Legislación tecnológica, los cinco puntos ineludibles en 2016

La velocidad a la que sucede todo en el universo tecnológico desde hace poco más de una década es altísima. Prácticamente todos los sectores productivos -fuera y dentro de nuestras fronteras- están influenciados por la llegada de las TICs y las evoluciones 3.0 y 4.0 de la revolución digital. Y es eso precisamente lo que hace que cada vez más países y organismos supranacionales comiencen a ver la legislación en este campo como una medida absolutamente necesaria.

Teknautas, la excelente sección de tecnología de El Confidencial, analizaba hace pocos días cinco tecnologías que deberán ser reguladas durante la próxima legislatura. Materias que en algunos casos se someten a códigos excesivamente laxos (o arcaicos) o que, directamente, no tienen ninguna regulación sobre ellas. Os traemos aquí el listado (y nuestra opinión al respecto).

  • Car sharing. Bajo esta denominación se engloba toda la economía colaborativa relacionada con el transporte privado. Es cierto que todo el sector está pendiente de regulación pero también que «el coche» es el punto más caliente porque es uno de los que más afecta a nuestro bolsillo y a sectores tan relevantes como los taxis y las compañías (públicas y privadas) de transporte colectivo. Uber, Cabify y BlaBlaCar no solo han estado en los medios sino también en los juzgados. Y en el caso del primero, el más importante por su carácter internacional, ha estado incluso suspendido cautelarmente. Regidas por la Ley de Ordenación de los Transportes Terrestres, el propio concepto de intermediario tecnológico entre dos usuarios ha puesto en jaque a las administraciones. Como siempre, el problema va más allá del caso particular: es el ejemplo claro del paso de la sociedad de la era de la acumulación a la era del uso bajo demanda.
  • Fintech. Durante mucho tiempo la sociedad vio como los medios de comunicación, los comercios minoristas y toda clase de sectores se veían sacudidos por el terremoto de los dispositivos móviles e internet. Parecía que casi ningún sector tradicional iba a acabar inmune -por mucho que se esforzara- y ahora le ha llegado el turno a la banca. Es cierto que aún no es una amenaza real pero también que todo el sector se está moviendo rápido antes de que sea tarde y los «ogros» de Silicon Valley adquieran conciencia de su potencial -y también lo hagan sus clientes-. De momento la CNMV ya ha puesto su lupa sobre los nuevos actores del negocio. Además, son muchas las empresas que piden una legislación más clara al respecto de cómo registrarse y tributar. La presión de los demás mercados vecinos hará el resto.
  • Economía colaborativa (en general). En condiciones normales la economía colaborativa debería ser la respuesta responsable al exceso consumista de la sociedad occidental. Sin embargo, como siempre, hay una amenaza real de que se convierta en el refugio perfecto de la economía sumergida. Será necesario determinar a partir de qué ingresos es necesario tributar, cómo ha de hacerse y en concepto de qué. Los servicios domésticos, las personas que se prestan a hacer recados por precios módicos, etc. son cada vez más habituales en internet. ¿Cómo regularlos?
  • Drones. Hemos hablado más de una vez de ellos como una de las revoluciones tecnológicas de este lustro y también de todas las posibilidades que ofrecen tanto para el desarrollo social y económico. Incluso del potente negocio que se está construyendo en otros países a su alrededor. Ahora llega el turno de que la Administración haga lo propio y acote parámetros de seguridad en las áreas pobladas, normas de circulación y uso y forma de tributación de sus constructores y usuarios. Desde hace medio año se cuenta con una legislación demasiado exigua en la que solo se mide su uso industrial y empresarial pero cada vez más analistas exigen ir más allá al ser un nuevo medio de transportar objetos.
  • Crowdfunding y crowdlending. La financiación colectiva de proyectos (incluido el equity crowdfunding en el que el pago del préstamo se hace mediante acciones) y la financiación y préstamo de capital entre personas -el segundo ítem- han sido también uno de los temas más recurrentes por los riesgos de economía sumergida y usura que pueden llevar aparejados si se utilizan mal. De momento, y después de una bochornosa corrección de una Ley que contaba incluso con errores de concepto, hay una norma muy exigua que los implicados dieron por buena pero que ya hablan de cambiar y completar. En cualquier caso, este reto lo será también para el sector financiero -que a buen seguro empleará sus lobbys- al «robarle» parte de su negocio principal: los préstamos y la financiación de proyectos. ¿De qué lado estará el Gobierno?

Navidad 2015, los mejores regalos tecnológicos

Un año más lanzamos nuestras ideas navideñas para que Olentzero, Santa Claus y los Reyes Magos tengan una buena lista para regalarnos a todos en función de nuestros gustos y nuestras aficiones. ¿Os pedís alguna?

  • Para aquellos que no entienden la vida sin moverse y hacer deporte les proponemos que encarguen una buena partida de las Fitbit Charge HR. Su funcionamiento es sencillo e intuitivo y lejos de monitorizar toda nuestra actividad a modo pro, nos permite saber cómo y cuánto nos movemos en cualquier momento del día y de la noche. Una forma inteligente de controlar nuestra salud apoyándonos en una gama de productos de lo más variada y la mayor comunidad 2.0 de fitness del mundo. Ofrece mucho por muy poco dinero. ¿Qué más se puede pedir?
  • Una de las decisiones más difíciles para los gamers es qué plataforma seguir. Nosotros lo tenemos claro, aunque la Xbox One es un centro de ocio incomparable, la calidad de títulos y la potencia gráfica de la PlayStation 4 es incomparable. Con la industria enzarzada en una guerra por asombrarnos más que nunca -desde las historias hasta la resolución o la música y las increíbles campañas de marketing- los chicos de Sony siguen siendo la referencia. Star Wars Battlefront, Fallout 4, Call of Duty: Black Ops III, Assassin’s Creed Syndicate, Gran Turismo, God of War III, Uncharted, Batman Arkham Knight, etc. nunca se vieron y se oyeron tan bien. Para vosotros, jugadores.
  • Hay amantes de la música que anhelan el sonido «perfecto» con una imagen retro. Lo mejor de dos mundos: conectividad total, sonido 2.0 fluido sin interrupciones con bajos profundos y agudos limpios envuelto en un diseño a la altura de los mejores. Philips lo ha conseguido con el modelo ORT7500/10 que reinterpreta la legendaria Philetta e incluye tecnología Bass Reflex, DAB con sincronización automática, entrada de audio multiplataforma, bluetooth, etc.
  • Cinéfilos y fans de las series que no podéis separaros ni un momento del séptimo arte y la gran pantalla, por fin se han escuchado vuestros ruegos y Netflix ya ha llegado. Su catálogo, aunque todavía está creciendo, ofrece una buena cantidad de series en exclusiva y promete mejorar cuando se acaben los contratos de emisión de Canal Plus. Su aplicación es fluida e intuitiva. Su precio es mucho mejor que el de cualquier operador clásico (el máximo son 11,99€ con cuatro pantallas simultáneas y resolución 4K) y sus posibilidades de uso casi ilimitadas. El regalo definitivo para aquellos que quieran algo diferente y totalmente personalizable.
  • Siempre hay gente que piensa que la versión 2.0 es mejor que la analógica. Desde un electrodoméstico hasta un juguete. Y el tiempo, al final, parece darles siempre la razón. Para ellos, para los geeks os proponemos el juguete digital definitivo: un dron. Hay uno para cada bolsillo (desde los espectaculares Bebop Drone de Parrot hasta los más que solventes Droni Stream con cámara de Imaginarium). Una nueva forma de divertirse y ver el mundo. Un regalo de lo más original.
  • Para que los más pequeños vayan cogiendo el gusto por la innovación y la tecnología les proponemos una inscripción para la edición 2016 de la First Lego League. Hay una gran cantidad de proyectos científicos diferentes en los que participar y con los que aprender sobre ciencia, tecnología y trabajo en equipo. Una experiencia única que puede traducirse en una beca. Perfecto para jóvenes entre 10 y 16 años, si en casa hay alguno más pequeño con intereses de este tipo, la JrFLL es la mejor opción. Algo para compartir y recordar.

Drones, ¿sistema inmunitario de las ciudades?

Como es habitual toda mejora tecnológica es pronto absorbida por cabezas pensantes que le ven una utilidad militar y comercial. El ejemplo más reciente, sin duda, son los drones. Llegaron al gran público en forma de «aeronaves de defensa autotripuladas» (una forma de jugar a la guerra sin sacrificar efectivos propios) y se ganaron su simpatía cuando empresas como Amazon dijeron que podrían utilizarse para realizar repartos más efectivos y rápidos.

Por suerte, también hay cabezas que siguen trabajando porque los avances técnicos tengan repercusión social. El fin último, al fin y al cabo, de la tecnología. En el caso de los drones, la creación de un aeródromo para estos en Ruanda servirá para conseguir llevar soporte a zonas inaccesibles.

El último ejemplo es el de la Universidad de Leeds que esta desarrollando un sistema de drones que permitirá a la ciudad repararse por sí misma realizando operaciones como el rellenado de los baches, reparar problemas en tuberías e incluso cambiar bombillas de farolas y semáforos cuando sea pertinente.

El proyecto, que cuenta con el apoyo (también financiero, casi 6 millones de euros) del Consejo de Investigación de Ingeniería y Ciencias Físicas británico está centrado en el desarrollo de tres tipos diferentes de drones que sirvan para identificar los problemas estructurales de la ciudad y repararlos en función del tipo de problema.

El primer tipo recibe el nombre de «posarse y reparar» y se fija en el modo en el que las aves se posan en las estructuras. Su misión será detectar bombillas fundidas, posarse sobre farolas y semáforos y realizar los cambios lo más rápido y eficazmente posible sin molestar a los vecinos. Este sistema incrementará la seguridad en las vías de Leeds.

El segundo modelo emplea las palabras clave «percibir y reparar» y es una flota de drones pensada para recorrer la ciudad y detectar de forma autónoma desperfectos en las vías y las aceras como baches y agujeros. La idea es que sean capaces de solucionarlos lo más rápido posible para evitar posibles daños a los viandantes y los vehículos.

El tercer grupo es el llamado «disparar y olvidar» y estará formado por máquinas que recorrerán de forma independiente e indefinida las tuberías de los servicios públicos de la ciudad realizando inspecciones, reparaciones y mediciones para informar constantemente del estado de las infraestructuras y de las operaciones de arreglo y mantenimiento que se han efectuado.

El objetivo, en palabras del Doctor Raúl Fuentes -miembro de la Escuela de Ingeniería Civil de la Universidad de Leeds-, es realizar intervenciones invisibles al ojo humano. Para ello tendrán que ser «proactivos y no reactivos» para conseguir un desarrollo del proyecto que pueda ayudar a la ciudad y crear un verdadero sistema inmunitario para la ciudad del norte de Inglaterra.

Drones, la nueva esperanza en Ruanda

Son una de las nuevas promesas de la tecnología y, por lo tanto, son uno de los dispositivos susceptibles de caer en las manos de la industria más salvaje… y de convertirse en una gran herramienta de desarrollo humano. Por eso es una buena noticia que después de haber hablado de los drones como una industria incipiente a la que se quieren sumar gigantes como Google y Amazon estamos encantados de poder traer a la bitácora una noticia sobre Droneport un proyecto para abrir en Ruanda en cinco años un aeropuerto para aviones no tripulados que puedan llevar material sanitario y alimentario a rincones donde no se puede llegar de otra forma.

Diseñada por la firma Foster+Partners, Droneport es la primera iniciativa de la Fundación Norman Foster que la pondrá en marcha en 2016 y prevé que esté operativa en parte en 2020. Estructurada en tres naves entre las que habrá una clínica médica, la infraestructura dará asilo a una oficina de correos y a una empresa de construcción y reparación de drones.

Bajo la premisa de «menos es más» la Fundación se ha propuesto la construcción de casi toda la estructura con recursos de la región que no solo permitirán minimizar la inversión sino que permitirán un menor impacto ambiental derivado del traslado de materiales.

Aunque no se saben muchos más datos del aeropuerto, sí se ha especificado que habrá dos rutas bien diferenciadas. La primera, la «ruta roja»está pensada para cubrir emergencias sanitarias y contará con aeronaves más pequeñas y ágiles. La segunda, la «ruta azul», se centrará en el transporte comercial y contará con drones de unos tres metros de envergadura capaces de cargar un paquete de 10 kilos y llevarlo a unos 100 kms.

En 2025, con la industria y los diseños más avanzados y, sobre todo, con un conocimiento mejor de las necesidades del entorno, esperan contar con aparatos de unos seis metros de envergadura capaces de transportar paquetes de hasta 100 kilos.

Ruanda es un país del centro de África sin salida al mar que cuenta con una orografía especialmente complicada al ser un país muy montañoso con regiones de difícil acceso. La implantación de infraestructuras para aviones no tripulados no solo permitirá el transporte rápido y seguro de material médico a las zonas más recónditas (salvará vidas) sino que potenciará la actividad económica mediante el comercio electrónico al minimizar los gastos de transporte.

Además, legislativamente, Ruanda es un país mucho más abierto en materia de aeronaves no tripuladas que otros países con una geomorfología similar (Kenia o Sudáfrica). Aún así, la autoridad de Aviación Civil del país anunció que está trabajando a contrarreloj para tener una legislación sólida para 2016 y una de las más avanzadas cuando el proyecto ya esté en marcha.

Según el estudio realizado por Foster+Partners Droneport podrá cubrir el 44% del territorio del país y de demostrarse su utilidad prevén construir otros 40 dentro de sus fronteras y exportarlo a otros países como la República Democrática del Congo.

Drones, ¿una nueva industria?

Lo que para muchos es una excentricidad de Amazon, un arma militar de la era Obama, tiene pinta de convertirse en poco tiempo en una fuente de riqueza y una industria en toda regla. O al menos es lo que se desprende de un estudio que la Unión Europea le ha pedido a la Cámara de los Lores británica y que concluye que en 2050 habrá 150.000 empleos relacionados directamente con estos dispositivos. Sin dejar pasar tanto tiempo, la AUVSI reza en su último estudio que en 2025 (a diez años vista) habrá 100.000 puestos de trabajo entre la construcción, comercialización, pilotos, escuelas de pilotaje y la industria auxiliar de aviones no tripulados.

El Estado no es ajeno a estos artefactos y según la Agencia Estatal de Seguridad Aérea ya operan una centena de empresas que operan con drones. Empresas que han puesto en marcha escuelas de pilotos que emiten el certificado básico y avanzado y que permite a sus alumnos manejar los drones como herramientas de trabajo con total seguridad. De facto, los analistas dicen que su generalización tendrá un gran impacto en sectores como la agricultura, inspección industrial, seguridad, cine, arquitectura, turismo, medios de comunicación, mensajería, etc.

Sin embargo, para que todo este desarrollo casi mesiánico llegue a buen puerto será necesario que haya una evolución por parte de las administraciones que, a día de hoy, no permiten el manejo de aeronaves no tripuladas sobre zonas de «aglomeraciones humanas». Las empresas que más están invirtiendo en el sector esperan que la normalización de su uso pueda resultar en iniciativas como DEA Drones que consiste en una red de equipos sobre los tejados de las viviendas equipados con desfibriladores y cámaras con radio y que permiten una asistencia en caso de emergencia muchas veces crucial hasta la llegada de las ambulancias.

Sea como fuere y sean las que sean sus posibles aplicaciones (reparto de productos y medicinas a zonas menos pobladas o de difícil acceso, revisión de infraestructuras críticas o incluso soporte aéreo al control del tráfico) el crecimiento que está viviendo este mercado es enorme. El año pasado la facturación fue de 15,2 millones de dólares y en 2020 se espera que supere los 1.270 millones solo en Estados Unidos.

Esto está provocando que todos los actores del mercado: empresas de software, hardware y pilotaje estén moviendo fichas rápidamente ante la creciente competencia y la cambiante regulación en cada región del planeta. El reciente nacimiento de este nuevo medio de transporte hace que los más optimistas se planteen la posibilidad de crear un sistema que no tenga las taras de la aviación comercial actual y se espera que todos los operadores y los diferentes agentes reguladores puedan colaborar para crear un sistema de control aéreo común entre zonas con mayor densidad como Estados Unidos, Unión Europea y el Reino Unido.

Precisamente parece que ese será el punto fundamental a la hora de evitar misterios como el de los cinco drones de origen desconocido que sobrevolaron París poco después del atentado contra Charlie Hebdo o los casos en los que se han detectado aeronaves no tripuladas sobrevolando zonas restringidas. Una regulación sobre seguridad, defensa de la privacidad y, sobre todo, eliminar las justificadas reticencias del público ante estos nuevos equipos serán fundamentales para que el boom de la industria no desaparezca.