cleantech con sede en Londres, no sólo mostró su fascinación por la transformación de la capital bizkaitarra -si podéis ojear el post colgado en la bitácora de CG al respecto de la visita lo comprobaréis- sino por el dinamismo que muestra nuestra pequeña tierra.

Más centrados en el objetivo de su visita, seis proyectos fueron presentados en el incomparable marco del Museo Guggenheim. Todos ellos provenientes de startups de diferentes sectores:

  • EcoMotion: el primer estudio que vamos a analizar tiene que ver con uno de los aspectos que más preocupa en el mundo desarrollado o en vías de desarrollo. Se trata de la movilidad sostenible. Desde EcoMotion nos hacen una propuesta eficiente y con prestaciones -algo que no siempre pueden ofrecernos los grandes fabricantes- y que podría transformar realmente el panorama urbano a corto plazo: scooters eléctricas que sean capaz de amortizar el crecimiento demográfico, los problemas de movilidad y, sobre todo, el exponencial incremento de la demanda energética que se prevé a corto y medio plazo y que los combustibles fósiles ni pueden ni deben satisfacer.
  • Ametslab: en mi opinión uno de los proyectos más espectaculares de los presentados ya que tiene como fin replantear el sector de la construcción a partir de soluciones para la creación de edificios y estructuras autosuficientes energéticamente. Para ello mostraron soluciones como su «Zero Building», capaz de generar la energía que consume, capturar el agua que necesitarán sus usuarios y, además, es totalmente reciclable gracias a los materiales «verdes» con los que ha sido construido. Para todo ello se crean materiales y superficies que minimizan la demanda energética (paredes y tejados verdes que funcionan como aislantes) de los ocupantes, se maximiza la eficiencia de la estructura (con paredes dotadas de paneles modulables que gestionan la temperatura del edificio) y, además, se procuran sistemas para generar la propia energía (con placas solares y otros sistemas repartidos por toda la estructura del complejo). Del mismo modo, el excedente energético se traspasa a otros edificios colindantes para mejorar la eficiencia energética de la zona. Impresionante.
  • HBIO: referido a una gestión sostenible del agua (el bien más preciado, abundante y a la vez escaso de nuestro planeta) este proyecto nos propone reutilizar el 50% de las «aguas grises» domésticas mediante unos sistemas de depuración de agua en nuestros propios hogares. El impacto no sólo tiene que ver con nuestra factura a final de mes sino con un ahorro del agua que aunque ahora no vemos como algo necesario en ciertas zonas del planeta se impondrá como obligatorio con el crecimiento demográfico que el planeta está viviendo -y sufriendo-.
  • Efficient Home Energy: la estrella de este proyecto es WhisperGen, un sistema de generación de energía doméstico capaz de dotar de calor al hogar y además, de crear satisfacer su propia demanda energética. Para ello se sirve de gas natural como combustible y tiene como principal ventaja sobre los generadores convencionales un menor impacto ambiental y, sobre todo, un nula contaminación acústica: sólo emite 46 decibelios -un motor diésel de un coche al ralentí emite, al menos, 60-.
  • ABG Biotech: con un proyecto relacionado con biotecnologías blancas y tecnologías sostenibles. Dentro de su dossier se presentaron biodetergentes, bioproductos que se aprovechan de encimas y microorganismos para aumentar su eficiencia y disminuir su impacto ambiental o biosoluciones para la industria alimentaria, problemas medioambientales como la contaminación e incluso una mejor explotación vinícola.
  • Alpetek: cuya apuesta es un nuevo sistema para la obtención de aluminio a partir de un reciclaje más eficiente -como por ejemplo de tetrabriks u otro tipo de continentes- que, además, redunda en un proceso que también genera energía. Así, en un proceso de quema del plástico sobrante de estos formatos tras la retirada de la preciosa película de aluminio, redunda en una mayor eficiencia energética y en un menor impacto ambiental por su mayor autonomía. Asimismo, los beneficios económicos son evidentes si tenemos en cuenta el precio del aluminio en el mercado -disparado, entre otras cosas, por su empleo masivo en la industria automovilísitica y aeronáutica-.

Asimismo, también se desvelaron los seis proyectos que se presentarán al Cleantech Open y el nombre del ganador: PowerTrack, que pronto se presentará en la final mundial en San Francisco.

Además de todos estos importantes proyectos -desde Cleantech aseguran que pronto veremos el papel fundamental de todas estas pequeñas empresas dentro del desarrollo de tecnologías limpias a nivel mundial- la empresa mostró su satisfacción con el tejido empresarial e innovador vasco. El 70% de nuestro PIB está en manos de PYMEs (frente al escaso 20% del caso británico); en 1998 había 110 firmas con departamentos de I+D, en 2007, 343; además, Euskadi es sede de algunas de las empresas «verdes» más importantes del mercado. Tal es el caso de Iberdrola -líder mundial del sector eólico y una de las principales empresas de energías renovables-; Gamesa -primer fabricante mundial de aerogeneradores- o MCC -primera empresa vasca, séptima estatal y mayor corporación cooperativa planetaria con nueve centros destinados a la investigación, desarrollo e innovación-.

Fundado en 2002 por Nick Parker y Keith Raab en San Francisco, California, Cleantech Group es una compañía que tiene como objetivo el desarrollo de tecnologías limpias y su implantación en el mercado. Así, Cleantech proporciona a sus miembros el capital necesario para poder acceder a nuevos inversores, fomentar las investigaciones y dar oportunidades a pequeñas empresas, proyectos y tecnologías que sin este «empujón» muchas veces no llegarían a buen puerto. Para que nos hagamos una idea del empaque de esta comunidad, según la página web del grupo su capital disponible para invertir ronda los 3.000 millones de dólares, sus inversoress superan los 8.000 y cuenta con más de 6.500 empresas colaboradoras y 3.500 proyectos referidos a tecnologías limpias. Lo dicho, un halo de esperanza.