Uber, del servicio de taxis al coche autónomo

Si hay algo que ha caracterizado a Uber desde su nacimiento es su determinación por impactar en el mercado y su capacidad de adaptarse (y crear) nuevas tendencias en lo que a movilidad se refiere. La empresa estadounidense ha estado en el ojo del huracán por su «peculiar» forma de facturar y ha hecho que incluso las instituciones públicas tuvieran que tomar parte en sus batallas contra el transporte tradicional. Sin embargo, nadie podrá achacarle su espíritu innovador.

Por eso, la start up más valiosa del mundo sigue pensando nuevas líneas de negocio que sigan dándole visibilidad (otra cosa es que le reporten ingresos) y en plena vorágine de la economía circular los de San Francisco han fijado sus ojos en el producto más de moda en Silicon Valley y buena parte de Europa y Japón: el vehículo autónomo.

Ya hemos visto como Apple, GoogleTeslaNissan, etc. se han propuesto lanzar al mercado en el menor tiempo posible coches inteligentes que no solo nos protejan sino que sean capaces de llevarnos de un punto a otro minimizando los riesgos que derivan de la conducción «humana». Una nueva forma de adelantarse a sus rivales y, de paso, de eliminar su mayor problema: los ingresos de los chóferes.

Para ello, la empresa ha buscado aliados que le permitan desarrollar su coche autónomo -que acabará derivando en una suerte de «tarifa plana» de transporte personalizada-. Por un lado, la Universidad de Arizona con la que trabaja en el desarrollo de sistemas de lectura e interpretación de mapas así como toda la batería de sensores ópticos necesarios para que un coche se mueva «solo». El primer paso ha sido la donación de 25.000 dólares al Colegio de Ciencias Ópticas para becas.

Por otra parte, Uber también ha llegado a un acuerdo con la prestigiosa Universidad Carnegie Mellon de Pittsburgh que se centrará en el estudio de diferentes desarrollos tecnológicos necesarios para la creación del coche autónomo (materiales, autonomía energética, seguridad, etc.).

En pleno proceso de redefinición del transporte personal Uber pretende ser la pionera en un sistema más sostenible. A día de hoy el planeta, la sociedad, no es capaz de tolerar la inmensa demanda energética que tienen nuestros hábitos de transporte. Ni por el impacto de los combustibles fósiles cuando nos movemos, ni por toda la energía necesaria que requiere la construcción de los propios sistemas de transporte. La huella de carbono es demasiado grande.

Si a eso le unimos los problemas de movilidad que supone un vehículo en una ciudad (espacio y contaminación), los altos costes de tener un coche (impuestos, que irán in crescendo; tiempo para movernos entre puntos; restricciones de accesos a los centros urbanos) parece que la solución de ofrecer un transporte limpio para movernos solo cuando lo necesitemos -y apoyarnos en el transporte público el resto del tiempo- se antoja más que una excentricidad una necesidad imperante. ¿Quiénes serán los siguientes en interesarse por este modelo? Apostamos por los fabricantes.

XO-Infinity, un ordenador inteligente

Si hace pocos días os presentábamos el Proyecto Ara como la solución inteligente para la sostenibilidad de los smartphones frente a la obsolescencia -así como un modo efectivo de crear dispositivos personalizados, hoy os traemos el último concepto del sueño One Laptop Per Child, el proyecto apoyado por Google, AMD, Red Hat, News Corp y Brigtstar entre otras que basándose en tecnología Linux y con la responsabilidad energética como bandera busca que cualquier niño del mundo pueda tener acceso a las tecnologías de la información.

El primer resultado de este esfuerzo colectivo tuvo como resultado el nacimiento de los netbooks (y duras críticas al equipo liderado por Nicholas Negroponte) pero ahora se han vuelto más ambiciosos. OLPC ya no sólo busca un dispositivo barato de acceso (en Estados Unidos se comercializaba bajo la fórmula «Give One, Get One» vendiéndose por parejas por 199,50$ de modo que siempre que se compraba una se donaba otro) sino un equipo responsable que pueda acompañar al niño durante toda su escolarización.

Y para eso han recurrido al diseño de un portátil modular llamado XO-Infinity como evolución del XO-1 que permitiría ir aumentando las posibilidades del dispositivo en función de las necesidades del alumno gracias a periféricos y módulos como pantallas táctiles, teclados, chips ARM o x86 y unidades de almacenamiento Android, Linux o Windows.

La idea es que los más pequeños puedan acceder a un modesto (y barato) con arquitectura ARM y Android para posteriormente ir añadiendo componentes más capaces y sistemas operativos más complejos que les permitan realizar nuevas tareas sin necesidad de realizar un gran desembolso.

Además, el reto del ensamblaje se ha resuelto de forma notable ya que, según One Education -socio australiano del proyecto-, el montaje es sencillo incluso para niños de cuatro años. El proyecto, que ya está casi perfilado definitivamente, se presentará para una ronda de financiación tipo crowdfunding antes del verano para poder poner en marcha su distribución, como muy tarde, a principios de 2016. Esperemos que tengan suerte.

 

Terminales modulares, ¿el futuro de la industria móvil?

Las cifras de ventas de smartphones siguen siendo espectaculares. En los últimos tres meses, y solo mentando a los dos líderes del mercado, Apple ha comercializado unos 75 millones de iphone y Samsung unos 90 millones de terminales. Solo dos empresas que venden 21 teléfonos por segundo. Sin embargo, a pesar de la oferta existente en el mercado (los coreanos tienen un catálogo con más de 20 modelos, lo mismo que Sony, LG, HTC, Xiaomi y compañía) es prácticamente imposible que nadie encuentre un terminal realmente adaptado a sus necesidades.

La solución de la mayoría de los fabricantes es «tirar hacia arriba» y entrar en una batalla de cifras: núcleos, velocidad de procesado, resolución de la cámara o pulgadas de pantalla. No obstante, el uso que cada uno de nosotros (y somos 7.000 millones) es completamente diferente. Incluso en el tiempo -los adolescentes juegan más, los veinteañeros queman las redes sociales, los padres de familia usan más la cámara, los profesionales tiran de suites ofimáticas, etc.-.

Esto genera varios problemas. Por un lado, la obsolescencia (programada o no) que hace que los consumidores estemos en un bucle de renovación de terminales que no podemos permitirnos (el problema no es sólo económico, sino de recursos naturales). Por otro, el enorme esfuerzo económico al que se ven sometidos los fabricantes (sólo Apple y Samsung tienen beneficios en un mercado multimillonario).

Proyecto Ara

¿Os imagináis poder escoger los componentes de un smartphone como se hacía hace no mucho con los ordenadores clónicos? Decidir cuál es la potencia de procesado que queremos, la capacidad de la batería, la potencia gráfica o la resolución de pantalla que realmente necesitamos ajustándonos a lo que queremos y podemos gastar y, sobre todo, a lo que realmente utilizamos. Pues no hace falta que lo imaginéis como un imposible… El proyecto Ara de Google, diseñado por la empresa Phonebloks está cobrando cada vez más fuerza y subraya que, también en este sector, conceptos de economía circular y sostenible son posibles.

 

 

Durante el pasado mes de enero, en Singapur y San Francisco tuvo lugar la conferencia para desarrolladores de este proyecto y en él se pudo ver un nuevo concepto de tecnología personal. Por un lado porque podremos gestionar y modificar nuestros dispositivos en función de nuestras necesidades (si usamos mucho la cámara y queremos una mejor, sólo tendremos que cambiar esa parte del smartphone, por ejemplo). Por otro, porque este tipo de diseño permitirá convertir el dispositivo en el centro de gestión de multitud de periféricos añadiéndole o quitándole funciones (un pulsómetro o una cámara con funciones específicas).

Es cierto que en el pasado ya ha habido propuestas similares (en El País nos recuerdan a la empresa israelí Modu Mobile) que a pesar de sus excepcionales diseños y características del hardware cayeron por la pésima experiencia del usuario. Y es precisamente donde la entrada de Google se convierte en algo crucial. Ninguna otra empresa (quizá ahora Microsoft) tiene tanta experiencia en crear un entorno operativo que funcione con una gran variedad de componentes y dispositivos. Y su implicación y la de sus desarrolladores pueden ser el espaldarazo definitivo para que la responsabilidad entre tanto en las empresas como en los hogares.

El proyecto ya ha comenzado a funcionar como piloto en Puerto Rico (es una población pequeña bastante homogénea y con una enorme implantación de las nuevas tecnologías) y la acogida está siendo sorprendente. No sólo por la funcionalidad y por la variedad de componentes que se han puesto a disposición de los consumidores (Toshiba ha llevado tres cámaras que van desde una básica de 5Mp hasta una de 13 con un sistema de cámara lenta cuasi profesional) sino por la forma en la que se han propuesto los puntos de venta y pruebas. Camiones que emulan a los food truck con los que demuestran que escoger un módulo y cambiarlo por uno que ya tenemos (y por el que nos pagan al dejarlo en la tienda) es sencillo y tremendamente rápido.

¿Y cómo podemos personalizar el teléfono si empezamos de cero? Pues la carcasa que escojamos -o diseñemos- la tendremos disponible en muy poco tiempo gracias a impresoras 3D que emplean diferentes elastómeros para hacerlas completamente personalizables, resistentes y compatibles entre sí. La placa inicial cuesta 50 dólares y el precio se queda en lo que queramos gastar. La clave, como siempre, es el sentido común. Esperemos que el proyecto de pronto el salto a todos los mercados.