Yahoo!, cronología de los errores que podrían acabar con este histórico de internet

A lo largo de la Historia hemos visto el devenir de grandes corporaciones que por desidia, mala organización o, simplemente, por falta de adaptación a los nuevos tiempos acabaron desapareciendo o en manos de la competencia. Siempre decimos -perdón por la redundancia- que la única diferencia entre el mercado tecnológico y cualquier otro es la velocidad con la que se cumplen los ciclos: de producto y de desarrollo de las empresas.

Y pocos ejemplos subrayan mejor esta teoría que el devenir de Yahoo! A finales de los 90 del siglo pasado, en plena eclosión de las tecnológicas, la empresa de Jerry Yang y David Filo era el sueño de emprendimiento de cualquier innovador: una empresa nacida de un garaje en Silicon Valley como un directorio online que en pocos años se convertiría en una multimillonaria plataforma de servicios en línea. La empresa era el centro de Silicon Valley. El ejemplo de que las puntocom no necesariamente eran una burbuja. El camino a seguir por otros.

Sin embargo, en poco más de una década la empresa pasó del éxito y el ejemplo para los demás a caer en barrena con pérdidas millonarias, despidos masivos y una continua sensación de ahogamiento. En 2015, por ejemplo, los números rojos alcanzaron los 4.300 millones de dólares y los despidos a 1.600. Una minucia comparado con lo que la propia Marissa Mayer, ex de Google, séptima CEO en veinte años y mujer contratada para cambiarlo todo, anunciaba hace pocos días.

Precisamente esa mujer personifica a la perfección los veinte años de historia de la empresa. Si hubiera que resumirla sería: inestabilidad. No hay ni atisbo de una estrategia definida a medio plazo. Todo se anuncia como la medicina que salvará la empresa pero no viene acompañado de una estrategia clara para convertirse en un caballo ganador. Solo para dejar de perder. Mala mentalidad.

Mientras que Google o Facebook tenían clara su estrategia de centrarse en la tecnología, Yahoo! dio bandazos entre ser una compañía de contenidos, una red social, una tienda en línea o un buscador. Y eso provocó que en 2004 los de Mountain View ya les superaran como la gran alternativa a Microsoft en internet. En pocos meses la start up, mucho más centrada, era capaz de batir al gigante.

Yahoo! salió a Bolsa al poco de su fundación y el mercado la recibió con los brazos abiertos. Era una máquina de generar dinero gracias a los banners. El mercado de la publicidad en internet era prácticamente suyo. No se sabía si eran o no efectivos, pero sí que la situación del mercado invitaba al optimismo. Era una época de gran bonanza en la que los inversores querían formar parte de esa idea revolucionaria que cambiase el mundo. Y como internet parecía que podría hacerlo, apostaron en masa por el sueño de estos dos veinteañeros.

Sin embargo, estos soñadores se volvieron -probablemente- ricos demasiado pronto de una forma bastante sencilla. Esto hizo que no advirtieran el peligro que suponían los demás innovadores. De hecho, Paul Graham, que compró gran parte de la empresa en 1998, recuerda en una entrevista a Teknautas que cuando se reunió con Jerry Yang para mostrarle una tecnología llamada Revenue Loop (que era más eficiente que la de Yahoo! para posicionar anuncios y que más tarde utilizaría Google ligeramente modificada) éste ni siquiera prestó atención.

El sistema era disfuncional pero alimentaba las arcas de Yahoo! Las empresas invertían en las start ups y estas se anunciaban en Yahoo! que a su vez subrayaba su posición como empresa en la que invertir y que compraba start ups. Un círculo vicioso que Graham define en El Confidencial como «un esquema Ponzi».

Pero su posición de poder en el mercado fue su talón de Aquiles. Ese mismo año dos nerds, Larry Page y Sergey Brin tocaron la puerta para buscar dinero para algo llamado Google. Se lo dieron sin licenciar su tecnología. Y cuando vieron como funcionaba -y demostraron que lo hacía- incomprensiblemente no compraron la empresa. Sobre todo cuando la mayoría de los programadores de la propia Yahoo! usaban Google para trabajar. Al fin y al cabo, el tráfico de búsquedas era solo el 6% del negocio de la multinacional y el crecimiento de la empresa era sostenido; un 10%.

Por si esto fuera poco, años más tarde Tim Koogle, CEO por aquel entonces de la empresa tuvo la feliz idea de externalizar sus tecnologías de búsqueda en Google. Como la tecnología de Yahoo! era muy rudimentaria -el orden no lo hacían mediante algoritmos sino mediante personas- cuando no salía ningún resultado había que recurrir a empresas especializadas. OpenText primero, Altavista después y a partir de 2000 Google fueron las elegidas.

Básicamente los usuarios se dieron cuenta de que a la hora de buscar Yahoo! les redirigía a Google que además de ser más rápido y potente no tenía publicidad. ¿Por qué seguir usando Yahoo! para algo? Hasta 2003 Yahoo! siguió invirtiendo en su rival y no cayó en la cuenta de que cada cliente que usaba su buscador acababa fidelizándose con la competencia. En vez de potenciar su tecnología siguió creando webs y servicios para seguir gestionando publicidad. Pero ni siquiera sabía si los clientes la querían o si era efectiva para los anunciantes.

La lista de errores fue tremenda. Si Tim Koogle alimentó al rival, Terry Semel, segundo CEO de la empresa, no fue capaz de cerrar la compra de Google en 2002 por ¡5.000 millones de dólares! Visto con perspectiva, este ex directivo de Hollywood durante 24 años se jactaba de no tener cuenta de correo electrónico. Tampoco es tan raro. Además, en un ataque de prepotencia, decidieron comprar todo tipo de buscadores y crear un proyecto megalómano llamado Panama. Éste tenía un único objetivo: conquistar el mercado de Google. Al final salió adelante en 2007 después de una inversión millonaria -mucho más cara que los 5.000 millones que le pidieron Page y Brin por Google- y años perdidos frente a la competencia.

Mientras, con el dinero fresco de su salida a Bolsa, Google se metió en los ordenadores Dell, entró en los sistemas de Mozilla Firefox, atrajo a Apple, compró DoubleClick (otro de los fallos de Yahoo!), etc. Yahoo! se había centrado tanto en su tecnología que dejó de lado todos sus demás negocios… y aquí llegó otro fallo histórico. No compró en 2006 Facebook. Semel ofreció 1.000 millones de dólares pensando que cegaría a Zuckerberg y esté resistió la tentación. Los rumores dicen que hubiera aceptado la venta de haber habido una cifra más generosa pero el CEO ni se lo planteó.

Sí compraron Flickr, la primera red social de la historia que realmente tenía una comunidad de usuarios activa y viva con millones de miembros. Pero su pésima gestión ha dado con el cierre en detrimento de otras redes sociales (otra vez Zuckerberg se interpone en los designios de Yahoo!). Al final Semel salió en 2007 de la empresa bautizado como «el peor CEO de la historia de internet» y el fundador tuvo que volver para cometer otro error histórico.

Microsoft, otrora gran rival de la empresa (¿quién no recuerda el legendario Microsoft Sucks al final de las webs?) ofrecía 44.600 millones por Yahoo! en una unión que habría cambiado la historia de Silicon Valley. Por fin un socio con suficiente músculo para frenar a Google en su terreno. Una forma de asegurarse llegar a miles de millones de equipos. Pero Yang, a pesar de que la oferta superaba en un 62% el valor de mercado de la firma lo rechazó. Y la crisis de 2008 hizo el resto.

En 2009 llega otro CEO, Carol Bartz, quien hizo con Yahoo! algo parecido a lo que hizo Stephen Elop con Nokia: hundirla desde dentro. Llegó a un acuerdo con Microsoft para utilizar durante 10 años la tecnología de Bing a cambio de ser el socio exclusivo en publicidad en línea. Vamos, lo mismo que un año antes valía 44.600 millones ahora era gratis.

A Bartz le sustituyó de forma efímera Scott Thompson, quien fue despedido en 2012 por mentir en su currículo. Decía ser ingeniero informático. Al menos no tuvo mucho tiempo para cometer errores de bulto. Y para enderezar todo contrataron a una de las cabezas pensantes de Google. Marissa Mayer venía con fuerza pero su política de recursos humanos -contrató a Henrique de Castro desde Mountain View para despedirlo 15 meses después con una indemnización millonaria- y de adquisiciones -pagó 1.100 millones por Tumblr de la que no se sabe nada hoy día- se ha traducido en miles de despidos en todo el mundo y a que se planteen como salvar lo poco útil: Yahoo Mail y como mucho Flickr. Parece que la suerte está echada.

Legislación tecnológica, los cinco puntos ineludibles en 2016

La velocidad a la que sucede todo en el universo tecnológico desde hace poco más de una década es altísima. Prácticamente todos los sectores productivos -fuera y dentro de nuestras fronteras- están influenciados por la llegada de las TICs y las evoluciones 3.0 y 4.0 de la revolución digital. Y es eso precisamente lo que hace que cada vez más países y organismos supranacionales comiencen a ver la legislación en este campo como una medida absolutamente necesaria.

Teknautas, la excelente sección de tecnología de El Confidencial, analizaba hace pocos días cinco tecnologías que deberán ser reguladas durante la próxima legislatura. Materias que en algunos casos se someten a códigos excesivamente laxos (o arcaicos) o que, directamente, no tienen ninguna regulación sobre ellas. Os traemos aquí el listado (y nuestra opinión al respecto).

  • Car sharing. Bajo esta denominación se engloba toda la economía colaborativa relacionada con el transporte privado. Es cierto que todo el sector está pendiente de regulación pero también que «el coche» es el punto más caliente porque es uno de los que más afecta a nuestro bolsillo y a sectores tan relevantes como los taxis y las compañías (públicas y privadas) de transporte colectivo. Uber, Cabify y BlaBlaCar no solo han estado en los medios sino también en los juzgados. Y en el caso del primero, el más importante por su carácter internacional, ha estado incluso suspendido cautelarmente. Regidas por la Ley de Ordenación de los Transportes Terrestres, el propio concepto de intermediario tecnológico entre dos usuarios ha puesto en jaque a las administraciones. Como siempre, el problema va más allá del caso particular: es el ejemplo claro del paso de la sociedad de la era de la acumulación a la era del uso bajo demanda.
  • Fintech. Durante mucho tiempo la sociedad vio como los medios de comunicación, los comercios minoristas y toda clase de sectores se veían sacudidos por el terremoto de los dispositivos móviles e internet. Parecía que casi ningún sector tradicional iba a acabar inmune -por mucho que se esforzara- y ahora le ha llegado el turno a la banca. Es cierto que aún no es una amenaza real pero también que todo el sector se está moviendo rápido antes de que sea tarde y los «ogros» de Silicon Valley adquieran conciencia de su potencial -y también lo hagan sus clientes-. De momento la CNMV ya ha puesto su lupa sobre los nuevos actores del negocio. Además, son muchas las empresas que piden una legislación más clara al respecto de cómo registrarse y tributar. La presión de los demás mercados vecinos hará el resto.
  • Economía colaborativa (en general). En condiciones normales la economía colaborativa debería ser la respuesta responsable al exceso consumista de la sociedad occidental. Sin embargo, como siempre, hay una amenaza real de que se convierta en el refugio perfecto de la economía sumergida. Será necesario determinar a partir de qué ingresos es necesario tributar, cómo ha de hacerse y en concepto de qué. Los servicios domésticos, las personas que se prestan a hacer recados por precios módicos, etc. son cada vez más habituales en internet. ¿Cómo regularlos?
  • Drones. Hemos hablado más de una vez de ellos como una de las revoluciones tecnológicas de este lustro y también de todas las posibilidades que ofrecen tanto para el desarrollo social y económico. Incluso del potente negocio que se está construyendo en otros países a su alrededor. Ahora llega el turno de que la Administración haga lo propio y acote parámetros de seguridad en las áreas pobladas, normas de circulación y uso y forma de tributación de sus constructores y usuarios. Desde hace medio año se cuenta con una legislación demasiado exigua en la que solo se mide su uso industrial y empresarial pero cada vez más analistas exigen ir más allá al ser un nuevo medio de transportar objetos.
  • Crowdfunding y crowdlending. La financiación colectiva de proyectos (incluido el equity crowdfunding en el que el pago del préstamo se hace mediante acciones) y la financiación y préstamo de capital entre personas -el segundo ítem- han sido también uno de los temas más recurrentes por los riesgos de economía sumergida y usura que pueden llevar aparejados si se utilizan mal. De momento, y después de una bochornosa corrección de una Ley que contaba incluso con errores de concepto, hay una norma muy exigua que los implicados dieron por buena pero que ya hablan de cambiar y completar. En cualquier caso, este reto lo será también para el sector financiero -que a buen seguro empleará sus lobbys- al «robarle» parte de su negocio principal: los préstamos y la financiación de proyectos. ¿De qué lado estará el Gobierno?