Intel Edison, la revolución hecha chip

 

De la interminable lista de novedades que nos llegaron del CES de Las Vegas la semana pasada nos quedamos, sin duda, con esta. No destaca por su potencia. Tampoco destaca por su diseño. Ni siquiera por su precio. Pero destaca, y mucho, por su tamaño y por su utilidad. Se trata de Intel Edison, una suerte de PC completo del tamaño de una tarjeta SD estándar.

 

Con unas medidas de 32x24x2,1 milímetros, Edison tiene un mercado de lo más concreto: el de los wearables. Edison es el nuevo rumbo de los americanos. Un pequeño dispositivo complementario a los que ya tenemos (smartphones, tabletas, PCs, etc.) que equipa la segunda versión del SoC Quark (System-on-chip, la plataforma de trabajo para los desarrolladores y programadores) construido en una arquitectura de 22 nanometros -frente a los 32 de Galileo- y cuenta con una CPU x86 a 400 MHz.

 

El pequeñín de Intel, por cierto, contará con una memoria RAM LPDDR2 (la misma que la de nuestros teléfonos inteligentes) y conectividad  WiFi y Bluetooth integrados. Por si fuera poco, permitirá expansiones externas de otros equipos de hardware. Esto permitirá añadirle sensores y equipos diferentes en función de lo que queramos medir o hacer con Edison.

 

El dispositivo es la propuesta de Intel para unir el mundo analógico y digital y, lo más importante, la estructura sobre la que los de Mountain View nos proponen un nuevo hogar domotizado. No es la base del internet de las cosas, es el internet de las cosas. La digitalización de lo que nos rodea.

 

 

 

 

 

Nos permitirá monitorizar a nuestro bebé, por ejemplo. Su prototipo Mimo es un accesorio que se une a la ropa que viste el niño para controlar sus constantes vitales. El dispositivo nos enviará donde queramos -el teléfono, el televisor, el ordenador, etc.- los datos relacionados con nuestro hijo para saber que está bien en todo momento. El ritmo cardiaco, la respiración, la temperatura corporal e, incluso, la humedad relativa de la habitación en la que se encuentra.

 

La compatibilidad es absoluta con casi cualquier dispositivo en el mercado gracias a la conectividad que incorpora Edison y a que el lenguaje empleado por Intel para transmitir esta información forma parte de un SDK que, a buen seguro, Intel liberará en un futuro cercano.

 

Y es que Mimo es sólo una de las miles de posibilidades que Intel baraja para Edison: ropa, electrodomésticos, juguetes, muebles, semáforos, puertas, vehículos, cualquier tipo de instalación eléctrica… será el sensor externo que decidamos acoplar el que determine qué queremos hacer con esta maravilla. De hecho, los californianos han creado una suerte de concurso para que todo el que quiera pueda proponerle utilidades (la mayoría las determinará el mercado): se llama Make it Wearable Challenge y promete aplicaciones de lo más imaginativo.

 

 

Un nuevo rumbo

 

Ante la competencia en los sectores tradicionales, Intel ha decidido adelantarse a la competencia y es, sin duda, la empresa que más está apostando por los wearables y el internet de las cosas: la digitalización de lo analógico. La implicación es tal que el CES de Las Vegas es el primero en el que no hemos visto ninguna novedad de los Intel Core, los chips creados ex profeso para los ordenadores clásicos.

 

Intel es consciente de que su mercado tradicional está cediendo terreno frente a los dispositivos móviles. El crecimiento de ARM es exponencial… pero también es cierto que Intel lee el futuro no como una desaparición del equipo de sobremesa o portátil por completo sino como un ecosistema en el que será el centro de muchas otras utilidades.

 

Los relojes inteligentes o las pulseras deportivas son sólo la versión inicial de un negocio (el de la tecnificación de lo analógico va mucho más allá que el de los wearables) que está en su amanecer y que nos promete utilidades con las que ahora sólo soñamos -o ni siquiera eso-. Y esta es la gran baza del otrora dominador del mercado de chips. ARM está demasiado centrada creciendo en los dispositivos móviles. AMD, su rival de antaño… ni está ni se la espera a medio plazo. Qualcomm todavía carece del músculo para estar en varios negocios a la vez de forma competitiva. Intel parece haber dado con un filón… y parece haberlo encontrado mucho antes que los rivales.

Tesla, la mente incomprendida

Cuando pensamos en el siglo XX y en todas las mejoras que supuso para la humanidad, pensamos en Einstein, Ford, Edison, los Curie, etc. Grandes mentes que cambiaron nuestro concepto de la medicina, el universo, la energía y que hicieron descubrimientos asombrosos. Pocas veces nos acordamos, sin embargo, de Nikola Tesla, un hombre que vivió y murió a la sombra del enorme Edison y que, para muchos, es la mayor mente de la historia después de la del enigmático Leonardo Da Vinci.

 

Nacido en Smiljan, Croacia -por aquél entonces Austria-Hungría-, Tesla es reconocido como el padre de la «electricidad comercial». Sus trabajos de ingeniero mecánico y eléctrico en el campo del electromagnetismo se tradujeron en el desarrollo corriente alterna, de los sistemas polifásicos de la distribución de la electricidad o de los motores de corriente alterna que fueron fundamentales en la Segunda Revolución Industrial.

 

Emigrado y nacionalizado estadounidenses, su demostración de comunicación inalámbrica de las ondas de radio en 1894 le valieron el reconocimiento de la comunidad científica de su época. Sin embargo, su carácter excéntrico, la guerra de las corrientes contra Edison y sus afirmaciones casi inverosímiles sobre lo que se podría conseguir -luego se demostró en muchas ocasiones que estaba en lo cierto- hicieron que fuera tratado como un científico loco hasta su muerte, rodeado de pobreza, con 86 años.

 

Su mayor proyecto, la Wardenclyffe Tower, también conocida como Torre Tesla, fue una antena de telecomunicaciones inalámbricas diseñada para la telefonía comercial trasatlántica así como para retransmisiones de señales de radio y para demostrar que era posible transmitir energía sin cables entre dos puntos de un modo seguro.

 

El sueño de Tesla, sin embargo, no llegó a completarse por problemas financieros debido a la enorme inversión que requería y a una industria energética -encabezada por Edison- totalmente en contra de un modelo que supondría energía prácticamente gratis para todo el mundo. El nombre Wardenclyffe, por cierto, es un homenaje a James S. Warden, un banquero que compró los terrenos donde se asentaba a unas 60 millas de Manhattan, en Long Island.

 

El proyecto de ciudad-radio de Warden y Tesla, donde todos los hogares accederían a energía gratis y estarían perfectamente abastecidos y comunicados funcionó parcialmente puesto que Tesla hizo en varias ocasiones que funcionara con éxito. Sin embargo, en una de ellas se sobrepasó el límite de potencia de la estructura y ardió parcialmente.

 

Finalmente, la Primera Guerra Mundial sirvió de excusa para destruirla puesto que era un obstáculo para el vuelo de globos furtivos y los militares aseguraron que podría servir de referencia para posibles ataques de submarinos alemanes.

 

Otros inventos y descubrimientos de esta eminencia han sido la lámpara fluorescente sin filamento, los dispositivos de electroterapia, los sistemas de propulsión mediante electromagnetismo, la bobina Tesla, los principios del radar, el submarino eléctrico, el teslascopio, la bujía de los motores de explosión, los aviones STOL, la transmisión de electricidad con un sólo cable, multitud de estudios con rayos X y el radiogoniómetro.

 

Los esfuerzos de Edison por minimizar el genio de Tesla se tradujeron en que nunca obtuvo un premio Nobel a pesar de sus grandes descubrimientos. Curiosamente, sólo recibió la Medalla Edison, máxima distinción otorgada por el American Institute of Electrical adn Electronics Engineers.