Amazon Kindle Touch 3G, el libro digital

Sin duda alguna, el Kindle es a los libros electrónicos lo que el iPad a las tabletas: el referente y el objetivo de todos sus rivales. El último modelo en sumarse a la familia es el Touch 3G, el eBook definitivo.

 

Además de conectar con conectividad vía WiFi, el nuevo Touch 3G cuenta con el servicio Whispernet que es compatible con las principales redes internacionales de telefonía y que permite que el usuario se descargue cualquier libro que quiera leer desde donde esté con la sola preocupación de tener suficiente cobertura y de que el coste de la conexión es de 0,10 euros por cada Mb descargado.

 

Para los que quiera ahorrar, la conexión USB y el WiFi son sus armas para pagar sólo por los contenidos de lectura. Pero la conexión 3G también nos regala conexión a Wikipedia y a un sencillo pero eficiente navegador web. Todo ello por sólo 60 euros más que en el equivalente WiFi. No es mucho pero si tenemos en cuenta que es casi un 50% más que en la versión básica, habrá que pensárselo dos veces antes de decidirnos por la versión más versátil.

 

El formato exterior es prácticamente idéntico y el 3G nos sorprende por su gran ligereza. Ambos comparten el mismo interfaz: sencillo, limpio, ágil y adaptable al uso que le demos en cada momento al dispositivo. La tecnología E-Ink, además, nos hace olvidar rápidamente la falta de colores (sólo se comercializa en blanco y negro) gracias a la comodidad para leer textos. Es como leer sobre un folio encuadernado. Asimismo, como usa la luz reflejada, en caso de poca luz ambiental, tendremos que emplear una luz auxiliar. Lo hace más incómodo que una tableta, pero también cansará mucho menos nuestra vista. Habrá que esperar a las nuevas generaciones para asegurarnos de que Amazon se decanta por esta tecnología que hará de los Kindle equipos mucho más autónomos.

 

En cuanto a los gestos táctiles, como siempre sencillos e intuitivos y sin que afecten a la calidad de la lectura ni de la nitidez del interfaz. El responsable de este buen rendimiento es el procesador ARM Cortex A8 a 800 Mhz similar al de los primeros iPad unida a una memoria interna de unos 4 Gb con capacidad para almacenar unos 3.000 libros. Toda una vida.

 

La pantalla Pearl E Ink de 6 pulgadas y una resolución neta de 167 ppp (800 x 600) dan buena cuenta de una lectura relajada ideal para el tiempo frío y lluvioso que nos acecha. El único defecto que le encontramos es su incompatibilidad para el formato ePub, pero para aquellos fieles a la tienda de Jeff Bezos, no habrá ningún problema.

 

Como conclusión, un excelente libro electrónico con una maravillosa calidad de visualización, gran velocidad de respuesta y un interfaz inmejorable. La única duda antes de decantarse por él es saber si lo necesitamos con 3G o nos vale con el WiFi.

Kindle Touch, la evolución de la referencia

Desde su lanzamiento en diciembre del año pasado, el Kindle «clásico» es el producto más vendido por Amazon en el Estado. Sin embargo, sus características físicas lo hacían un modelo menos apetecible de lo esperado a pesar de su competitivo precio (99€).

Ahora, para seguir aumentando su cuota de mercado, la compañía de Jeff Bezos trae de Estados Unidos el Kindle Touch y el Kindle Touch 3G que se podrán adquirir por 129 y 189€, respectivamente. A pesar de que la tarifa sigue siendo mucho más alta que en Estados Unidos, el precio es más bajo que el de sus rivales, lo que parece permitirá a Amazon perpetuar su primer puesto en un negocio con cada vez más clientes potenciales.

Físicamente muy parecido al actual eReader, es más cómodo ya que, entre otras posibilidades, permite pasar de página con el dedo. Así, en el marco sólo encontraremos un único botón físico con el que acceder al menú. Para aquellos que le den un uso de sólo lectura, se encontrarán con una mayor autonomía -la batería está preparada para un uso más intensivo por parte de la pantalla, con lo que dura hasta ¡dos meses!- y una mayor capacidad de almacenamiento: se pasa de 2 a 4 gigas.

Respecto a la diferencia de 60 euros entre los dos Touch, está más que justificada para aquellos que quieran acceder a la tienda de libros en cualquier momento o en cualquier lugar. Funciona igual en todo el mundo y la tarifa de datos va incluida en el modelo.

Lo que no sabemos aún es cuándo podremos disfrutar del modelo mayor de la familia Kindle: la tableta Fire. En línea con el secretismo de Amazon, sólo sabemos que el Kindle Touch estará disponible desde el 27 de abril y que no ha llegado antes «para que tuviéramos al menos un Kindle desde diciembre».

Mucho menos sabemos aún de las tres nuevas tabletas que Amazon lanzará este año en Estados Unidos y que, esperemos, no tarden en cruzar el Atlántico. De momento se congratulan con que la oferta de títulos para el mercado hipanohablante ha crecido en pocas semanas de 21.000 a más de 32.000 volúmenes.

Incluso el número de escritores que se autoeditan en Amazon ha aumentado -y ha llamado la atención de las grandes editoriales del país-. Si tenemos en cuenta que los de Bezos sólo se quedan con el 30% del beneficio de cada título autoeditado y que el resto va para el creador, parece que el fenómeno, que ya se ha impuesto en otros países, seguirá creciendo los próximos meses.

Respecto al modelo «inferior» que sólo se comercializa en Estados Unidos y que tiene un carácter «patrocinado», cuesta menos de 79 dólares a cambio de incluir publicidad, desde Amazon España explican que nuestro mercado no tiene tantos usuarios como para poder acoger «correctamente» este sistema de comercialización de libros electrónicos. En cualquier caso, cualquier modo de expandir la lectura y la cultura siempre contará con nuestro aplauso.

Tabletas, ¿también para leer?

Hasta hace unas semanas parecía claro que las tabletas tenían una función plenamente multiusos (internet, música, vídeo, juegos y gestores de correo entre otras) salvo una: la lectura de libros era un terreno acotado para los libros electrónicos: sus pantallas con tinta electrónica parecían perfectas para disfrutar del cuarto arte durante horas sin casi notar fatiga.

No obstante, desde el pasado 16 de marzo -fecha de lanzamiento del nuevo iPad con su espectacular pantalla Retina- parece que el mundo se ha puesto patas arriba. La duda que nos surge es, sin embargo, ¿es posible concentrarse mucho rato en la lectura en una tableta teniendo en cuenta todas las distracciones y actividades paralelas que nos ofrece?

Los avisos de actualizaciones de redes sociales, los emails y, sobre todo, la posibilidad de averiguar hechos desconocidos o palabras poco comunes que aparecen en el texto -Wikipedia mediante- se muestran como una enorme tentación. Si el libro, por su parte, se torna «pesado», la tentación de pasar a los videoclips o las películas resulta, entonces, una obligación.

Curiosamente, esta duda no nos asalta a nosotros. Las editoriales ha comprobado como los usuarios de tabletas leen mucho menos ávidamente que los de eReaders. Son muchos los que nos hemos descargado las aplicaciones de lectura de Amazon, Apple o Barnes and Noble y muchos los que nos distraemos y dejamos el texto al margen. ¿Es entonces Kindle Fire el peor enemigo de Kindle? o, ante la duda, ¿Amazon lanzó el primero para evitar la pérdida de importancia del Kindle tradicional?

Maja Thomas, vicepresidenta primera de Hachette Digital, uno de los pesos pesados de las letras, explicaba recientemente que «no cree que eso vaya a suceder. Alguien que no tiene hábito de lectura y se compra una tableta verá que se le ofrecen muchas oportunidades para leer». Su «esperanza» es que el número de lectores aumente con la explosión de estos dispositivos.

Los números del Pew Research Center son concluyentes: las ventas de libros electrónicos se dispararon en todo el mundo durante las Navidades. Un alivio para un sector que ha visto como las tabletas ya no son ese medio especial para adentrarse en una aventura «sólo en letras».

Forrester Research hizo un estudio el año pasado. El 46% creía en 2010 que las tabletas era ideales para publicar sus principales títulos. En 2011 sólo el 31%. Las tabletas son una tentación. Las alertas, los enlaces, YouTube, las redes sociales… la información momentánea sobre cualquier temática. Demasiadas alternativas que nos requieren mucho menos esfuerzo que un párrafo. Según James McQuivey, director de la investigación: «la lectura se convierte en una competición contra otras alternativas».

Desde el básico menú de Kindle Fire, donde los libros son sólo una opción más al lado del navegador o los vídeos; hasta el polifacético iPad dónde leer es sólo la única alternativa en un avión, donde no hay conexión posible a la red de redes y todas sus tentaciones.

Es por ello que Amazon lanzó en 2007 un Kindle que sólo permitía sumergirse en el texto. Sin interrupciones. Y posteriormente los de Jeff Bezos lanzaron su «complemento», un Kindle Fire con el que entretenerse cuando la lectura ya nos había saturado. Buena jugada para copar todas las posibilidades.

Precisamente es ésta la razón por la que muchos analistas creen que las ediciones impresas y los libros electrónicos -sin más- no van a desaparecer. Tienen su mercado. El de personas que sólo quieren leer. Además, frente a los geeks y los early adopters, los elegantes -y baratos- libros electrónicos se muestran como una opción inmejorable para aquellos que huyen de la última tecnología y quieren sentirse «diferentes» (todos seguimos una tendencia) con su lectura más purista.

McQuivey sólo tiene clara una cosa, los libros electrónicos se pasarán al color. Aunque sean más claros. Probablemente porque, como demostró Martin Lindstrom en su genial estudio «Buyology», cualquier cosa en color nos llama más la atención que su equivalente en blanco y negro. Incluso hace que nos concentremos mejor en ello.

Por cierto, las editoriales han descubierto que desde que se venden los eBooks, hay más libros en nuestras «estanterías» y, curiosamente, muchos de ellos sin terminar. «Si un libro no me engancha, sencillamente, paso a otro». Buena conclusión McQuivey.

eBooks, el nuevo campo de batalla

Del mismo modo que la industria musical pasó por un momento de flaqueza digital -a partir de Napster las descargas ilegales y los portales P2P afectaron ostensiblemente a las ventas del negocio- y el cine y la prensa tuvieron que competir con los formatos digitales (aunque poco a poco parece que todos ellos van hacia un punto de encuentro), las grandes editoriales se debaten en cómo adaptarse a la explosión de los eBooks.

Estados Unidos contra Apple


Como viene siendo habitual desde 1997, cada vez que hay un formato dispuesto a revolucionar una parte de la cultura Apple está detrás. Esta vez el gigante de Cupertino se enfrentará -junto con otras cinco editoriales americanas- al Departamento de Justicia de Estados Unidos por, supuestamente, formal un cártel para aumentar el precio de los libros electrónicos frente a las ofertas de Amazon y, sobre todo, el éxito de su Kindle.

En cualquier caso, tanto los de Tim Cook como las editoriales -Simon & Schuster, Hachette Book Group, Penguin Group, HarperCollins Publishers y Macmillan- parecen estar haciendo movimientos para llegar a un acuerdo con la Fiscalía y evitar que el caso trascienda a los juzgados. Pero, ¿por qué una enorme empresa electrónica y cinco de las editoriales más relevantes del mundo organizan algo semejante en una industria recién nacida?

En el centro de la cuestión está el modelo de negocio editorial en sí -de hecho el futuro del negocio editorial-. El lanzamiento de nuevos dispositivos de lectura en Estados Unidos ha hecho que los libros digitales multipliquen su presencia en el mercado más importante del planeta. Así, como en casi todos los mercados, «el que da primero da dos veces» -si no, que se lo digan a Apple con sus iPod, iPhone y iPad- y la prominencia de Amazon es total. La multinacional de Jeff Bezos fue la primera en lanzar libros por 9,99 dólares, un importe muy inferior a su valor «de tapa dura» en superficies como Barnes & Noble.

El giro que ha dado el mercado -acostumbrado a precios altos- es tal que durante este mismo mes los 10 libros más vendidos en el portal tienen un precio que oscila de los 7,70 dólares… a los 99 centavos. La única esperanza de las editoriales era la llegada del iPad al negocio.

La idea, como explicó el propio Steve Jobs en la biografía publicada por Walter Isaacson, era el modelo de agencia: las editoriales marcan el precio, Apple se queda con el 30% y el cliente, simplemente paga. Así se presentaron las cinco multinacionales en Amazon so pena de no dejarle libros que vender. Jeff Bezos tuvo que ceder ante un modelo que tanto éxito ha dado en la música y las aplicaciones… pero el Departamento de Justicia no. Si tenemos en cuenta que la Comisión Europea también investiga a los de la manzana por política monopolística… el final del libro se les puede torcer a los de Apple.

ISBN, el lujo obligatorio


Pero este no es el único terremoto que ha sacudido el mundo editorial. Dos pequeñas empresas, Minobitia y Sinerrata, han sido las primeras en quejarse del cambio de gestión del ISBN del Ministerio de Cultura a la Federación de Gremios de Editores de España.

Además del aumento del precio -45 euros por título y formato-, las editoriales también se han quejado del aumento de la burocracia y, sobre todo, de la mala cobertura y atención a sus intereses. Lo más curioso es que la Federación, que absorbió esta gestión en diciembre de 2011, ha justificado el aumento del importe en la amortización de los 120.000 euros que ha tenido que invertir para adecuarse tecnológicamente a su nueva tarea.

Si tenemos en cuenta que en lo que va de año ya se han registrado en el Estado más de 16.000 títulos (más de 3.000 en formato digital) parece que pronto cubrirán su «actualización». Veamos ahora cuáles son los pasos a seguir para registra un libro:

  1. Hay que darse de alta en el ISBN y pagar 45 euros (unas 2,5 veces el precio de venta medio de un libro en papel y unas 15 veces la media del de uno electrónico).
  2. Esperar de 2 a 4 días para recibir el nombre de usuario y la contraseña que permita realizar el propio registro.
  3. Unos 3 o 4 días después de haber rellenado sin errores el formulario -de haber alguno el proceso se alarga considerablemente) se recibe un email de confirmación del registro y una contraseña que permite que pueda ser descargado.

El único modo de no tardar casi 10 días en la tramitación es pagar los 50 euros que vale el proceso de urgencia. Lo más curioso es que cualquiera que acceda al famoso formulario se dará cuenta de que, salvo que se haya trabajado con él más veces, registrar un libro electrónico es francamente complicado: no está preparado para ello. Llama la atención que, en comparación, dar de alta una empresa en el Registro Mercantil Central cuesta 24 euros y se realiza en un máximo de 24 horas.

Para los que os preguntéis qué es el ISBN y por qué es tan importante, se trata del International Standard Book Number, un identificador único para libros previsto para su uso comercial. Creado en el Reino Unido en 1966, fue adoptado como estándar internacional en 1970. El número está formado por cuatro bloques de cifras que significan, respectivamente, el código de país o lengua de origen; el editor; el número de registro del volumen y, por último, el dígito de control. Es necesario para comercializar cualquier título. En cada país existe una oficina, ministerio o empresa de gestión de derechos que se encarga de su regulación.

Todos los formatos digitales


Como hemos dicho antes, cada vez que una editorial quiere registrar un libro en un formato digital, se le exige -al menos en el Estado- que pague el ISBN de ese formato. Las microeditoriales se han quejado del enorme incremento del precio en estos casos pero, ¿cuántos formatos de libros electrónicos hay? Se podrían clasificar en genéricos y nativos y estos son los principales:

  • Genéricos:
    • DjVu: especializado en el almacenamiento de imágenes, incluye avanzados compresores que optimizan las imágenes escaneadas y los textos.
    • Doc: el formato de Microsoft Word.
    • ePub: desarrollado por el International Digital Publishing Forum, es un formato libre XML basado en diferentes estándares de código abierto.
    • HTML: formato propio de internet, ha sido el elegido para publicar en la red numerosos libros cuyos derechos de autor han expirado.
    • Lit: el «oficial» de Microsoft Reader.
    • mobi: de Mobipocket, es el formato nativo del eReader Kindle a raíz de la compra de Mobipocket por Amazon.
    • OeB: uno de los primeros, se trata de Open eBook. Potenciado por el NIST de Estados Unidos (Instituto Nacional para Estándares y Tecnología). Otro de la familia XML.
    • oPF: un sistema de compresión de los OeB.
    • PDF: quizás, las siglas más famosas de Adobe. El Portable Document File goza de estándar ISO. Aunque no es paginable, sí es totalmente compatible con cualquier soporte.
  • Nativos:
    • AEH: el específico de la empresa Arghos.
    • AZW: basado en Mobipocket, es el específico de los Kindle de Amazon.
    • BBeB: el formato antiguo de Sony antes de que pasara todo su catálogo a ePUB.
    • CBR: Comic Book Reader.
    • CHM: Microsoft HTML propietario.
    • DTB: formato propietario del consorcio DAISY.
    • FB2: Fiction Book. Formato donde cada elemento del libro es guardado como una etiqueta. Es completamente compatible con todos los formatos gracias a aplicaciones como Papyre.
    • PDB: el propietario de Palm Web OS.
    • RB: formato nativo de Rocket Book.
    • TCR: formato nativo de PSion.
    • TR2 y TR3: diferentes versiones de TomeRaider.

De todo esto sólo nos queda una cosa clara: es necesario estandarizar el formato y parece que los ePUB van por el camino adecuado.

Libros digitales, la batalla de los formatos

Si ayer hablábamos del largo camino que ha recorrido la industria cinematográfica para llegar a un formato compatible con todos y deseado por todos -empresas, distribuidoras y fabricantes-, ahora nos toca hablar de la batalla que de formatos que se vive en un mercado mucho más reciente: el de los libros electrónicos.

Del mismo modo que el disco tuvo su «guerra» con la democratización de la música -lo solucionó el casete a pesar de su peor resolución-, parece que toda nueva tecnología ha de pasar por un periodo de pugna antes de encontrar su soporte definitivo. La idea del libro digital debería ser tan sencilla como la del libro de papel: alguien compra un título que le gusta y luego puede leerlo, dejárselo a alguien o deshacerse de él.

Sin embargo, los distintos formatos de archivo y de cifrado (DRM) no lo ponen tan fácil. Ha día de hoy la lucha de las empresas por evitar las copias de sus títulos ha hecho que sea más fácil piratear un volumen que comprarlo y prestárselo -legalmente- a alguien. Sorprendente si tenemos en cuenta que todas las editoriales dan por hecho que 2012 será el año del asentamiento definitivo del eBook en el Estado.

Encriptación anticopia, el gran caballo de batalla


Precisamente esas tres letras, DRM, es una de las claves de este mercado. Cada autor decide si quiere cifrar o no su obra para evitar copias «fraudulentas». Cuando es así, se puede optar por diferentes formatos de seguridad y es aquí donde reside uno de los problemas para la reproducción en diversos libros digitales.

En la estandarización de un encriptado único ha tenido mucho que ver Adobe, creadora de los famosos y universales PDFs. El código de los californianos es excesivamente complejo y entorpece, según afirman las editoriales, el proceso de compra y descarga del título.

Pero, el problema que vemos aquí a todo ello es que, por primera vez se protege un archivo contra la persona que lo ha comprado no ante posibles copias de segundos. El sistema evita que alguien que compra el título en un formato pueda reproducirlo en otro dispositivo diferente que también sea de su propiedad. Es algo así como que al comprar un libro de papel sólo pudiéramos leerlo en nuestra casa pero en ningún otro lugar.

Esto ha dado con un efecto de lo más llamativo: la experiencia de lectura y portabilidad es mucho mejor y más eficiente en un libro pirata que en uno «de pago». ¿Cómo están reaccionando editores y autores ante este hecho? Obviamente, cada vez son más los que deciden no encriptarlo y arriesgarse antes que perder clientes que no quieren pagar varias veces un libro para leerlo en su eBook y seguir haciéndolo en su tableta o en su ordenador.

También es cierto que los autores han encontrado un buen aliciente para abandonar un formato que rebaja sus ventas: casi todos los códigos de encriptado han encontrado un internet un programa sencillo y rápido que los inutiliza. De nuevo, es como intentar poner puertas al campo.


ePub, ¿el nuevo MP3?


Del mismo modo que la industria musical se adaptó al formato mp3 como definitivo para la música digital -en gran parte impuesto por los usuarios-, el ePub nació para ser el gran canal de comunicación de este negocio. Su gran ventaja es que, desde su nacimiento, se adapta a cualquier reproductor electrónico de libros. El problema llega cuando no todos los títulos emplean este formato. Amazon, gran dominadora del negocio gracias a su exitoso Kindle, utiliza Mobi… que sólo se puede leer en sus Kindle.

Algo parecido ocurre con los dispositivos de Apple. Tanto iPad como iPhone emplean ePub, pero si compramos los libros en iTunes -cosa que hacen casi todos sus usuarios-, el sistema de cifrado antipiratería de los de Cupertino hace que no se puedan reproducir en dispositivos que no lleven una «i» en el nombre. Si tenemos en cuenta que, según Apple, se han vendido más de un millón de tabletas en el Estado desde 2010, el soporte más implantado en el Estado no deja prestar títulos. Un problema añadido si tenemos en cuenta su proyección dentro de este negocio.

Es por ello que los expertos consideran que ePub seguirá el camino del MP3: es el formato más extendido, pero no el único. Siempre habrá «reductos» fieles que preferirán el sistema de encriptación de unas empresas o formatos diferentes como el que propone Amazon. El problema, no obstante, es que aquí de momento no existen conversores entre formatos ni parece que vaya a haber un acuerdo próximo para crearlos y extenderlos.

De momento, las grandes librerías -en el caso estatal La Casa del Libro– ha optado en su Tagus por el multiformato. Incluso por crear aplicaciones para que los clientes puedan comprar libros en soportes de la competencia que sean compatibles con Android o iOS.

Kobo, la gran librería digital canadiense, tiene pensado su desembarco en el Estado a lo largo de 2013. Su catálogo, con más de 2,5 millones de títulos, sin embargo, sólo está pensado en ePub. ¿La razón? La mayoría de sus lectores lo eligieron y, además, fue el formato elegido por la IDPF (International Digital Publishing Forum) como estándar a usar.

Parece que tendremos que esperar a que el mercado madure para saber cuál es el ganador oficioso de este combate. Suerte a los contendientes.