LG V10, un nuevo titán en el mercado

Una de las ventajas de participar en el Mobile World Congress de Barcelona es que está a la distancia justa en el calendario de los dos grandes eventos de principios de año para su mercado: el CES de Las Vegas en enero y la primera Keynote de Apple. Uno de los inconvenientes -para los fabricantes- es que hay una gran saturación de presentaciones y muchas veces los lanzamientos pasan desapercibidos.

Es por eso que algunas marcas como LG suelen preferir lanzar buena parte de sus novedades días antes en eventos «privados» para luego llevar y presentar al gran público y a los medios los productos en la cita catalana. En el caso de los coreanos, a finales de 2015 lanzaron los &4 y GFlex 2 y ahora nos traen el LG V10, un phablet premium que tiene en el punto de mira los Note 5, S6 Edge Plus, iPhone 6S Plus, Nexus 6P y compañía.

El LG V10 es un terminal de gran formato en todos los sentidos. Cuenta con una pantalla con resolución QHD de 5,7 pulgadas acompañada de una segunda pantalla más pequeña en la parte superior en la que podemos configurar a nuestro antojo notificaciones, contactos frecuentes y accesos directos a las apps más habituales. Sobre el papel es una solución similar a los Edge de Samsung: pretende que tengamos un uso más sencillo y que además se ahorre batería al no tener que encender el panel principal frecuentemente.

También es un grande si atendemos a sus cámaras. La principal tiene un sensor de 16 Mp y una apertura f/1.8 que permite una mayor entrada de luz. Se ha mejorado la velocidad de obturación respecto a los anteriores tops de la gama coreana y el resultado es un conjunto que permite grabar y sacar fotos de altísima resolución (UHD 4K). Para el frontal han dejado dos cámaras de 5 Mp que trabajan conjuntamente para permitir selfies y videollamadas con un angular mucho mayor y una nitidez nunca antes visto en la casa. Y todo ello sin el «palito» que tan habitual se había hecho en los centros turísticos.

La guinda a este apartado es un software mejorado que permite configurar la velocidad de reproducción (y grabación), realizar búsquedas dentro de los vídeos, añadir filtros y música, colocar títulos a modo de créditos, etc. Su vocación multimedia la rubrican los tres micrófonos que se encargan de la captura de audio multidireccional, reducir el ruido del viento, etc.

Estructuralmente llama la atención que ahora que LG está inmersa en el desarrollo de paneles flexibles abandone los perfiles curvos y que presente un smartphone completamente plano con bordes de acero inoxidable y cuerpo de policarbonato. La idea es que sea mucho más resistente que sus predecesores y sus rivales. Incorpora por ello un doble cristal para la pantalla. El peaje es una tara de 192 gramos mucho mayor que la de la competencia y que lo hace algo incómodo en las manos.

En su diseño sigue teniendo un lugar especial el botón de apagado y el control de volumen en la parte trasera. Destaca también por la mejora en la velocidad de desencriptado del sensor táctil para el desbloqueo.

Todo este arsenal se «mueve» gracias a un procesador de seis núcleos Qualcomm Snapdragon 808 a 1,8 GHz, 4 GB de RAM y una batería de 3.000 mAh -necesitaremos una buena gestión energética con un panel QHD- extraíble. En cuanto a capacidad de almacenamiento, viene de serie con 32 GB aunque son ampliables con una tarjeta microSD. Su precio, 699€ es una de sus mayores bazas frente a los demás smartphones de gran formato de la competencia.

Windows 10, a Xbox vía actualización

Tres meses después del lanzamiento de Windows 10 y ya instalado en 120 millones de equipos Microsoft por fin ha lanzado la primera gran actualización de su sistema operativo de referencia. Una versión que la empresa promete llena de novedades y, sobre todo, mucho más compatible que la anterior. Como muestra, ya está disponible para su descarga en las Xbox One.

La mejora de Windows 10 comienza desde el arranque. La plataforma ha mejorado mucho durante estas semanas y el feed back con los usuarios ha hecho que, por ejemplo, su inicio sea ya un 30% más rápido que Windows 7 para todos los equipos. Cortana, una de de las bazas del entorno frente a sus rivales, ya no solo será capaz de implementar sugerencias y reconocer nuestras notas para configurar recordatorios desde una cuenta con Edge, también se podrá utilizar con una cuenta local. Mucha más libertad y facilidad para su personalización.

Por su parte, el navegador -que aunque es netamente mejor a Explorer parece condenado vivir en la dictadura de Chrome- ha recibido mejoras de rendimiento y la posibilidad de visualizar los contenidos de las pestañas sin necesidad de entrar en ellas. Por cierto, ahora se sincroniza entre todos nuestros dispositivos (si se desea) para facilitar la navegación. Solo le vemos un «pero», no hay ni rastro de noticias sobre posibles extensiones.

Skype es otro de los soportes que recibe mejoras muy interesantes. Ya no será necesario descargar la versión completa para acceder al servicio de videollamadas. Será suficiente con el servicio básico. Más espacio y más agilidad. Algo parecido ocurre con la Windows Store que ahora se configura diferente para los Negocios y permite a los profesionales adquirir licencias sueltas de diferentes programas, adquirir aplicaciones específicas e incluso crear un catálogo de las que les resultan más interesantes.

Microsoft ha mostrado desde el nacimiento de Windows 10 una gran preocupación por la seguridad, el talón de Aquiles de versiones anteriores. En este caso dice que se ha fortalecido en toda la plataforma -no solo el navegador- bloqueando la instalación de malware de forma automática. Para ello han implementado Credential Guard, Devide Guard, Windows Hello y Windows Defender. ¿Será suficiente? Con un uso responsable del equipo parece que sí.

Otro de los puntos débiles de los que han recibido más quejas es de la estabilidad. Aunque es muy superior a 7 y 8, todavía hay usuarios que se quejaban de bugs y errores. Ahora los programadores han trabajado en colocar Windows 10 a la altura de los mejores y de paso han añadido el reconocimiento de fechas, la detección de luz automática (para fotos y vídeos) y han rediseñado muy levemente el interfaz. Los menús contextuales son algo más grandes y oscuros y las barras de aplicaciones tienen el color del tema elegido en el diseño.

¿Y qué hay sobre Xbox App? Aquí sí ha habido un rediseño completo. El nuevo dashboard permite un acceso hasta un 50% más rápido que hasta ahora a los juegos y a las plataformas sociales, agiliza los chats, nos sugiere contactos, activa las notificaciones, etc. Incluso permite disfrutar de los juegos de la consola en otros dispositivos como el portátil o el ordenador de sobremesa. Solo hace falta una buena señal WiFi (y un hardware mínimo). En definitiva, Windows se vuelve completamente multiplataforma. Un acierto.

Windows 10, las primeras impresiones

Por fin ha llegado Windows 10 a nuestras manos. La plataforma-sistema operativo con el que Microsoft quiere redimirse de errores pasados -el más evidente, la desaparición del menú de inicio que hizo que muchos usuarios de Windows 7 y anteriores se negaran a actualizarse a 8- y, sobre todo, con el que quiere parar la sangría de migraciones hacia otra suerte de dispositivos móviles completamente autónomos, más que suficientes para un usuario medio y que se caracterizan por correr con Android -Google- o iOS -Apple-.

Sin embargo, el equipo de Satya Nadella tenía claro que debía haber continuidad con Windows 8, un entorno operativo minusvalorado y con un buen puñado de virtudes que tienen mucho recorrido. Los iconos, el diseño y las posibilidades de personalización es el mejor ejemplo. De facto, podemos incluso eliminarlos para quedarnos con una versión retro.

El equipo con el que lo hemos probado es un portátil «medio-alto»: un procesador i5 a 1,7 GHz con función Turbo Boost y 8 GB de RAM. La tarjeta gráfica es una Intel HD Graphics 4400 y cuenta con un disco SSD con 256 GB de capacidad. Un Toshiba Satellite Click 2 Pro con pantalla Full HD de 13,3 pulgadas. Buenas especificaciones sobre todo para testar un software que promete ser mucho más ligero que cualquier versión anterior: los requisitos son los mismos que se pedían para correr con Windows 7 o Windows 8.

Y en esta ocasión Microsoft cumple con lo prometido: durante toda la semana que hemos podido probar el ordenador ha demostrado una gran fluidez. Incluso trabajando con programas como Photoshop donde ha clavado los tiempos de nuestro habitual iMac (aunque este cuente con especificaciones diferentes: procesador i5 a 2,5 GHz y 4 GB de RAM, 512 MB de tarjeta gráfica y 500 GB de disco duro) que por ahora trabaja con OS X Yosemite.

En cualquier caso lo que más nos ha gustado es la forma en la que Cortana trabaja con el ordenador. No solo sirve para hacer preguntas sobre contenidos o el tiempo sino que permite abrir programas o tomar notas. Su lista de funciones es enorme: contactos del teléfono, vuelos, crear alarmas, cantar -sí, canta y cuenta chistes aunque esto último no lo hemos probado-, reproducir música, crear recordatorios inteligentes, buscar en la web, etc.

Algo que hasta ahora no había llegado a los ordenadores y que, para los que estamos habituados al uso de asistentes virtuales es una bendición. Todo es mucho más rápido y natural. Algo más que un toque geek para convertirse en todo un ayudante que permite optimizar la productividad y relacionarse mejor con el equipo.

Es solo la punta del iceberg de un sistema operativo que ha sido diseñado para ser funcional y natural. Y esto lo vemos también en herramientas tan fundamentales como Edge. Puede parecer un programa más inmaduro que Chrome, Firefox o Safari -y lo es por su juventud- pero demuestra un potencial sorprendente y las ideas como permitir tomar anotaciones en las web para compartirlas o almacenarnas se nos antoja excepcional en campos como la educación o la información.

El interfaz es mucho más intuitivo en los menús internos del ordenador. Algo fundamental ahora que nos hemos acostumbrado a entrar en cualquier programa a golpe de dedo. La seguridad y la privacidad ahora son más sencillas de gestionar y prometen ser mucho más potentes. Funciones menores como poder grabar con un solo click todo lo que ocurre en la pantalla -una herramienta de valor incalculable para su implantación en empresas mediante tutoriales- son un guiño para una implantación que ha de ser mayor que en versiones anteriores.

Como «peros» se nos ocurre que, a pesar del tiempo que Microsoft le ha dedicado a esta enorme mejora y de los esfuerzos de los de Redmond para explicarnos las aplicaciones universales y la importancia de los paneles táctiles en todos sus equipos (Surface, Lumia y ordenadores) hay una enorme carencia de aplicaciones táctiles para Windows 10. El mismo problema que ocurrió con Windows 8 y que lo dejó muy por detrás de sus rivales. Parece que la apuesta de Nadella es doble: confiar en su peso en el mercado para que los desarrolladores se encarguen de las mejoras y aprovecharse del trabajo que ya han hecho para iOS y Android.

Mientras esto ocurre, las ventas de Mac siguen disparadas, los Chromebook se convierten en una herramienta cada vez más habitual y los equipos móviles de Apple y Google siguen abriendo hueco con todos sus rivales. ¿Por qué comprar una adaptación pudiendo tener un original? Este es el reto de Microsoft. De momento 10 nos ha sorprendido muy positivamente aunque le queda mucho margen de mejora.

Windows 10, el PC en cualquier lugar

Hace pocos días os presentamos el ASUS Chrome OS como la herramienta de Google para dar un empujón a su sistema operativo de sobremesa y convertir cualquier pantalla en nuestro ordenador. Todos conocíamos hasta el momento la opción de conectar nuestro ordenador a un proyector y que la «pantalla» se volviera la extensión mejorada y más grande de nuestro PC. Sin embargo, Windows quiere ir más allá con sus aplicaciones universales y su Continuum for Phones y hacer que sea nuestro smartphone el protagonista.

El sistema, presentado en el BUILD 2015 es similar al Continuum que ya conocíamos y que permite vincular el escritorio con pantallas táctiles. De este modo si vinculamos nuestro smartphone a una pantalla externa con entrada HDMI accederemos a las aplicaciones que tengamos en el dispositivo en «versión escritorio» (realmente es la misma) y podremos trabajar sobre ellas y guardar los cambios en tiempo real.

De hecho, han ido un paso más allá y la operatividad es tal que podremos trabajar con una aplicación en el smartphone, otra en la pantalla externa y vincular contenidos. El teléfono, gracias a Windows 10, es el ordenador ultraportátil ya que mediante Bluetooth se podrán vincular periféricos como un teclado o un ratón.

La funcionalidad completa de Continuum for Phones solo se podrá disfrutar en los nuevos terminales compatibles con dual screen el sistema que permitirá trabajar con diferentes contenidos y programas en la pantalla del dispositivo y la pantalla externa.

Edge, el proyecto Spartan toma forma

Project Spartan fueron dos palabras claves durante la primera preview de Windows 10. Un navegador que no solo debería unir lo mejor del universo Microsoft y todas sus funcionalidades, sino demostrar que era el comienzo de una nueva era en la que los de Redmond serán la referencia en todos los campos, internet incluido.

Así, esa crisálida se ha convertido en Microsoft Edge, un navegador revolucionario que nos permitirá, por ejemplo, dibujar, escribir e introducir notas sobre la web que visitamos. Su modo lectura y la integración total de Cortana serán la guinda a un programa que, gracias a su nuevo motor HTML, promete ser fugaz (como ya lo ha demostrado en fase de desarrollo frente a versiones de Firefox y Chrome).

Todo en él está pensado para mejorar la experiencia del usuario: velocidad, reconocimiento de webs más visitadas y favoritas y web apps más utilizadas. Si a esto le sumamos su sistema de extensiones, parece que en la era de la movilidad y las aplicaciones universales, Edge y Windows 10 pueden ser el sistema operativo que Microsoft necesitaba para resucitar.

 

Galaxy S6, ni un paso atrás

Febrero suele ser el momento en el que casi todos los productos de los grandes fabricantes de smartphones están preparados para salir del horno. El momento en el que -salvo Apple y Google, los verdaderos ganadores de este sector- las grandes franquicias Android y Windows sacan su arsenal para ganar uno a uno a los early adopters y a aquellos que están pensando en cambiar de terminal (más de 1.300 millones el año pasado).

Hasta ahora, el Mobile World Congress de Barcelona y los demás eventos de los fabricantes se habían saldado con un guión salido de un cómic de Uderzo y Goscinny: todo el negocio estaba ocupado por un Samsung que cada vez vendía más y al que sólo se le resistía una pequeña aldea en California. Sin embargo, que a las pocas semanas del lanzamiento del Galaxy S5 Samsung despidiera a su responsable de diseño de terminales ya indicaba que algo estaba pasando en el corazón del gigante.

La caída de ventas sin precedentes desde el nacimiento de su alianza con Google, la remontada espectacular de Apple (que en los últimos tres meses ha vendido las mismas unidades con sólo tres modelos que Samsung con varias familias de productos premium) y la pérdida del primer puesto en mercados tan relevantes como Estados Unidos indican que el Galaxy S6 es algo más que un contraataque contra la competencia. Es cuestión de supervivencia ante el resurgir de los de la manzana y la pujanza del trío chino Xiaomi-Lenovo-Huawei.

Samsung ha aprendido que a determinados niveles no vale con la guerra de la potencia o de precios (ese prurito de «soy más barato que Apple y ofrezco más hardware» sin realmente serlo) ya que ahí, sin duda, gana el trío antes mentado. Y tampoco vale dar sensación de premium en modelos de más de 600€. No sólo hay que ser premium, hay que parecerlo.

Y por eso la batalla del diseño (el de las prestaciones está muy igualado) será fundamental en modelos tan arriesgados y de nicho como los Edge. Las formas, los acabados y el grosor serán sus armas. También sus materiales. Aunque eso les lleve a tomar «prestadas» bazas que antes criticaron de Apple como la cámara que sobresale del contorno o usar metal que no es la mejor opción para que el terminal no se resbale.

Se da por hecho que no habrá ranura de expansión que haga ganar grosor al dispositivo y que, probablemente, esa ventaja de tener una batería extraíble también desaparezca. Ingeniería industrial para ganar autonomía del terminal… o acabar con los anuncios sobre la falta de autonomía y dependencia de los enchufes de sus rivales.

Pero, ¿será esto suficiente para detener el huracán que ha destrozado el mercado de los smartphones y que se llama iPhone 6? No. El propio Galaxy Note 4 desplazado a su hermano «mayor» (en status no en tamaño o ventas) Galaxy S5… y el Note no ha podido hacer nada a pesar de su veteranía frente a las cifras del iPhone 6 Plus.

Samsung tendrá que mejorar, y mucho, ciertos aspectos que fallaron frontalmente en su S5. El sensor de huellas es uno de ellos. El del iPhone funciona mucho mejor desde su presentación y ha hecho que se convierta en un estándar a la hora de querer un sistema fácil de bloqueo y bloqueo del terminal. No hay contraseñas. Sólo algo que funciona rápidamente.

También tendrá que ponerse a la altura con la pantalla. Resulta inaudito que el fabricante de los mejores paneles LED del mercado (en los televisores queda patente) y de un panel de la calidad del SuperAMOLED QHD no se haya atrevido a dar el salto al 2K en un smartphone. De nuevo, defendemos que no es necesario -los 6 no tienen esa resolución pero su combinación de brillo, saturación, sensación de profundidad y tacto la colocan como una de las referencias para los consumidores- pero sí imperdonable que el supuesto líder de los Galaxy esté por detrás de algunos compañeros de catálogo.

Si, además, se atreve a quitar la capa de personalización TouchWiz que sólo sirve para ralentizar Android y apuesta por un interfaz limpio (el entorno de Google es lo suficientemente diferenciable por el usuario como para tener que añadir los aditamentos de antaño) el S6 ganará mucho frente a sus rivales: ligereza y espacio para que su potente hardware, que siempre ha sido la referencia, lo coloque varios pasos por delante de sus rivales.

Por último, tendrá que decidir qué hacer con la cámara. Si el S5 llevaba un buen sensor propio, el Note 4 se ha decantado por uno de Sony. ¿Por qué? Porque no todo en fotografía son megapíxeles y muchas veces (siempre) es mejor contar con un estabilizador óptico de calidad. Y el ejemplo es el 6 Plus, para nosotros la mejor cámara del mercado -muy por encima de la del 6- junto con el Xperia Z3 y el Note 4.

Si Samsung se atreve a este paso y no da ni un paso atrás en su política premium, sin duda, conseguirá un terminal ganador que no sabemos si le comerá mercado a la enseña iPhone pero que sí le servirá para diferenciarse y distanciarse de sus rivales chinos.